Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.

Polémicas diferencias (I)

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Desatando nudos. Polémicas diferencias (I).

Iconos, símbolos y dogmas establecidos por multitud de civilizaciones han posibilitado constituir un sistema  de incompatibilidades en la actitud y aptitud de sus habitantes,  propagando fábulas sobre la diferenciación de ambos sexos y jerarquizando su posición en el mundo. Parece que todo ha estado perfectamente ordenado y, por desgracia, cabalmente escrito, para que asumamos con naturalidad la idea de un principio en el cual hombres y mujeres se reconocen como sujetos con pocas posibilidades de compartir el mismo balcón en el abismo que representa nuestro pequeño mundo.

En la antigua Grecia había quienes se asombraban y no daban crédito a la contradicción que suponía encomendar a las mujeres la tarea de instruir a los habitantes de la ciudad, “personas que tan alejadas estaban del universo de la educación y de la cultura”.

Pandora, original criatura del sexo femenino, fue creada por Zeus con el propósito de vengarse de Prometeo. Esta temible dama estaba despojada de alma y, como tal, con una candidez sobrecogedora, liberó todas las enfermedades y plagas que estaban encerradas en una caja, en cuyo fondo quedaba como ofrenda hacia los hombres, la Esperanza. La perdición de toda la humanidad quedó sellada con nombre de mujer.

(A través de las leyendas de los dioses, también quedó inscrito… el origen del amor)

http://youtu.be/nTTNJZb9DjU

Y esta misma percepción es, tan hermosa, que la tradición cristiana también la acoge en su seno, regalándonos un nuevo relato (alterando los nombres) donde tendremos la agradable oportunidad de descubrir el origen de nuestras disputas. La supuesta distancia que separaba a la sexualidad de Adán y Eva resulta curiosa para quien se acerque a la lectura de un clásico universal, como lo es la biblia. La ira de dios se desata dada la insolente actitud de dos personajes que, parece ser, se desviaron del camino impuesto por su voluntad. Pero es ella la que desbarata el programa, es ella quien abre una profunda grieta en la cordial tranquilidad que invadía el paraíso.

Ahora bien, de esta parábola se derivan patrones o guiones acerca de cómo han de comportarse los sexos, y diferentes credos sobre la posición que ha de tomar cada uno en la carrera hacia la convivencia. Occidente dejó perfilados de este modo la exaltación del pecado, y el peligro de la  seducción.  La simbología que representan Adán, Eva, la manzana y la serpiente queda cristalizada en nuestras mentes y, por tanto, en nuestras acciones.

Mostramos demasiada indiferencia hacia tanto atropello. Ahora que gustan de debatir sobre la particular forma de explicar la Historia, estamos ante el momento de reflexionar sobre el cambio radical que hemos  de producir para que no se mantengan intactas las justificaciones que han hecho posible que el mundo de la mujer quede postergado a la oscuridad, a ese espacio inhóspito que se resiste a desaparecer, aún hoy, dado el talante poco innovador que caracteriza a todo nuestro entorno socio-político.

Talante encumbrado en la nueva ley de educación; apoteosis del despropósito e inductora de la estupidez.

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