Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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6 años sin ETA

CARTA ABIERTA ESCRITA HOY HACE SEIS AÑOS

2o de octubre de 2011. Llevaba tiempo esperando esta fecha. El día después; para poder dirigirme a quienes deseen construir este futuro incierto, con la certeza de que atrás quedó el incandescente estallido de la violencia.

Pero quiero dirigirme especialmente a las víctimas, a todas aquellas personas que han sufrido por una u otra causa, los azotes y las consecuencias de estos inacabables años, donde tantas y tantas personas han sentido en su interior el embate de la bárbara acción de los hombres.

Solucionar la muerte es lamentablemente un sueño imposible. Desprenderse del terror, de la tortura, del miedo, y de imágenes que han quedado grabadas con sangre y fuego, es también una misión de extrema dificultad. Y querer comprender cada uno de los acontecimientos que han llevado a que una persona sufra, una labor inabarcable, porque inabarcable es la miseria donde podemos llegar a descender.

Atrás, vientos que parecían imperceptibles para algunos, dejaron tras de sí paisajes desolados dibujados por huracanes escondidos. Y donde el mar debía de traer el sonido de las olas, a veces arrastraba el quejido impotente ante la muerte. Adelante, la mirada perdida ante la impotencia de tanto destino mutilado.

Pero adelante, también, queda el futuro. Caminar sin tropezar de nuevo, poder girar en el camino sin que lo recorrido hasta ahora sea quien determine cada paso. Descansar sin fortalecer la rabia, a pesar de lo sucedido, y proseguir procurando observar solo el destello. La confrontación y la imposición no pueden mitigar ninguna llaga, ni podrán nunca resolver cuestión alguna.

Photo by joséluis vázquez domènech

No se constata ningún triunfo por el olvido, la retirada, o el silencio. El verdadero valor está en la conciencia de lo ocurrido, y superarlo dejando de lado el odio. Toda búsqueda hacia la comprensión y la solidaridad no necesita de ese sentimiento, porque ni la venganza ni revancha alguna pueden solventar nada de lo sucedido y, lo que es peor, no pueden participar de nada nuevo que ilumine el camino.

El odio, lo encauzamos generalmente a través de un rostro, de un enemigo que nos arrebató una vida, o sesgó un sueño. Pero en la vida, nos sumergimos en todos los rincones de la sociedad, en los amplios espacios de la existencia, acompañados de infinidad de personas, y de múltiples usos y razones. Nos diluimos en los demás, y ahí radica el pequeño triunfo.

Cultivar el rencor es seguir rodeado de fantasmas. Es enquistar la irreconocible razón del sufrimiento y postergarlo. Anteponer la razón al odio abre la vía del comienzo de una nueva etapa. Razonemos juntos, para buscar otros instrumentos, y diseñemos el respaldo de la justicia necesaria. Cuanto mayor cobertura demos a esa búsqueda, menos dolor se sufrirá a través de los sentimientos irreconciliables. Es imposible que la víctima pueda olvidar, pero es posible que su indefensión quede a refugio de una sociedad que no respalde la injusticia, de una sociedad que contemple la posibilidad de abrazar el dolor de todas y cada una de las calamidades cometidas.

El horror no necesita ningún espejo para reflejarnos en él; necesita buscar urgentemente al hombre que hemos de llevar todos dentro.


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La Violencia como Ejercicio Social

La convivencia social y la violencia de género

Hay una especie de creencia sobre el abuso y la violencia sexual que viene a decir que en los últimos años el mundo se ha vuelto loco, pero debemos constatar que tales comportamientos han estado presentes durante toda la historia.

No debemos olvidar tampoco que los abusadores no son sujetos extraños o marcadamente específicos, pues pueden ser de cualquier raza, edad, nivel socioeconómico y, no lo olvidemos, de instrucción.

Llama la atención que una acción social e institucionalizada, con gravísimas consecuencias para un elevadísimo porcentaje de la población, no haya sido considerada problema de primer rango y no se hayan puesto todos los medios para poder atajar tanta barbarie.

Durante los últimos años parece haber posicionamientos y políticas destinadas a contribuir en la ayuda a las víctimas, así como discusiones sobre los castigos que se debieran implementar para quienes ejercen el maltrato contra las mujeres. Pero además de estar desactivadas por la imprecisión y por una especie de negación del sentido común, apenas hay respaldo suficiente y, lo que es peor, es casi inexistente la búsqueda necesaria de los orígenes y causas del uso de la violencia, elemento fundamental que deberíamos considerar en la lucha contra esta lacra que parece no tener fin.

Claro que podemos llegar a comprender tanta desidia al comprobar que quien atesora en sus manos el don de la violencia es quien ha de resolver o minimizar el uso de ella.

La incapacidad de decretar y establecer más leyes al respecto, de ponerlas en práctica y estudiar su vigencia y eficacia se traduce, no lo olvidemos, en un cementerio menos vacío.

Desde el Estado hasta el último reducto de la sociedad, desde todas las instancias de poder hasta el último hombre, está jerarquizado y naturalizado el patrimonio del mandato supremo del macho dominante. Y la manada parece seguir fiel a este rito histórico feroz, donde el cazador sigue marcando sus leyes, y donde la cultura aún no ha podido usurpar su sitio a ese mecanismo que como precepto instintivo quedó grabado de generación en generación durante miles de años.

En el proceso histórico pasamos de la horda a la tribu, y de ésta a la constitución de la familia. Y también pasamos de aquél apareamiento indiscriminado y desorganizado, donde no había forma de determinar la paternidad, a las restricciones en el comportamiento sexual así como al uso de la violencia y el asesinato como principal forma de acceso al dominio, estableciéndose estas relaciones exclusivas y cerradas para el grupo unido por lazos de consanguinidad.

Llegó el periodo de protección, y lo que podríamos denominar las nuevas experiencias de comunicación, amor y ternura. Se dio paso a la constitución de castas y el linaje, con los diferentes condicionamientos en las relaciones que irían dando forma a lo que después se consolidaría en las formas de relación estable del matrimonio, y se favorecía el fortalecimiento del grupo con generaciones de nuevos guerreros para prosperar y luchar contra las amenazas.

Durante cientos de miles de años se ha ejercido la violencia como medio para imponerse al medio, a las fieras y depredadores…, y a los demás hombres. Con el desarrollo de la conciencia aparecen el trabajo agrícola y artesanal, y la evolución de la sociedad trae consigo la aparición de la religión, la ética, la ciencia y los manuales de buenos usos y costumbres, supuestamente de acuerdo a los valores superiores de cada sociedad.

Hasta que el hombre aprendió a sentirse dueño del mundo, y seguir siéndolo…, de la mujer. Y en esas estamos, a pesar de toda evolución, y en contra de todos los criterios de lo que entendemos por civilización; el hombre sigue siendo el enemigo principal de la mujer. Y estamos obligados a detenernos en las causas si realmente queremos atajar las consecuencias.

Photo by joséluis vázquez domènech

Un enorme interrogante abre una grieta, probablemente, en la propia constitución y desarrollo posterior de la institución a la que llamamos familia. A mi entender ha adoptado una forma de proceder que repite el mismo esquema que se da en ese Estado opresor que se protege de forma carcelaria. Si lo que en otros tiempos pudo salvarnos y quizás ahora nos esclaviza, puede que sea tiempo de revisar la experiencia. Y al igual que transformamos la educación o el estilo de vida, puede ser perentorio progresar hacia un nuevo modelo de convivencia.

Es urgente, a no ser que la supervivencia de las mujeres nos parezca una ocupación secundaria en el mercado de la vergüenza y la ignominia. Tal vez podamos confirmar que los efectos de tanto terror las paguemos entre toda la ciudadanía, pero la muerte se ensaña siempre con el mismo colectivo y no cederá en su impulso y en su insistencia desmedida.

La UNESCO acertó claramente en el diagnóstico sobre la violencia, y en su carta constitucional después de la segunda guerra mundial promulgó: “puesto que las guerras nacen en la mente de las personas, es en la mente de las personas donde deben erigirse los baluartes de la paz”. Muy atinados en su análisis, y bastante desacertados en la implementación de políticas que pudieran resolver dicha realidad.

No encuentro otra apreciación mejor y, por tanto, prosigo para ver hasta dónde podemos llegar. Jordi Calvo Rufanges nos recuerda que nuestras mentes incorporan la violencia como algo consustancial a nuestra forma de ser, y así, no cabe duda de que innumerables rutinas relacionadas con ella van conformando nuestro carácter social. Lo más grave es poder seguir comprobando que es el propio Estado, única entidad autorizada para ejercer la violencia en el territorio que lo conforma, quien guía a ciegas a su propia ciudadanía hacia el proceso de militarización de las mentes.

Hay una ideología que propicia dicha militarización, y una educación que la acompaña. El capitalismo más salvaje nos enseña que la lucha individual contra nuestro competidor es una constante, y que la figura que lo simboliza se puede redefinir desde un patriarcado rearmado con otros valores pero con aquellos recursos que le siguen reafirmando en su mandato y con su autoridad.

Si. La inscripción de la violencia  en las normas sociales ha sido el primer eslabón para convivir con ella, para dotar al sistema de una razón de fuerza mayor a la que se pliega, y consolidar así su necesidad rampante.

No es difícil observar cómo se extiende el ánimo arrebatado y enfurecido a través de todos los canales, hasta instalar en nuestros cerebros el chip del enfrentamiento como elemento natural de nuestra especie. Y todo porque la violencia… se estimula.

Un informativo cualquiera en casi todos los rincones del mundo pretende generar audiencia, y como si se tratara de un show más nos somete a la vulgarización de los hechos más terribles y difíciles de asimilar. Sin que importe mucho la localización del suceso, podemos pasar de un tren descarrilado en Corea a una inundación en Perú en dos segundos, o de una avalancha en una discoteca de India a un incendio en una fábrica pirotécnica en China. Y en medio de todas las noticias, la guerra. La fuerza bruta como resolución de conflictos, como necesidad dicen, para promover una paz que nadie entiende. Y en todo este proceso no nos dejan observar los acontecimientos, solo mirar, sin detenernos, para presenciar miles de secuencias de sangre derramada y polvorienta anquilosados en la costumbre.

No existe mejor obra para que de manera subliminal nos lleguen mensajes favorables a los más variados procesos de confrontación.

¿Quién puede negar que esta institucionalización de la violencia se filtra también a través de todas las estructuras sociales y en el marco de todas nuestras relaciones más comunes? Me temo que es imposible. La cultura de la paz deja paso constantemente a la construcción de un enemigo que combatir. Y en el amor, el “enemigo”, termina tomando forma de mujer. En el amor las mentes también están militarizadas, y el rol de los “combatientes” está perfectamente entrenado para volver a ganar.

Cientos de hombres son unos perfectos corresponsales de guerra, y muchos de sus movimientos responden perfectamente a directrices que bien pudieran estar marcadas en algunas de las guías de entrenamiento de las fuerzas armadas.

Personalmente no observo obstáculo alguno para poder afirmar que la violencia es un ejercicio social que se instaura y con la que se convive con total naturalidad, hasta tal punto que termina por contribuir a procesos cognitivos que justifican desde la intimidación al más vil de los actos, como pueden ser los maltratos.

Leo estos días algunos apuntes sobre la desvalorización de la vida amorosa, y pienso que el punto culminante de dicho enviciamiento es el uso de la violencia. ¿Qué sucede cuando nos socializamos optando por los valores equivocados?. El universo de los afectos no se transmite ni tan siquiera en el currículo de los colegios, porque consideran más importantes las competencias que el conocimiento de las emociones y su regulación en nuestras vivencias sociales.

Y tomando preferencia, como lo hemos hecho, por unos valores nada entrañables no debemos extrañarnos por la existencia de un buen número de hombres que encuentran en la degradación psíquica de sus parejas el objetivo final de sus victorias.

En el contexto analizado observamos cuan fácil puede resultar familiarizarse con el uso de la violencia, pero ello no lo explica todo ni mucho menos. Quiero creer que aquella corriente que debía existir (procedente de la afectividad y sensualidad) fue mutilada en la infancia, o que a lo largo de la vida de los maltratadores (por una u otra serie de razones) no confluyeron como debieran los lazos necesarios para conectar con las demás personas. Quiero creer que no se nace violento, y que hay una combinación de factores que forjan una estructura cerebral que más o menos es incapaz de controlar las emociones agresivas. Quiero creer muchas cosas, pero he de atenerme también a aquello que puedo ver. Nos educan en el uso de la violencia, y todo confluye para que se sigan conservando las más perversas manifestaciones de dominio y aquellas fantasías que cooperan tan bien con el uso y abuso del poder.

¿Cómo podemos erradicar esta cultura de la violencia si desde las entrañas del Estado se construyen unos referentes de socialización que nos llevan una y otra vez hacia ella?

¿Cómo podemos escapar de tanta crueldad si seguimos alimentando guerreros y ejércitos que lo único que consiguen es expandir el pánico y publicitar la apología  de la agresión?

Guerreros que ya no necesitamos, ni para defendernos de las bestias ni para protegernos de peligro alguno que ponga en entredicho el proceso de nuestra evolución.

Quizás debiéramos empezar desmilitarizando la vida, quizás debiéramos partir sin miedo a construir la olvidada y marginada cultura de la paz. Porque con ello desmilitarizaríamos nuestras mentes… y las formas de entender el amor y las relaciones seguirían el mismo curso…


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Godfrey Bloom Mep

ContraCorriente

Desmontando la farsa: “El estado es una Institución de ladrones”

Lo que debería ser un acto cotidiano en el trabajo de los eurodiputados y de cualquier político, es decir, luchar por la garantía de los derechos de la ciudadanía a la que representan, se ha convertido desde hace décadas en un extraño acontecimiento. Viviendo en la era del autoritarismo más depredador e injusto, la situación actual es tan deprimente que escuchar a cualquiera de ellos incidiendo en los verdaderos problemas que nos acechan, se nos hace hasta extraordinario, por inusual y porque nuestros queridos medios de comunicación nos lo ocultan constantemente.

Así, y aunque parezca mentira, entra a formar parte del colectivo que transita contra-corriente un político inglés euroescéptico, que tiene la virtud de explicarles a sus señorías en qué consiste la estafa continuada a la que nos someten desde Bruselas y Estrasburgo.

Vídeos pedagógicos a la carta!

Os dejo por escrito una de sus intervenciones: “Señor presidente, me viene a la mente una cita del gran filósofo americano Murray Rothbard que dijo: ‘El Estado es una institución de ladrones’. Los impuestos son simplemente un sistema en que los políticos y burócratas roban el dinero de sus ciudadanos para malgastarlo de la forma más vergonzosa. Este lugar no es una excepción. Es fascinante y me pregunto cómo logran mantener la seriedad mientras hablan de evasión fiscal. La Comisión [Europea] en su integridad y sus burócratas no pagan impuestos. Ustedes no pagan impuestos como los pagan los ciudadanos. Todos ustedes tienen ventajas especiales. Tasas de impuestos convertidos, techo de impuestos a las grandes fortunas, pensiones exentas de impuestos. Ustedes son los más grandes evasores fiscales de Europa y se sientan aquí a dar lecciones. Pues bien, el mensaje ha llegado a los ciudadanos de Europa y se van a dar cuenta de que los euroescépticos son cada vez más el próximo junio [elecciones europeas]. Y les voy a decir lo peor: cuando la gente se haya dado cuenta de quiénes son ustedes, no les faltará tiempo para tomar esta Cámara y colgarles. Y lo harán con razón”.

 

 

P.D.: Esta entrada de hoy tiene trampa. Si nadie conociera a éste señor, se acogerían de muy buen grado sus intervenciones. Y si os digo que éste político es medio nazi, o un fascista, o vete tú a saber qué… Creo que hace unos seis años le expulsaron del Parlamento Europeo, por citar la divisa nazi “Ein Volk, ein Reich, ein Führer”. Bien, y ahora… ¿Cómo resolvemos observar éstos vídeos? ¿Dejan de ser verdad sus palabras? ¿Cómo es posible que sean precisamente políticos como éste quienes nos estén contando las pequeñas historias que medio mundo quiere escuchar?

Uno de los grandes problemas a los que estamos asistiendo es que aquello que supuestamente deberían denunciar todos los partidos de izquierdas, ante su inoperancia absoluta, está siendo un buen condimento para los euroescépticos, los neonazis o los del ala derecha de todas las casas. Pero cuidado, la realidad no es patrimonio de quien se apropie antes de ella. Es de todas y todos. El hecho de que un facha diga que los bancos roban, no desdice el hecho real de que los bancos roban, lo que viene a decir es que a él le viene bien comentarlo para sacar tajada. Pero éste ejemplo es bien claro para saber cuál es una de las razones de la victoria de Trump. Cuanto más neoliberal ha sido la política socialdemócrata, más nos han engañado. Y ese engaño, ocultado por la mayoría de partidos, lo ponen sobre la mesa los nuevos perfiles políticos.

Por tanto, mostrar la verdad viene bien, pero siempre y cuando sepamos de dónde vienen esos argumentos…, y hacia donde van.

 


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La violencia como estrategia: 04

Desestabilización programada y violencia

¿Os imagináis que dadas las circunstancias el pueblo acuerda lanzar una ofensiva contra el Estado, y éste decide acudir al combate con derecho a su legítima defensa? A modo más que simbólico ésta metáfora tiene su presencia en nuestro entorno, y viene a darse cada vez con más frecuencia y con un talante más sofisticado en aquellos territorios donde se dice que la modernidad ha llegado. La abstención es el arma popular que se extiende como la lava cada vez que una nueva erupción estalla en el seno de los gobiernos. Y ante esa decisión no se resquebraja institución alguna, bien al contrario, todo se mantiene en su sitio y nadie notifica el más mínimo arrepentimiento. Porque esa es su “legítima defensa”, mostrar que el pueblo ha decidido y que todo ha de proseguir igual, sin que medie consideración alguna. En esta breve reseña ha de quedar constancia de que alguien, con muy buenos modales pero con una acritud endiablada, nos ha tendido una trampa.

El conflicto deja de lado a los dos contendientes y deja de ser real por inadmisible, y lo que parecía una necesaria emergencia, librarnos de todo Estado opresor y coercitivo, se vuelve en contra nuestra. Gracias a inigualables reglas del juego un intermediario se yergue como máximo protagonista, y en su seno es donde se librará la batalla. Los dos polos quedan imantados por lo que llamamos democracia, y quien debía ser afluente de aguas cristalinas, es sin darnos cuenta el colector de todos los residuos.

El alcantarillado público, con las administraciones al frente y con los ministerios a buen recaudo, se conecta a través de infinidad de ramales con todos y cada uno de los habitantes, del centro y de las periferias. Esto se produce de tal modo que a cada una de nuestras casas (incluso a las chabolas), conexión mediante, llegan normas universales que emanan de la popular soberanía. Pero casualmente no resultan del agrado de las mayorías.

¿Será posible? Lo que parecía un ajuste de cuentas entre dos, pasa por arte de magia a ser una riña continuada entre todos. Entre todos nosotros que, enmarcados tras el bello retrato político, no podemos dar crédito a tanta debacle. Y cuando hasta la ilusión se despeña, nos miramos, nos diferenciamos, y nos restregamos. Y es entonces cuando observamos el mapa y terminamos por creer que somos muchos, que la tierra no da para todos, que la riqueza no llega, y que por el trabajo se deja uno la vida.

El conflicto está a ras de suelo, bajo nuestras pisadas. Nos han otorgado el falso poder de elección y cuando comenzamos a ser conscientes del juego, estalla la violencia.

Pero para entonces la estrategia imperial ya está servida. La visión policial del mundo retiene en sus mazmorras de vigilancia activa no sólo aquello que viene sucediendo desde tiempos inmemoriales, sino también aquello que va a acontecer. Y si no va cumpliéndose como “se esperaba”, se articularán todos los instrumentos para que así sea.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

La campaña violenta trazada ofrece normalmente dos alternativas:

  1. Se puede dejar en manos interesadas la capacidad de maniobra necesaria para que cunda el pánico, bien en un barrio periférico, en un territorio por conquistar, o en un país entero. Esta forma de obrar está presente y latiendo en el mundo con una fuerza sobrecogedora, y resulta imposible desenmascarar el centro neurálgico del embate, sencillamente porque diferentes grupos de presión son capaces de cotizar al alza un maniquí disuasorio que luego se tornará en enemigo visceral.

La mano que te da de comer puede pasar a ser la que apriete el gatillo en el momento menos inesperado. Cuestión de logística y de turbación complementaria.

Sería un arduo trabajo recopilar la infinidad de casos donde una desestabilización programada incide en futuras intervenciones políticas para seguir con el control exhaustivo de la población civil y, sobre todo, de sus riquezas naturales. Son muchas ya las investigaciones realizadas para determinar con claridad cómo unos pocos intervienen en nuestras vidas para llevarse nuestras propiedades y, una vez colapsada la opción de continuidad, dejadnos con los excrementos de una tierra ya baldía.

  1. América Latina sabe mucho de eso, demasiado. Y sin que todo ese proceso culmine, porque siempre ronda el imperialismo ciego para dinamitar allá donde encuentra cualquier grieta, hay que añadirle la violencia añadida, ese experimento cotidiano que protagonizan los ejes del poder sin compasión, y cada vez con menor sutileza.

Como si no fuera poco interferir del modo que lo hacen, desde altas instancias y de forma  casi generalizada parece instalarse entre nosotros la nueva fase de agresividad, propagando el dolor y la muerte sin que medie razón alguna. Y la estandarización del miedo es ya la segunda alternativa de la campaña, como si de un elaborado plan de marketing se tratara.

Y en este punto surge el gran interrogante sobre la presencia de la violencia infiltrada con vehemencia desde las cloacas del Estado, perforando el desarrollo de cualquier democracia y aniquilando las escasas posibilidades que quedaban para que ésta emergiera.

Nos situamos. El abstracto monopolio de una lucha sin cuartel contra el pueblo es delirante. Y ha llegado hasta tal punto que considerar ese menosprecio como un proceso anecdótico ha dejado de ser admisible.

La incorporación de la violencia  a las normas sociales ha sido el primer eslabón para convivir con ella, y para dotar al sistema de una razón de fuerza mayor a la que se pliega, consolidando su necesidad rampante.

No es difícil observar cómo se extiende el ánimo arrebatado y enfurecido a través de todos los canales, hasta instalar en nuestros cerebros el chip del enfrentamiento como elemento natural de nuestra especie. Y todo porque la violencia… se estimula.

La propia globalización y sus enormes repercusiones en lo que podemos denominar nuevos focos de pobreza es solo parte de todo un entramado difícil de digerir sin sentir los ánimos angustiados. Pero donde más hierve la inquina es a través de los medios de comunicación, auténticos promotores de un trauma colectivo que nos sumerge en un escenario nada improvisado.

Un informativo cualquiera en casi todos los rincones del mundo pretende generar audiencia, y como si se tratara de un show más nos somete a la vulgarización de los hechos más terribles y difíciles de asimilar. Sin que importe mucho la localización del suceso, podemos pasar de un tren descarrilado en Corea a una inundación en Perú en dos segundos, o de una avalancha en una discoteca de India a un incendio en una fábrica pirotécnica en China. No nos dejan observar los acontecimientos, solo mirar, sin detenernos, y presenciar miles de secuencias de sangre derramada y polvorienta anquilosados en la costumbre.

Si, la globalización. No existe mejor obra para que de manera subliminal nos mande mensajes favorables al capitalismo más ruin e incómodo. Y tras ella la ofrenda al mercado de valores, al dinero inexistente que atropella los silencios de nuestros sueños.


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La violencia como estrategia: 03

¿Podemos hablar de equidad en el conflicto cuando toda posibilidad de triunfo subsiste siempre de una parte?

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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Abiertas quedan de este modo todas las heridas. El régimen actual de nuestra relación con quienes nos dirigen está o mal encauzada, o no deja espacio a la solución de la democracia, que no es otra que el respeto a la mayoría.

Somos conscientes del “empuje” del discurso dejando en evidencia los argumentos de los Estados, siempre acompañados de balas y expropiaciones, pero ¿acaso hay modo alguno de contrarrestar tanta perturbación en nuestra existencia sin la necesaria condena, y sin menospreciar tanta ofensa?

Orientar nuestras palabras por los latifundios de nuestra defensa es la primera obligación, y fumigar con nuestras reflexiones todos los marcos teóricos que sostienen la vigencia de este sistema uno de los objetivos ineludibles.

Resolvemos sin demora que entre el Estado y la ciudadanía hay un conflicto, un grave y pernicioso conflicto. Pero dadas las líneas a seguir según lo acordado en constituciones, decretos ley, preámbulos y otros códigos al uso, no ha lugar para  una lucha entre estos dos grupos que se miran de frente legislatura va, y legislatura viene.

Políticos, intelectuales e instituciones concluyen que la solución está en la democracia, esa forma de gobierno que contacta con nosotros cada ciertos años y que por no tener, no tiene ni margen de maniobra. Mas no precisamos de complejas investigaciones ni repasos históricos para concluir que dicho dispositivo, ni es suficiente ni ayuda a solucionar el más mínimo de los problemas.

Aunque los criterios y las artes políticas no hayan cambiado tanto, a día de hoy es un sarcasmo poder hablar de soberanía. Otros actores no elegidos comenzaron ya a proyectar las más importantes de nuestras decisiones.

Que tengamos que rendir cuentas a los grandes consorcios financieros de inversión y asumir que los Estados se encuentran a merced de esta movilidad, no nos proporciona certidumbre alguna, más bien… nos prepara para una nueva fórmula que entender en política.

El odio hacia quienes nos gobiernan se va haciendo insoportable, entre otras cosas porque ya ni siquiera puede haber relación entre el dominante y el dominado, y sin percibir ese poder que antaño se temía, ahora se les desprecia.

Es como si no hubiera nadie para mediar en esta nueva confluencia y los actores que más necesitamos se fueran a platicar con los medios para desacreditar nuestra legítima y apremiante defensa.

Y sin equidad, sin posibilidad de diálogo y sin consenso, el respeto deja paso a la imposición, el acuerdo a la confrontación, y el engaño al riesgo de violencia.

La decadencia más absoluta es el lastre que nos queda. Y decididos a no cometer “fechoría” alguna…, ¿qué nos queda?


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La violencia como estrategia: 02

¿Cuándo es ley y cuándo es crimen el uso de la violencia?

La expansión fuera de lugar protagonizada por la violencia durante este siglo invita a pensar que no hay posibilidad alguna de revelar su existencia sin poder hablar del enorme conflicto que acarrea, visible sin lugar a dudas en las grandes migraciones que causa. Son innumerables las señales de horror y zozobra que están vivas en nuestras sociedades, pero lo son también las intransigentes medidas para afrontarlas que desde la política se plantean.

En tales circunstancias se resquebrajan los fundamentos que sostienen al Estado como garante de una convivencia pacífica, y las democracias se vuelven permeables a toda una serie de extraños acontecimientos respaldados por una legalidad encorsetada propia de situaciones de urgencia.

En dicho contexto podríamos rastrear, por ejemplo, el mapa socio-político tras los asesinatos de Ayotzinapa, ¿muestran las trágicas consecuencias de dicha violencia, o lo que vienen a reflejar es la expresión de fuerza de un Estado que recurre a ella para no ceder ante la vigilancia de la democracia?

Casos así hacen posible que poco a poco se vayan sucediendo (y lo que es peor, permitiendo) un mayor número de situaciones violentas y represivas por parte de los Estados, con actuaciones que pretenden ser normalizadas e incluso necesarias, pero que lo único que consiguen es pervertir las libertades e impulsar las tiranías.

Las consecuencias de todo amanecer invernal van exigiendo refugio, calor y la protección necesaria frente a tanta barbarie. Pero he aquí que estamos ante un dilema que poco ayuda para resolver la opulencia de tanta mezquindad. ¿Cómo vamos a buscar abrigo en casa de nuestro propio verdugo?

Revolcándonos en la legitimidad de la violencia no alcanzamos a subsanar tanto delito. Pero hemos de hacerlo para gravitar a su alrededor y después posibilitar un nuevo argumento.

La pregunta inicial, por tanto, se mantiene y ha de ser pragmática. ¿Cuándo es ley y cuándo es crimen el uso de la violencia?

En toda forma de Estado se define a éste como única entidad autorizada para ejercer la violencia en el territorio que lo conforma. Esta teoría ha de contemplar la legitimidad necesaria, otorgada lógicamente por los habitantes que en dicho territorio se integran.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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Dicha legitimidad es concedida bajo unas premisas determinadas, pero éstas se encubren y tergiversan hasta el punto de traspasar todo límite de legalidad y, además, querer ocultarlo.

El monopolio de la violencia recae en manos del Estado y, por tanto, nadie más podrá apropiarse de él sin que sea penado o criminalizado. La excepción vendría de la promulgación de leyes autorizadas para tal fin, es decir, de la posibilidad de utilizar la violencia para defenderse uno mismo o para defender sus propios bienes (entendiendo siempre que dicha autoridad es ofrecida, claro está, por el propio Estado).

Esta arquitectura administrativa se extiende a todos los países de nuestro entorno, y si bien el Estado concentró los medios de violencia para pacificar la sociedad, todo parece indicar que en su desarrollo abrazó la causa de la disciplina como eficaz medida de control y seguridad.

Hasta tal punto ha sido así, que abandonando su función principal ha terminado por ensalzar un Estado penal donde las doctrinas autoritarias son la máxima en su actividad.

Así, el interrogante se bifurca. Por un lado habría que determinar dónde están los límites de su ordenamiento y, por otro, constatar cómo se procede para despojarnos de tanta justicia.

Si algo hay que revelar sobre el modo de pronunciarse de nuestras democracias es, sin duda alguna, el excesivo uso de reglamentaciones ad hoc para minimizar la respuesta ciudadana. Queda claro que los respectivos gobiernos se apropian de todas las licencias  para consagrar sus arbitrarias formas de articular el poder. Y subsiste así una estrategia que inmediatamente conduce a  una ruptura importante entre las estructuras estatales y el conjunto de la sociedad.

Considerando las múltiples maniobras empleadas por las diferentes jefaturas nos daremos cuenta de que estamos enfrentados a manipulaciones sociales de alta intensidad. Dichas estrategias están dirigidas con precisión, con el único fin de limitar la defensa de nuestros derechos y profanar los valores de nuestras libertades. Generalmente arropados bajo argumentos exóticos y subvencionados por el capital y los beneficios de las élites.

El funcionamiento de los sistemas de partidos, la regulación de las representatividades políticas, las licencias de comunicación y libertad de radio y prensa, las construcciones de mayorías irrelevantes con las cuales poder gobernar, el fraude de la separación de poderes o la implantación del miedo como elemento propulsor que nos coacciona, son solo una pequeña parte de las perturbaciones a las que nos someten “en nombre del bien común”. Éstas medidas excepcionales tienen un respaldo que contribuye a poder evitar su deterioro, y a este respaldo lo llaman La Ley…

Uno de los mayores males de nuestras democracias es que se ha ido extendiendo la creencia de que las leyes son el fundamento de las causas justas. Razón de más para no olvidar dos de las ideas fundamentales que expongo: los Estados perviven a través de mecanismos insuficientes de legitimación y la ley que les ampara no responde a los parámetros de la justicia sino a los intereses manifiestos del poder. Viene bien recordar a Montesquieu, “Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa”.

Este análisis da buena cuenta, a través de la Ciencia Política, de la necesidad de transformar los principios por los que se regulan nuestros Estados. Pero es la Historia, con su espléndida biblioteca, la ciencia que narra todo lo que acontece y quien mejores y más respuestas nos brinda. Todas las libertades, sociales y políticas, todas las mejoras económicas y todas las transformaciones que han dado lugar al derrocamiento de poderes, élites, imperios, o gobiernos absolutistas, se han producido siempre bien a través de revoluciones sociales o bien con la inestimable ayuda de innumerables revueltas.

Recordatorio. Quien nos domina no nos va a conceder el privilegio de escaparnos de sus lindes. Aunque busquemos otras formas, casi todas las salidas de la opresión han sido y seguirán siendo violentas.

Esta pequeña alusión puede sonar contundente, y para muchos, insolente. Sobre todo en estos tiempos de indignación de manos blancas y de silencios cómplices. Pero el cambio, si se desea, ha de corroborarse a través de la postura que se defiende. Es imposible la transformación sin la exigencia del cambio radical de los acontecimientos. O lo que es lo mismo, no es posible indignarse para pedir dicho cambio si no contribuimos a la ruptura de parte del sistema. Siempre, claro está, que el propio Estado no retroceda o deje de alimentar la violencia (claros ejemplos son los mal llamados procesos de paz, como puede ser el de Colombia).

El sistema, el Estado, los gobiernos y nuestras democracias, están muy bien diseñados para asustarnos, para disuadirnos, para hacernos ver aquello que no existe, para aprender a distinguir entre el mal y su justicia. Todas las herramientas están a su alcance. De ese modo, que alguien pueda mirarse y declararse antisistema es no solo extraño, sino hasta delictivo. Tememos hasta el significado desnudo de las palabras, reconstruidas para protegernos de nuestros pensamientos y nuestra actitud.

Electores, pobladores, habitantes y vecinos, saben que ha de haber responsables, saben que la política no funciona, que nuestro país se tambalea, que las finanzas nos ahorcan, que las multinacionales nos violan. Millones de personas saben que este sistema no solo no nos ayuda, sino que nos estrangula, y están en contra de su mecanismo, de su puesta en escena. Saben que es necesario ir contra él y que hay que derribarlo, para construir uno nuevo. Y casi nadie se atreve a creerse antisistema…

Mantener la pasividad o la negación (también intelectual) es como intentar ganar la batalla refugiándonos en casa del enemigo.

La violencia no es siempre la misma. En la confrontación y lucha por la dignidad y por los derechos, su conciencia revuelve la diplomacia. Cuando los nuevos pobladores persiguieron a los indios, éstos necesitaron hacer uso de ella para sobrevivir en sus montañas. Cuando los europeos colonizaron África, los esclavos enfundaron las armas para impedir su exterminio. Cuando los turcos decidieron batallar contra el pueblo armenio desarmado, los aniquilaron, y un millón y medio de habitantes fueron forzados a marchas kilométricas, atravesando zonas desérticas para morir de hambre, de sed, de robos y violaciones.

Cuando la maldad te mira de frente y quiere borrar tus pisadas, puedes rebelarte o no, pero no hay ética que respalde tu caída ni razón que ampare o defienda tus heridas. No hay cobijo para la barbarie, y a veces, hay que hacerle frente.

¿Tiene el amenazado que legitimar su derecho a la defensa? Estamos bajo las órdenes de terceros que degradan nuestra moral y nuestras conductas. Las leyes de nuestros gobiernos socavan el orgullo de los ciudadanos, y nos someten a penurias que anulan hasta nuestra voluntad. La inmoralidad, el engaño y la perversión son los colaboradores represivos a los que ya nos han acostumbrado.

Lo acontecido a lo largo de la Historia no ha de cubrirnos los ojos, sino abrirnos la mirada. Lo dejó escrito un alemán, Max Stirner, hace muchos años; “El estado llama a su propia violencia ley, pero a la del individuo crimen.”


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La violencia como estrategia: 01

Introducción

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

En un primer momento me parecía juicioso observar e incluso delimitar las diversas opciones de la violencia, pero dada la urgente necesidad de toparme con el terreno que pisamos he resuelto concretar con la más dura de las circunstancias, esto es, con las diversas expresiones de los Estados en su relación con la violencia. Y todo porque a día de hoy hay una excesiva participación de sus agentes en la transmisión de conflictos liderados por ellos mismos.

Comúnmente se reconoce desde la Sociología la solvencia del ejercicio del poder considerando que quien lo ejerce tiene el derecho de uso de la intimidación y la amenaza. Un uso no regulado explícitamente en toda su extensión, pero que casi siempre se realiza desde las diferentes jurisdicciones estatales. Los cuerpos militares o policiales no son solo presencia para promover el orden, también lo son para defender las tropelías de quienes los dirigen, y ese es el comienzo de todo capítulo para explicar la debacle, la sinrazón asentada en el ejercicio del terror.

  • Hablaré así del corto trayecto que hay que recorrer, dada su propia negación y su estrepitoso fracaso, para sacar a la luz ese ejercicio de violencia legitimada, pero injusta, cruel y despótica.
  • Y expondré del mismo modo la necesidad de desestimar las conjeturas insidiosas o aquellas que defienden las injusticias, puesto que estamos en la obligación de alejarnos de las teorías sociales y políticas que no terminan de concretarse en nuestras vidas. Es decir, hay que dar paso a la realidad, y no seguir dando cobertura al principio de ningún mandato que no proceda del pueblo si estamos hablando de democracia, o no alabar la existencia de Constituciones si son inoperantes en gran medida.
  • La controversia mayor con la que nos enfrentamos es saber cómo destapar al propio Estado, mostrar que su poder de coacción es casi siempre ilegítima, y poner en evidencia que más allá del reino de la razón lo que impera es el gobierno de la fuerza.

Ni que decir tiene que quien sale enormemente debilitada de esta conjetura es, además del propio Estado, la Democracia. Pero ello a estas alturas de la vida no nos convierte en pesimistas ilustradores de la historia, sino en reconocedores de una nueva desventura. El Estado moderno está concebido como una verdadera maquinaria, cuyo objetivo único es tener la capacidad para reparar cada cierto tiempo las fisuras de su aparato represor e ideológico. Y dado que es imposible su efectividad sin alguien que lo dirija, queda expuesto abiertamente que quien lo hace no solo es enemigo del pueblo, sino también aniquilador de su esperanza.

En la ecuación Estado, Violencia y Democracia, todo apunta a pensar que despejada la segunda incógnita se resuelve mejor el problema, pero me dispongo a dibujar otra parábola, porque sin el modelo actual del Estado habría mucha menos violencia, y ello determina que es hacia éste donde hay que redirigir la mirada.

  • Los tres poderes supuestamente independientes son anhelo de una libertad enclaustrada. Sus ilusiones no duran más allá de toda puesta en escena, y si no les acompaña una igual repercusión en toda la ciudadanía, se desintegran…

Se puede ser libre, pero no en el mercado sino en la vida, y se debe ser igual en las verdaderas condiciones de partida. Para eso está el Estado y ese debería ser el papel de la Democracia, pero se inventaron sin complejos nuevos tipos de violencia…

  • Y frente a ellos, de cara al futuro, solo cabe la salida, y reformular nuestras condiciones de vida. ¿Puede, más allá del Estado, darse un nuevo paradigma?


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La violencia como estrategia

Coleccionable

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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Septiembre viene siempre cargado de fascículos, de filósofos que nunca mueren, de aventuras filemonas, de coseres y cantares, de idiomas imperialistas, de minerales de pego, y de soldaditos con sus armas. Muchas armas, que son muy importantes.  

Para contrarrestar tamaño acontecimiento he decidido subirme al tren y ofreceros, desde el primer recortable hasta el último, y de forma gratuita, un maravilloso coleccionable sobre Papá Estado y su excesiva querencia hacia la violencia. Ya sabéis, para leer con tiento y sin prisas. Todos los viernes, hasta agotar mi existencia!

“La literatura, la ciencia y el arte deben ser servidos por voluntarios. Solo con esa condición conseguirán liberarse del yugo del Estado, del capital y de la mediocridad burguesa que los ahoga.”

Piotr Kropotkin


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Sociodialogando

El Libro rojo de las calamidades

Cuando nos hicimos eco de la noticia de la publicación del libro “Sociodialogando a propósito de las calamidades” en el que participo con un capítulo-dossier dedicado a la relación existente entre los Estados, la Violencia y las actuales Democracias, algunas personas a las que agradezco su interés mostraron el deseo de poder adquirirlo. 

Dejo aquí los dos pasos a seguir para poder comprarlo directamente a la Editorial El Aleph. Una primera inscripción en la página, y un enlace posterior para realizar la compra. Si hay algún problema os ponéis en contacto con la editorial directamente contacto@elaleph.com 

http://www.elaleph.com/registracion_usuario.cfm

http://www.elaleph.com/libro/Sociodialogando-a-proposito-de-las-calamidades-de-Robinson-Salazar/612714/

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

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La construcción social y política del “otro” como amenaza

Tu enemigo está en el poder

(leer con cuidado y sin prisas)

Silvio Berlusconi afirmaba que la civilización occidental es superior a todas las demás y que su destino, por tanto, sería conquistar a las civilizaciones inferiores.

Esta declaración es un ejemplo significativo de esas pequeñas “dosis” que nos van inyectando quienes ostentan el poder, con el único fin de ir construyendo entre la población ideas preconcebidas. De ese modo lo que se consigue es ir configurando un constructo social donde el otro ya empieza a formar parte del grupo de nuestros adversarios.

Esas pequeñas dosis van circulando por las venas del tejido social y, sin darnos cuenta,  se reafirman en el marco de un sistema de valores que anticipa nuestra identificación con nuevas normas y costumbres.

Posteriormente, y gracias a los usos (y abusos) de la política cotidiana convertida en ley, se comienza a aceptar y percibir como algo “natural” la existencia de una jerarquización cultural. Desde los partidos, desde los medios y desde los púlpitos se alimenta la idea de una peligrosa amenaza, esa “otroriedad” ante la cual se nos insta a construir un espacio de resistencia.

Con todo ello terminamos por rechazar, odiar y menospreciar al inmigrante, al refugiado y al pobre. Y si es preciso, hasta los eliminamos. El dictamen lo puede arropar Dios con su comprensión y ejecutarlo el Estado con su negligencia.

Se nos instruye para advertirnos de lo que puede llegar a suponer la aceptación de toda diferencia, y se retrata de ese modo al extranjero como elemento extraño y perturbador.

La expansión colonial y la movilidad de los pueblos han traído consigo un escenario de relaciones interétnicas de las que iban surgiendo diferentes corrientes de pensamiento, pero debemos recordar que quien iba tomando partido por la invasión o la confrontación siempre era amigo de mostrarnos que había una serie de actitudes inadmisibles que propiciaban la necesidad de una intervención.

Los otros como bárbaros, incivilizados o incultos hasta propician la desalentadora justificación de la esclavitud, la rapiña y la explotación. Y en medio de tanta ceguera solo triunfa la marginación, y lo que se conquista es el insolente apego a una única forma de entender la vida y la salvación.

El siglo XXI comienza con una manifiesta intención hegemónica  y de prepotencia y tras el atentado de las Torres Gemelas se identifica rápidamente al adversario con el fin de promover la agresión con fines exclusivamente lucrativos. Una planificación exhaustiva que contempla una artificiosa reconstrucción del “otro” como amenaza, y que consigue crear una perfecta representación con un enfrentamiento entre civilizaciones, donde tenemos a un lado el occidente moderno y progresista y al otro el mundo islámico, cuando menos medieval y bárbaro.

Geert Wilders, Parlamentario por el  Partido por la Libertad que él mismo fundó en Holanda, dio un discurso años más tarde en el Hotel Four Seasons de New York en el que, entre otras cosas, nos recordaba unas palabras atribuidas a Winston Churchill cuando hablaba del Islam y se refería a él como “la fuerza más retrógrada en todo el mundo”.

Esta es solo una forma directa de menospreciar a toda una comunidad, pero hay una cantidad ingente de maniobras que se realizan desde el poder  para que dicha creencia quede grabada en nuestra memoria colectiva y, posteriormente, pase al universo privado a través de nuestros propios filtros (ya teñidos con simbologías manchadas de racismo) y se convierta en certidumbre inquebrantable y, paradójicamente, fundamentalista.

Otra es la adulteración ideológica con el claro objetivo de señalar donde está el peligro, y así poder ubicar con precisión a alguna agrupación o entidad que se supone obstruye nuestro camino.

Y una última, mucho más importante, es la de externalizar nuestros modos de rebeldía fuera de los parámetros del propio sistema y de nuestras instituciones, para que éstas permanezcan siempre ocultas y fuera del alcance de la ira colectiva. Todo ello porque los mismos que nos hacen creer que nos enfrentamos a un grave peligro son, en realidad, nuestro gran peligro.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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Las cosas así (estamos en un momento histórico que requiere de análisis profundos, compromisos y acciones inteligentes que permitan hacer frente a políticas segregadoras, militaristas, mercantilistas, depredadoras, machistas e insostenibles), y mientras no seamos capaces de percatarnos de ello y sumar esfuerzos, estamos encaminados a seguir sufriendo las gravísimas consecuencias que gracias a sus actos van a persistir en el tiempo.

La historia se repite, y tras los atentados de París del 13 de noviembre la maquinaria más bizarra y que dice ser representante de nuestros intereses vuelca todo su arsenal en precisar no sólo donde se ubica el gran desafío al que nos enfrentamos (Siria), sino que además lo identifica con una población inmensa (la musulmana) y le confiere la condición que no desea aceptar en su territorio (la refugiada).

No importa que todo el discurso, de principio a fin, sea el banderín de enganche con una población secuestrada a través del miedo, y tampoco que la narración sea falsa en casi toda su totalidad. Ninguno de los terroristas de París era un refugiado sirio: todos eran europeos.

Conscientes de que es más que probable que tengamos que poner en duda todas las versiones ofrecidas en relación a lo acontecido esa aciaga jornada y en los días posteriores, resulta cuando menos injustificado que no existan apenas medios de comunicación que se planteen con rigor y con seriedad que estamos ante un momento crucial en la oscura historia del viejo continente.

Si proseguimos incapacitados e inermes para luchar contra nuestros propios políticos nos encaminamos a un futuro incierto, injusto, desequilibrado y confrontado, y a todas luces…, excesivamente peligroso.

La gran estrategia de quienes nos gobiernan es tener constantemente un chivo expiatorio, porque la desaparición de éste supondría quedar expuestos a nuevos y contundentes análisis que, a buen seguro, se centrarían en ellos. Ese proceder siempre ha existido, y es como si estuviéramos imposibilitados para deshacernos de un modelo de sociedad arcaico y primario, donde la criminalización del que ”no piensa como yo” es una constante a lo largo de todos los periodos históricos.

Lo más grave aflora cuando ya sabemos que el factor económico juega un papel fundamental en este macabro juego, a través del cual toda una comunidad será  proclamada a viva voz portadora de un extraño gen violento que estamos obligados a extirpar.

El distanciamiento que se construye de ese modo es cada vez mayor y la verdad unilateral se convierte en dogma. No habría otra forma de poder justificar tanta barbarie y tanta indisposición humanitaria. Y es en estas condiciones donde mejor se elaboran y gestan los modelos de identificación de los supuestos enemigos.

Y así, cuanto más déspotas e intimidatorias sean sus operaciones con la sociedad civil (reformas laborales, eliminación de servicios públicos, estados de excepción, etc.) ello nos vendrá a decir que más beligerantes serán con nuestros señalados adversarios.

Los modos son siempre los mismos. La violencia y el miedo penetran en nuestras vidas, y silenciados por una eficaz mordaza nos sometemos al sofisticado acto de la estricta obediencia.

Nos quieren hacer creer que frente a nosotros tenemos una religión que en su esencia busca nuestra peor pesadilla, pero con lo que nos encontramos es con el peor rival instalado en casa propia, nuevamente recreándose con el mundo y subvencionando el arte de la guerra.

A nuestro alrededor hay miles de predicadores que nos están guiando a prueba de bomba y, conscientes del futuro que ellos mismos inventan, nos adoctrinan haciéndonos ver que el mal menor es la mejor opción que se nos presenta.

Lógicamente estamos obligados  a evaluar éstas y todas sus palabras. Si venimos de tiempo atrás analizando y constatando no solo lo que ya acontece, sino que además nos aventuramos en aquello que pensamos va a suceder, es muy difícil que podamos detenernos ante tanto atropello y no lo recordemos una y otra vez. “Una nueva guerra planificada: Siria”.  (Por imperiosa necesidad). Lo escribí el cinco de diciembre de dos mil once.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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El maniquí de un individuo (fervoroso de su religión) atacando Occidente ya ha llegado, cargado de cinco años de preparación y buen tino. Siria va a ser arrasada, partida en diferentes territorios para la mayor gloria de Israel, y probablemente solo quede bajo su nombre la capital y un entorno no muy grande.

Lo demás será pasto de las llamas y de los negocios y las estrategias repartidas. El impecable profesor de pedagogía también habrá hecho un trabajo encomiable, y el furioso enemigo capaz de tanta barbarie acabará succionado por la propia espiral que le dio su nombre.

Antes, mucho antes de que existiera tu máximo oponente…, existía el poder. Y él y solo él se encarga de programarlo y de moldearlo, y es él quien se responsabiliza de darle vida para que su rostro te contamine.

La fuerza más retrógrada del mundo, señor Churchill, no reside en convención religiosa alguna, sino en los modos con los que cada cual aplica su credo en vida. Ya dejó usted constancia de ello en la Batalla de Galípoli o de los Dardanelos, famosa a la par que terrible por ser una de las más sangrientas, y porque una decisión también suya consintió la nada despreciable cifra de  110.000 muertos y 250.000 heridos.

Qué fácil es orar y fumar un gran puro mientras son otros quienes se disparan creyéndose enemigos.

Lamentablemente la sociología se pasó al marketing y la ciencia de las políticas a ser usufructo del Estado más ruin. Si dispusiera de una varita mágica convertiría el periodismo en oficio innegociable y no lucrativo, donde sus artesanos recogieran, analizaran, contrastaran y difundieran información independiente.  Pero todo está vuelta al aire y nuevamente toca elegir. Entre el bien y el mal, entre ellos o nosotros, entre la hipocresía y la insensatez.

Yo no tengo ningún enemigo, como no lo tiene mi vecino, ni lo tiene mi hermano que vive en Riad. Los tienen ellos, que llevan años decidiendo, que se intercambian misiles, que se reúnen en sus cuevas y persisten en su inquebrantable maldad.

Normalmente hombres que dirigen, hombres que se abalanzan sobre otros hombres, hombres que ametrallan y violan, hombres que dibujan con su sudor las huellas oxidadas de la evolución, hombres con enfermedades congénitas, hombres que se hacen políticos, se disfrazan  y mandan, hombres que cogen y se empecinan, hombres que con sus ejércitos todo lo inundan, hombres bala y hombres de armas tomar.

Normalmente hombres sin música, hombres sin educación alguna, hombres sin poesía, hombres sin estrellas ni utopías… Hombres sedientos…

(Yo también tengo grandes problemas con Europa, y no soy cristiano ni tampoco soy musulmán. Y ya no sé dónde mirar, porque en todos lados me encuentro con hombres, y como tal me da vergüenza continuar).

Colaboración para Iniciativa Debate

 

 

 


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Monsieur Hollande: Merci Beaucoup

Breves: Perlas en el camino

(Cosas que pasan)

Las redes sociales pueden inundarnos con las mismas noticias, con iguales mentiras, y hasta pueden colapsar nuestra paciencia y deseo de saber. Pero en otras ocasiones, muy pocas, tenemos la posibilidad de acceder a pequeños cofres que siempre viene bien poder romper.

Google Images

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El actual mandatario de Francia batió el récord de impopularidad obtenido por presidente alguno a lo largo de su dilatada historia.  A día de hoy, su espectacular subida en un breve lapsus de tiempo nos viene a mostrar para qué sirve el miedo, y qué influencia tienen las guerras. De un 17 a un 45% como quien no quiere la cosa, mientras con su semblante serio y decidido recorre el mundo pregonando las bonanzas de los ataques aliados.

Lo que muchos podemos llegar a pensar sobre los modos de actuación de los Estados y de sus políticas violentas, o lo que podemos llegar a comprender analizando los resultados de sus acciones, son las más de las veces reflexiones o análisis de difícil comprobación, bien porque no tenemos acceso a la información precisa, o bien porque ocultan la verdad y nos invaden con sus falsas programaciones.

Pero siempre quedan perlas por el camino, las han ido dejando todos y cada uno de los tristes protagonistas de este mundo. Y debemos compartir cada noticia que sea un destello, cada archivo que nos aporte un poco más de luz. El año 2008, François Hollande concedió una entrevista en una terraza de París a un periodista francés. Por aquél entonces era Presidente del Consejo General de Corrèze, y quien ocupaba el cargo en el Palacio del Elíseo era Nicolas Sarkozy. 

Una serie de acontecimientos protagonizados por facciones de izquierda, y en la que apenas había actividades delictivas más allá de algún sabotaje a alguna línea del tren llevaron al fiscal, probablemente a instancias de arriba, a decidir que se trataba de actos de terrorismo. El posterior juicio (la instrucción de Tarnac) fue un acto de publicidad masivo, y se creó un ambiente muy enredado en torno a él, al parecer con innumerables excesos tanto en la investigación como en la instrucción.  

La entrevista hay que situarla en ese contexto, y en este corte de cinco minutos François Hollande viene a decir entre otras cosas que… “Al más alto nivel del Estado no es raro que se juegue con las causas terroristas, con la intención política de crear un clima de amenaza y con el objetivo de justificar medidas de seguridad o la imposición de leyes más represivas. De ese modo se consigue dar una imagen impactante y eficaz del poder, y lógicamente favorece al gobierno en funciones”. ¿Quién da más?. Cosillas sin importancia. *** (dejo la traducción de la entrevista al final de este artículo) 

Y por si no fuera un poco esclarecedor, aquí tenemos al Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Laurent Fabious, víctima de un “breve malestar”, años después al enterarse de que se han hecho públicas esas palabras de su presidente. 

http://www.francetvinfo.fr/politique/video-laurent-fabius-victime-d-un-bref-malaise-a-prague_1054645.html

Y para cerrar el círculo y observar cómo se las gastan en Francia, no debemos acudir muy lejos. Thomas Fabious, hijo del Ministro Laurent, debería traer también por la calle de la amargura a ese gran Estado y a ese gran Pueblo. Pero como nada importa, y mucho menos la pobreza en el mundo, dejo noticia de sus andanzas…, entre las cuales tenemos que no hace mucho se dejó 3´2 millones de euros en las ruletas de Las Vegas, en una sola noche!

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/eeuu-emite-orden-detencion-contra-hijo-ministro-frances-asuntos-exteriores-4632284

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*** 2008: Titular, F. Hollande acusaba al gobierno de la época (de Sarkozy) de “inventar” acciones terroristas para justificar medidas de seguridad.
-¿Piensa Vd. François Hollande que hoy en nuestro país, las cosas que tocan a las libertades están en peligro?
Creo que en el nombre de una causa que es justa, necesaria, que es la lucha contra el terrorismo, se está haciendo unos amalgamas y confusiones, es decir que cuando uno ya no está en la norma, cuando uno tiene un comportamiento marginal/desviado, fuera de la ley, entonces se le puede asimilar a un terrorista. Eso, en este caso, se trata de un atentado a las libertades.
-¿Por qué actúan así, por qué el poder político actúa así, en su opinión?
Primero porque creo que hay una especie de movimiento político, que consiste en dar el sentimiento de que hay una amenaza a la cual responde el poder, que hay una intención política…
-¿Significa que estarían inventando la amenaza?
No, no la inventan, pues sucedieron actos, catenarios[1], a los cuales otorgan un sentido, un alcance/impacto, se sirven de lo que sucedió para justificar la intervención securitaria del poder y su eficacia.
Segundo, hay una forma de deriva securitaria que justifica leyes cada vez más represivas en el nombre de una amenaza que a veces es real/verdadera, a veces puede ser virtual y a veces inexistente.
-Ud. ha dicho sin embargo que el poder político podría también favorecer la cualificación de actos reprensibles como actos terroristas para que el pueblo/la gente se sienta más en seguridad con ese gobierno?
Creo que ya tenemos bastante que hacer/tratar (estamos bastante atareados) con el terrorismo real para no andar inventando uno que no existe, que concierne otros procedimientos.
-¿Pues, por qué el poder inventa?
Quizá para mostrar una eficacia que en otros terrenos (cuadros) sociales o económicos, brilla por su ausencia.
-Son graves acusaciones, Sr. Hollande…
Creo que es muy grave, lo de acusar a hombres y mujeres, privarles de libertad y acusarles de terrorismo, eso es muy grave. El error que cometió la Ministra del Interior[2], fue que ella teorizó a partir de no sé qué libro, no sé qué comportamiento de supuestas redes, teorizó la existencia de una izquierda, ultra-izquierda, cuyos supuestos doctrinarios habría que poner fuera de condiciones de perjudicar.
Creo que antes de lanzar tales acusaciones, hay que observar vigilancias y aún ejercer represiones, cuando materiales públicos o que pertenecen al Estado son perjudicados; pero de ahí a imaginar un escenario en que el terrorismo sería presente, en el corazón mismo de nuestras comarcas (pueblos)… Ahora si se demuestra que esos jóvenes no tienen nada que ver, incluso por los actos de que los supusieron culpables, en este caso, se necesitarán disculpas de parte de la ministra del interior.
-Luego, si se lee los libros, si se busca a sus autores, y si se interpreta sus textos, y que se va a buscarlos manu-militari en Corrèze[3], para ponerlos en la cárcel, eso es preocupante.
Tenga cuidado con lo que va a imprimir, a difundir, pues nunca se sabe…[4] Vd también podría pasar por ahí!
Y lo que es inquietante en este caso de Tarnac, es que uno se dice, ¿qué podría pasar?… la literatura está llena de delirios…  y cuando se empieza a leer aquellos textos, se puede imaginar que esa ficción engendre una incitación al consumo del acto, y uno se encuentra de repente atacado, la verdad, es que eso es bastante inquietante…
-Ud. me parece en plena forma, muy sonriente, está muy claro, esta tarde.
[1] El contexto de la época: fueron acusados unos jóvenes anarquistas que presuntamente sabotearon líneas de TGV (AVE).
[2] Michèle Alliot-Marie era Ministra del Interior de la derecha (UMP) hasta el 2009
[3] Región del centro de Francia de donde originarios los activistas.
[4] El tono es irónico.


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Contra el engaño

Breves:

(Aclarando conceptos)

Cuando los ríos andan revueltos y el sistema parece tambalearse, bien porque alguien mina la fortaleza del Estado, bien porque un grupo social exige reformas constitucionales, o bien porque otros colectivos deseen instaurar una República allí donde hay una Monarquía, la respuesta ante estos movimientos viene a ser siempre la misma: “Estamos aquí para defender la Ley y la Democracia”.

En el mismo enunciado de ésta pequeña frase está la gran trampa. Se nos quiere hacer creer que por algún rocambolesco truco de magia, aquél día en que alguien inventó la Democracia, se hizo al mismo tiempo con las riendas de la Ley, como si ésta no tuviera otra opción que caminar junto a la primera como un matrimonio indisoluble.

Pero ahí está la temperamental realidad para hacernos ver precisamente lo contrario. Defender la Democracia no es defender la Ley, entre otras muchas cosas porque ya sabemos que desde aquellos primeros años en que Grecia dio a luz al gran hijo varón del Sistema Político, comenzaron a hacerse infinidad de leyes que ni eran justas, ni estaban pensadas para beneficio de las mayorías.

Es bastante sencilla de adivinar dónde se esconde esa mentira que parece nadie quiere rescatar. Si la Democracia es un régimen político que defiende la soberanía del pueblo, que le da el control sobre sus gobernantes, y la regla de las mayorías permite que éstas tengan unos representantes que gobiernen por ellas… ¿Cómo es posible que en el contexto de nuestro entorno político, ningún Gobierno responde a las ansias comunes de justicia, trabajo, igualdad, libertad y dignidad de los habitantes por los que dice trabajar?

La respuesta no requiere grandes tesis ni el beneplácito de politólogos o estadistas sesudos. El propio sistema encierra dentro de sí una serie de mecanismos perfectamente controlados y dirigidos para que aquello que parece, no pueda ser. Y en definitiva poder expulsar de las parcelas de decisión a aquéllos que más lo necesitan, y mantener en las cotas de poder a quienes saben como proseguir con la farsa.

Y así, año tras otro, durante siglos. Y ¿para qué?, para que la mayoría de la gente siga yendo a las urnas a manifestar su adhesión a la trama más embustera y maquillada de la modernidad y esta Democracia siga adelante, pasando por encima de todos los derechos y de todas las mujeres.

(Todavía nos queda un inmenso mar que cruzar)

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

 


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Un libro nuevo

ContraCorriente: Publicando sin fisuras

“Sociodialogando a través de las calamidades”

El libro ya está aquí!

Un nuevo libro sale de la imprenta. Algunas de mis reflexiones se han grabado en tinta, y pueden palparse y olerse. Desde Argentina pueden cruzar el Océano y venir a instalarse a los estantes de nuestra memoria colectiva. Unos insumisos empecinados en divulgar aquello que de verdad acontece en este depravado mundo insisten con su trabajo y su vehemencia para hacer realidad acontecimientos de este tipo. A su invitación no pude más que prestar mi colaboración, y heme aquí rodeado de otros autores que siguen luchando por la misma causa. Os invito a su lectura.

Se trata de una compilación de textos, escritos por un grupo de académicos de la gran América del Sur, y en el que yo también participo con un trabajo realizado sobre la Violencia, la Democracia y el Estado.

Entre todos quienes hemos escrito el libro hemos tratado de mirar de frente la ingente cantidad de infortunios que está asolando esta tierra tan damnificada, y hemos procurado denunciar en lo posible muchas de las situaciones, intentado a su vez mostrar algunas respuestas o soluciones para poder superar el conjunto de calamidades.

Nuevamente muestro mi agradecimiento por la confianza que han depositado en mi, y extiendo un inmenso abrazo para todas las personas que directa o indirectamente han formado parte de este trabajo.

En la introducción del libro pueden leerse estas palabras: “De nueva cuenta el sello Insumisos Latinoamericanos pone sobre la mesa de diálogos y discusiones un nuevo producto, elaborado por 16 profesionales de la letra, construido con esmero y ante todo para incentivar a los lectores a dialogar sobre las desventuras y acechanzas, los conflictos y las aniquilaciones que están ennegreciendo el rostro de nuestros pueblos”.

Quien esté interesado en hacerse con él que se ponga en contacto conmigo, o entre en esta dirección:

http://www.elaleph.com/libro/Sociodialogando-a-proposito-de-las-calamidades-de-Robinson-Salazar/612714/

Os dejo aquí unas instantáneas del capítulo que he escrito:

VI. La Violencia como estrategia: reflexiones y dilemas sobre las calamidades

Introducción – ¿Cuándo es ley y cuándo es crimen el uso de la violencia? – Desestabilización programada y violencia – ¿Quién está detrás de la violencia estratégica de los Estados? – Urge salir de tanta intimidación – ¿Es posible distanciarnos del Estado?

“… Uno de los mayores males de nuestras democracias es que se ha ido extendiendo la creencia de que las leyes son el fundamento de las causas justas. Razón de más para no olvidar dos de las ideas fundamentales que expongo: los Estados perviven a través de mecanismos insuficientes de legitimación y la ley que les ampara no responde a los parámetros de la justicia sino a los intereses manifiestos del poder. Viene bien recordar a Montesquieu, ¨Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa¨.”

Gracias por vuestra atención! Un fuerte abrazo, joséluis

(Dejo aquí constancia del original ejemplar)

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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EL Estado y sus cosas

Breves: 

La mayoría de gobiernos, cuando no todos, se establecen aunque nos duela, para defenderse de los ciudadanos. Sus primeras acciones no consisten en estudiar todas las posibilidades que tienen para librarnos  de todo mal y amén, sino que directamente se estructuran y administran para que lo que haya de funcionar perfectamente sea ese modo de engarzar mejor con aquello que llamamos Estado.

Una vez perpetrada esta fechoría, un laberinto sin fin al que pusieron de nombre Burocracia articula todos y cada uno de los movimientos que se han de dar para que nada interfiera en su marcha. No importa que “papá” sea conservador, progresista, republicano o nacionalista, porque lo que preocupa es la supervivencia de la gran familia, y ésta no permite que nadie que no quiera casar con ella pueda apropiarse de herramienta alguna.

Así es como llegamos invariablemente al mismo punto sin retorno, y boquiabiertos observamos cómo las policías, las cárceles, los bancos, los poderes, las leyes y los documentos que llaman constitucionales no nos sirven para avanzar ni para tomar impulso. Al mismo punto de partida, siempre a las puertas de la libertad y en busca de la justicia.

Entre el Estado y nosotros por no haber no hay ni distancia, porque no hay puente ni camino que nos una. 

(apenas hay luz al final del Estado)

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

 


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La Política

Show

La razón primordial por la que nuestro sistema de partidos produce urticaria es bien sencilla: aproximarse a la política desde cualquier esquina trae consigo una reacción alérgica de dificil tratamiento. Prurito, inflamaciones de todo tipo y, sobre todo (con perdón) una mala hostia que perdura en el tiempo sin que el médico de cabecera acierte con la receta.

La puesta en escena resulta a estas alturas intolerable. Pero así es nuestro pequeño mundo, una performance continuada donde la protagonista es la política y la espectadora la sufrida ciudadanía, que atónita, contempla los más indescriptibles acontecimientos.

Picture, Elly Strik. Photo by Joséluis Vázquez Doménech

Picture, Elly Strik. Photo by Joséluis Vázquez Doménech

Ayer mismo en el telediario de la noche el caso Rato volvía a los primeros puestos del ranking, y se volvía tertulia de taberna, en la que pudimos escuchar cómo el señor don Cristobal decía estar enfadado por el comportamiento de su amigo don Rodrigo. Y nada más terminar el sketch nos regalaron la rastrera información de los benefecios obtenidos por Bankia, con subtítulos impresos para que no lo olvidáramos. Como colofón, el regalo con celofán incluido; el Estado se llevará 120 millones de euros.

Paralelamente, los socialistas, enojados y enfundados con su descocertante ardor guerrero, respaldaban sin paliativos al acaudalado y nuevo ciudadano colombiano don Felipe, por asumir la encomiable tarea de velar por la libertad y la democracia en Venezuela.

Y así todos los días, porque así son las democracias modernas. Insultantes.


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Por Fin, Viernes (35)

Debate en Televisión: La violencia y los abusos policiales – Uxue Barkos

Prosiguen mis reflexiones en el programa de ETB2, Por fin, viernes.

Aunque en el marco constitucional y socialmente quede reflejado que las instituciones policiales, militares o jurídicas están para defender y respaldar a la ciudadanía, en realidad éstas tienen línea directa con el epicentro del Estado, que es a quien se deben y por quien pueden franquear toda línea roja. Y cuando surge el conflicto entre los derechos del individuo y los deberes del Estado, véase por torturas o abuso de poder, el primero se encontrará con enormes dificultades para poder hacer valer sus derechos.

 

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http://www.eitb.tv/es/video/por-fin-viernes/3657795332001/4098259470001/la-violencia-y-los-abusos-policiales-+-entrevista-a-uxue-barkos/

(a partir del minuto 44’00, 1’08’30, 1’50’00 y 2’13,00)


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El Estado

MiCita con las palabras.

La ingente cantidad de recursos que tiene el Estado es directamente proporcional a sus posibilidades para amedrentarte y ocultar precisamente todo aquello que tú quieres descubrir o destapar. Y desde el interior de dicha entidad es la policía y no la política, quien nos gobierna.

(Su reforma o demolición, es necesaria)

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

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Contra tu soberbia (I)

01- Buscando a nuestro adversario

El Estado español es el primer enemigo de sus habitantes. Ir contra él no es ya un derecho, sino un deber de todos los ciudadanos. La ilegalización del PP debería ser el primer paso. El segundo, la ilegalización del PSOE… Han manifestado sin complejos su animadversión con la soberanía popular, y han decretado la injusticia como su forma de gobierno.

Respetar todas las decisiones judiciales procedentes de las escombreras es como admitir el hedor que irradian y propagar su validez y, lo que es peor, las dramáticas consecuencias que de ellas se derivan.

Cuando unos pocos incautos establecen unos parámetros sociales y políticos que constriñen la vida de las mayorías y sólo benefician a quienes suplantan la democracia por la autoridad encallada en el absolutismo, sus afluentes han de ser taponados, en defensa de los principios básicos de todos nuestros derechos.

Quizás debamos de ir olvidándonos de las estrategias que se hayan de utilizar para conseguir tales objetivos. Imposibilitados como estamos de alterar el curso de los acontecimientos, esto es, sin recursos jurídicos ni participativos que apoyen la causa justa de nuestras vidas, estamos obligados a validar las revueltas y las protestas como ejercicios legitimadores de la defensa de nuestros intereses.

No existen herramientas para que la voluntad popular pueda ver reflejada su mirada en ningún espacio de decisión. El desmembramiento de cualquier proceso democrático quedó colapsado desde que el capitalismo y los hilos conductores de sus objetivos se enemistaran voluntariamente con la capacidad de elección de la ciudadanía. Son nulas las posibilidades de atravesar las tierras enfangadas sin pavimentar los caminos; no podemos alcanzar ningún sueño porque nos arrebataron las llaves de la puerta de entrada al escenario político. La polis no nos pertenece.

Conscientes de toda posibilidad de intervención, reinventaremos la política fuera de esta democracia, la justicia al margen de este poder judicial, y el gobierno al margen de este Estado. Dicho trabajo ha de ser el punto de partida de una verdadera transición y el germen del nacimiento de una nueva estrategia: la aniquilación del sistema que nos colapsa.

Rodeados de mentiras como estamos, la mayoría de términos políticos instaurados en nuestra memoria colectiva se borrarán por ineficientes, y se invalidará con ello la Historia manipulada. Reescribir desde la experiencia, desde el daño y desde el sufrimiento de los amordazados es una posibilidad de construir un nuevo modelo de sociedad. Probablemente, la única posibilidad de exterminar del trono la arrogancia y el desafío de los poderosos miserables que interceden por nosotros sin contar con nosotros.

Dirigir y diseñar el futuro hablando de mayorías absolutas, de acatamientos constitucionales o del cumplimiento de las leyes ha de ser una mínima secuela del pasado. Porque sabemos que tales mayorías ni existen ni nos representan, que sus constituciones solo propagan la chispa de la desesperanza, y las leyes nunca son reflejo de nuestros intereses, más bien barreras infranqueables para alcanzar ningún logro. (las espinas que vigilan sus frutos)

Photo by Joséluis V. Doménech

Superados todos los límites, cada cual ha de suplir su transigencia por la rebelión llegado el momento oportuno, y cada cual actuará en consecuencia consciente de la opresión sufrida, sabiendo que sus actos son la respuesta a la negligencia, al despropósito, y al más vil de los secuestros.

El ciclo de la reflexión termina cuando no hay más que reflexionar, y se saben ya los mecanismos que han procurado los ricos para defenestrar a sus contrincantes, los herederos del infortunio.

Quien insiste en hacernos creer que va a solucionar los problemas miente, porque solo el pueblo puede resolver sus propios dilemas. Dejar en la conciencia de otros el camino que has de trazar con tus pasos es contravenir tus ideas y volatilizar tus sueños.

Las cartas están marcadas desde antes de  que nacieras. Un entramado pedagógico seductor de pacifistas desea mostrarte el camino, para que sientas nauseas de ti mismo ante la sola idea de dejar libre el camino de la desobediencia. Cada institución, gobierno o corporación que te rodea viste trajes de armadura, diseñadas para que no puedas ofrecer la mínima resistencia. Y el discurso de la no violencia, prolifera desde sus cloacas para mantener impolutos sus cofres llenos de hurtos y raterías.

Todo está diseñado para que reviente tu estómago antes que la justicia valide su existencia. Solo puedes avanzar insignificante a la desgracia ajena. Avanzar por los senderos ya marcados, donde tu mirada se vuelve niebla, y comienzas a olvidar la razón humana. Un día despertarás y te verás rodeado, en medio de una sociedad claudicada, amortajada y sin rumbo. Millones de ciudadanos oprimidos y desvalidos ejecutando la siniestra marcha de la resignación. El dinero en tus bolsillos o la ilusión infame de tu inocencia o bondad fortalecen tu concordia,  del mismo modo que fortalece  el deseo de negar la lucha.

Pero escucha. No existe ninguna posibilidad de alterar el orden sin ella. Solo existe el sistema opresor para defender sus intereses, que está a mil leguas de tu mínima esperanza.

Puedes proseguir tu camino en paz, pero cuando todo se derrumbe,  no vuelvas la cabeza para observar los restos del saqueo. Tu propio Estado, te habrá devorado.

P.D.: Yo también sugiero Mover Ficha

Publicado en Iniciativa Debate

http://iniciativadebate.org/2014/01/15/contra-tu-soberbia-i/


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Sobre el uso de la violencia

Ley o Crimen.

En toda forma de Estado, se define a éste como única entidad autorizada para ejercer la violencia en el territorio que lo conforma. Esta teoría ha de contemplar la legitimidad necesaria, otorgada lógicamente por los habitantes que se integran en dicho territorio.

Ello significa que el monopolio de la violencia recae en manos del Estado; y por tanto, nadie más podrá hacer uso de él sin que sea penado o criminalizado. La excepción vendría de la promulgación de leyes autorizadas para tal fin, es decir, de la posibilidad de utilizar la violencia para defenderse uno mismo o para defender sus propios bienes (entendiendo siempre que dicha autoridad es ofrecida, claro está, por el propio Estado). Sigue leyendo