Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.

Yo soy anti-sistema

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Yo soy anti-sistema

No legitimar el sistema es la única alternativa válida para proceder a la regeneración, disponer de una posibilidad de cambio social e institucional, y romper las estructuras de poder que están profanando la sociedad del bienestar.

Son muchas las indicaciones que apuntan directamente a esa posibilidad. Analizando los datos de los barómetros sociopolíticos, se concluye que las dinámicas de comportamiento electoral siguen la pauta extrema, ilegítima y adulterada, ya consagrada en los insolentes Estados Unidos de América.

Las rápidas lecturas, sesgadas y manipuladas que se hacen de los datos recogidos, muestran generalmente interpretaciones que no corresponden con la realidad, pero que los ciudadanos aceptan como válidas por carecer de los instrumentos necesarios para recomponer los números en hechos objetivos.

La euforia mostrada por los partidos minoritarios ante su avance histórico, tiene un factor determinante. No estamos ante una hipotética gran subida de votos en caso de elecciones, sino ante una redistribución de escaños que facilita un ascenso en su representación. La razón es sencilla; ante el descenso acusado de intención de voto, cada partido necesitaría menos papeletas para conseguir un escaño. De ese modo, partidos como Izquierda Unida, y U.P.yD., conseguirían más escaños, pero alejados de ese gran apoyo ciudadano que se les supone en estos momentos; sus momentos más favorables dada la situación insostenible que vive España.

Lectura número uno, apenas hay un grupo social concienciado y crítico capaz de aunarse en un bloque político y retirar del poder a aquellos partidos que promueven y extienden el dominio impune del sistema financiero que nos desintegra. Es decir, hoy, 15 de mayo de 2013, y con la que está cayendo, el envite insurrecto está en cotas bajas.

Photo by Joséluis V. Doménech

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Por ende, lectura número dos, los grandes partidos siguen frotándose las manos, a pesar del enorme descenso de votos que los contemplan. Un “a pesar” perfectamente calculado, porque la gobernabilidad en estos estados donde la democracia raya la paranoia, permite la posibilidad de mayorías absolutas con representaciones ridículas. Es decir, al igual que sucede en Estados Unidos, podemos llegar a participaciones del 40% ó un 50%, y a que un partido, con el 13% de los votos gobierne sin rasgarse las vestiduras.

Una cifra que da qué pensar es que actualmente, aunando la intención de voto de los dos grandes partidos, llegarían a representar al 25%. Revela mucho sobre su cinismo y también sobre su decadencia. Dice más de la apatía ciudadana respecto a la política, eso es incontestable, pero dice poco de las posibilidades de cambio existentes.

Parece ser que el hartazgo de la gente con respecto a los políticos, tal y como nos vienen manifestando jornada tras jornada, es un reflejo de la indignación. Pero al mismo tiempo, no hay posibilidades de que esa rabia se reconduzca (con éxito) a través de las urnas.

Las dotes interpretativas de los políticos merecen una estatuilla, mas no así las de quienes les votan, porque siguen consagrando un sistema que nos arrincona, nos impide conseguir cambio alguno, y permiten que la maquinaria siga adelante. Una maquinaria, no hemos de olvidar, que está perforando la sonrisa de millones de ciudadanos en el mundo.

Mayoritariamente, en los debates políticos (por llamarlos de alguna forma), las críticas van dirigidas hacia aquellos que nos gobiernan. ¡Cuanto mejor nos iría a todos si esas críticas se reorientaran hacia aquellos que les estimulan!.

Es quizás hora de que demos un paso al frente. Yo soy anti-sistema (¿Y tú?). Porque hay evidencias históricas contrastadas que me permiten poder afirmar que están doblegando nuestra libertad, que han desestimado la justicia como pilar básico de la democracia, y porque el gobierno de unos pocos, nunca puede ser respaldado por un pueblo.

Se acepta vivir…, como deporte de riesgo.

Un pensamiento en “Yo soy anti-sistema

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