Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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La represión del placer

Desatando nudos. La represión del placer

El placer refunda al individuo en su libre camino hacia la vida. Su búsqueda es incesante desde que éste abre sus ojos y la luz penetra por sus pupilas. E, inherente a su propia esencia, la sexualidad desciende desde la inconsciencia.

Sin sexo, el ser humano, queda amputado. Y aunque las conductas eróticas contribuyan a la relajación, a lo largo de la historia y especialmente en la cultura judeocristiana,  la iglesia no se presta a que el deseo campe a sus anchas. Desde los templos se ha combatido el gobierno de nuestras propias vidas y no se ha permitido que en sus territorios todas las sensaciones inunden los húmedos océanos. Sigue leyendo