Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.

No les votes

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The game is not over! 

(unas cuantas razones para no votar, y un apunte sobre el recuento de los votos y su repercusión)

Una pregunta que casi siempre queda en el aire, cuando hablamos de las elecciones y alguien plantea que no merece la pena votar, es ¿qué gana la sociedad con ello?…

Asistimos estos días a un debate abierto planteado por los simpatizantes de Anonymous, que apoya al 15 M, y donde nos animan a acudir a las urnas para acabar con el bipartidismo, y, de paso, con los partidos que apoyaron la Ley Sinde, a través de un mini-documental que no sirve, con perdón, para nada (solo para dejar en la incertidumbre a quien no domina bien todos los parámetros legales del sistema).

Hay argumentos nada precarios para asustarse por esta iniciativa tan cándida como enigmática.

En primera instancia, mi perplejidad ante el hecho de que se pueda pedir el voto, por ejemplo, a UPyD, o de que este partido pueda ser una alternativa. No es Rosa Díez precisamente una abanderada de mi concepto sobre una sociedad emergente en busca de los principios legitimadores de la democracia. Bien al contrario, me produce hasta vergüenza ajena que un movimiento de este tipo sea capaz de llegar a ese estado de catarsis.

Hay una razón clara por la que se contempla esa posibilidad. Y es porque dicho partido reivindica, como lo hace el 15 M, un cambio del sistema electoral. Cambio que, lógicamente, les favorece y, que se pide, por principio de avaricia política, y nunca por principios igualitarios.

Desconozco la importancia vital que se concede a la Ley Sinde (aparte, claro está, de la lógica lucha que Anonymous tiene con ella), y no a otra serie de planteamientos o filtros mucho más audaces o conquistadores de los plenos poderes de una Democracia Real. Me agita pensar que a esa Ley se le conceda ese rango como para determinar qué partido es más merecedor de un voto o no, y dejar de lado por ejemplo, un sinfín de planteamientos legales, que quienes no los contemplaran, bien podrían dejar de ser merecedores de nuestros votos.

Pero vayamos a intentar dar una respuesta a esa opción del voto, argumentando las razones que tenemos para no ir a votar, en ningún caso, y a ningún partido.

01- Primera razón, y de más peso. Nuestro sistema, no es democrático. Es decir, no vivimos en una democracia. Quien dude de esta afirmación, que no prosiga con la lectura.

Asistir cada cuatro años al teatro de las elecciones es seguir apostando por este sistema; un sistema ingenioso generador de leyes que van contra nuestros principios más básicos. Ir a votar es constatar la existencia de un modelo de convivencia política que respaldamos. Dejar en manos de unos irresponsables nuestra razón política es como dejar abiertas las puertas de casa a un delincuente en potencia.

02- La herida de nuestra democracia, no está en la ley electoral, ni mucho menos. El cambio de esa ley, haciendo real esa posibilidad tan demandada de una persona un voto, no solo no aportaría más igualdad, sino que desplazaría del mapa político a todos los nacionalismos, y a todas esas minorías que al no poder sumar los votos necesarios para la consecución de un escaño, siempre estarían fuera del arco parlamentario.

La brecha que está abierta en nuestro sistema, procede del propio sistema de partidos; condiciones para inscribirse como partido, qué subvenciones tienen, financiación, cómo se reparten el poder, controles del Estado, qué relación tienen con los (sus) medios de comunicación, cómo han de funcionar los sindicatos, y muchas cosas más, todas ellas viciadas, y del que forman parte todos los partidos.

03- Los partidos políticos habían de ser nuestros representantes, y ser nuestra voz en todos los parlamentos. Todo ello, porque toda la ciudadanía no tenía cabida en ese foro. Hoy, es posible a través de los nuevos medios, que podamos tomar decisiones cada vez que vaya a realizarse alguna propuesta que consideremos importante, por poco importante que les parezca a los políticos.

Hoy, cabe la posibilidad de que no necesitemos representantes, porque podemos asistir a cualquier toma de decisión nosotros mismos, a través de un sencillo clic en nuestro ordenador. Es decir, no necesitamos de nadie para que hable por nosotros; nosotros mismos podemos hacerlo (claro que, como siempre, nos hace falta una ley que lo permita). Los partidos, han de alterar radicalmente su puesta en escena, porque no tienen nada que hacer por mí. Ni les creo, ni respaldan mis intereses.

04- Siempre hay quien piensa que su partido, si gobernara, todo cambiaría. No conozco experiencia semejante en el marco de nuestra democracia. Es decir, el análisis detallado de nuestra historia no permite albergar esperanza alguna de éxito si no hay antes un cambio absoluto del propio sistema. No se trata de que exponga aquí innumerables casos de partidos de izquierdas que cosechan en sus propias entrañas las calamidades que emergen de su propia condición de partido.

A modo de reflexión, algunos aspectos que desearía cambiar; quiero que ningún partido se financie a través de ninguna entidad que le respalde (y luego le pida las contraprestaciones), desautorizo cualquier medio de comunicación que trabaje para la causa y no sea independiente, reclamo la inmediata salida de la OTAN, del FMI, de la Unión Europea, de la FAO, y de todas aquellas entidades que no escuchan mis exigencias, no respaldo a las subcontratas, y persigo una banca pública sin ánimo de lucro, la soberanía de todos y cada uno de los ciudadanos, demoler la Monarquía, romper relaciones con la Iglesia (con todas las iglesias), y someter a cualquier político a un examen previo sobre el conocimiento real de las acciones por las que ha de trabajar.

¿Existe algún partido que cumpla estas prioridades y muchas más?. No, no existe. Y nunca existirá mientras no se alteren las reglas del juego.

05- La validez del voto para los partidos minoritarios, e ir así minando la supremacía del bipartidismo es más utópico que la solidez de la abstención. Si ya de por sí, ésta última puede alcanzar el 35% fácilmente, no hay más que aumentar esa cifra, hasta determinar la evidente inoperancia del sistema.

Hacer real la posibilidad de que un partido que recibe el 5% de los votos obtenga cotas mayores que la abstención, es de difícil pragmatismo.

La única posibilidad de alterar el drama que nos persigue, es destrozar el funcionamiento de ese drama. No queda otra posibilidad que obligar al propio sistema a su disolución, y ello no puede hacerse de otro modo más que dándole la espalda.

06- La búsqueda del voto es una falsa constante de los partidos. Quieren hacernos creer de la necesidad de nuestra participación, para que vayan accediendo a las cotas de poder y financiación que les ofrece su propia condición. Un partido, puede llegar a gobernar un país con un número ridículo de porcentaje obtenido; es decir, ni tan siquiera ellos mismos aceptan mayorías sólidas con las cuales puedan ser representantes del pueblo, y todos, están eufóricos de poder acceder a su gobernabilidad sin que sean representantes de casi nada, y casi nadie.

No hay ningún partido, insisto, ninguno, que sea capaz de decirme, que si solo recibe el 20% de los votos, y si tiene la posibilidad de gobernar, dejará de hacerlo.

07- Aquello que parecía una Democracia es una entidad irrisoria. Y si a día de hoy, los votantes no se dan cuenta de que voten a quien voten, están a expensas de otras decisiones, me retiro a mejor puerto.

Basta con citar al pueblo griego e italiano, que tendrán representantes estatales a los que nadie ha elegido, y que solo son meros transmisores de ese sistema, el mismo que nos invita a votar para hacernos creer que somos necesarios, mientras la farsa…, continúa.

08- No votar, no es una decisión pasiva, ni desacorde con la participación ciudadana. No votando, yo también participo, porque también elijo mis preferencias.

09- No votar, es una acción directa, dirigida a erosionar aquello que nos convierte en súbditos sin ningún tipo de voz. La anarquía es una propuesta solidaria, porque lucha directamente contra la desigualdad, y contra un Estado que es responsable directo de las perversidades que nos acechan.

10- Dirigido a Anonymous y al 15 M. El juego no está abierto. Solo se abrirá, cuando despedacemos por completo el sistema. Mientras tanto, nadie nos salvará de las arbitrariedades e injusticias que colapsan nuestro horizonte.

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APUNTES SOBRE EL RECUENTO DE VOTOS Y SU REPERCUSIÓN

Una alta participación (se entiende, con votos válidos), beneficia indirectamente a los partidos poderosos, dado que se eleva el número mínimo de votos necesarios para poder conseguir un escaño. Una alta abstención, permite que entren en juego los partidos más pequeños. Desgraciadamente, a Rosa Diez le interesa la alta abstención, pero tampoco por ello voy a dejar de abstenerme. Siempre queda un margen de “error” por el que sale beneficiado alguien que tú no quieres que se beneficie.

Muy importante! En España, el porcentaje mínimo para tener representatividad al Parlamento, como es el caso, es del 3%. Y el voto en blanco se suma a ese número total de votos del escrutinio, a partir del cual se calcularán los porcentajes necesarios. Así, un elevado voto en blanco significa aumentar considerablemente el número de votos necesarios para llegar al 3% del total, lo que pone más trabas a la posibilidad de que los partidos minoritarios puedan tener representatividad. Los votos nulos, no pasan a formar parte de ese cómputo.

Es decir, el voto nulo, como la abstención, no se contabiliza a la hora de determinar los porcentajes de representación.

Así que necesitaría que alguien me dijera por qué esa clara apuesta por el voto nulo para aquellas personas que no deseen votar, y por qué, en el video que muestran, hay un sutil engaño: se dice respecto al voto nulo, que “…tu voto será contabilizado pero no será obstáculo para los partidos pequeños…”, cuando lo que importa es que sea contabilizado para obtener el porcentaje necesario. Y no lo dicen, es decir, no dicen que el voto nulo no se contabiliza a la hora de calcular el número de votos necesarios para llegar a ese 3% necesario. Y son capaces de decir que “…en el terreno de los hechos consumados, la abstención y el voto en blanco benefician claramente a PP y PSOE”. Pero no dicen, que lo mismo sucede con el voto nulo. Y lleva a engaño, para quienes desconocen las reglas de nuestro sistema electoral. Y después, ponen el quesito como si el aumento del voto nulo beneficiara a sus cálculos, cuando, en realidad, ese aumento tiene el mismo resultado, por ejemplo, que el aumento de la abstención.

Así que tamaña propuesta, no vale para nada. Sencillamente, porque el poder, también despacha el dato nulo como un dato anecdótico.

Entonces, ¿qué más da?. Da mucho. Porque lo que ellos quieren no es informar objetivamente sobre el modo en que se computan las diferentes formas de acceso al voto que tenemos, y su repercusión. Lo que quieren, exclusivamente, es que se pueda contar el porcentaje de personas que se suman a su propuesta, a través de la elección del voto nulo.

A mi, personalmente, prefiero que nadie me utilice con ese claro objetivo. Sé que dentro de la abstención, hay quien dispone de una actitud activa, y de quienes no acuden a votar porque prefieren comer chocolate con churros, pero esa imposibilidad de saber qué porcentaje de abstencionistas son más o menos “importantes”, no es obstáculo para el objetivo final. Si lo que yo deseo es terminar con este sistema, que es el que está ahogando a miles de personas, ¿qué soluciones aporta esta Operación 20 Noviembre?.

Ninguna. Solo el hecho de que pueden contabilizar mejor que un determinado porcentaje de la población apoya su propuesta. Absolutamente, nada más.

Dejo constancia de su video, para todos aquellos que deseen visionarlo y hacer su propia lectura de los hechos.

Ahora, ya conoces el Plan!

http://www.youtube.com/watch?v=S7jCuFUuts4&feature=share

Sé que habrá quien siga pensando que mi planteamiento no tiene futuro; y quiero recordar a toda esa gente de mi generación, que hubo un tiempo donde el sandinismo parecía una fuente de riqueza para nuestros pensamientos y nuestra forma de ver el mundo. Les invito a que sigan los pasos de Daniel Ortega y su querida esposa. Y si siguen pensando que “su partido” es el futuro, dejo la puerta abierta para que me lo confirmen.

@socioamores

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