Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Cuando le dio a todo el mundo por correr

MiCita con las palabras: 

Hemos encallado, sin tan siquiera saber si íbamos a rumbo alguno, y para qué.

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Obediencias

MiCita con las palabras:

Sujetos a la férrea disciplina de la obediencia, curiosamente terminamos por creer en todo menos en nosotros mismos…

(hasta habitar en cuevas desconocidas)

Photo by joséluis vázquez domènech

Casa de Cristal – Photo by joséluis vázquez domènech


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Louis Vuitton

Breves:

Qué desgracia!

He dejado que corriera el tiempo, para aplacar aún más mi temple, y solventar mi deuda con la reacción que me inspiró tamaña noticia.

Fue titular por unos días, la debacle del comercio minorista para multimillonarios. Bilbao ya no es lo que era, una de las grandes firmas se iba de la gran ciudad, y ello significaba el estancamiento o, aún peor, la catástrofe para un sector que atraía a un selecto colectivo de turistas.

Si vierais cómo hablaban, la tristeza y la desazón que se perfilaba en sus rostros, después de varios intentos por sacar a flote la empresa. Pero no pudo ser. “Louis Vuitton se reorganiza en España y echa el cierre en Bilbao para centrarse en sus ‘flagship stores’”. Hasta para distanciarse del resto de los mortales acometen nuevos retos con ideas que van más allá de nuestras latitudes.

Flagship stores… Somos unos analfabetos, y peor aún, no sabemos las repercusiones negativas que dicha noticia tiene para el futuro de las nuevas generaciones. La capital vasca dejará de percibir cantidades ingentes de euros que bien podrían ayudar a las maltrechas arcas públicas, y acometer con ellas políticas sociales nunca vistas.

Una auténtica desgracia. El grupo LVMH decidió clausurar la tienda y la prensa se hizo eco de la noticia. Ese mismo día cerraron cien más, pequeñas fruterías, droguerías, bares, empresas del metal y hasta un sexshop que llevaba años a la deriva. Pero nadie se percató. Ningún actor famoso y ningún traficante inglés decidió ir de compras por ellas. Ningún banquero ni político pendenciero las pusieron de moda. Y murieron, como lo hacen los pequeños héroes anónimos, sin causar revuelo alguno y sin pretender ofrecer lástima ni pena.

Au revoir Louis! Je suis désolé…

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Trois couleurs (bleu)

¿No sabes que hacer éste fin de semana? Te invito al cine

Azul

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Debía de regresar con Krzysztof Kieslowski. Ahora que Francia está sumida en el negro no me cabe duda de que ese color sería el siguiente para mostrarnos su visión social y política de la actual “gran nación”, abrigada del invierno con un lamentable y esperpéntico estado de excepción.

Pero se nos fue y tenemos su trilogía, una obra donde anida su incisiva observación de la realidad (y del individuo), y donde reposa su infatigable trabajo con la cámara, buscando en cada momento el encuadre que nos abrume con su triste belleza. 

Tenía una querencia hacia una lánguida ensoñación de rostro femenino pulido por sus sofisticadas protagonistas. Para su primer color eligió a Juliette Binoche y, claro está, nos invadió de sensaciones y emociones, y nos cautivó una vez más con esos tonos azules y la música apropiada para salvarnos de la ausencia y del dolor. (Recordar que la actriz francesa rechazó el papel protagonista en Parque Jurásico (1993) de Steven Spielberg para poder participar en Azul, papel con el que consiguió la Copa Volpi en el Festival de Venecia y el César a la mejor interpretación femenina).

Zbigniew Preisner recomponiendo con sus notas una Europa gris y sin norte. Y el director polaco, en su primera entrega, mostrando la dificultad de la protagonista por emerger hacia la libertad, en una recomposición difícil de lo que nos une y nos separa.

Tremendamente lírico y especialmente brillante. Mejor película y mejor actriz en el festival de Venecia.

Título original, Trois couleurs: Bleu (Three Colours: Blue)
Año, 1993
Duración, 98 min.
País,  Francia
Director, Krzysztof Kieslowski
Guión, Krzysztof Piesiewicz & Krzysztof Kieslowski
Música, Zbigniew Preisner
Fotografía, Slawomir Idziak
Reparto, Juliette Binoche, Benoît Régent, Florence Pernel, Charlotte Vêry, Hélène Vincent,Philippe Volter, Claude Duneton, Emmanuelle Riva
Productora, Coproducción Polonia-Francia-Suiza; MK2 Productions / CED Productions / France 3 Cinéma / CAB Productions / Zespol Filmowy
Género, Drama | Política
Sinopsis
En un accidente de coche, Julie pierde a su marido Patrice, un prestigioso compositor, y a su hija Anna. Al recuperarse de sus lesiones, decide comenzar una nueva vida, independiente, solitaria y anónima, alejada de los privilegios que antes disfrutaba. Olivier, el ayudante de Patrice, intenta sacarla de su aislamiento. Olivier está enamorado de ella desde hace muchos años y acaba convenciéndola para que termine el «Concierto para Europa», una ambiciosa obra inacabada de Patrice. 

Reestreno en España: 11 de marzo 2016.

Premios

1993: Festival de Venecia: León de Oro (mejor película), mejor actriz (Binoche) y fotografía

1993: Globos de oro: 3 nominaciones, incluyendo Mejor película de habla no inglesa

1993: Premios César: 3 Premios. 9 nominaciones incluyendo a Mejor Película

1994: Premios del Cine Europeo: Nominada a mejor película


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Leon Czolgosz

ContraCorriente:

Tiranicidio

El siglo XX empezaba con un acontecimiento que hoy merece traer a colación. Siempre procuro traer en esta sección a personajes interesantes, y si bien se supone que un asesino debería ser tratado con cierta displicencia, haremos borrón y cuenta nueva de lo que se supone…, y describiremos este acontecer desde otro prisma.

Son muchas las personas que se han preguntado alguna vez cuántos ciudadanos serían capaces de matar a alguien si se les prometiera que ello no tendría consecuencia alguna en su privación de libertad. Y yo me pregunto, quiénes estarían en el rojo de la diana.

Dado que no son tiempos para que podamos ir definiendo modelos, no vaya a ser que cunda el ejemplo y se propague el afán liquidador…, tan solo describiré un capítulo de la historia de los Estados Unidos.

El 06 de septiembre de 1901, Leon Gzolgosz asesinó a William McKinley, inquilino por aquél entonces de la Casa Blanca. Cuentan así la historia…

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En la Exposición Panamericana de Búfalo, el presidente recibió a una fila de ciudadanos, a cada uno de los cuales estrechaba la mano. En la fila se encontraba un hombre que tenía una mano cubierta por un pañuelo. Ninguno de los dos hombres del Servicio Secreto tuvo la curiosidad suficiente como para ver qué había debajo del pañuelo en la mano de aquél hombre. Lo que tenía era un revólver cargado, y cuando el presidente extendió su mano para saludarle, Czolgosz disparó dos veces y McKinley murió una semana más tarde.

Ni qué decir tiene el alboroto que causó tamaña fechoría. No tardaron ni dos meses en someterle a un juicio y ejecutar la sentencia sin rechistar. Silla eléctrica, se ajustan las correas, y las descargas. Tres sacudidas, cada una de 1.800 voltios. Fue el 29 de octubre, 45 días después de la muerte de su víctima.

Y ahora os preguntaréis, ¿por qué merecía traer a colación en estos momentos este documento histórico?. Nada. Estaba realizando un dossier sobre la violencia de Estado, el auge de las dictaduras encubiertas, y me topé (como quien no quiere la cosa) con el término que encabeza esta nueva entrada.

Las últimas palabras de Leon, hijo de inmigrantes polacos, de quien se decía que era anarquista pero había serias dudas, fueron las siguientes: “Yo maté al presidente porque era un enemigo de la gente buena, los buenos trabajadores. No siento remordimiento por mi crimen”. Y a continuación señaló: “Lamento no poder ver a mi padre”.

El tiranicidio es un término ya en desuso que no significa otra cosa que darle muerte al tirano. Es decir, matar a ese gobernante o representante (político o no) que haciendo caso completamente omiso de su labor, tiene por costumbre convertirse en un déspota, un criminal, o vete tú a saber qué…!