Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Ángeles Díez y la necesidad de recuperar la Comunicación

Así funciona el mundo

“Contra los medios de Comunicación”

Hay. Claro que hay gente que pelea y que lucha para informar. Pero lástima que para ello haya que mantener una clara confrontación con quienes, precisamente, deberían dar buena cuenta de ello.

Los periodistas, la inmensa mayoría que conocemos, están ocultos en sus madrigueras comiendo de la mano de unos cuantos impresentables. Y, al parecer, ello no les crea ningún malestar ni cargo de conciencia. Es más, muchos de ellos se enojan porque dicen que en su “oficio” hay mucho intrusismo, y que cualquiera publica ya en cualquier medio y que la profesión se está deteriorando. Es del todo desacertada esta impresión, una suerte de justificación de su claudicación. Y además, una parodia de lo que realmente debería ser su trabajo; de todos los artículos que leo al año, y los podríamos contar por miles, apenas unos cuantos que merezcan ser tenidos en consideración los firman periodistas de los grandes medios. Toda la información digna de ser analizada me la proporcionan desde la sociología, la fontanería, la politología, la jubilación, la antropología, desde la preocupación, desde quienes estudian la historia, activistas, desde el cabreo, profesionales de la educación, desde la abogacía, y un largo etcétera. Y generalmente, desde el anonimato (es decir, por personas cuyos nombres están normalmente castigados, ocultos o invalidados por el poder). Y las cosas así, en un porcentaje elevadísimo difícil de asimilar, apenas recibimos información de quienes trabajan y estudiaron para ello.

Trabajan para los medios, y eso les hace secuestradores, ocultadores, mentirosos y censores. La mayoría por dóciles, otro grupo porque no manejan la información mínima necesaria, algunos más por miedo y los más conocidos por suculentas cantidades de dinero. Entre todos amordazan la posibilidad de que podamos conocer lo que pasa realmente en nuestro entorno. Y todo porque los medios están vendidos, y porque la venta se efectúa para dirigir la opinión y conducirla a buen puerto. Al puerto de la guerra y del dominio.

Si dicha profesión está deteriorada, no es precisamente por quienes están haciendo lo posible para ser escuchados o leídos desde sus pequeñas plazas, sino precisamente por quienes tienen el título y/o la cobertura oportuna ofrecida por los propagandistas del expolio y la globalización.

Hoy es fácil para ellos defenderse de mis conjeturas. En su mayoría están unidos y son más proteccionistas que el sueño de Trump. Y tienen a su alcance una palabra que les reconforta y creen que les salva de su particular viaje por el entretenimiento y el engaño. Quienes llevamos tiempo procurando informar y revelamos las partes ocultas de todo aquello de lo cual están impelidos para contar, somos unos artistas en el uso de las teorías conspiratorias.

Pero somos más de los que creen, y nos deslizamos con paciencia. Y en la mayoría de las ocasiones, con trabajo, mucho trabajo.

Hay una socióloga menos conocida que el periodista más insípido con el que nos podamos encontrar en la televisión. Pero lleva tiempo indagando en esta aventura, y sus palabras y sus reflexiones nos ayudan a permanecer atentos, activos y laboriosos. Su labor se podría decir que es más o menos desconocida para la mayoría, pero eso tampoco importa, más bien confirma todas las sospechas, que hace tiempo dejaron de serlas…

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