Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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¡Viva el rey!

Felipe 6

Si hubiéramos de hacer una narración sobre el discurso que dio ayer el querido rey de no muy pocos españoles, deberíamos quizás preguntarnos en primer lugar quién le llenó la boca con tanto veneno y, en segundo lugar, qué dinámica política sostiene esta España rancia y de pandereta. 

Son muchas las valoraciones que podríamos llegar a hacer, pero creo que a veces las imágenes hablan más que miles de palabras. El lenguaje corporal utilizado fue, por momentos, militarmente sobresaliente. Solo le faltó hacer alusión a esos grupos de sujetos que alentaban a los policías para que cualquier noche de éstas quedaran todos juntitos y se fueran de parranda a hacer cumplir la ley. Porque de eso se trata siempre, y ya va siendo hora de que nos olvidemos de sus leyes y pongamos el acento en las verdaderas consecuencias que arrastran.

(Hoy es el día apropiado para compartir este gran trabajo de balazkez, realizado una semana después de la coronación del último rey de España)

 

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Mentiras Organizadas

Breves:

06 de diciembre

¿Para qué nos sirven las constituciones si de ellas no podemos recoger más que los desperdicios que tolera la clase privilegiada? 

Si hiciéramos un repaso de los 169 artículos de los que se compone la carta magna española e hiciéramos un análisis sobre su indebido quebrantamiento, la mitad saldríais espantados a comprar un calmante y el resto os iríais de puente para olvidar tanta patraña. Abro al azar el documento y me encuentro en el Título VII, Economía y Hacienda, y el artículo 128 en su punto primero dice…

1. Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.

Exponer al detalle el incumplimiento perpetuo de las más importantes de sus medidas nos llevaría a preocuparnos con sumo cuidado del funcionamiento de los Estados y de los Gobiernos que los arropan. Pero como el anarquismo ya se encargaron de eliminarlo por ser la fuerza real de oposición más palpable contra sus intereses, podéis conformaros con las migajas de algunos partidos que prosiguen con el circo…

Hoy, nada se puede celebrar. Porque desde el Preámbulo, donde dice que España es una nación, hasta la Disposición Final, sancionada en su conjunto por S.M. el Rey, estamos ante una serie de capítulos que o bien te llenan de rabia por su vocación contemplativa o, por el contrario, hacen brotar la risa.

La Constitución Española de 1978, como el resto de constituciones del mundo, no es más que una mentira organizada, para presentarse ante el pueblo como valedora de sus derechos, y ser utilizada como Imperio de una Ley que no cumple ni con sus normas.

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EL Estado y sus cosas

Breves: 

La mayoría de gobiernos, cuando no todos, se establecen aunque nos duela, para defenderse de los ciudadanos. Sus primeras acciones no consisten en estudiar todas las posibilidades que tienen para librarnos  de todo mal y amén, sino que directamente se estructuran y administran para que lo que haya de funcionar perfectamente sea ese modo de engarzar mejor con aquello que llamamos Estado.

Una vez perpetrada esta fechoría, un laberinto sin fin al que pusieron de nombre Burocracia articula todos y cada uno de los movimientos que se han de dar para que nada interfiera en su marcha. No importa que “papá” sea conservador, progresista, republicano o nacionalista, porque lo que preocupa es la supervivencia de la gran familia, y ésta no permite que nadie que no quiera casar con ella pueda apropiarse de herramienta alguna.

Así es como llegamos invariablemente al mismo punto sin retorno, y boquiabiertos observamos cómo las policías, las cárceles, los bancos, los poderes, las leyes y los documentos que llaman constitucionales no nos sirven para avanzar ni para tomar impulso. Al mismo punto de partida, siempre a las puertas de la libertad y en busca de la justicia.

Entre el Estado y nosotros por no haber no hay ni distancia, porque no hay puente ni camino que nos una. 

(apenas hay luz al final del Estado)

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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