Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Breves

“Libertad”

La “libertad” ha llegado para quedarse. Y solo cuando seamos capaces de contrarrestar el espectáculo alienado al que obedece seremos capaces de vislumbrar su falsedad.

(Esa ola es el efecto perverso, el sueño que esperas una y otra vez, pero que no te lo ofrecen sino como espectáculo. Y siempre, se va. Y se lleva con ella hasta el último verso que pudiste llegar a recitar, hasta la primera mirada tras el despertar. Tú eres la rama rota, arrastrada hasta la orilla para que puedas contemplar otra vez desde la distancia el estallido como alegoría de la posibilidad).

Phpto by joséluis vázquez domènech

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Breves

La era del vacío

Tal y como escribió Lipovetsky, la lógica individualista con  el sempiterno derecho a la libertad se instaló hace ya tiempo en las costumbres y en todos los actos cotidianos. En nuestra post-modernidad, si algo reina, es la indiferencia de la masa, deseando vivir el aquí y ahora en medio de una cultura tan despersonalizada que dan ganas de salir corriendo y no volver.

Sin anclajes sólidos estamos deslizándonos de un lado a otro obsesionados con la posibilidad de poder expresarnos gratuitamente, porque damos prioridad al solemne acto de la comunicación y apenas si damos importancia al contenido de nuestra acción. Y entusiasmados en medio de la infinita posibilidad de relación, caemos al vacío en el narcisista acto de querer ser escuchados por miles y, lo que es peor, lo hacemos sin darnos cuenta de que lo que queríamos era liberar el yo y lo que conseguimos es hacer del yo la preocupación central de nuestras vidas.

Como no nos reciclemos a tiempo el neoliberalismo nos va a dar tal bofetada que cuando nos cruce la cara ya no sabremos si ha sido un huracán o la ingratitud humana la que ha convertido nuestras relaciones en un cementerio de superyos seduciendo incluso mientras soñamos. Por de pronto, ya nos ha dejado completamente dislocados. Y ahora, lo que viene, va a ser un pozo sin fondo de publicidad constante para curarnos de tamaña enfermedad. “Libres” como nos dejaron ahora nos toca restaurar las heridas que, supuestamente, las hicimos nosotros mismos con nuestras propias manos. Así es, tiempo de corrección para superar el espectáculo de la culpa. Tiempo de reciclaje para superar tanta pérdida y tanto dislate.

El espectáculo no puede ser más deprimente: “Yo nunca pierdo; o gano…, o aprendo. Toda crisis es una posibilidad para crecer. Las oportunidades se nos presentan cada día pero no las vemos. Un problema te abre las puertas para que hagas acopio de tu mejor esfuerzo. Un emprendedor ve oportunidades allá donde otros solo ven dificultades. El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse. No te des por vencido ni aun vencido (esta es insuperable). La suerte es para los débiles que no se han esforzado nunca…” Y así, un caudaloso río con millones de palabras para vender no ya la moto, sino hasta tu conciencia. Atracados por un sistema que para llenar sus arcas ha vaciado nuestras mentes, y luego hace un llamamiento masivo para que éstas mismas nos liberen, porque son nuestra fortaleza…, una vez que ya han sido domesticadas.

La sociedad nunca puede avanzar con el aislamiento de las personas que la integran. Pero la libertad es un anzuelo gratificante para sentirte héroe por media vida, y hemos picado. Vaya si hemos picado!

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Breves

Las Redes 

Yo y casi todas mis circunstancias no prevalecen sobre tu libertad de echarme a los pies del caballo. Pero habrás de recordar con palabras y señales la circunstancia que guardo como dos ases en mis mangas y me permite deslizarme por el mundo ajeno a tanta zozobra.

Puedes traducir a tus consideraciones e inercias esa palabra que precisamente te ayuda a desvalorar todo un texto anclado y trabajado con el fin primero de informar, y también puedes encender un petardo porque en este país hacer ruido sin interés alguno forma parte de la gran tradición y para ello sí se trabaja con esmero.

Colaborar en el diálogo y conversar no es, desde luego, el aroma que emana en las redes, y la inmediatez posibilita que ni se piense ni se considere que, tal vez, no haya razón alguna para acudir a donde el vecino a decirle que es un antisistema por salir a las calles con sandalias y calcetines vueltos a rayas.

Esa “necesidad” de enfrentamiento  también se viste innumerables veces con “planes de ayuda”, y me pregunto, qué clase de droga suministran las nuevas tecnologías para que media humanidad se crea con el derecho de apropiarse del otro desde esa supuesta libertad que la mayor de las veces no es sino intromisión desmesurada.

Todos mis yos deambulan procurando habitar estos espacios con mesura, pero además hay uno que es buen amigo de mi última circunstancia y que decidió, hace tiempo, no vestirse de Prada, y escuchar música cuando el eco de tanta voz no es más que la detonación de una trifulca incendiaria.

(Saludos, desde el Ministerio de Desórdenes Poéticos)

Photo by joséluis vázquez domènech


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La violencia como estrategia: 01

Introducción

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

En un primer momento me parecía juicioso observar e incluso delimitar las diversas opciones de la violencia, pero dada la urgente necesidad de toparme con el terreno que pisamos he resuelto concretar con la más dura de las circunstancias, esto es, con las diversas expresiones de los Estados en su relación con la violencia. Y todo porque a día de hoy hay una excesiva participación de sus agentes en la transmisión de conflictos liderados por ellos mismos.

Comúnmente se reconoce desde la Sociología la solvencia del ejercicio del poder considerando que quien lo ejerce tiene el derecho de uso de la intimidación y la amenaza. Un uso no regulado explícitamente en toda su extensión, pero que casi siempre se realiza desde las diferentes jurisdicciones estatales. Los cuerpos militares o policiales no son solo presencia para promover el orden, también lo son para defender las tropelías de quienes los dirigen, y ese es el comienzo de todo capítulo para explicar la debacle, la sinrazón asentada en el ejercicio del terror.

  • Hablaré así del corto trayecto que hay que recorrer, dada su propia negación y su estrepitoso fracaso, para sacar a la luz ese ejercicio de violencia legitimada, pero injusta, cruel y despótica.
  • Y expondré del mismo modo la necesidad de desestimar las conjeturas insidiosas o aquellas que defienden las injusticias, puesto que estamos en la obligación de alejarnos de las teorías sociales y políticas que no terminan de concretarse en nuestras vidas. Es decir, hay que dar paso a la realidad, y no seguir dando cobertura al principio de ningún mandato que no proceda del pueblo si estamos hablando de democracia, o no alabar la existencia de Constituciones si son inoperantes en gran medida.
  • La controversia mayor con la que nos enfrentamos es saber cómo destapar al propio Estado, mostrar que su poder de coacción es casi siempre ilegítima, y poner en evidencia que más allá del reino de la razón lo que impera es el gobierno de la fuerza.

Ni que decir tiene que quien sale enormemente debilitada de esta conjetura es, además del propio Estado, la Democracia. Pero ello a estas alturas de la vida no nos convierte en pesimistas ilustradores de la historia, sino en reconocedores de una nueva desventura. El Estado moderno está concebido como una verdadera maquinaria, cuyo objetivo único es tener la capacidad para reparar cada cierto tiempo las fisuras de su aparato represor e ideológico. Y dado que es imposible su efectividad sin alguien que lo dirija, queda expuesto abiertamente que quien lo hace no solo es enemigo del pueblo, sino también aniquilador de su esperanza.

En la ecuación Estado, Violencia y Democracia, todo apunta a pensar que despejada la segunda incógnita se resuelve mejor el problema, pero me dispongo a dibujar otra parábola, porque sin el modelo actual del Estado habría mucha menos violencia, y ello determina que es hacia éste donde hay que redirigir la mirada.

  • Los tres poderes supuestamente independientes son anhelo de una libertad enclaustrada. Sus ilusiones no duran más allá de toda puesta en escena, y si no les acompaña una igual repercusión en toda la ciudadanía, se desintegran…

Se puede ser libre, pero no en el mercado sino en la vida, y se debe ser igual en las verdaderas condiciones de partida. Para eso está el Estado y ese debería ser el papel de la Democracia, pero se inventaron sin complejos nuevos tipos de violencia…

  • Y frente a ellos, de cara al futuro, solo cabe la salida, y reformular nuestras condiciones de vida. ¿Puede, más allá del Estado, darse un nuevo paradigma?


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Trois couleurs (bleu)

¿No sabes que hacer éste fin de semana? Te invito al cine

Azul

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Debía de regresar con Krzysztof Kieslowski. Ahora que Francia está sumida en el negro no me cabe duda de que ese color sería el siguiente para mostrarnos su visión social y política de la actual “gran nación”, abrigada del invierno con un lamentable y esperpéntico estado de excepción.

Pero se nos fue y tenemos su trilogía, una obra donde anida su incisiva observación de la realidad (y del individuo), y donde reposa su infatigable trabajo con la cámara, buscando en cada momento el encuadre que nos abrume con su triste belleza. 

Tenía una querencia hacia una lánguida ensoñación de rostro femenino pulido por sus sofisticadas protagonistas. Para su primer color eligió a Juliette Binoche y, claro está, nos invadió de sensaciones y emociones, y nos cautivó una vez más con esos tonos azules y la música apropiada para salvarnos de la ausencia y del dolor. (Recordar que la actriz francesa rechazó el papel protagonista en Parque Jurásico (1993) de Steven Spielberg para poder participar en Azul, papel con el que consiguió la Copa Volpi en el Festival de Venecia y el César a la mejor interpretación femenina).

Zbigniew Preisner recomponiendo con sus notas una Europa gris y sin norte. Y el director polaco, en su primera entrega, mostrando la dificultad de la protagonista por emerger hacia la libertad, en una recomposición difícil de lo que nos une y nos separa.

Tremendamente lírico y especialmente brillante. Mejor película y mejor actriz en el festival de Venecia.

http://www.pelispedia.tv/pelicula/tres-colores-azul-/

Título original, Trois couleurs: Bleu (Three Colours: Blue)
Año, 1993
Duración, 98 min.
País,  Francia
Director, Krzysztof Kieslowski
Guión, Krzysztof Piesiewicz & Krzysztof Kieslowski
Música, Zbigniew Preisner
Fotografía, Slawomir Idziak
Reparto, Juliette Binoche, Benoît Régent, Florence Pernel, Charlotte Vêry, Hélène Vincent,Philippe Volter, Claude Duneton, Emmanuelle Riva
Productora, Coproducción Polonia-Francia-Suiza; MK2 Productions / CED Productions / France 3 Cinéma / CAB Productions / Zespol Filmowy
Género, Drama | Política
Sinopsis
En un accidente de coche, Julie pierde a su marido Patrice, un prestigioso compositor, y a su hija Anna. Al recuperarse de sus lesiones, decide comenzar una nueva vida, independiente, solitaria y anónima, alejada de los privilegios que antes disfrutaba. Olivier, el ayudante de Patrice, intenta sacarla de su aislamiento. Olivier está enamorado de ella desde hace muchos años y acaba convenciéndola para que termine el «Concierto para Europa», una ambiciosa obra inacabada de Patrice. 

Reestreno en España: 11 de marzo 2016.

Premios

1993: Festival de Venecia: León de Oro (mejor película), mejor actriz (Binoche) y fotografía

1993: Globos de oro: 3 nominaciones, incluyendo Mejor película de habla no inglesa

1993: Premios César: 3 Premios. 9 nominaciones incluyendo a Mejor Película

1994: Premios del Cine Europeo: Nominada a mejor película


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Contra el engaño

Breves:

(Aclarando conceptos)

Cuando los ríos andan revueltos y el sistema parece tambalearse, bien porque alguien mina la fortaleza del Estado, bien porque un grupo social exige reformas constitucionales, o bien porque otros colectivos deseen instaurar una República allí donde hay una Monarquía, la respuesta ante estos movimientos viene a ser siempre la misma: “Estamos aquí para defender la Ley y la Democracia”.

En el mismo enunciado de ésta pequeña frase está la gran trampa. Se nos quiere hacer creer que por algún rocambolesco truco de magia, aquél día en que alguien inventó la Democracia, se hizo al mismo tiempo con las riendas de la Ley, como si ésta no tuviera otra opción que caminar junto a la primera como un matrimonio indisoluble.

Pero ahí está la temperamental realidad para hacernos ver precisamente lo contrario. Defender la Democracia no es defender la Ley, entre otras muchas cosas porque ya sabemos que desde aquellos primeros años en que Grecia dio a luz al gran hijo varón del Sistema Político, comenzaron a hacerse infinidad de leyes que ni eran justas, ni estaban pensadas para beneficio de las mayorías.

Es bastante sencilla de adivinar dónde se esconde esa mentira que parece nadie quiere rescatar. Si la Democracia es un régimen político que defiende la soberanía del pueblo, que le da el control sobre sus gobernantes, y la regla de las mayorías permite que éstas tengan unos representantes que gobiernen por ellas… ¿Cómo es posible que en el contexto de nuestro entorno político, ningún Gobierno responde a las ansias comunes de justicia, trabajo, igualdad, libertad y dignidad de los habitantes por los que dice trabajar?

La respuesta no requiere grandes tesis ni el beneplácito de politólogos o estadistas sesudos. El propio sistema encierra dentro de sí una serie de mecanismos perfectamente controlados y dirigidos para que aquello que parece, no pueda ser. Y en definitiva poder expulsar de las parcelas de decisión a aquéllos que más lo necesitan, y mantener en las cotas de poder a quienes saben como proseguir con la farsa.

Y así, año tras otro, durante siglos. Y ¿para qué?, para que la mayoría de la gente siga yendo a las urnas a manifestar su adhesión a la trama más embustera y maquillada de la modernidad y esta Democracia siga adelante, pasando por encima de todos los derechos y de todas las mujeres.

(Todavía nos queda un inmenso mar que cruzar)

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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