Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.

España

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Siempre pensé que las personas debían de tomar parte, ser consecuentes con sus criterios, y valorar el estado de las cosas para poder modificarlas. No puedo esperar a divulgar sensaciones que nos ahogan. España cansa.

Llevo tiempo congestionado, doblegado por un sinfín de actuaciones, espantado por la marcha de los acontecimientos. Y, sobre todo, desubicado.

Retrocediendo cientos de años en su historia, si hubiéramos de describir su rostro, no tendríamos sino innumerables adjetivos para calificar sus ansias imperialistas, de dominio, y ese inagotable deseo de control sobre sus habitantes (y sobre quienes no lo son).

Se pudo llegar a pensar que con la muerte de Franco la paz y la democracia no tardarían mucho en llegar (acostumbrados como estábamos a leer a los grandes teóricos de la transición). La realidad fue muy diferente. Un político llegó a alterar los designios de un país para declararse en permanente estado operativo. Y vestido de socialdemócrata, operó hasta sus principios.

Photo by Joséluis V. Doménech

Photo by Joséluis V. Doménech

Podría decirse sin temor alguno a la equivocación que Felipe González y su socialismo no solo fueron incapaces de cerrar el camino del conflicto, sino que lo abrieron aún más. Justificaron sin sonrojarse la entrada en la organización guerrera e insidiosa, abrazaron el capitalismo mezquino e intransigente, reconvirtieron su política en medidas liberalizadoras, y sometieron todo un país por una idea; la modernización a cualquier precio. Felipe González destruyó el sueño de las izquierdas y se prostituyó al mejor postor. Su propio enriquecimiento y la agonía de un país que tiembla, no es el hecho casual que resume estas palabras, es la consecuencia directa de un plan. En la búsqueda del delito, se tipificaría como una perfecta violación de los derechos. De los derechos de la mayoría.

Muchísimos años después de este lamentable capítulo, sigue su imparable marcha, aventurándose a aparecer en público para diagnosticar sin vergüenza alguna la situación política. Incluso es capaz de aplaudir el principio de acuerdo, sin conocerlo, entre Rajoy y Rubalcaba sobre la UE. Del mismo modo hace ostensible su presencia el señor Aznar. Esta forma de proceder solo la realiza quien está respaldado por el corporativismo del poder, y protegido por aquellos que ya en sus inicios les marcaron el camino. Y cumplieron. Vaya si cumplieron.

Desde entonces, todo ha ido sobre ruedas. Las claves del control social y político perfectamente perfiladas. Todas las instituciones desfilando por la misma causa, y desde el rey hasta la justicia, compinchados para que los barriles de petróleo rodaran desde la Zarzuela hasta los despachos de ilustres abogados con franquicia.

Ningún gobernante ha paralizado el ataque. Y lo que es más denigrante, ninguna oposición ha puesto objeción alguna. Los dos grandes partidos de España, lo son en sus números, y lo son en su podredumbre y su inquisitiva ansia de dominio y fortaleza.

Ambos son desde hace muchísimo tiempo amigos de la guerra, de los grandes empresarios, de los nuevos invasores, de los promotores de las bases militares, de los protectores de los reyes, de las políticas capitalistas, de los mercados financieros, de los engaños improcedentes, de las demagogias más feroces, y lo que es más grave, ambos son ejecutores de los planes de desigualdad con sus habitantes, y culpables de esconder bajo sus conciencias, los restos de democracia alguna.

Los pactos establecidos y firmados en todos estos años han tenido como única finalidad perseverar en el combate, buscar los ficticios enemigos, engañar a sus votantes, fortalecer las políticas armamentísticas, y sortear las protestas…, con la imposición del miedo y el desamparo.

España es un país degradado, comprometido con las mafias banqueras, con los moradores de la Casa Blanca, y con los dictadores árabes que dibujan las estrategias… y llenan los bolsillos de dólares manchados de sangre.

Desde la casa real hasta los clubes de fútbol, desde las empresas que cotizan en bolsa hasta la ley de costas, desde las olimpiadas hasta las vegas, desde la división de poderes hasta la constitución, desde tu ventana hasta el horizonte, España está podrida. Huele hasta en la casa del vecino, conspirando para no contribuir con sus impuestos, y succionando los programas televisivos más repugnantes.

Los últimos acontecimientos subrayan los titulares. Zapatero, antes de marchar a su refugio bien acomodado, nos regaló su personal aportación a la apología del imperialismo, reconvirtiendo la base de Rota en superbase, para acoplar las nuevas estrategias a las posibles incursiones futuras. Y hace bien poco, los dos partidos, los dos órganos depredadores, firman la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que no es ningún plan de defensa, sino de ataque, de respaldo absoluto al comercio de las alianzas, al sistema económico favorecedor de intervenciones deshumanizadas.

La contribución a éstas políticas está en las urnas. El interrogante de mañana está en los votantes (o posibles votantes) del PP y del PSOE. Ir a votar no es salir de copas. Es una responsabilidad social enorme.

Quiero terminar con un mensaje claro y conciso. Si por cualquier circunstancia, tú, ciudadano español, vas a mostrar tu adhesión, has de tener clara una circunstancia. Si concedes tu voto a cualquiera de esos partidos estás afirmando tu colaboración, tu ayuda al orden bélico del mundo, tu apoyo a la injusticia, y tu guiño a la inestabilidad social, a los focos de pobreza, y a la denigrante marcha de tu país. Eres tan culpable como ellos, y si todavía no das crédito a estas palabras, te invito a que conspires contra ellas, y muestres tu inocencia, porque yo, ya te declaro culpable.

Es una obligación luchar contra las incursiones del mal, contra los promotores de la discordia. Es una obligación proceder con nuestras reflexiones, aunque por ello hayamos de escuchar los ladridos emitidos desde las ondas, y leer a los sicarios del poder. A pesar del cansancio, es una obligación continuar.

Publicado en Iniciativa Debate;  http://iniciativadebate.org/2013/06/25/espana/

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