Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Soledad

Poemario Disidente

Todos los paneles dejaron de emitir su luz hacia tu cuerpo.

Las lagartijas corren sin cola y la única nube que vaga en el cielo acaba escondiéndose lejos del alcance de mis manos temblorosas. Ya sin caricias, el agua dejó de ser. Los besos en barbecho, surcos, ni tan siquiera huesos de aceituna en el plato.

Un carro pasa sin caballo. Chirrían las ruedas, los últimos latidos son incapaces de inyectar sangre a esos ojos que buscaban. El mármol siempre frío. Los sonidos del otoño no pueden amortiguar un nuevo capítulo, en caída libre.

Cada dentellada, infiel reflejo poblado de espejos que distorsionaban la vida.

He de no recordarte, y labrar clavos en la dehesa que va desde tus hombros hasta las últimas letras que pronunciaste.

Sin fuerzas, dejo caer las cenizas, que pesan más que el júbilo que siempre te acompañó. Amor y muerte. El viento lo lleva todo.

… Menos mi soledad.

Photo by joséluis vázquez domènech

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Dentro

Poemario Disidente

(Ocurre dentro. Fuera pro-curamos)

A veces me explosiono tanto que me siento incapacitado para buscar un trozo con el que pueda llegar a decir que me pertenece. Y me siento una tarde sin brisa, una verbena sin música o un menú sin vino. No llego a ser capaz de intermediar con el aullido que llevo dentro. Y es probable que precisamente en ese momento necesite vaciarme para volver as empezar, aunque sea para volver a detonar.

En el transcurso de ese proceso puede que esté muy mutable, ausente, poco locuaz y a veces expectante…mente en silencio, sin saber muy bien si busco algo o a alguien, si he de transgredir y permitir que todo sea. Definitivamente el armazón no está bien construido, porque como un soldado he de ponerme un uniforme para ir preparado a una nueva batalla.

Photo by joséluis vázquez domènech


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Necesito que me empujen

Poemario disidente

(…)

Photo by joséluis vázquez domènech

Photo by joséluis vázquez domènech

Necesito que me empujen…, hacia latitudes de vida que no consigo vislumbrar con certeza

Pero que están ahí, amenazantes en cada rincón y casi en cada mirada

 

Me desestabilizo en mi tendencia de proseguirme,

ajeno a la espiral de tanta estimulación de única y estricta vida colectiva

Y sin fuerzas, busco tu reconocimiento como fuelle

Aunque sea mentira mi creer, aunque sea mentira tu proceder.

 

Reconocimiento en vísperas de la muerte,

para no caer desolado de la última página del libro olvidado

 

A veces es dura la vida

Y hay que ser capaz de reconocerse incluso sin ella

y, desnutrido, aun con miedo a ser marginado,

… ser capaz…

 

La debilidad no viene de rancio abolengo

sino de la intensa lucha por proceder con sigilo

desde el umbral de un pensamiento que sobrestima el hecho justo que ha de ser vivido

 

Ámame, aunque sea de noche y en estampida

hasta llegar hacia cualquier resquicio oxigenado de aprecio

 

Que hoy necesito que me empujen

(y me inoculen una dosis de filantropía distraída)

 

A todas las personas que en algún momento y por cualquier razón, se perdieron…, o no tuvieron el coraje suficiente para seguir muriendo…
 


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Descontaminación

Poemario disidente

Abrir las compuertas

Quisiera descomponer los residuos que he almacenado a lo largo de la vida, causantes del más mínimo desgaste anímico que en cualquier acompañante se manifestara.

Desnudarme con todas las heridas abiertas, y permitir que se alejaran las resacas de todos mis mares…

… hasta que la última ola se llevara consigo el recuerdo de cualquier dolencia.

Quisiera.

Disculparme por mi indisciplina, por no saber tocar los acordes que hicieran desbocar la sonrisa. 

  • tengo mal oído, pero procuro siempre poner música, incluso en las distancias que nos separan

(Porque todos necesitamos también amar, o disolvernos con sus inclemencias).

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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Recompensas del azar

Poemario Disidente

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

Nos zurcimos con nostalgia los pliegues de la piel  y luego desaparecimos. Ambos dos, promocionando la costumbre y la peculiaridad de no traspasar los extramuros de nuestras vidas.

Por aquél entonces yo estaba sumergido, y no precisamente en reflexiones poco profundas. No nos conocíamos de nada y, tal vez por ello, éramos absolutamente libres de ser recompensados por el azar.

Todo era ruido alrededor, y el silencio fue la clave para que decidieras acompañarme a aquella trasnochada habitación. Ni el sigilo ni mis reservas. Nos miramos dos horas antes y explícale tu al destino lo que supuso aquella aproximación, que nos llevó de peregrinación por algún reconocimiento arrinconado.

(Bueno, igual fui yo quién te acompañó).

Quise darle un sentido, pero antes de darle placer a neurosis alguna decidí retener entre mi pecho y el filo de tu espada el milagro del amor correspondido…, entre dos víctimas que detuvieron al amanecer por alijo de emociones y percepciones atrincheradas.

Ayer te extrañé, veinte años después, y me tiré a las calles vagando entre el recuerdo y la supuesta lucidez de mi cuerpo avaro. (Formas de derramar nostalgias y aplicar técnicas de grabado en tu propia litografía). 

Así es cuando menos te lo esperas, y pocas veces cuando lo confeccionas. No es entrañable exponerse paciente y dócil al sacrificio del escarceo. Las peripecias y los amaños amatorios son tan propensos al absurdo que es mejor no tener ocurrencia alguna y dirigirte sin rumbo hacia el abismo.

No hay mejor receta que el rayo que no cesa, cuando irrumpe desde las cumbres de la ignorancia y el estímulo se vuelve impulso que te subyuga.

Nunca más te volví a ver pero supe de ti, y que en tu cuerpo también quedó grabado…, un accidente que convirtió en precaria, la vida simulada que nos atropella.


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A ti, que huyes… y no te encuentras

Poemario disidente

Opositando a la vida

Ibas a nadar porque te gustaba sentir llorar a la Tierra…, y derramar toda su tristeza en cada ola. Y recordabas cuando te lavaban los sábados en aquél balde lleno de fronteras y olor a familia. Destinos entreverados (pensabas, a cada brazada); las mejores estampas lucían en los salones llenos de pulcritud y buenas palabras, mientras a tu lado los ratones parecían juegos de niños y sombras.

Hay que expulsar los sueños y contemplar la existencia. La que es. Aquellas manos manchadas de un sueldo a tres turnos, y de un imposible final feliz. Con el tiempo lo aprendías, y del mismo modo que en otoño llovía, lo recordabas. “Siempre se cruzaba un maldito pájaro que cagaba sobre nuestras cabezas”.

Podía cerrarte los ojos, pero hasta las vendas estaban agujereadas. Palpar la realidad. Aspiraste a engañar a las venas tiñéndolas de golpes de efecto y todo lo inevitable volvía a suceder, porque no había llaves para tu puerta…

…que era la mía pintada de gris.

Los sedimentos y los mandamientos de la pobreza. Fui tú más tiempo del que debía. Y ahora ando a vueltas con un esguince en mi sonrisa, y unas muletas en los recuerdos de mi memoria.

(Sálvese quien pueda, que apenas quedan plazas en los suburbios de la vida).

Warsowa - Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Warsowa – Photo by Joséluis Vázquez Domènech