Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.

Obituarios

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Obituarios

Es justo poner a cada uno en su sitio. Innumerables palabras recuerdan ya a José Luis Sampedro. No hace falta enriquecer más su nombre, porque además, él mismo rehuiría de mayores halagos y cualquier homenaje estéril. En cambio, si veo necesario poner en su sitio a una mujer que también ha dado su último respiro. Una persona ingrata, refugiada en su coraza elitista y minoritaria, y causante de políticas delictivas que perforan el frágil sustento de quienes más necesitan la buena labor de los estados. Pero alguien más cercano, más conocedor de sus liturgias políticas, ya ha dejado escrito un pequeño testamento. Gracias Morrissey, por hablar, cuando hay que hablar!

THATCHER IS DEAD

Photo by Danny E. Martindale/Getty Images

Morrissey: “Thatcher era el terror sin un átomo de humanidad”

Thatcher es recordada como la Dama de Hierro solamente porque poseía características completamente negativas, como su permanente tozudez y su incapacidad de escuchar a los demás.

Cada movimiento que hacía estaba cargado de negatividad: destruyó la industria manufacturera británica, odiaba a los mineros, odiaba las artes, odiaba a los luchadores de la libertad irlandeses y los dejó morir, odiaba a los ingleses pobres y no hizo nada por ayudarles, odiaba a Greenpeace y a los activistas por el medio ambiente.

Fue la única líder política europea que se opuso a la prohibición del comercio de marfil. No tenía astucia ni calidez e incluso su propia coalición acabó por expulsarla. Dio la orden de volar El Belgrano (buque argentino) aún cuando este se encontraba fuera de la zona de exclusión de las Malvinas… ¡y se estaba alejando de las islas! Cuando los jóvenes argentinos abordo de El Belgrano estaban sufriendo la más horrible e injusta de las muertes, Thatcher le hizo el símbolo de la victoria a la prensa británica.

¿Hierro? No. ¿Barbárica? Sí. Ella odiaba a las feministas pese a que en gran parte fue gracias al progreso de este movimiento que el público británico llegó a aceptar la posibilidad de que una mujer pudiera llegar a ser primer ministro. Pero por culpa de Thatcher, nunca más habrá una mujer al poder en la política británica. En vez de abrir una puerta para las mujeres, la cerró.

Thatcher será apreciada sólo por los sentimentalistas que no sufrieron bajo su liderazgo, pero la mayoría de la clase trabajadora británica ya la ha olvidado, y los argentinos estarán celebrando su muerte. Como resumen de los hechos, Thatcher era el terror sin un átomo de humanidad.

Morrissey.

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