Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.

Emile Griffith

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ContraCorriente (buscando nuevas miradas).

Una reflexión sobrecogedora

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“Sigo preguntándome lo extraño que es todo esto. Mato a un hombre y la mayoría lo entiende y me perdona. Sin embargo, amo a un hombre y esa misma gente lo considera un pecado imperdonable. Aunque nunca fui a la cárcel, he estado en prisión casi toda mi vida”

El 24 de marzo de 1962 en el Madison Square Garden, se celebró un controvertido combate entre Emile Griffith y Benny Paret. Éste último, diez días después de quedar KO, perdió la vida. 

La prensa del momento señaló el “excesivo” castigo recibido. Por ejemplo, Sports Illustrated informó en un reportaje del 18 de abril de 2005 que el motivo de la violenta reacción de Griffith fue la rabia que le produjo un insulto homófobo que Paret le dijo durante el pesaje antes del combate. Paret llamó a Griffith “maricón” en español. El mismo artículo señalaba que habría sido un suicidio profesional para un deportista o cualquier otra celebridad durante la década de 1960 admitir que era gay.

En 1971, dos meses después de haberse conocido, Griffith se casó con Mercedes (Sadie) Donastrog, que era miembro de un conjunto de baile, Prince Rupert and the Slave Girls at the time. Y Griffith adoptó a la hija de Donastorg.

Emile tuvo que seguir respondiendo a la ingrata sociedad que no permite que cada cual podamos vivir la vida como deseamos. En 2005 declaró que le gustaban por igual hombres y mujeres y que, por tanto, amaba igual a hombres y mujeres, y que no sabía qué era.

Muchos aficionados al boxeo creían que nunca volvió a ser el mismo boxeador tras la muerte de Paret. Desde el combate con Paret hasta su jubilación en 1977, Griffith peleó en 80  combates, pero sólo anotó doce KO. Más tarde admitió que era más precavido en los golpes que propinaba a sus oponentes y confiaba más en su habilidad técnica, porque estaba aterrorizado de volver a matar a otra persona en el ring.

Su mejor golpe fue, sin duda, esa reflexión que he puesto al principio, unas palabras que dicen mucho de las calamidades que atesora esta sociedad.

 

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