Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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En torno a la libertad

Breves:

Es curioso. Pero precisamente aquello que no elige, es lo que supuestamente hace feliz a la mayoría de la gente. Su familia, su colegio, su pueblo, sus tradiciones o sus sueños. Esta anécdota debería hacernos pensar, hasta poder llegar a la determinación de que en el ser humano hay un extraño componente que le lleva a claudicar, más veces de las que debería, ante un autoritarismo externo que lo socializa. Solo así podemos llegar a entender esa fe por las democracias y las religiones que las acompañan.

Y cada vez más…, duele esa lucha por la libertad.

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

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Luis Espinal Camps

ContraCorriente (buscando nuevas miradas)

La hoz y el martillo de la discordia

Hay gestos que van mucho más allá de la anécdota. La prensa normalmente los liquida con una soberbia propia de los incultos y barriobajeros periodistas arrodillados ante la desinformación. La imagen de Evo Morales regalándole una cruz al Papa ha dado la vuelta al mundo. No así en cambio la historia de quién talló esa cruz en nombre de la revolución y el cambio. 

El presidente de Bolivia no ha dado puntadas sin hilo cuando lo ha considerado necesario en sus encuentros con diferentes líderes mundiales. Se presentó sin complejos frente a Juan Carlos I vestido con una chomba a rayas que fue el hazmerreir de la prensa oficial (rosa). Le regaló un charango forrado con hojas de Coca a Condolezza Rice. Y lo propio hizo con Álvaro Uribe ofreciéndole un retrato de Bolívar realizado con collage de esas mismas hojas. Y ahora, le ha dado a Francisco I una cruz en memoria de Lucho Espinal.

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Lucho Espinal fue un jesuita, poeta, periodista y cineasta acribillado a balazos por contar muchas verdades. Muchas de ellas las recopiló en sus “Oraciones a quemarropa”, donde entre otras cosas, afina la puntería contra el noticiero del poder: 

“El periodista, ante todo ha de ser los ojos y los oídos del pueblo. Él investiga y comunica al pueblo las informaciones que éste necesita para la vida democrática, para ser soberano; ya que en una democracia real se gobierna en nombre del pueblo, para el pueblo, y lógicamente ante los ojos del pueblo”. 

“El periodismo oficial es un periodismo para el consumo; por esto su base es el sensacionalismo; los hechos más llamativos y vistosos; la historia se concibe solamente como narración y espectáculo. Por el contrario, un periodismo popular y progresista va de cara al cambio; y lo que busca es lo más importante, lo más significativo (aunque no sea vistoso) dentro de la dinámica de la historia que se está haciendo. Aclarar la actualidad histórica es indispensable para una ubicación correcta dentro de la acción histórica y política”

Lucho Espinal fue secuestrado, y el 24 de marzo de 1980, asesinado. No quiero hacer una épica biografía de la lucha de este hombre. Pero si quiero dejar constancia de lo que apareció en su escritorio después de su muerte. Se titula “No queremos mártires”.

“El país no necesita mártires, sino constructores. No queremos mártires, así se queden vacías las horas cívicas. El mártir es un personaje vistoso, demasiado emotivo; es el último refugio para los ‘héroes’ revolucionarios, sobre todo si proceden de la pequeña burguesía. El mártir es demasiado vistoso, y los personajes vistosos no sirven para el socialismo; piensan demasiado en sí mismos. El mártir es el último aventurero; en otro siglo, pudo haber sido una pirata o un negrero. El mártir es un individualista, equivocado de lado. El mártir es un masoquista; si no puede vencer en el triunfo, procura sobresalir en la derrota. Por esto, le gusta ser incomprendido y perseguido. Necesita al torturador; e inconscientemente lo crea. ¿El mártir no será un flojo? No tiene la constancia para vivir revolucionariamente; por esto quiere morir, en espera de convertirse en personaje de vitrina. Porque el mártir tiene algo de figurón y de torero. El grupo político desplazado tiende a la mística del martirio; procura sublimar la derrota.

En cambio, el pueblo no tiene vocación de mártir. Cuando el pueblo cae en el combate, lo hace sencillamente, cae sin poses, no espera convertirse en estatua. Por ello, necesitamos videntes, políticos, técnicos, obreros de la revolución; pero no mártires. No hay que dar la vida muriendo, sino trabajando. Fuera los slogans que dan culto a la muerte. Alguien dijo: ‘El peso lo llevan los bueyes, y no las águilas’.

Google Images - Lucho Espinal

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Para la revolución social desconfiamos del entusiasmo adolescente. Los mártires son adolescentes. Y hay adolescentes de 50 años de edad. La revolución es algo demasiado serio para tomársela a la ligera. La revolución es violenta: es una operación quirúrgica social; por esto no hay que entusiasmarse con el bisturí. Dicen que la revolución es laica; pero si nos descuidamos podemos caer en todos los mitos idolátricos de culto a la personalidad, al esfuerzo, al melodrama… Pero, revolución y melodrama no combinan. Porque la revolución necesita hombres lúcidos y conscientes; realistas, pero con ideal. Y si un día les toca dar la vida, lo harán con la sencillez de quien cumple una tarea más, y sin gestos melodramáticos”.


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Elecciones Andaluzas

No hay salida

Hoy el pueblo andaluz se dirige nuevamente a una cita con las urnas. Cinco años después de sufrir las calamidades de sus representantes va a votar eufórico y renovado. En eso consiste la democracia, en permitir que las gentes secuestren su propia libertad…, y después se resistan a contemplar su obra!

Descanse en paz.

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

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Cambio de sentido

¿No deberíamos de comenzar a asociar el rumbo de los acontecimientos a la propia inclemencia residente en la población de todo un país, y dejar de acusar exclusivamente a políticos y banqueros? ¿No debería el pueblo de vaciar los estadios y llenar las calles? ¿No deberíamos dejar de meditar, y empezar a actuar?

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

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Yo soy anti-sistema

Yo soy anti-sistema

No legitimar el sistema es la única alternativa válida para proceder a la regeneración, disponer de una posibilidad de cambio social e institucional, y romper las estructuras de poder que están profanando la sociedad del bienestar.

Son muchas las indicaciones que apuntan directamente a esa posibilidad. Analizando los datos de los barómetros sociopolíticos, se concluye que las dinámicas de comportamiento electoral siguen la pauta extrema, ilegítima y adulterada, ya consagrada en los insolentes Estados Unidos de América. Sigue leyendo


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Stop

La sociedad civil y su gobernabilidad

Stop

Aun intentando hacer de la solidaridad un argumento esencial en nuestras vidas, uno no deja de pensar en más de una ocasión la necesidad de rescindir ese contrato vitalicio con el mundo, y a una escala más próxima, con el pueblo. Ajeno a interferencias proclives con alegatos elitistas, o a proclamaciones de voluntades intelectuales sobre el resto de la ciudadanía, ese distanciamiento no puede ser más que una expresión de las discrepancias que se pueden mantener con la mayoría. Sigue leyendo