Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.

Una pequeña historia de amor

1 comentario

Una pequeña historia de amor

Cuando Lucas Reisengberger descubrió mariposas en su estómago, se perforó sin tregua alguna diez centímetros por encima de su ombligo, y pudo extraer todas aquellas alas de colores sin el menor signo de arrepentimiento. Pero al poco de cerrarse la herida, diez días después de su auto-intervención emocional, comenzó a notar extraños movimientos en su interior más profundo y dilatado.

Difícil le resultaba precisar cuán profundo podía ser el lugar de donde procedían las refriegas que, sobre todo, sucedían a horas intempestivas, cuando él ya se había sumergido en los sueños más inolvidables. Pero le bastaron otras diez noches nada psico-somáticas para darse cuenta de que aquello iba muy en serio. Todo parecía indicar que una oruga se quedó dormida allí, dentro de su estómago perforado y cicatrizado, y ahora era una crisálida, que en su proceso de transformación estaba rompiendo su esqueleto externo para recordarle a Lucas, que no podría escapar al vuelo de aquella mariposa.

MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO

Así que nada pudo hacer contra la evidencia más absoluta, y asumió con la dignidad de la que un italiano de origen noruego pudiera hacer frente, su nueva faceta de enamorado.

Consecuencia de todo ello, e impulsado como por arte de magia, se presentó en la facultad de Bellas Artes presto a matricularse sin dilación alguna. Las cosas se complicaron un poco cuando le pidieron su expediente académico. Ni recordaba cuando fue la última vez que estuvo sentado en un pupitre, y por no saber, no sabía si Van Gogh era un grupo de música o un ciclista que ganó la última etapa de la vuelta al País de los Vascos. Pero tampoco le daba mucha importancia a todo aquello; él, necesitaba ingresar en aquella facultad.

La crisálida ya se había convertido en una humilde mariposa con trastorno bipolar. Necesitaba salir sí o sí, y allí estaba, alimentándose de los residuos gástricos a falta de hojas y flores. Cada noche intentaba buscar algún resquicio por donde echar a volar, pero nada podía hacer, puesto que el insurgente amigo Lucas, ya había decidido como quien no quiere la cosa, asumir todas las consecuencias. Valor, y al toro, se decía; que no se diga…

Diez días llevaba yendo a la facultad, cogiendo el primer autobús de la mañana y, en ocasiones, sin cogerlo. Y allí que se presentaba, dispuesto a ingresar en la gran Facultad de Bellas Artes. Se encaminaba hacia la Secretaría, y volvía a pedir los impresos necesarios. Los rellenaba como solo un profesional de los impresos lo podía hacer, y se dirigía hacia la ventanilla, donde le aguardaba una funcionaria con cara de pocos amigos. Hay que hacer constar, claro está, que desde aquél primer día de su aparición, hubieron de contratar a diez nuevas secretarias para poder atender y resolver, todas y cada una de las dudas, instancias, impresos, reclamaciones, y resoluciones que nuestro protagonista tuvo a bien demandar.

Más o menos, a cada intervalo de diez minutos, se presentaba de nuevo, sonriendo. Y solo descansaba otros diez al mediodía para dar de comer a Emmanuelle (ya le había puesto nombre a su mariposa). No recordaba muy bien tampoco de dónde había salido esa idea, pero tampoco le importaba mucho. Y así, hasta que cerraban todas las oficinas, y llegaba el guarda jurado, intentando convencerle de que aquello que estaba haciendo, no tenía mucho sentido.

Un mes después, el diez de octubre (nunca podremos olvidar ese día), y después de que todas las secretarias, estudiantes para secretaria, y becarias de todo tipo de administraciones del estado que precisan secretarias, le hubieran atendido debidamente, solo un instante después de atravesar la puerta que daba acceso a la Secretaría, fue maniatado con una camisa de fuerza, y sedado con una elevada dosis antidopamínica capaz de tumbar al mamut que vivía junto a Motril.

Diez horas tardó en hacerle efecto la conspiración del denominado grupo pre-estudiantil A.D.M. (Artistas sin Derecho a Matrícula), cansados ya como estaban de no poder siquiera, formalizar su pre-inscripción, y que tuvieron a bien demandar a Lucas, poner una querella por agravio comparativo, y que lograron por orden del juez decano de la administración de lotería Nº 6 de Bilbao que fuera declarado enamorado en grado de tentativa.

Todos los que por allí pasaron, aún escuchaban en su interior las palabras que repetía cuando, antes del levantamiento del cuerpo dormido, respondía a las reiteradas preguntas del doctor Escribano.

– Pero hombre, ¿de dónde sacaste la idea de ir a la universidad si dejaste tus estudios hace diez años?; ¿y cómo se te ocurre venir a Bellas Artes si hasta tus propios amigos insisten en que jamás hablaste de ello? Pero hombre, Lucas…

– “Yo sólo quería aprender a dibujar… una sonrisa en sus labios… Yo solo quería aprender a dibujar… una sonrisa en sus labios..”

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Un pensamiento en “Una pequeña historia de amor

  1. …contigo sobran las Escuelas de Arte
    (eva)

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