Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Premiar y dar de comer

Breves:

(antenas de oro)

No hace mucho desperté con una noticia que se aproximaba mucho a una película protagonizada por unos cuantos frikis que deberían estar ya descatalogados. Decía así: “El periodista zamorano Sergio Martín, Antena de Oro de televisión por La noche en 24 horas“. El premio lo otorga la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España, que reconoce a los profesionales y programas más destacados.

SERGIO MARTÍN

Es licenciado en Comunicación Audiovisual y licenciado en Sociología. Válgame Dios… Tanto estudio necesitaba su recompensa. Pero vamos por partes. ¿Quiénes más han sido premiados? Entre una larga lista, tenemos a María Teresa Campos, Alfredo Menéndez (director de Las mañanas de radio Nacional), Ángel Expóxito (Cope) o Javier Cárdenas (Europa FM). Eso este año. Creo que a lo largo de una década son premiados todos, y que no se salva ni el apuntador. ¿Quiénes forman las Asociaciones? Vienen a ser un buen número de profesionales de la radio y la televisión. Hago un repaso y ahí están: Antena 3, Canal Sur, Castilla La Mancha, Disney, La Sexta, Cuatro, TeleCinco, Tele Madrid y TVE. Lo más granado de la información. Y si anotamos las emisoras, sembramos el campo con la misma reputación.

Qué mal ha tenido que dormir alguien para despertar un día y decidir hacerse socio de esta Federación. Si lo miramos por el lado profesional, debería quitar puntos si te presentaras a una oposición. Quizás por ello se reúnen entre ellos, y en algún almuerzo que deben hacer en común deciden a quién le toca este año. Sin rubor, eso sí, porque de lo que se trata es de elegir a cualquiera que no se avergüence de tamaña elección.

Lógicamente, ninguno habrá sido reacio a recibir el premio, o habrá hecho mención alguna respecto a la denigrante situación informativa en la que nos encontramos. Todos subirán al estrado y emocionados agradecerán la recompensa. Y en su próxima intervención nos dirán que lo que prima en ellos es la independencia y el rigor.

Por un puñado de dólares son capaces de engrosar la lamentable lista de personajes que están lapidando todos los principios de una verdadera democracia.

http://blogs.publico.es/juan-tortosa/2014/12/09/sergio-martin-o-lo-que-nunca-debe-hacer-un-periodista/

 

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Luis Espinal Camps

ContraCorriente (buscando nuevas miradas)

La hoz y el martillo de la discordia

Hay gestos que van mucho más allá de la anécdota. La prensa normalmente los liquida con una soberbia propia de los incultos y barriobajeros periodistas arrodillados ante la desinformación. La imagen de Evo Morales regalándole una cruz al Papa ha dado la vuelta al mundo. No así en cambio la historia de quién talló esa cruz en nombre de la revolución y el cambio. 

El presidente de Bolivia no ha dado puntadas sin hilo cuando lo ha considerado necesario en sus encuentros con diferentes líderes mundiales. Se presentó sin complejos frente a Juan Carlos I vestido con una chomba a rayas que fue el hazmerreir de la prensa oficial (rosa). Le regaló un charango forrado con hojas de Coca a Condolezza Rice. Y lo propio hizo con Álvaro Uribe ofreciéndole un retrato de Bolívar realizado con collage de esas mismas hojas. Y ahora, le ha dado a Francisco I una cruz en memoria de Lucho Espinal.

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Lucho Espinal fue un jesuita, poeta, periodista y cineasta acribillado a balazos por contar muchas verdades. Muchas de ellas las recopiló en sus “Oraciones a quemarropa”, donde entre otras cosas, afina la puntería contra el noticiero del poder: 

“El periodista, ante todo ha de ser los ojos y los oídos del pueblo. Él investiga y comunica al pueblo las informaciones que éste necesita para la vida democrática, para ser soberano; ya que en una democracia real se gobierna en nombre del pueblo, para el pueblo, y lógicamente ante los ojos del pueblo”. 

“El periodismo oficial es un periodismo para el consumo; por esto su base es el sensacionalismo; los hechos más llamativos y vistosos; la historia se concibe solamente como narración y espectáculo. Por el contrario, un periodismo popular y progresista va de cara al cambio; y lo que busca es lo más importante, lo más significativo (aunque no sea vistoso) dentro de la dinámica de la historia que se está haciendo. Aclarar la actualidad histórica es indispensable para una ubicación correcta dentro de la acción histórica y política”

Lucho Espinal fue secuestrado, y el 24 de marzo de 1980, asesinado. No quiero hacer una épica biografía de la lucha de este hombre. Pero si quiero dejar constancia de lo que apareció en su escritorio después de su muerte. Se titula “No queremos mártires”.

“El país no necesita mártires, sino constructores. No queremos mártires, así se queden vacías las horas cívicas. El mártir es un personaje vistoso, demasiado emotivo; es el último refugio para los ‘héroes’ revolucionarios, sobre todo si proceden de la pequeña burguesía. El mártir es demasiado vistoso, y los personajes vistosos no sirven para el socialismo; piensan demasiado en sí mismos. El mártir es el último aventurero; en otro siglo, pudo haber sido una pirata o un negrero. El mártir es un individualista, equivocado de lado. El mártir es un masoquista; si no puede vencer en el triunfo, procura sobresalir en la derrota. Por esto, le gusta ser incomprendido y perseguido. Necesita al torturador; e inconscientemente lo crea. ¿El mártir no será un flojo? No tiene la constancia para vivir revolucionariamente; por esto quiere morir, en espera de convertirse en personaje de vitrina. Porque el mártir tiene algo de figurón y de torero. El grupo político desplazado tiende a la mística del martirio; procura sublimar la derrota.

En cambio, el pueblo no tiene vocación de mártir. Cuando el pueblo cae en el combate, lo hace sencillamente, cae sin poses, no espera convertirse en estatua. Por ello, necesitamos videntes, políticos, técnicos, obreros de la revolución; pero no mártires. No hay que dar la vida muriendo, sino trabajando. Fuera los slogans que dan culto a la muerte. Alguien dijo: ‘El peso lo llevan los bueyes, y no las águilas’.

Google Images - Lucho Espinal

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Para la revolución social desconfiamos del entusiasmo adolescente. Los mártires son adolescentes. Y hay adolescentes de 50 años de edad. La revolución es algo demasiado serio para tomársela a la ligera. La revolución es violenta: es una operación quirúrgica social; por esto no hay que entusiasmarse con el bisturí. Dicen que la revolución es laica; pero si nos descuidamos podemos caer en todos los mitos idolátricos de culto a la personalidad, al esfuerzo, al melodrama… Pero, revolución y melodrama no combinan. Porque la revolución necesita hombres lúcidos y conscientes; realistas, pero con ideal. Y si un día les toca dar la vida, lo harán con la sencillez de quien cumple una tarea más, y sin gestos melodramáticos”.