Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Estado y Violencia

Catalunya

El Estado es el único que tiene derecho al uso legítimo de la violencia.  “Y si te saltas las leyes, eso tiene consecuencias judiciales”, insisten una y otra vez. Dichas consecuencias comienzan a hacerse visibles (claro que, como bien sabemos, en función de determinados intereses), y a partir de hoy, España va a ser protagonista de lo que muchas veces hemos denunciado: la ley no es el eje vertebrador de la democracia, si en algún valor o estamento hubiera de recaer esa acción, ésta debería ser en la justicia. 

En el País Vasco sabemos desde hace mucho en qué consiste aquello que podríamos denominar “Estado Policial”. Cientos de policías y miembros de la guardia civil se están dirigiendo a cumplir “con su obligación” (y si hace falta contratar dos ferrys-cruceros para alojarles, se contrata), que no es otra que acatar con el mandato del poder. Otra comunidad autónoma va a vivir en propia carne  las consecuencias de lo que supone poner en entredicho el papel del Estado.

El Tribunal Constitucional acaba de anular (por unanimidad) los acuerdos del Parlamento que permitieron las leyes del referéndum. El Estado español ha suspendido el autogobierno y se comienza a aplicar un estado de excepción encubierto. La sede de la CUP está rodeada por la policía. 

Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. 22 registros en 5 consellerias, y detenidos 10 altos cargos del Govern. A partir de ahora comienza la partida de ajedrez, pero va a ser una partida amañada. La tensión se lleva a las calles, la fuerza anula aquello que pudo ser el 1 – O, y los medios de comunicación respaldan toda actuación y todas las detenciones, porque tal y como he dicho anteriormente, quien incumple la ley, la paga.

Pero, ¿quién hace la ley? Y lo más importante, ¿para quién?. Si no respondemos a esta pregunta estaremos obviando la razón de ser de gran parte de las calamidades que asolan esta mediocre sociedad. Las miradas están puestas en otras cuestiones, y como siempre, en este caso también se pasará de largo una de las principales causas del triunfo de los estados autoritarios.

Sinceramente, creo que es un momento interesante para poder presenciar cómo se las gastan quienes se sientan en el sillón, y para observar cómo funcionan los pliegues y los repliegues del poder. También lo es para analizar cómo fluctúan las fuerzas sociales en función de sus adhesiones particulares, y ver cómo se movilizan unidos por el ardor guerrero comunitario, más que por la reflexión personal y crítica que debería llevar toda acción política. Porque de política trata toda esta función y, claro está, política debería ser la solución.

Yo, estoy un tanto distante. La razón principal es que la mayoría de partidos y simpatizantes que se están movilizando por soltar amarras con el Estado español van a facilitar y defienden los mecanismos de la Unión Europea, del Fondo Monetario Internacional, del Euro y, lo más grave, del engranaje que se sostiene desde la OTAN. Es decir, se acepta cambiar de dueño para seguir con el mismo collar.

Puede parecer sencilla esta apreciación, pero para mi es fundamental. Eso sí, les deseo toda la suerte del mundo, porque se van a atragantar y la van a necesitar!

publicado en sott.net 

Photo by joséluis vázquez domènech

 

 

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La Huella

Violencias

Por extraño que parezca es más fácil perdonar, y lo difícil y probablemente imposible es poder llegar a olvidar. Porque lo que se exige no es custodiar el alma y bucear en la causa de todo mal, sino salir a las calles porque la vida ha de progresar. La vida de los otros, de los espectadores y de los canallas, de los comerciantes de tu culpa y de los que te callan sin pestañear.

Nada parece estar contaminado porque los desagües ya llevaban tiempo oliendo muy mal. Y en el hedor que nos rodea no es sencillo hacer ver que el más mínimo arrebato de poder hunde sus garras con tanta facilidad que hasta los pájaros no cesan de cantar.

A un lado y a otro y detrás de todas las puertas del mundo puede aparecer la sombra, cualquier sombra, y con ella una nueva punzada que a veces no te deja ni respirar. Otras veces jadeas, porque puedes reconocer que un nuevo episodio te va a marcar. Nada es efímero cuando el dolor atraviesa hasta la zona intercostal.

Te puedes acostumbrar. De eso no cabe la mayor duda. Los torturados y los sitiados en épocas de guerra lo saben. Hasta a la falta de vida en el penúltimo aliento. Las manzanas no caen por la teoría de la gravedad. El hombre atiza las ramas hasta que se cansa de golpear. No es la gravedad. Es el hombre. Tu padre, tu compañero, tu amigo…

Y está tan cerca que ofrecer su cabeza no solo es impensable, es hasta ilegítimo poder mostrar las manos manchadas de sangre porque el culpable reside en el mismo hogar, o viene de visita cuando está dispuesto a “jugar”. Cerca, tan cerca que la familia se pliega, se cubre con su capa y deja de ver lo que ya habita en su piel.

Cuando ya no queda nada para extirpar es cuando deja de ser importante hasta la capacidad de sufrir. Y pensar se convierte en una pesadilla, y todas las reflexiones se hacinan golpe a golpe, hasta quedar incrustadas en la memoria como lo hacen las enredaderas en las paredes y muros de cualquier hogar.

Y resulta insoportablemente escabroso incluso poder llegar a olvidar…

Photo by joséluis vázquez domènech


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Homenaje a las víctimas

Otra Alternativa

Se supone que el mejor homenaje que se podría hacer a las víctimas es aquél que propiciara que no volviera a haber un atentado nunca más. Éste y, lógicamente, el que consiste en acompañarles en su dolor.

Hasta aquí es probable que abraces estas líneas porque los humanos, a veces, muy pocas veces, nos dejamos llevar por el sentido común.

Pero cuando nuestros actos están filtrados para que sean nuestras emociones las que tomen buena nota de lo que va sucediendo, lo que en realidad acontece es que nos convertimos en esclavos de una maquinaria mediática que golpea incesantemente sobre nuestra capacidad de reacción frente al miedo y la tragedia.

Desgraciadamente, el mismo modus operandi es utilizado por los políticos para que ahora sí, abraces su causa y no por ejemplo, la mía. Recuérdalo, todos los políticos. Su fuerza reside en su capacidad de persuasión, en su maestría a la hora de lidiar con el engaño, y en sus magníficos equipos de marketing y sociología de la comunicación.

Es probable que aún permanezcas atento a éstas líneas porque sigas considerando que encierra un discurso con parte de razón. Pero el discurso ya ha terminado…

Sulafa Hijazi‎‏ – Syrian ilustrator

Solo me queda anunciar cual es la mejor acción que podemos realizar para espantar el terror de nuestras vidas. Es tan sencilla que a mi me da pánico pensar (yo también caigo en las redes de las emociones) que para tanta gente resulte tan extraña. Lucha y exige la retirada de todas las bases militares y, sobre todo, lucha y exige la desmantelación y la desaparición de la OTAN, padre del terrorismo internacional y avanzadilla del imperialismo y de todas las guerras.

Hay un partido en España que ha conseguido amansar la indignación y retirar del sentido común una de las claves para poder alterar, de una vez por todas, el funcionamiento del sistema. En dicho partido, sus simpatizantes han sacado notas altas en perfiles educativos y culturales (en relación siempre, claro está, con los perfiles de los simpatizantes de los otros partidos), y hasta me atrevería a decir que tienen una apreciación muy buena respecto de su sentido crítico y de su capacidad de análisis de la realidad.

Pues bien, y ahora ya te puedes desmarcar de mi sentido común y de mi planteamiento;  este partido también ha trabajado a destajo la capacidad de convertir en emoción (la esperanza del cambio) un ideario político que ha sufrido más recortes que los salarios en España los últimos 10 años. Y nos encontramos con la deleznable noticia de que miles de españoles cultos, con carrera, conocedores de mundo e infatigables luchadores del cambio acepten sin que se avergüencen por ello el psicodélico arte de la transformación de la OTAN desde dentro.

No tengo tiempo ya para hacer ni tan siquiera un resumen de lo que representa esta organización en el devenir del mundo y, lo que es más importante, en las vidas de millones de personas.

¿Quieres de verdad hacer un homenaje a las víctimas y evitar que el terror se propague por doquier? Es muy fácil, no votes jamás a ningún partido que respalde ninguna organización militarizada  presta a abanderar su intromisión en el mundo. Jamás.

Es probable que pienses que algunos lo que quieren es entrar en el atlantismo y lanzar churros desde los aviones, para dar de desayunar a los países “en conflicto”. En este caso, te recomiendo la lectura más detenida del tercer y cuarto párrafo.

OTAN no, bases fuera

colaboración para Ojos Para la Paz e Iniciativa Debate


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Terrorismo Pre-Electoral

Locuras un tanto comprensibles

Hace no mucho tiempo, en tierras hispánicas edulcoradas de políticas un tanto miserables, corrían ríos de tinta después de algunos atentados de ETA en plena campaña pre-electoral. Los “demócratas” sostenían que dichos actos tenían una clara intención para apoderarse del discurso en medio de un momento tan determinante como era aquél en el que la ciudadanía estaba llamada a acudir a las urnas para elegir a sus representantes.

Hubo momentos en los cuales incluso se escribió y se llegó a constatar que el libre derecho de la ciudadanía quedaba sesgado en tales circunstancias, convirtiendo el proceso en un acontecimiento que rayaba la ilegitimidad, dado que el honorable acto del voto precisaba de un contexto libre de violencia y terror.

Hoy, los mismos “demócratas” olvidan por completo su propio pasado, y visten de gala los solemnes llamamientos tanto en Francia como en el Reino Unido. Al parecer, nadie observa que en ambos países justo antes de la llamada electoral se dan cita nuevos atentados que, contrariamente a lo que podríamos pensar, no interfieren en la libertad individual de nuestros vecinos europeos para ir a la cita sin la presión del terror y del miedo.

Es más, podría decir sin tapujos que el poder mediático y sus corresponsales en los ministerios secretos celebran el ambiente creado, dado que en tales circunstancias es del todo improbable que los líderes de izquierdas puedan atraer con sus discursos al votante amordazado por tanta angustia y siniestralidad.

Incluso podríamos llegar a la conclusión de que resulta extrañamente rentable vivir permanentemente (como está ya ocurriendo durante los últimos años) rodeados de sangre y fuego.

Ahora ya no tiene la más mínima importancia que el terrorismo esté presente en nuestra vida cotidiana. No altera nuestra percepción del mundo, porque ya han hecho posible que habitemos en él fumigados por la normalidad violenta que han instaurado. Ahora lo que es importante es mantenerlo, porque es tan rentable que merece la pena no pensar ni tan siquiera por un instante que, tal vez, no sea una buena idea ir a votar con las emociones vestidas de gala para recibir a los políticos más corruptos e impresentables.

P.D.: Bien raros son los terroristas modernos, que hacen justo aquello que va en su contra, insisten en dejar huellas para dejar constancia de su militancia, son reconocibles por los servicios secretos, deambulan por todas partes como pedro por su casa, buscan objetivos que ni favorecen su causa ni hay dios que lo entienda, mueren para no hablar y, mucho más intrigante, están siempre obcecados para que triunfe la causa imperialista.

Y bien extravagante es todo lo que está sucediendo con los “desaparecidos” en el puente, y que sigan sin dejar ver los cadáveres de todos los fallecidos. Atención a las noticias, eso sí, después de las elecciones!


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La Violencia como Ejercicio Social

La convivencia social y la violencia de género

Hay una especie de creencia sobre el abuso y la violencia sexual que viene a decir que en los últimos años el mundo se ha vuelto loco, pero debemos constatar que tales comportamientos han estado presentes durante toda la historia.

No debemos olvidar tampoco que los abusadores no son sujetos extraños o marcadamente específicos, pues pueden ser de cualquier raza, edad, nivel socioeconómico y, no lo olvidemos, de instrucción.

Llama la atención que una acción social e institucionalizada, con gravísimas consecuencias para un elevadísimo porcentaje de la población, no haya sido considerada problema de primer rango y no se hayan puesto todos los medios para poder atajar tanta barbarie.

Durante los últimos años parece haber posicionamientos y políticas destinadas a contribuir en la ayuda a las víctimas, así como discusiones sobre los castigos que se debieran implementar para quienes ejercen el maltrato contra las mujeres. Pero además de estar desactivadas por la imprecisión y por una especie de negación del sentido común, apenas hay respaldo suficiente y, lo que es peor, es casi inexistente la búsqueda necesaria de los orígenes y causas del uso de la violencia, elemento fundamental que deberíamos considerar en la lucha contra esta lacra que parece no tener fin.

Claro que podemos llegar a comprender tanta desidia al comprobar que quien atesora en sus manos el don de la violencia es quien ha de resolver o minimizar el uso de ella.

La incapacidad de decretar y establecer más leyes al respecto, de ponerlas en práctica y estudiar su vigencia y eficacia se traduce, no lo olvidemos, en un cementerio menos vacío.

Desde el Estado hasta el último reducto de la sociedad, desde todas las instancias de poder hasta el último hombre, está jerarquizado y naturalizado el patrimonio del mandato supremo del macho dominante. Y la manada parece seguir fiel a este rito histórico feroz, donde el cazador sigue marcando sus leyes, y donde la cultura aún no ha podido usurpar su sitio a ese mecanismo que como precepto instintivo quedó grabado de generación en generación durante miles de años.

En el proceso histórico pasamos de la horda a la tribu, y de ésta a la constitución de la familia. Y también pasamos de aquél apareamiento indiscriminado y anárquico, donde no había forma de determinar la paternidad, a las restricciones en el comportamiento sexual así como al uso de la violencia y el asesinato como principal forma de acceso al dominio, estableciéndose estas relaciones exclusivas y cerradas para el grupo unido por lazos de consanguinidad.

Llegó el periodo de protección, y lo que podríamos denominar las nuevas experiencias de comunicación, amor y ternura. Se dio paso a la constitución de castas y el linaje, con los diferentes condicionamientos en las relaciones que irían dando forma a lo que después se consolidaría en las formas de relación estable del matrimonio, y se favorecía el fortalecimiento del grupo con generaciones de nuevos guerreros para prosperar y luchar contra las amenazas.

Durante cientos de miles de años se ha ejercido la violencia como medio para imponerse al medio, a las fieras y depredadores…, y a los demás hombres. Con el desarrollo de la conciencia aparecen el trabajo agrícola y artesanal, y la evolución de la sociedad trae consigo la aparición de la religión, la ética, la ciencia y los manuales de buenos usos y costumbres, supuestamente de acuerdo a los valores superiores de cada sociedad.

Hasta que el hombre aprendió a sentirse dueño del mundo, y seguir siéndolo…, de la mujer. Y en esas estamos, a pesar de toda evolución, y en contra de todos los criterios de lo que entendemos por civilización; el hombre sigue siendo el enemigo principal de la mujer. Y estamos obligados a detenernos en las causas si realmente queremos atajar las consecuencias.

Photo by joséluis vázquez domènech

Un enorme interrogante abre una grieta, probablemente, en la propia constitución y desarrollo posterior de la institución a la que llamamos familia. A mi entender ha adoptado una forma de proceder que repite el mismo esquema que se da en ese Estado opresor que se protege de forma carcelaria. Si lo que en otros tiempos pudo salvarnos y quizás ahora nos esclaviza, puede que sea tiempo de revisar la experiencia. Y al igual que transformamos la educación o el estilo de vida, puede ser perentorio progresar hacia un nuevo modelo de convivencia.

Es urgente, a no ser que la supervivencia de las mujeres nos parezca una ocupación secundaria en el mercado de la vergüenza y la ignominia. Tal vez podamos confirmar que los efectos de tanto terror las paguemos entre toda la ciudadanía, pero la muerte se ensaña siempre con el mismo colectivo y no cederá en su impulso y en su insistencia desmedida.

La UNESCO acertó claramente en el diagnóstico sobre la violencia, y en su carta constitucional después de la segunda guerra mundial promulgó: “puesto que las guerras nacen en la mente de las personas, es en la mente de las personas donde deben erigirse los baluartes de la paz”. Muy atinados en su análisis, y bastante desacertados en la implementación de políticas que pudieran resolver dicha realidad.

No encuentro otra apreciación mejor y, por tanto, prosigo para ver hasta dónde podemos llegar. Jordi Calvo Rufanges nos recuerda que nuestras mentes incorporan la violencia como algo consustancial a nuestra forma de ser, y así, no cabe duda de que innumerables rutinas relacionadas con ella van conformando nuestro carácter social. Lo más grave es poder seguir comprobando que es el propio Estado, única entidad autorizada para ejercer la violencia en el territorio que lo conforma, quien guía a ciegas a su propia ciudadanía hacia el proceso de militarización de las mentes.

Hay una ideología que propicia dicha militarización, y una educación que la acompaña. El capitalismo más salvaje nos enseña que la lucha individual contra nuestro competidor es una constante, y que la figura que lo simboliza se puede redefinir desde un patriarcado rearmado con otros valores pero con aquellos recursos que le siguen reafirmando en su mandato y con su autoridad.

Si. La inscripción de la violencia  en las normas sociales ha sido el primer eslabón para convivir con ella, para dotar al sistema de una razón de fuerza mayor a la que se pliega, y consolidar así su necesidad rampante.

No es difícil observar cómo se extiende el ánimo arrebatado y enfurecido a través de todos los canales, hasta instalar en nuestros cerebros el chip del enfrentamiento como elemento natural de nuestra especie. Y todo porque la violencia… se estimula.

Un informativo cualquiera en casi todos los rincones del mundo pretende generar audiencia, y como si se tratara de un show más nos somete a la vulgarización de los hechos más terribles y difíciles de asimilar. Sin que importe mucho la localización del suceso, podemos pasar de un tren descarrilado en Corea a una inundación en Perú en dos segundos, o de una avalancha en una discoteca de India a un incendio en una fábrica pirotécnica en China. Y en medio de todas las noticias, la guerra. La fuerza bruta como resolución de conflictos, como necesidad dicen, para promover una paz que nadie entiende. Y en todo este proceso no nos dejan observar los acontecimientos, solo mirar, sin detenernos, para presenciar miles de secuencias de sangre derramada y polvorienta anquilosados en la costumbre.

No existe mejor obra para que de manera subliminal nos lleguen mensajes favorables a los más variados procesos de confrontación.

¿Quién puede negar que esta institucionalización de la violencia se filtra también a través de todas las estructuras sociales y en el marco de todas nuestras relaciones más comunes? Me temo que es imposible. La cultura de la paz deja paso constantemente a la construcción de un enemigo que combatir. Y en el amor, el “enemigo”, termina tomando forma de mujer. En el amor las mentes también están militarizadas, y el rol de los “combatientes” está perfectamente entrenado para volver a ganar.

Cientos de hombres son unos perfectos corresponsales de guerra, y muchos de sus movimientos responden perfectamente a directrices que bien pudieran estar marcadas en algunas de las guías de entrenamiento de las fuerzas armadas.

Personalmente no observo obstáculo alguno para poder afirmar que la violencia es un ejercicio social que se instaura y con la que se convive con total naturalidad, hasta tal punto que termina por contribuir a procesos cognitivos que justifican desde la intimidación al más vil de los actos, como pueden ser los maltratos.

Leo estos días algunos apuntes sobre la desvalorización de la vida amorosa, y pienso que el punto culminante de dicho enviciamiento es el uso de la violencia. ¿Qué sucede cuando nos socializamos optando por los valores equivocados?. El universo de los afectos no se transmite ni tan siquiera en el currículo de los colegios, porque consideran más importantes las competencias que el conocimiento de las emociones y su regulación en nuestras vivencias sociales.

Y tomando preferencia, como lo hemos hecho, por unos valores nada entrañables no debemos extrañarnos por la existencia de un buen número de hombres que encuentran en la degradación psíquica de sus parejas el objetivo final de sus victorias.

En el contexto analizado observamos cuan fácil puede resultar familiarizarse con el uso de la violencia, pero ello no lo explica todo ni mucho menos. Quiero creer que aquella corriente que debía existir (procedente de la afectividad y sensualidad) fue mutilada en la infancia, o que a lo largo de la vida de los maltratadores (por una u otra serie de razones) no confluyeron como debieran los lazos necesarios para conectar con las demás personas. Quiero creer que no se nace violento, y que hay una combinación de factores que forjan una estructura cerebral que más o menos es incapaz de controlar las emociones agresivas. Quiero creer muchas cosas, pero he de atenerme también a aquello que puedo ver. Nos educan en el uso de la violencia, y todo confluye para que se sigan conservando las más perversas manifestaciones de dominio y aquellas fantasías que cooperan tan bien con el uso y abuso del poder.

¿Cómo podemos erradicar esta cultura de la violencia si desde las entrañas del Estado se construyen unos referentes de socialización que nos llevan una y otra vez hacia ella?

¿Cómo podemos escapar de tanta crueldad si seguimos alimentando guerreros y ejércitos que lo único que consiguen es expandir el pánico y publicitar la apología  de la agresión?

Guerreros que ya no necesitamos, ni para defendernos de las bestias ni para protegernos de peligro alguno que ponga en entredicho el proceso de nuestra evolución.

Quizás debiéramos empezar desmilitarizando la vida, quizás debiéramos partir sin miedo a construir la olvidada y marginada cultura de la paz. Porque con ello desmilitarizaríamos nuestras mentes… y las formas de entender el amor y las relaciones seguirían el mismo curso…


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PNV

La falta de ética como norma en nuestra sociedad

El PNV hace cualquier cosa para conseguir sus intereses. No importa qué partido gobierne y qué políticas vaya a realizar éste. Queda un amplio margen para que se pueda firmar un pacto hasta con el mismísimo diablo, y todo es viable mientras el cofre del tesoro pueda seguir llenándose con las monedas de las transferencias olvidadas y algún que otro premio palpable y terrenal.

Lo lleva haciendo media vida, sin pensar en las consecuencias ni en las pulcras formas  que imprime a un especial modo de entender sus relaciones sociales, familiares y de intimidad.

Sus fieles seguidores son en su amplia mayoría conservadores de ratio despreocupada, acomodados a un pensamiento acrítico y con grandes dosis de fidelidad, tanto en sus deseos amatorios como en sus querencias políticas y pseudoreligiosas.

Así las cosas, les importa mucho consensuar modelos educativos llenos de bondad, con una moral determinada y donde las virtudes teologales estén reposando en sus armoniosas mesillas de noche.

Su herencia, transferida por tradición a niñas y niños que los domingos exceden en sus modas y diferencias, se refleja muy bien en sus mandamientos. Quieren y desean vestirse de gala con valores como la solidaridad familiar, la conducta adecuada u obrar, simplemente, con honestidad. ¿Qué cristiano no se implica en tamaña actitud ejemplar?

Pero como ocurre siempre de puertas al más allá, en el camino todo se desmorona, eso sí, sin que nadie parezca percatarse de las singulares formas con que todo principio termina barnizado de oscuridad.

Quien dice regirse por esta disciplina tan entrañable, cada cuatro años nos acostumbra a presenciar un nuevo carnaval con su inefable práctica de la tajada sin par.

Retomemos, para no olvidarlo, la idea original. Al PNV no le importa tratar con políticos que desahucian, que nos llevan a cruentas guerras, que desfalcan las arcas, que insultan a las democracias o se esmeran en vaciar de contenido incluso su propia nacionalidad. Acuerda, sin más, obtener beneficios un año más. No importa que ello deje de ser ético o un directo ataque a su “desatinada” moral. No importa que quede arrinconada toda honorabilidad y, mucho menos, que recoja frutos a cambio de cualquier disparidad. 

En su política no importa que sus actos no casen con su supuesta conducta pensada para protagonizar una vida ejemplar. El zurrón se llena y eso es bueno para toda la sociedad. Un objetivo que justifica hasta la más disparatada alianza o firma por conquistar.

Y nadie se avergüenza de ello ni es capaz de contemplar que algo va muy mal. Nadie en sus filas puede llegar a observar que sus modales son el principio instructivo que sus propios hijos manifestarán. 

¿Alguien cree factible que yo acuerde con un mafioso un trato a favor para toda mi comunidad? ¿Alguien considera apropiado que consiga financiación para un colegio de manos de un constructor irresponsable que obtiene beneficios de cualquier lugar? ¿Alguien sostiene sin echarse a temblar que yo edifique un parque eólico y la infraestructura la pague una empresa que vende armas a cualquier impresentable que pase por el lugar?

Así funcionan las conversaciones políticas. Un ejemplo lucrativo muy alejado del sistema pedagógico que se dice querer implementar. Y ellos creen que su mensaje no cala, que los niños no se dan cuenta de sus hazañas. Piensan que los jóvenes no se dislocan observando como insultan al adversario y luego se van con él a desayunar. 

Ni tan siquiera advierten que es probable que su comportamiento no solo no es ético, sino que no puede considerarse ni medio normal. Han naturalizado tanto la miseria que creen que cualquier acuerdo es válido si con ello se obtiene un pedazo de pan.

Photo by joséluis vázquez domènech

Me gustaría verles en el hogar explicándoles a sus retoños que en un futuro cercano deberán trabajar, y que para ello no importa que se alíen con la multinacional que explota en sus talleres a niños de ocho años sin pestañear, si de ese modo traen un buen salario a casa y, de paso, creen beneficiar a toda la sociedad.

¿Es absurdo verdad? ¿Quién en su sano juicio dirá en casa a quien quiere algo tan inhumano y demencial? En casa nos atrincheramos, porque ya son los políticos quienes ejercen de bandoleros y nos inculcan su impecable afinidad por la rentabilidad o una buena comisión sin más.

Mi comunidad, mi colegio y mi parque eólico, no son merecedores de subsistir a tanta artimaña y perversidad. Del mismo modo, ni el TAV, ni el nuevo remplazo de la Ertzaintza y ni el artículo más importante de Estatuto alguno son merecedores de negociación alguna, si quien aporta el premio es alguien que ha destrozado el camino a media sociedad.

La acción política hace mucho que llenó los habitáculos del poder con el marketing y las más absurdas maneras de entretener al pueblo y al coronel. La acción política es reflejo también de un sistema que se declara netamente económico y lleno de injusticia y nula humanidad. La acción política está a años luz de cualquier enseñanza que pudiera establecerse como asignatura…, ni en el colegio más vulgar.

Sus modos no son precarios, son deplorables. Y sus consecuencias no se evaporan, son parte del conocimiento que se hereda, esa herencia que tanto le gusta administrar a la familia, la familia burguesa que todo lo controla a través de la ganancia para su comunidad.

Por mí no lleguéis a acuerdo alguno con nadie. Porque nadie está a la altura de ofrecer un poco de pedagogía, ni ética ni social. Por mí, podéis quedaros con vuestra policía y vuestro tren de alta velocidad.

P.D.: Ésta pieza musical pertenece a una opereta que todos los partidos protagonizan casi por igual.

 


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Saludo

Conferencia Paz y Solidaridad parea Siria

Hoy al mediodía me corresponde, en nombre de Ojos Para la Paz, hacer el saludo protocolario de nuestra organización, en el acto de clausura que tendrá lugar en el Centro Cultural Moncloa. Estáis todas y todos invitados.

Diré así…, después de un momento de silencio…

En Siria y en muchas otras partes del mundo, miles de personas esperan pacientes a que el silencio sea el abrigo de sus sueños. Ese silencio que aquí se hace tenso, es el eco de su esperanza; es la ausencia de todas las explosiones y el comienzo de una nueva vida.

Me llamo joséluis vázquez domènech y pertenezco al colectivo internacional Ojos Para la Paz, que desde el primer momento entendió la necesidad de poner en marcha el Movimiento de Apoyo a Siria. Ojos Para la Paz nació tras el asalto de la OTAN a Libia en 2011, y fueron dos mujeres como Leonor y Purificación quienes abrieron las puertas a cientos de personas para que hoy seamos un gran grupo exigiendo la no injerencia, el cumplimiento del derecho internacional, la justicia, la paz, y el silencio…

Son muchas más de las que creemos, las personas que trabajan desde sus pequeños cobijos para poder transformar esta triste realidad.

El 28 de enero, en un local de Vallecas, 16 personas nos reunimos con el objetivo de apoyar a un pueblo que está siendo ultrajado desde hace seis años. Tal y como venían sucediendo los acontecimientos, y ante el clamoroso desembarco de cientos de periodistas retenidos ante la verdad oficial y presenciando la deriva en la que se han habían situado infinidad de personas a título individual y muchos partidos de izquierda, vimos necesario abrir las puertas a una masiva convocatoria. El primer documento que surgió de allí se bautizó como “Acta de Constitución del Movimiento de Apoyo a Siria”. Las primeras intervenciones y decisiones fueron resolver cuál sería el nombre que deberíamos dar a dicha movilización. A partir de ahí, un largo e intenso recorrido. Viendo aquella imagen y reteniendo hoy todo lo acontecido estas dos jornadas, creo que puedo llegar a expresar que la magia existe, y que hay personas dispuestas a dar pasos hacia adelante aun a costa de mitigar el tiempo en sus vidas, de dormir poco, de viajar mucho, y de mostrar una preocupación latente por la consecución de la paz en el mundo.

Ésta misma preocupación, que se convierte en angustia en más de una ocasión, creo que también la sufren millones de personas en el mundo. Y de ello quiero hablar un momento.

Pocas horas después de que Estados Unidos bombardeara la base aérea de Shayrat lanzando 59 misiles desde dos buques de guerra (el USS Ross y el USS Porter) que tienen a bien pernoctar al norte de la bahía de Cádiz, los avances informativos de medio mundo coreaban al unísono la misma consigna: “gran parte de la comunidad internacional avala dicha acción”.

Pero quienes estamos aquí no somos parte de su comunidad internacional. Quienes estamos aquí tampoco somos nadie para los medios de comunicación que asumen sin rubor su papel colonizador. Pero estamos aquí…, para recordar entre otras cosas que la comunidad es un ente plural formada por una ciudadanía que, en su mayoría, aborrece las guerras y no quiere saber nada de los incesantes juegos armamentísticos con los que someten a medio mundo. La comunidad está harta de que en su nombre se proyecten y ejecuten las más insolentes acciones bélicas y, lo más importante, la comunidad no duerme solo en las parcelas de Occidente. Hay comunidad, más allá de Europa y más allá de los Estados Unidos de América. Hay una inmensa mayoría al otro lado de nuestro escudo protector que también tiene voz y, aún más, tiene derecho a la vida.

Photo by joséluis vázquez domènech

Ni la OTAN ni la Unión Europea representan a la mayoría pacífica de un mundo que someten a sus caprichos y sus malvadas pretensiones.

Un gran número de periodistas deberían hacer valer estas pequeñas matizaciones y acostumbrarse a inyectar un poco de profesionalidad a sus subversivas desinformaciones.  Y deberían de saber que no existe comunidad alguna en el mundo que respalde la guerra (a excepción de aquella que ha sido empujada a ella). Solo hay un grupúsculo de francotiradores apostados en los balcones de los Estados que apuestan por las bombas, bien pagados por quienes financian los genocidios y las invasiones, por quienes domestican hasta las tierras de cultivo y explotan las nubes de algodón.

No existe ese consenso de la comunidad para avalar el terror, no vinimos al mundo para apadrinar el hostigamiento continuo, no formamos parte de ninguna red de bandoleros que claman ni tan siquiera venganza, no nos acostamos pensando qué país queremos invadir mañana, no nos gusta dar la mano a quien siembra terror bajo las montañas, no incentivamos el desprecio hacia las otras personas y, qué duda cabe, tampoco participamos de ninguna cruzada contra nadie.

Todo ello no es sino parte del juego de quienes buscan una y otra vez la guerra para apoderarse del control y de todas las riquezas. Todo ello solo representa a la voz del amo y quiere callar la boca al pobre y al inocente pueblo agraviado. Somos mayoría quienes clamamos por un mundo justo y en paz, quienes luchamos y lo seguiremos haciendo, contra los misiles y la mayoría de medios de comunicación.

Han invadido Siria, la han bloqueado y han expandido el caos. Y al igual que ocurrió en Libia, la historia se repite. Hay que recordarlo, y debemos seguir haciendo frente a esa banda de malhechores que insisten en divulgar sus bárbaras pedagogías llenas de capitalismo y de mala fe.

De aquél 28 de enero en Vallecas, queda hoy registrado este grito de paz y solidaridad con el pueblo sirio.

En nombre de todas las personas que formamos parte (desde muchos de los rincones del mundo) del colectivo Ojos Para la Paz, no a las Guerras, no a la OTAN, no a las Bases Militares, y un abrazo inmenso a quienes desean terminar con el estruendo de las bombas y el ruido de las falsas palabras.”