Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Pablo Ráez

Estamos rodeados de gente maravillosa

Photo by joséluis vázquez domènech

Photo by joséluis vázquez domènech

Este folletín de soberanía popular por la bondad desenfrenada es el mismo que circula cada vez que las redes sociales son utilizadas para subir al altar el profundo apego a nuestras emociones.

Es igual que se trate de un atentado, de un niño muerto en el caudaloso mar de nuestra miseria, o de un joven que muere tras una lucha abnegada contra la leucemia. No importa el contexto, o nuestro posicionamiento real en nuestra vida cotidiana. Lo que ha de trascender es el ego solidario, sin que medie esfuerzo alguno ni por comprender ni por sabernos en nuestra actitud más indecorosa.

Del mismo modo que miles de personas se preguntan en este rocambolesco país qué hace un obrero votando a un partido de derechas, estaría bien que las mismas personas se preguntaran qué hostias están considerando quienes se enternecen con la lucha de un chico que propuso ayudar a quienes necesiten un trasplante de médula y el 90% no ha ido ni a donar sangre en su vida.

¿Estamos tontos o qué?

Si me solidarizo con los refugiados es porque estoy en contra de quienes impulsan las guerras, no porque me duele que cualquier ser muera en el agua. Si me solidarizo con los desahuciados es porque peleo por una banca pública, no porque un anciano se quede sin casa. Si me solidarizo contra el maltrato a la mujer es porque soy feminista, no porque alguien le haya levantado la mano. Si me solidarizo contra el hambre es porque peleo contra el Fondo Monetario Internacional y no porque un niño muera cada segundo. Si me solidarizo…, es porque la causa que me empuja a ello es la misma que me impulsa en vida.

Lo demás es acceder con enorme facilidad al click de cualquier noticia, y expandir la liturgia de la emotividad sin que nos importe cómo funciona ésta sociedad.

Pablo Ráez es despedido con aplausos en Marbella, y todo un país se vuelca con él para solidarizarse con un gesto que él pedía, y que casi nadie es capaz (tan siquiera) de intentar hacer. Es trágico. Pero es.

Estaría bien recordar que todos los actos solidarios requieren sacrificio, dinero, tiempo o trabajo, y que no los podemos despachar con tan solo un gesto.

Si queremos luchar a favor de la ética de los bancos cambiamos de oficina, aunque eso nos cueste dinero y algún que otro inconveniente. Si queremos luchar por el bien común en nuestra salud universal regalamos glóbulos rojos. Si queremos olvidarnos de las guerras exigimos el desmantelamiento de las bases militares. Si queremos acabar con la violencia de género ponemos contra la espada y la pared al macho ibérico. Y si queremos reírnos con las tonterías que hoy van a decir los actores contra Trump exigimos que hagan lo propio contra otros presidentes que apoyan sin vergüenza alguna (a pesar de su política criminal).

Todo, en esta vida, requiere un esfuerzo. El primero es pensar, y a partir de ahí llegan otros muchos que nunca debemos olvidar.

Claro que cada cual, y yo, no cumplimos con todos los requisitos que debiéramos. Pero es difícil mantenerse en silencio ante tanta emoción y tan poca capacidad de acción. 

No me cabe la menor duda de que si todos los gestos que se multiplican en internet fueran consecuentes la revolución ya estaría en marcha. Pero somos así. Efímeros en nuestra responsabilidad y espectadores de otra realidad.


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The Straight Story

¿No sabes qué hacer este fin de semana? Te invito al cine

Una Historia Verdadera

Google Images

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Segunda entrega (en nuestro blog) de la filmografía de David Lynch. Un recorrido por las carreteras de la América profunda. Un cortacésped para viajar sin adoctrinamientos pero sí con emotividad. Inteligencia y sensibilidad, contemplación y reposo para llegar a lo más sencillo del hombre. Criticada en parte por los fervorosos de un director más oscuro y onírico, su sencillez y su humanidad vuelven a incorporarnos para presenciar una gran película.

(El actor Richard Farnsworth, que hace el papel de Alvin Straight fue nominado al óscar a mejor actor, y poco después se suicidó pegándose un tiro al serle diagnosticado un cáncer terminal)

http://gloria.tv/media/NHyZuBDDY65

Título original, The Straight Story
Año, 1999
Duración, 111 min.
País,  Estados Unidos
Director, David Lynch
Guión, John Roach, Mary Sweeney
Música, Angelo Badalamenti
Fotografía, Freddie Francis
Reparto, Richard Farnsworth, Sissy Spacek, Harry Dean Stanton, Everett McGill, John Farley, Jane Galloway Heitz, Dan Flannery, Kevin P. Farley, Wiley Harker, Tracey Maloney
Productora, Coproducción USA-Francia; Le Studio Canal+ / Les Films Alain Sarde / Picture Factory & Film Four
Género, Drama | Vejez. Road Movie. Basado en hechos reales. Película de culto. Cine independiente USA
Sinopsis
Alvin Straight (Richard Farnsworth) es un achacoso anciano que vive en Iowa con una hija discapacitada (Sissy Spacek). Además de sufrir un enfisema y pérdida de visión, tiene graves problemas de cadera que casi le impiden permanecer de pie. Cuando recibe la noticia de que su hermano Lyle (Stanton), con el que está enemistado desde hace diez años, ha sufrido un infarto, a pesar de su precario estado de salud, decide ir a verlo a Wisconsin. Para ello tendrá que recorrer unos 500 kilometros, y lo hace en el único medio de transporte del que dispone: una máquina cortacésped. 

Premios

1999: Oscar: Nominada a Mejor actor (Richard Farnsworth)

1999: Globo de Oro: 2 nominaciones a Mejor actor, BSO

1999: Festival de Cannes: Nominada a la Palma de Oro (mejor película)

1999: 2 premios Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor actor, fotografía