Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Ajedrez

Breves:

(locuras)

Leí un día que en el juego del ajedrez no había espacio para la locura, sino tan solo para la razón. Es del todo comprensible llegar a esta conclusión, puesto que no hay juego que más necesite de la reflexión y de una certera planificación (constantemente razonada) para progresar hasta derribar al rey enemigo. Lo curioso es que quienes más capacidad tienen de llevar ese conocimiento hasta límites insospechados son una serie de personajes que bordan la locura con una gracia insultante. Las biografías de muchos de los profesionales de este deporte ejemplifican muy bien esta impresión. Quizás en los márgenes de esa dualidad se encuentra el secreto mejor guardado de esos coeficientes intelectuales que pueden llevarnos a la deriva cuando intentamos comprender sus actos. En mis tiempos de humilde jugador siempre me resultaba muy curioso la ingente cantidad de tics o manías que tenían mis contrincantes. Había uno que siempre venía con un paquete de galletas de chocolate (príncipe de beukelaer, y que nunca compartía), otro era incapaz de tocar ficha sin antes frotarse la frente, había quien no cambiaba de chaqueta aunque sí lo hubiera hecho la estación, y quienes más me emocionaban eran una pareja de hermanos que a media noche se despertaban cuando uno de ellos había “descubierto” en duermevela el movimiento adecuado para avanzar en la partida.

A mi me gustaba ausentarme cuando le daba al reloj, dejando solo en la mesa al pensador de turno. Y así hasta que un día me levanté y no volví, sin que aun sepa cual fuera la razón que me llevó a ello.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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Fe y respeto

ContraCorriente (buscando nuevas miradas).

“Si, la fe trasciende la razón, como un criminal trasciende la ley… Y huye de la razón porque ésta amenaza su cómoda burbuja de la ilusión”.  Son algunas de las perlas de Pat Condell, cansado de que cada vez que nos hablan de religión, no podamos poner en entredicho todas las trampas con las que nos intimidan en nombre de la fe. Yo estoy con él, entre otras cosas, porque el respeto ni ha de ser universal ni popular, precisamente porque lo que no podemos es soportar miles de infamias, injusticias e injurias a las que nos someten toda clase de  instituciones o “personalidades” que deberían estar enterradas en las orillas del olvido.