Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Pornobrujas

ContraCorriente (buscando nuevas miradas).

“La herida de una lucha que se debe superar”. Aunque quizás lo que deberíamos es dejar de superar, y no permitir tanta hostilidad hacia las mujeres. “Vamos a por esos hijos de puta ya joder…”

 


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La exclusividad sexual

Bajo el monopolio del amor romántico

La implicación del amor romántico en nuestras biografías ha traído consigo una serie de argumentos vitales que están erosionando la buena marcha en el discurrir de las relaciones de pareja.

Estos argumentos son consecuencia de la idealización con que se observa el mundo, a través de unas lentes que solo permiten visionar sueños inconsistentes. La eterna durabilidad de la magia, una educación sentimental accidentada, la búsqueda de otras mitades, o la subordinación del placer al sentimiento de culpa representan algunas de las manifestaciones heredadas de esta abrupta doctrina del amor.

Pero hay además una divulgación o afirmación que incumple toda norma para la buena conexión de las libertades asociadas y las emociones compartidas: la posesión del otro como símbolo de pertenencia, logrado eso sí, con la única condición de la causa amorosa, en la que queda de manifiesto el usufructo (derecho de goce o disfrute de una persona ajena) bajo titularidad única y monopolizada.

La no aceptación de esos términos rompe una de las reglas de oro del pensamiento erótico consagrado, y descalifica a quienes osan incumplirlo, o a quienes sostienen su nula capacidad de éxito a largo plazo.

No importa que las parejas sepan que al cabo de un tiempo su deseo esté minado. Apenas se le da importancia al hecho de que las esperanzas ocultas y los impulsos no se refrigeren. El autoengaño toma fuerza para sostener los pilares de un edificio que necesita ser restaurado. Y lo más terrible, se retiene sin fundamento alguno, el cuerpo latente.

Este modo de transitar, además de no permitir la espontánea aplicación de nuevas sensaciones, coopera de buena forma con la limitación de uno de nuestros principios básicos, tal y como sucede con la búsqueda de la autonomía personal. No tanto porque parece restringir los movimientos, sino también porque consigue instalar unos perversos efectos en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Ilustración: Almudena Carreño Torremocha

Ilustración: Almudena Carreño Torremocha

La sensación de no terminar de lograr una conciliación perfecta con uno mismo es notoria. Y ello sucede porque los sentimientos no están cimentados desde la personal construcción del mundo, sino desde el distintivo con el que etiquetamos a la pareja. Y ésta última, no consigue reflejar nuestras verdaderas inquietudes y biorritmos, sino esa otra mitad que ni es nuestra, ni podrá serlo nunca.

De este modo, al diseñar de antemano la vacante existente en nuestras propias experiencias, lo que terminamos por hacer es amoldarnos a la llegada de un intruso del que nos han dicho ha de cubrir una falta que por sí llevamos grabada a fuego.

Algo tan cotidiano es una “inspiración” constante en la música, el cine o la literatura. El rastreo de príncipes y princesas no ha desaparecido; sigue latente en las modernas actitudes de las nuevas generaciones. La práctica del sexo sigue anquilosada en el mismo esquema machista y heterosexual, y no fluye como elemento de placer autónomo, sino como referente del mismo orden de dominio. El hecho de que las relaciones sexuales comiencen antes, o sean más propensas (supuestamente) a desvincularse del amor, no significa que hayan alterado ninguna imagen; tan sólo han derivado en otras secuencias, pero con el mismo patrón.

La exclusividad sexual en la pareja pervive a estos cambios sin despeinarse. Porque todavía no hemos aprendido a reconocer el valor de nuestra soledad y, sobre todo, a conquistarla desde nuestra absoluta integridad. La otra mitad es un delirio, una perversión que nos encarcela de a dos. De ahí las enormes dificultades en las separaciones o en las aspiraciones rotas.

En realidad no existe una única persona que haya de refundar nuestra visión del amor; podemos coexistir con cientos de individuos que pueden deleitarnos, complacernos, y ayudarnos a palpar infinidad de posibilidades. Expandirnos es necesario, porque la particularidad constriñe.

 

Publicado en ssociologos.com y en iniciativadebate

imagen, almudena carreño torremocha

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Sobre la violación

ContraCorriente (buscando nuevas miradas).

He pensado muchas veces qué sucedería si no fuera un hombre. (Tengo unas amigas que tienen claro qué sería, pero eso me lo reservo para mi intimidad). Siendo, lógicamente,  imposible saberlo, quiero avanzar. Y en medio de la reflexión, me aproximo cada vez más a la mujer punk. Creo que en su generalidad transmite perfectamente cómo se puede sentir una persona ante tanto atropello. Y lo más importante, cómo habría de re-accionar. El cúmulo de sensaciones degradantes que nos vemos obligados a presenciar, y peor aún, que muchas veces han de vivir personalmente, debería ser un detonador constante para explotar en cualquier momento, y defenderse. Siempre tener que defenderse. Es una espiral con la que hay que terminar de una vez.

En el siguiente vídeo se resume la catarsis en el que se ve envuelta la mujer con total nitidez. Bien podría considerar dar un golpe de estado y derrocar el machismo sin necesidad alguna de tener que dar explicaciones. Pero siempre ha de defenderse. La tragedia es tan grave que cuando una mujer es violada puede llegar a pensar que ella tuvo algo que ver en el fatal desenlace. Nuestra sociedad está tan depravada que millones de mujeres en el mundo, insisto, después de ser violadas, pueden sentirse culpables. El entorno llega a a límites tan insospechados que muchas personas pueden llegar a pensar que la mujer ultrajada no actuó o vistió o caminó o sonrió o regresó como debía.

Y así, hasta tener que realizar campañas provocativas para dejar constancia de una triste necesidad: tener que hacer lo posible para que una mujer desestime por completo la posibilidad de que ella tenga algo que ver cuando un malvado sujeto expropia su cuerpo en nombre del abuso de poder y de la mayor de las hostilidades imaginables.

 

Colaboración para Iniciativa Debate


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Lamentable

Indescriptible

A veces los planetas, la luna y alguna estrella olvidadiza se conjuntan para regalarnos una imagen gratificante. Otras, algún humano estúpido manifiesta su presencia, y es capaz de mostrarnos la más denigrante de las tropelías, capaz de hacer sonrojar a un buitre. Es dificil poder sobrepasar los límites a los que se llega en este vídeo. No tengo palabras para describir todo lo que encierra esta escena, propia del machismo más denigrante, y de la bajeza moral y política a la que se puede llegar. Un canal de internet privado venezolano nos trae este “acontecimiento”.

(ver del minuto 06’49 al 08’05)

 


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La rabia contra la máquina

Rage against the machine

La máquina es esa artillería incansable que no cesa en sus acciones vergonzosas y vejatorias. La rabia florece en nuestro interior cada vez que nos vemos obligados a soportar el desenfreno de la estupidez y la prepotencia.

El alcalde Valladolid Francisco Javier León de la Riva ha efectuado estas declaraciones a Onda Cero…

“Una mujer joven tiene que cuidar dónde va”
En sus declaraciones a la emisora, recogidas por Europa Press, el regidor vallisoletano se refirió a una denuncia por violación no resuelta en la ciudad para decir que “a veces a las seis de la mañana una mujer joven tiene que cuidar por dónde va”.

“El peligro de los ascensores para los hombres
Luego ha complicado aún más al asunto al hablar del riesgo para los hombres a la hora de entrar en un ascensor con mujeres. Aseguró que a él personalmente le da “cierto reparo” entrar “depende con quién” en un ascensor porque “entras en un ascensor, hay una chica con ganas de buscarte las vueltas, se mete en el ascensor, se arranca el sujetador y sale dando gritos de que la han intentado agredir”.

No puede haber “un policía en cada parque”
En cuanto a la denuncia de violación en un parque de la ciudad no resuelta aún el alcalde ha argumentado que el Ayuntamiento no puede “poner a un policía en cada parque de la ciudad”

Google Images

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Y yo no puedo dejar de manifestar mis impresiones ante tamaña insensatez.

Excesivas veces nos vemos obligados a callar la boca, para no dirigir nuestras palabras hacia quienes están haciendo de este mundo un árido desierto sin luz ni horizonte, solo habitable para hombres sin escrúpulos, violadores de la concordia y la tranquilidad.

Resulta dantesco escuchar expresiones de este tipo, pero más lo es cuando quien habla es un representante de las voces de muchos ciudadanos (aunque a veces uno comienza a pensar que sus representados colman su dicha cada vez que les votan – es alcalde de Valladolid desde 1995 -).

Las políticas contra la violencia de género nunca verán resultados positivos si somos incapaces de fumigar de la sociedad comportamientos de este tipo, que calan en la sociedad más de lo que podríamos imaginar. Toda política debería encauzar obligatoriamente sus pasos mostrando desde el ámbito judicial la contundencia necesaria para no permitir en ningún caso infracciones de este tipo. Porque ante todo, estas declaraciones son constitutivas de delito, y a pesar de que nuestras leyes o nuestros tribunales no lo consideren así, nosotros hemos de acometer contra ello con total nitidez.

Si la justicia no nos representa en nuestra lucha por la dignidad de todas las personas, estamos en la obligación de hacer constar que este individuo es ingrato, cuando menos indeseable, y que está fuera de toda conciliación por una sociedad igualitaria y solidaria con el universo femenino. Desde aquí, mi total repulsa, y mi adscripción a la lucha para desterrar semejantes barbaridades.