Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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La música

Breves:

Siempre tuve miedo de perderme en alguna canción, recreada por mi. Por eso dejé que fueran otros quienes lucieran en mi piel las zancadillas de la vida y firmaran con otro sello lo que acontece en la trastienda. Podía habitar la sensación, el despliegue emocional al ser escuchada, y sentir que alguien (muy lejos de mi) vivía conmigo la misma circunstancia. Esa sensación y ese repliegue sin necesidad de explicación alguna, envuelta en un nuevo sonido capaz de bifurcarse por las venas, vino un día a mi y comprendí lo que era la música.

(fue uno de los primeros discos que me dejó columpiarme sobre el aire: había otros planetas, otras tierras que habitar, y existían guitarras azules)

 

 

 

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El sueño de mis palabras

Pemario Disidente.

(de aquellos sueños, estos lodos)

 

He escrito algunos poemas.

La mayoría permanecen escondidos, y los pocos que quedan, olvidados

Los que afloran lo hacen porque les importa bien poco su vida

Y entre dentelladas no riman ni con el hueco de la escalera

Prefiero arrojar todas las piedras sobre mi tejado,

antes que permitir que un verso persista en esperanza alguna

Si he de creer que algo queda

no tengo más que matar hasta salvar mi última palabra.

 

Siempre están abiertas las urnas para depositar en ellas el reflujo de un soneto burgués

o la alitosis de un romance viajero

Para escribir hoy día hay que abrirse las venas,

y denunciar hasta la falacia de esa propia seducción que yerra

Un graznido me recuerda que ni un sueño posterga tanta miseria

 

Este mundo no necesita poemas,

sino envenenar todas las letras

y cubrirlas con tiento y un poco de levadura

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

Photo by Joséluis Vázquez Doménech