Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Castidades usurpadas

ContraCorriente:

Si no entendemos bien el sentido de la sexualidad nos podemos encontrar con graves problemas, derivados muchas veces por los desórdenes morales y éticos que nos atenazan, y otras tantas por no reconocer que ésta abraza todos los aspectos de nuestra persona.

La castidad puede ser el mejor ejemplo para entender las consecuencias que pueden derivarse de la represión y negación del placer. Para los católicos es una virtud, pues robustece enormemente esa voluntad de resistencia. Pero ya miles de sacerdotes saben y han vivido en sus propias carnes que para ello se precisa de una enorme fortaleza.

A principios de 2016 se va a estrenar un documental que va a dar mucho que hablar, “Amores Santos”. Su realizador quiere mostrar y denunciar esa doble moral que nos trasladan muchos religiosos homosexuales, que condenan la homosexualidad pero la practican puertas adentro. Para ello un actor ha contactado con muchos de ellos y el resultado serán muchas escenas de curas de todas las confesiones dejándose llevar por la lengua viperina del diablo.

Dener Giovanini ha realizado así un acto reivindicativo que beneficiará a toda la comunidad sexual en general y a todos los ministros de la iglesia en particular, porque sacar a la luz la verdad siempre es un acto que ayuda a comprender mejor la sociedad.

Si no entendemos bien el sentido de la sexualidad nos podemos encontrar con graves problemas…, y si no alcanzamos a comprender que la castidad es una paranoia nada ornamental que lo que pretende es doblegar a través del poder, seguiremos abriendo puertas a uno y mil escándalos

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Roland Barthes

Fragmentos de un discurso amoroso

“‘El discurso amoroso es hoy de una extrema soledad. Es un discurso tal vez hablado por miles de personas (¿quién lo sabe?) pero al que nadie sostiene; está completamente abandonado por los lenguajes circundantes: o ignorado, o despreciado o escarnecido por ellos. Asfixiado detrás del erotismo, la sexualidad, la pornografía, la publicidad, el cuidado del cuerpo y el consumo mediático”.

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

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Love Life

ContraCorriente (buscando nuevas miradas).

La campaña ‘LoveLife, No Regrets’ está promovida por la Oficina Federal de Salud Pública de Suiza. Ya sabemos que en todo anuncio va implícito un mensaje, y así podremos observar  la distancia que separa a las instituciones españolas (por ejemplo) de las helvéticas. Pero hay un hecho que otorga a esta campaña un valor añadido, y es su clara apuesta por la vivencia del placer, para disfrutar la vida y alejarse de toda sensación de miedo o culpabilidad. Amar la vida es también vivir la sexualidad.
Disfruta!


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Laurence Anyways

¿No sabes que hacer éste fin de semana? Te invito al cine

Laurence Anyways

Loca, libre, extravagante, intensa, dramática, excesiva, sensorial… Dejo a vuestro buen criterio rastrear la infinidad de aristas que se perfilan en este tercer largometraje del joven director canadiense Xavier Bolan. El lenguaje de la sexualidad, del amor, adheridos a la puesta en escena del impulso o de la reflexión, de la rabia o la locura. Está bien aproximarse a otro colorido, a pesar de la excesiva duración. Está bien inyectarse savia nueva, sobre todo si por las venas surcan palabras que inciden directamente en nuestra mirada… “no todo es culpa de la sociedad, sino de nosotros mismos, de ser lo suficientemente valientes y fuertes como para romper con las normas establecidas y vivir de la forma que deseamos”.

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http://cinegaygratis.blogspot.com.es/2015/06/laurence-anyways.html

Título original, Laurence Anyways
Año, 2012
Duración, 168 min.
País,  Canadá
Director, Xavier Dolan
Guión, Xavier Dolan
Fotografía, Yves Bélanger
Reparto, Melvil Poupaud, Suzanne Clément, Nathalie Baye, Monia Chokri, Yves Jacques, Catherine Bégin, Sophie Faucher, Guylaine Tremblay, Patricia Tulasne, Mario Geoffrey, Antoine-Olivier Pilon
Productora, Coproducción Canadá-Francia; Lyla Films / MK2 Productions
Género, Drama. Romance | Transexualidad
Web oficial, http://www.laurenceanyways.ca/
Sinopsis
Laurence Alia (Melvil Poupaud) es un profesor de literatura con un trabajo estable y una sólida relación con su novia (Suzanne Clément). Sin embargo, un día decide contarles a sus amigos y seres más queridos sus planes para cambiarse de sexo.
Premios

2012: Festival de Toronto: Mejor película canadiense

2012: Festival de Cannes: Sección “Un Certain Regard”: mejor actriz (Clément)

2012: Premios César: Nominada a Mejor película extranjera

2012: Premios Guldbagge: Nominada a mejor película extranjera


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Soy Lesbiana

Sí, soy lesbiana. Pero no quiero acostarme contigo

María Jesús Méndez

Ya sé que así, dicho de la nada, parecerá irrisorio y ridículo, pero tienes que saber que no. Que mi lesbianismo no es una forma de llamar tu atención. Que cuando beso a una chica en un bar, la abrazo o le cojo la mano, no es una manera seductora de pedirte que te unas a nosotras o que nos des conversación. No sé si habrás notado, pero cuando eres tú el que está con una chica en un bar, besándola o abrazándola, por muy guapa que sea tu compañera, no me acerco a sugerir mi presencia en un acto sexual ni a dejar claro lo muy excitante que me parece vuestra exhibición del amor o la pasión que desbordáis.

Dejando claro que mi lesbianismo no es una manera de seducirte, creo que es un buen momento para plantear que no deseo ser “salvada”. No soy lesbiana por desconocer tus atributos y tamaños físicos. No soy lesbiana porque no he encontrado a un hombre ni por no haberme acostado aún contigo. Aunque, si insistes en defender este argumento, es hora de que te plantees que quizás tú sigues siendo heterosexual por aún no haber conocido las bondades del sexo con otro hombre, ¿no es así?

Sé que no eres del todo culpable de tu ignorancia. No pretendo ser injusta. Sé que has nacido hombre y por eso te han educado para pensar que eres el primero, el más fuerte y el más listo. Que desde pequeño has aprendido que ser macho es exaltar la sexualidad y ser mujer es esconderla. Que has visto, y sigues viendo en muchas culturas, que las mujeres estamos para servirte, tanto en las tareas hogareñas como en tus apetencias sexuales; que a las mujeres, más que respetarlas, hay que protegerlas. Has aprendido que feminidad es signo de fragilidad y debilidad. Y masculinidad es signo de fuerza, incluso, a veces, de violencia. E, insisto, te entiendo. Porque a mí me enseñaron lo mismo. Mientras a lo largo de la historia las necesidades de tu pene han sido siempre atendidas, las de mi vagina han sido ignoradas, postergadas y hasta perseguidas.

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

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Ya sé que Freud te parece muy respetable y que, por eso, puedes llegar a atribuir mi lesbianismo a un trauma infantil o a la envidia a tu pene. Pero si vamos a ir por el camino de la psiquiatría, debo decirte que hay otras teorías que postulan que lo normal en las mujeres es el lesbianismo y lo anormal es la heterosexualidad. Que así como tú y yo tenemos como primer objeto de amor y deseo a nuestras madres, una mujer, mantenemos el objeto de deseo hacia las mujeres, el trauma es cambiarlo. ¿Te estoy liando? Ya lo sé, es complicado. Así que mejor abandonemos el campo de la medicina, no porque sea una institución que nos ha tratado como enfermas, pervertidas y anormales durante muchos años, sino, sobre todo, porque hay investigaciones que te darán la razón a ti, y otras que me la darán a mí. Y así no nos vamos a poner de acuerdo.

Mejor dejémoslo todo en el campo del sentido común. Y también del respeto. Yo puedo entender que la industria pornográfica te haya vendido el sexo lésbico como producto de excitación y deseo. Pero hombre, una cosa es la fantasía y otra es la realidad.

¿Sabes? Yo sé que puedo darte miedo. Que sí, hombre, no te pongas nervioso. Es algo que no reconocerás, pero dentro de ti sabes que hay algo de cierto. Que te has criado en una sociedad patriarcal que durante siglos ha sometido a las mujeres y las ha tratado como una pertenencia de los hombres. Y que mi lesbianismo no sólo significa que no quiera acostarme contigo. Mi lesbianismo puede leerse también como una reacción al sistema patriarcal, la manera más clara que tengo para decirte que no necesito tu protección ni tu pene para lograr lo que quiero y ser quien soy. Que sí, que sí, que los machos no le temen a nada, y menos a una mujer. No pretendo que lo reconozcas ahora, sólo que lo tengas ahí, y lo medites cuando la sociedad y las instituciones reaccionan contra el lesbianismo y contra la desobediencia de las mujeres que no siguen el patrón fijado: matrimonio con un hombre e hijos con éste.

Para terminar, creo que es importante que sepas que el hecho de que me guste una mujer, no implica que odie a los hombres, que yo quiera ser uno o que mi pareja cumpla ese rol. ¿Sorprendido? Ya lo sé. Es duro descubrir que el mundo no es siempre como lo imaginas, o como te han enseñado a imaginarlo. Sé que es frustrante, pero necesitaba decírtelo una vez más: mi lesbianismo no tiene que ver contigo. Y menos con tu pene.


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Hedonismo y Sexualidad

La gélida vertiente sexual del hedonismo tecnificado

La conmoción de la sociedad de la que hablaba Lipovetsky se ha desplegado con certera eficacia. Las costumbres del individuo contemporáneo han rebasado el consumo masificado y el nuevo modelo de socialización es ya el reflejo de la seducción continua, representada fielmente con la magia de las nuevas tecnologías y la consabida ganancia en autonomía personal.

Así, al mismo tiempo que se ha procedido a ahondar en un modelo de socialización más individualizado, el mundo como imagen y comunicación ha asentado la cultura moderna de la emancipación personal, liberándonos de roles y complejos.

Esta liberación se ha articulado tejida por la impronta del hedonismo, esa búsqueda del goce como tránsito hacia una vida más plena. Y paralelamente hemos incorporado en esa exploración el placer por excelencia protagonizado por nuestros cuerpos; una nueva sexualidad interconectada que está propiciando de una forma desbordante la publicitación de nuestra privacidad, hasta el punto de revelarla natural y cotidiana.

La sexducción ha tomado conciencia. Frente a la represión se ha patrocinado “ese verlo-todo, hacerlo-todo y decirlo-todo”, liberando con ello la  disponibilidad de nuestros cuerpos. De este modo la corriente narcisista encuentra en la personalización del deseo la medicina más deleitable.

Supuestamente imbuidos por las continuas descargas de información y estimulación, nos organizamos y orientamos gestionando los comportamientos desde amplios márgenes de decisión y elección.  Podríamos pensar que las cotas de libertad por las que nos movemos lograrían, en la medida de lo posible, una diversificación de nuestras vidas y también, en última instancia, de la felicidad.

Esta visualización de un universo completo a nuestros pies (y lleno de otros individuos sexuados) ha consagrado aún más el detonador que frecuenta la tecla del deseo, y ha incrementado la motivación por una causa libre, a la carta y sin aparentes reglas homogéneas, reconvirtiendo al ciudadano moderno en un ser henchido de autonomía y apetito.

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

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El irrefrenable caudal de la apetencia no ha necesitado de pócima alguna para desproteger la intimidad  y dotarla de una coexistencia amplificada. Y sin privacidad alguna se ha ingeniado una nueva modalidad de proyección, de mostrarse sexualmente a los ojos del mundo como  elemento emergente de socialización.

La red social es la estancia donde se aloja cómodamente la avidez acumulativa; exceso de todo para intoxicar aún más la ausencia. El impulso añadido, el amor sin trono, el sueño en burbujas de vapor, el escaparate digitalizado, la competición mimética, el desguace de la rutina y… sobre todo, el sexo, exultante ante tanta avalancha.   Hemos mutado (avanzado) vertiginosamente hacia la tiranía del estímulo inabarcable, y a lo que era la adquisición compulsiva de bienes materiales, se le añade ahora la donación sin límites de promociones sexuales, bien a través de imágenes eróticas, citas consoladoras, apuestas experimentales, y encuentros sin precedentes…

En un intento de disfrutar al máximo de la vida, permitiendo que afloren los arrebatos narcisistas y emocionales, el  hedonismo se reconcilia con la autocomplacencia efímera y esquiva. Y, por tanto, la cultura del yo se vuelve sobre-exposición constante.

Las sensaciones obtenidas se van aligerando de entusiasmos y, quizás por ello, se reanuda la búsqueda en un bucle interminable de reiteración y conquista. Disciplinados en el deseo, la sexualidad emerge a cada instante. Sus apetencias son devoradas fácilmente en el espacio cibernético y como si de cualquier información se tratara, los pechos, los penes, las sonrisas y los dildos protagonizan  infinidad de escenas cotidianas. Se observan, se comparten, se viven, se dislocan con el teléfono en una mano y la precaria satisfacción en la otra. La sexualidad puede estar presente mientras cocinas, mientras viajas y mientras trabajas. Está más presente y es más explícita que nunca; es la mercancía más demandada.

Pero la cultura tecnificada pos-moderna nos ha identificado como saboteadores de nuestra propia satisfacción. En el tránsito, del consumo innecesario de objetos hemos pasado a franquear las pantallas para consumirnos nosotros mismos. Saturno devorando a sus hijos. La sexualidad excede en sus pretensiones, y deja de germinar por agotamiento. Claudica ante su pirotécnica puesta en escena (los miles de destellos que procuraba han desaparecido), y habita un cuerpo frío, cada vez más alejado de la satisfacción y más cerca del hastío y el cansancio.

El placer está cada vez más lejos, porque en ésta gélida estancia la seducción perpetua nos está colapsando. Existiremos a la espera de un nuevo implante tecnológico, que promoverá la rebelión de los afectos.

Publicado en http://iniciativadebate.org/2014/02/12/hedonismo-y-sexualidad/

Y en http://ssociologos.com/2014/02/10/la-gelida-vertiente-sexual-del-hedonismo-tecnificado/