Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Estambul

Mi Fotosfera.

Recorriendo las periferias de Estambul, camino de lo desconocido.

Photo by Joséluis V. Doménech

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Polémicas diferencias (I)

Desatando nudos. Polémicas diferencias (I).

Iconos, símbolos y dogmas establecidos por multitud de civilizaciones han posibilitado constituir un sistema  de incompatibilidades en la actitud y aptitud de sus habitantes,  propagando fábulas sobre la diferenciación de ambos sexos y jerarquizando su posición en el mundo. Parece que todo ha estado perfectamente ordenado y, por desgracia, cabalmente escrito, para que asumamos con naturalidad la idea de un principio en el cual hombres y mujeres se reconocen como sujetos con pocas posibilidades de compartir el mismo balcón en el abismo que representa nuestro pequeño mundo.

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La realidad y el deseo

Desatando nudos. La realidad y el deseo.

Quizás, una de las mayores contradicciones que se plantean en las relaciones sexuales es aquella que se produce cuando apreciamos el enorme tramo que dista entre la realidad y el deseo. Este último favorece los sueños de fugaz recorrido, y explica no pocas veces la frustración en la que nos sumergimos distraídamente.

Las fronteras que separan al deseo del amor encierran en su interior el dolor de la ausencia, el cuerpo abandonado en una noche huraña. Y el desconcierto ante infinidad de preguntas provoca la ira del sosiego y la temerosa presencia del recuerdo. Las dudas suscitadas por el deseo nos confunden, porque no sabemos de donde procede el susurro de sus palabras, y desconocemos donde descansa cuando calla. Sigue leyendo


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Sobre el uso de la violencia

Ley o Crimen.

En toda forma de Estado, se define a éste como única entidad autorizada para ejercer la violencia en el territorio que lo conforma. Esta teoría ha de contemplar la legitimidad necesaria, otorgada lógicamente por los habitantes que se integran en dicho territorio.

Ello significa que el monopolio de la violencia recae en manos del Estado; y por tanto, nadie más podrá hacer uso de él sin que sea penado o criminalizado. La excepción vendría de la promulgación de leyes autorizadas para tal fin, es decir, de la posibilidad de utilizar la violencia para defenderse uno mismo o para defender sus propios bienes (entendiendo siempre que dicha autoridad es ofrecida, claro está, por el propio Estado). Sigue leyendo