Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Catalunya

Consideraciones respecto al “procés” y algunas que otras carambolas

Algo he oído por ahí, que ha sido desenterrar a Dalí y todo se ha vuelto surrealista.

El patético mitinero neoliberal Mario Vargas Llosa ve con nitidez nacionalismo y conjura en una buena parte de la población catalana pero, al mismo tiempo, está incapacitado para ver lo propio a un centímetro suyo, donde le acompaña impávido Xabier García Albiol, enfundado con una preciosa bandera española.

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Miles de españoles son trasladados a Barcelona en autobús (gratis), y nos cuentan que la “mayoría silenciada” catalana toma las calles para gritar olés  a España y su historia imperial.

Catalunya lleva tiempo irritada ante el fraude y una corrupción política galopante representada en sus dirigentes. Pero la propia oligarquía que ha estrangulado a su gente les lleva en volandas hacia un falso sueño, solo transigente con “sus delincuentes”.

Nos montan una crisis económica sin precedentes y juegan con las teclas necesarias para hacer brotar la emoción nacionalista, contándonos que es ella la que provoca la fractura total. Se evita así el proceso de indignación popular que ya estaba cociéndose en todas las esquinas, y consiguen que ésta se traslade a otro lugar.

Al Gobierno español  “no le consta que haya una mayoría de independientes en Catalunya”, y no vaya a ser que tras un referéndum pueda romperse su calculadora, no permite que haya constancia de nada, tan solo del uso de una violencia obscena y autoritaria.

Noruega insta a Rajoy a abrir vías de diálogo a través de la mediación. El presidente sigue recomendando el libro “1785 motivos por los que hasta un noruego querría ser español”, prologado por el inagotable Luis del Olmo (y no es una broma, ni de mal gusto a nuestro pesar).

“España, toda la vida, ha sido España”.  Sin comentarios. Bueno si, podría ser una recomendación para que empezara así la letra de su himno estatal.

Dicen que Carles Puigdemont se ríe de la Constitución, no así el PP, que coge la Carta Magna, se limpia el culo con ella y dice que es para sacar a España de la crisis y el malestar general.

Todo aquello que no les conviene carece de fundamento jurídico. Así piensan quienes hacen las leyes…, que no podemos cambiar porque para ello las han blindado con mayorías cualificadas y alguna que otra argucia difícil de superar.

Creo que miles de vascos van desencaminados; creen en la buena fe de la CUP y “su pacto con la burguesía”, y sienten que Catalunya es un ejemplo a consagrar. Desconozco qué pensarán cuando todo se acabe y resulte que sean los catalanes quienes quieran seguir los pasos de la autonomía vasca y solo se trate de algunas concesiones sin más.

La “normalidad institucional” permite que un 50% de ciudadanos cualesquiera puedan gobernar y hacer lo que les venga en gana, pero si el 50% es independentista la normalidad se convierte en apología de la violencia y la democracia peligra, porque por arte del birlibirloque la mitad deja de ser mitad y se convierte en clara minoría.

España está llena de españoles, eso lo saben hasta los sapos que habitan la orilla del Manzanares. Catalunya, sin embargo, no se llena ni aunque salgan de manifestación los peces gordos y los tractores.

Tres palabras bastan para describir el espíritu de la constitución: “una e indivisible”. Y para eso están sus soldados, para defender la gran causa sin complejos; a Sergio Ramos le sale urticaria tan solo con pensar que Catalunya no es su España, pero se la suda jugar contra Israel mientras sus pupilos arrasan Palestina y medio mundo sin parpadear.

Ayyyyy, Israel Israel… En una de sus últimas visitas de estado allá que se fue el señor Más, a buscar crédito y algún que otro atajo para su ideal.

Es triste tener que reconocerlo, pero nos encaminamos a paso firme a un desalentador acuerdo entre las mafias del PP y del PSOE con la mafia del 3%, acuerdo que no va a ser otro que la reforma de la Constitución.

Hay un tipo que no es más tonto porque si lo fuera le darían incapacidad laboral, y ello le dejaría sin discursos  con los que poder ametrallar.

“El diálogo entre demócratas se hace dentro de la ley”. Unidos Podemos no solo lo sabe, sino que va a firmar el pacto necesario para que Cataluña siga en España, en la UE y en la maldita OTAN, que aplaude a rabiar tanta ineficacia de los que todo lo iban a cambiar.

“El nacionalista catalán es radical, excluyente, egoísta, imprudente, y poco le falta para convertirse en un auténtico criminal”.  No así el votante popular, un tipo sereno, conciliador, amante de la fraternidad y la democracia. No cabe duda de que el humor negro está grabado a fuego en el carácter español y medieval.

“La independencia es una amenaza contra la convivencia”. La reforma del artículo 135 (por el que los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones goza de prioridad absoluta en detrimento del gasto social), un porcentaje de paro sonrojante o la pobreza infantil son apelaciones continuas a la festividad nacional.

No debemos olvidar uno de los grandes acontecimientos. Miles de personas venerando a los mossos, la misma guardia urbana que sembró Catalunya de miedo y dolor, y que ha sido investigada por su “ejemplar comportamiento”. Véase el documental “Ciutat Morta” y échense a temblar (la historia de una confabulación de los poderes públicos con la brutalidad empleada por la policía).

“La Soberanía no se negocia”, y poco importa que se pueda negociar con la salud, las pensiones, la educación y la sonrisa de toda la ciudadanía.

Y dividir…, si se divide una pareja yendo a comprar a Ikea, ¿cómo no va estar dividida una sociedad?

Hasta Carmen Sevilla se está muriendo, y la olvidan porque los medios tienen que justificar la aplicación del 155, no vaya a ser que desenmascaremos su arrogancia y su infinita desfachatez.

Todos somos marionetas, pero a veces, la representación que se puede llegar a hacer puede desbordar…, incluso a las fuerzas de ocupación!


Dos apuntes sin importancia:

01-  La República catalana fue proclamada en 1640 por Pau Clarís, en 1931 por Francesc Maciá y en 1934 por Lluís Companys.

A veces parece que vivimos en África o en Australia y somos incapaces de vislumbrar lo que sucede en el epicentro de nuestra Europa social y política. Nos obligan a olvidar, pero casi siempre es bueno poder llegar a recordar.

02- Casi todas las constituciones del mundo dejan clara la unidad indisoluble de su territorio, pero en los últimos 20 años se han creado solo en nuestro continente más de 20 Estados, y casi la totalidad de las independencias que se han consolidado en los últimos 50 años eran, como era de esperar, “ilegales”.

Por comentar…

Colaboración para Ojos para la Paz                                                                                                                                                         

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Reacciones en cascada

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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A vueltas con el Manifiesto de las narices

El 01 de septiembre dí la bienvenida al nuevo curso político con un artículo que hacía referencia al Manifiesto por un Gobierno de Progreso. Entre otras cosas dejaba ver que el respaldo que había suscitado procedía en buena manera de ese séquito de ciudadanos socialdemócratas próximos al PSOE que habían tenido un trato agradable con la maravillosa cultura de la transición.

Hubo algunos comentarios al respecto. Desde quien me llamó cretino hasta quien determinó que escribía llamado por el odio. Y hubo también quien se enojó porque metía a todos en el mismo saco y desconocía la trayectoria de muchos de los firmantes.

Pocos días después de la mágica aparición de dicho manifiesto, Pedro Sánchez ratifica en público mis maléficas conjeturas, y llama a la responsabilidad a Ciudadanos y Unidos Podemos.

Son muchas personas las que piensan que cualquier cosa es mejor a que el PP siga gobernando. La mayoría de la gente no acostumbra a pensar a largo plazo, y es una de las razones de que cada dos por tres nos las den con queso. Pero claro, y es aquí donde mis neuronas se escandalizan, una cosa es que todos tengamos el derecho de elegir la opción que deseemos, y otra muy distinta, que para ello justifiquen su elección con bárbaras alegaciones o, lo que es peor, desde las cimas del desconocimiento.

Y aquí reitero mi crítica hacia quienes, presumiblemente siendo ciudadanos intachables, son capaces de respaldar y firmar cualquier documento que llegue a sus manos sin meditar previamente qué están firmando, con quién, y para qué.

Pues bien, hay mil y una razones para alejarse del PSOE, y más aún para hacerlo cuando ellos mismos se autodenominan representantes de las fuerzas del cambio. Hermosas palabras si no fuera porque su propia historia nos devuelve el rostro más infame al que representan.

Para quienes no han tenido ocasión de leer uno de los últimos artículos aparecidos en Iniciativa Debate, aquí les presento a algunos de los representantes de la regeneración política de la transición.

Y ahora, lean ustedes esa pequeña parte de la Historia, y adhiéranse al dichoso manifiesto por el cambio.

Salud, y hasta más ver.

P.D.: Ah, se me olvidaba. Lógicamente, también considero un error de primera magnitud que Pablo Iglesias y sus seguidores se echen en brazos del PSOE como alma en pena, en vez de trabajar por la construcción de una verdadera izquierda, justo en el momento que había la posibilidad de dar un portazo a un partido que ha ofrecido un trato degradante a medio mundo.

 


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Intelectuales, políticos y artistas, siguen dando el cante

Manifiesto por un gobierno de progreso

Son como una plaga, que aparece muy de vez en cuando, y traen en sus alforjas palabras llenas de despropósitos. Que precisamente a ellos tengamos que convidarlos para que repasen el significado que otorgan a algunos términos dice mucho de su indiferencia con el buen uso del lenguaje. En sus bocas, llenas de nostalgia de otros tiempos al que llamaron transición y dinamización de “culturas socialistas”, observamos con  asombro y cierto desconcierto cómo esculpen y salivan lo que entienden por progreso.

No hace falta ser un lince para adivinar en muchos de ellos esa proximidad latente con un periodo en el que fueron tratados como reyes, del mambo de políticas de adhesión y amiguismo. Y además, no se retractan de ello, sino que embisten con el signo de su intelectualidad un tanto innoble, intentando convencernos de la imperiosa necesidad que tenemos para admitir que hay una solución para sacar a España del atolladero y, para que de una vez por todas, éste país tome rumbo hacia un florecimiento cultural sin precedentes.

Joaquín Sabina, Antonio López, Baltasar Garzón, Miguel Ríos, Pepe Viyuela, Vicente Molina Foix y toda la troupe socialdemócrata hacen un llamamiento para que “no se puedan permitir cuatro años más de un gobierno del PP,  que ha traído el empobrecimiento y el incremento de las desigualdades”. Olvidan decirnos que Felipe González luchó como un auténtico guerrero para enriquecer a unos pocos, someterse a las órdenes del imperio, militarizar su territorio, plegarse al llamamiento de las grandes empresas y vivir a cuerpo de rey con sus amigos del alma. Pero eso son nimiedades, especulaciones de teorías conspiratorias sin valor alguno. 

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

El PSOE es un partido de chichinabo, conmovedor hasta en sus últimas incongruencias. Porque no lo olvidemos, este panfleto audiovisual de muy mal gusto lleva su sello, rodeado de artistas, políticos y sindicalistas que conforman un paraguas de indudable catadura moral surrealista. Quieren convencernos de que el progreso pasa por Ciudadanos y dicho partido, asociándose con Podemos para de una vez por todas avanzar a ritmo de boleros.

Sorprende que éste último partido no haya sacado ya un comunicado distanciándose de semejante tropelía, con contundencia, pero entiendo que todo vale en esta etapa en la que con la boca pequeña pueden decirse hasta las más grandes tonterías.

Así es, ha llegado un nuevo manifiesto, y llaman a “todos los ciudadanos y ciudadanas a unirse a esta exigencia democrática”. No se lo pierdan, llaman a un gobierno de PSOE, Ciudadanos y Unidos Podemos una exigencia democrática. Este deseo se resume muy bien en el discurso de Manuel Rico: “No es inevitable que haya un gobierno del Partido Popular en los próximos cuatro años. No es una maldición ese castigo. Podemos cambiar la situación si efectivamente apostamos por un acuerdo entre los tres partidos que han obtenido la mayoría social y la mayoría parlamentaria. Hablo de Ciudadanos, hablo del PSOE y hablo de Podemos. Los tres partidos coinciden en la regeneración democrática, coinciden en la defensa del Estado del Bienestar y de las conquistas sociales, coinciden en la reforma democrática de las instituciones y en la limpieza y en la transparencia, y coinciden en una nueva dinámica económica. Yo creo que se pueden poner de acuerdo en un mínimo común denominador y abrir paso a un gobierno de cambio y progreso”

Las cosas así, les urjo a que nos concreten qué entienden por progreso, qué entienden por regeneración democrática o qué entienden por limpieza y transparencia, porque sobra decir que el PSOE, no solo adolece de todo ello, sino que forma parte, sin ningún tipo de dudas, de la creación de un sin fin de mecanismos que han apoyado sin descanso la involución democrática en España y en el mundo. (Me temo que a estas alturas también tendrían que darme su definición de “Democracia”).

Si ya es un pequeño delirio su propuesta, cabe decir también que su mayoría social no considera importante unir a la CUP, por poner un ejemplo, porque como ya sabemos a estas alturas, ni son progresistas y mucho menos defensores de regeneración institucional alguna. Son así ellos, demócratas que luchan incondicionalmente por la causa. Eso sí, pero no por una causa democrática, sino por su causa.

Cansa ya tanto manifiesto maniqueo. Y siento enormemente la ausencia de todas estas firmas en innumerables casos de arbitrariedad política e injusticias que se han dado en España desde la transición. Pero es que ahí reside el quid de la cuestión. Son ellos mismos los protagonistas de dicha transición, y nosotros los espectadores a los que nos obligan  una y otra vez a asistir a sus fiestas y bailes de salón. 

Son quienes sin vergüenza alguna salen en la foto para ver su propio reflejo, inundado de gracia.

Colaboración para Iniciativa Debate