Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Rodeados de miseria

Nuestro mundo…

Es deplorable imaginar cómo se puede sentir una mujer forzada a detenerse en el camino. En el camino por el que transcurría, como nosotros, con la ilusión de convocar a sus alumnos hacia el aprendizaje. Es del todo doloroso sentir cómo alguien es capaz de segar la vida por el ampuloso y deleznable deseo de sentirse superior, de creerse dueño de los cuerpos que fagocitan sus escabrosas neuronas, su falo erecto de miseria y depravación.

El abismo está a nuestros pies, y seguimos permitiendo la cosificación de la mujer, el perverso maltrato a la que se la somete en cuanto la oscuridad toma las calles. Hoy me siento gravemente perjudicado, como hombre y como compañero. Y solo puedo mirar a mi alrededor y avergonzarme, y agrietar el horizonte con mis uñas y mi tristeza.

No quiero ni pensar, en lo que se puede llegar a sufrir, mientras un eslabón perdido de la civilización deshumaniza la vida, y fosiliza el alma, nuevamente de una mujer.

Me duele cerrar los ojos y pensar, tan siquiera pensar cómo ha sucedido todo.

Quizás todo el profesorado deberíamos detenernos a reflexionar, e invocar a lo más profundo de nuestro ser para hacer realidad aquello que debe ser uno de los pilares de la educación; salvarnos, aunque sea un poquito, de tanta barbarie.

Un abrazo tremendo, Laura…

photo by joséluis vázquez domènech


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The power of violence

No hay revuelta sin causa

Vergonzoso discurso de Macron, apelando a una humildad que jamás ha existido en su gobierno y su actitud. “Se que a veces he herido a algunos de vosotros con mis palabras”, dijo ayer. Pero no admitió que lo peor no son sus palabras, sino sus actos, en favor del reducido grupo de ricos y contra toda la humanidad; en favor de la guerra y contra la paz.
 
Las chispas van a seguir rescatando miradas, no solo en Francia, sino en muchos rincones del mundo donde el lujo campa a sus anchas despreciando el sacrificio de la mayoría. El olor de la ira arrastrará a las calles a numerosas personas, y será difícil saber cuándo será el momento donde algunos aristócratas de la impunidad se verán rodeados, pero nadie ha de olvidar que quien cosecha la desigualdad recolectará el repudio y, más tarde, los perversos efectos de la violencia.
 
Nos recordó el presidente galo que eran reivindicaciones legítimas, pero esa legitimidad solo llegó cuando las voces se alzaron y los escaparates de las élites explotaron en mil pedazos. Él no ha claudicado, como nos quieren hacer ver. Solo ha dado un golpe de timón. Los que administran el poder no saben ponerse de rodillas, salvo cuando alguien les pone la soga al cuello.
 
Sus palabras de ayer son un soplo de aire fresco para quienes desean alterar el rumbo de los acontecimientos. Desde luego, no por lo que dijo, sino tan solo por lo que representa esa imagen (pidiendo perdón) de niño mimado encadenado a su prepotencia.
 
Por si había alguna duda, ahora millones de personas lo saben: la violencia es efectiva. Pero no lo olvidemos nunca, como respuesta a la constante humillación de quien no nos permite ni saludar la nueva jornada desnudos de revolución…
…buscando luz en la oscuridad.


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6 años sin ETA

CARTA ABIERTA ESCRITA HOY HACE SEIS AÑOS

2o de octubre de 2011. Llevaba tiempo esperando esta fecha. El día después; para poder dirigirme a quienes deseen construir este futuro incierto, con la certeza de que atrás quedó el incandescente estallido de la violencia.

Pero quiero dirigirme especialmente a las víctimas, a todas aquellas personas que han sufrido por una u otra causa, los azotes y las consecuencias de estos inacabables años, donde tantas y tantas personas han sentido en su interior el embate de la bárbara acción de los hombres.

Solucionar la muerte es lamentablemente un sueño imposible. Desprenderse del terror, de la tortura, del miedo, y de imágenes que han quedado grabadas con sangre y fuego, es también una misión de extrema dificultad. Y querer comprender cada uno de los acontecimientos que han llevado a que una persona sufra, una labor inabarcable, porque inabarcable es la miseria donde podemos llegar a descender.

Atrás, vientos que parecían imperceptibles para algunos, dejaron tras de sí paisajes desolados dibujados por huracanes escondidos. Y donde el mar debía de traer el sonido de las olas, a veces arrastraba el quejido impotente ante la muerte. Adelante, la mirada perdida ante la impotencia de tanto destino mutilado.

Pero adelante, también, queda el futuro. Caminar sin tropezar de nuevo, poder girar en el camino sin que lo recorrido hasta ahora sea quien determine cada paso. Descansar sin fortalecer la rabia, a pesar de lo sucedido, y proseguir procurando observar solo el destello. La confrontación y la imposición no pueden mitigar ninguna llaga, ni podrán nunca resolver cuestión alguna.

Photo by joséluis vázquez domènech

No se constata ningún triunfo por el olvido, la retirada, o el silencio. El verdadero valor está en la conciencia de lo ocurrido, y superarlo dejando de lado el odio. Toda búsqueda hacia la comprensión y la solidaridad no necesita de ese sentimiento, porque ni la venganza ni revancha alguna pueden solventar nada de lo sucedido y, lo que es peor, no pueden participar de nada nuevo que ilumine el camino.

El odio, lo encauzamos generalmente a través de un rostro, de un enemigo que nos arrebató una vida, o sesgó un sueño. Pero en la vida, nos sumergimos en todos los rincones de la sociedad, en los amplios espacios de la existencia, acompañados de infinidad de personas, y de múltiples usos y razones. Nos diluimos en los demás, y ahí radica el pequeño triunfo.

Cultivar el rencor es seguir rodeado de fantasmas. Es enquistar la irreconocible razón del sufrimiento y postergarlo. Anteponer la razón al odio abre la vía del comienzo de una nueva etapa. Razonemos juntos, para buscar otros instrumentos, y diseñemos el respaldo de la justicia necesaria. Cuanto mayor cobertura demos a esa búsqueda, menos dolor se sufrirá a través de los sentimientos irreconciliables. Es imposible que la víctima pueda olvidar, pero es posible que su indefensión quede a refugio de una sociedad que no respalde la injusticia, de una sociedad que contemple la posibilidad de abrazar el dolor de todas y cada una de las calamidades cometidas.

El horror no necesita ningún espejo para reflejarnos en él; necesita buscar urgentemente al hombre que hemos de llevar todos dentro.


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Estado y Violencia

Catalunya

El Estado es el único que tiene derecho al uso legítimo de la violencia.  “Y si te saltas las leyes, eso tiene consecuencias judiciales”, insisten una y otra vez. Dichas consecuencias comienzan a hacerse visibles (claro que, como bien sabemos, en función de determinados intereses), y a partir de hoy, España va a ser protagonista de lo que muchas veces hemos denunciado: la ley no es el eje vertebrador de la democracia, si en algún valor o estamento hubiera de recaer esa acción, ésta debería ser en la justicia. 

En el País Vasco sabemos desde hace mucho en qué consiste aquello que podríamos denominar “Estado Policial”. Cientos de policías y miembros de la guardia civil se están dirigiendo a cumplir “con su obligación” (y si hace falta contratar dos ferrys-cruceros para alojarles, se contrata), que no es otra que acatar con el mandato del poder. Otra comunidad autónoma va a vivir en propia carne  las consecuencias de lo que supone poner en entredicho el papel del Estado.

El Tribunal Constitucional acaba de anular (por unanimidad) los acuerdos del Parlamento que permitieron las leyes del referéndum. El Estado español ha suspendido el autogobierno y se comienza a aplicar un estado de excepción encubierto. La sede de la CUP está rodeada por la policía. 

Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. 22 registros en 5 consellerias, y detenidos 10 altos cargos del Govern. A partir de ahora comienza la partida de ajedrez, pero va a ser una partida amañada. La tensión se lleva a las calles, la fuerza anula aquello que pudo ser el 1 – O, y los medios de comunicación respaldan toda actuación y todas las detenciones, porque tal y como he dicho anteriormente, quien incumple la ley, la paga.

Pero, ¿quién hace la ley? Y lo más importante, ¿para quién?. Si no respondemos a esta pregunta estaremos obviando la razón de ser de gran parte de las calamidades que asolan esta mediocre sociedad. Las miradas están puestas en otras cuestiones, y como siempre, en este caso también se pasará de largo una de las principales causas del triunfo de los estados autoritarios.

Sinceramente, creo que es un momento interesante para poder presenciar cómo se las gastan quienes se sientan en el sillón, y para observar cómo funcionan los pliegues y los repliegues del poder. También lo es para analizar cómo fluctúan las fuerzas sociales en función de sus adhesiones particulares, y ver cómo se movilizan unidos por el ardor guerrero comunitario, más que por la reflexión personal y crítica que debería llevar toda acción política. Porque de política trata toda esta función y, claro está, política debería ser la solución.

Yo, estoy un tanto distante. La razón principal es que la mayoría de partidos y simpatizantes que se están movilizando por soltar amarras con el Estado español van a facilitar y defienden los mecanismos de la Unión Europea, del Fondo Monetario Internacional, del Euro y, lo más grave, del engranaje que se sostiene desde la OTAN. Es decir, se acepta cambiar de dueño para seguir con el mismo collar.

Puede parecer sencilla esta apreciación, pero para mi es fundamental. Eso sí, les deseo toda la suerte del mundo, porque se van a atragantar y la van a necesitar!

publicado en sott.net 

Photo by joséluis vázquez domènech

 

 


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Breves

Violencia y Perturbaciones Amorosas

Leo sobre la desvalorización de la vida amorosa. Pienso que el punto culminante de dicho enviciamiento es el uso de la violencia. El hombre que hace uso de ella se vale de toda una serie de recursos, y todos ellos “encuentran su objetivo final en la degradación psíquica del objeto sexual”. Quiero creer que aquella corriente procedente de la afectividad y sensualidad fue mutilada en la infancia, o que a lo largo de la vida (por una u otra serie de razones) no han confluido como debieran los lazos necesarios para conectar con las demás personas. 

Nos educan en el uso de la violencia, y todo confluye para que hasta en las metas sexuales se conserven las más perversas manifestaciones de dominio y aquellas fantasías que solo cumplimentan los descabellados motivos condicionados por el uso y abuso del poder.

Sigo leyendo, y sigo reflexionando…

Photo by joséluis vázquez domènech

 

 


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La violencia como estrategia: 08

¿Es posible distanciarnos del Estado?

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Desde instancias académicas, desde nuevas formulaciones para paliar el maltrecho mercado de trabajo, desde las ciudades tullidas, o desde emplazamientos diversos y distantes en el mundo (que buscan sobre todo emprender nuevas vivencias), hay una cada vez mayor confluencia en un aspecto humano. Nos necesitamos, y nuestra colaboración es el germen de la emancipación.

No es casual que las micro-cooperativas, las redes de economía alternativa o la expansión de centros sociales auto gestionados estén a la orden del día. Son la respuesta automática a la constatación de la pervivencia de ese enemigo común que mancilla nuestras vidas.

La recompensa que recibiríamos tras una lucha de emancipación sería admirable, como lo fue aquella vez que la mujer se irguió para mirar de frente al hombre que la oprimía. La meta es un estallido de tranquilidad a cada momento de lucha, sin que podamos ver liberación definitiva alguna, porque siempre habrá violencia.

No hay por qué pensar en alcanzar la desaparición de toda dominación. Basta con encender los dispositivos a nuestro alrededor. Pero hay que habilitar espacio en nuestro interior para dosificar el trabajo, y para poner en pulsión a la mayor parte de la población.

Unas prácticas cada verano con asignaturas como la importancia de la subversión o el anclaje de la revolución. Esperar el desmoronamiento de los medios de comunicación. Un ajuste de cuentas con algunos emperadores de las finanzas. El decaimiento del capitalismo por su propia fuerza interior. O la expulsión de nuestros pueblos del reconocido tirano de cada generación, no son viajes sustanciosos a ningún vergel, porque nunca se podrán dar, y mucho menos generalizar.

Hay otros modos de debatir o de decidir, pero cada vez queda más claro que ha de haber otros modos de actuar. Democratizar la acción y pluralizar el compromiso es de vital necesidad. Porque ya no se trata de una  desconfianza hacia nuestras instituciones, se trata de un claro enfrentamiento con el poder.

Han pasado muchísimos años departiendo de nosotros; les encanta hablar en nombre de los demás, y es hora de poner nombre a nuestros propios actos y nuestros propios pensamientos.

No necesitamos que nadie nos represente, porque somos emergentes en nuestro propio avance, y la única mediación que necesitamos es la de quienes nos acompañan. La mayor fuerza es insistir en que nos están abatiendo, y que tras cientos de años de repetición del mismo cuento, es hora de escribir las bases para la nueva pervivencia.

La integración en el sistema, sea desde la ciudadanía o sea desde la participación política tradicional es un fraude, ni tan siquiera es un mal menor. Que no sepamos contrarrestar ésta democracia, o que no sepamos aún distanciarnos de éste estado no incrementa la duda ni desdice el sufrimiento que causa a tanta gente ésta horrible situación. Detenernos es un gran avance, para no tomar jamás el camino hacia ningún poder.

Es prácticamente nula la posibilidad de asumir un futuro liberador dando un salto a través de la vía electoral integrada en las gradas de la globalización. Asumir la práctica y las mismas formas de quien nos controla, siempre incidirá en la forma de ser y de pensar de quien se preste a ello, y no habrá puertas para tamaña empresa.

No sé qué hay más allá del Estado, pero intuyo que ningún intento por el poder nos puede traer espacio alguno de libertad. La única pretensión debe ser sabernos al lado, conscientes de nuestra disposición.

Las condiciones de vida han de ser revisadas por completo, para ir abandonando todos los espacios de in-decisión. Tenemos el deber de mirar justo al otro lado, y dejar inservibles las bases militares, los imperios y sus mercados internacionales. Lo pequeño es la mejor apuesta de gobernabilidad.

Nos violentarán a lo largo de todo el camino, como lo han venido haciendo a lo largo de toda la historia, y habrás de saber que en tu defensa nunca habrá violencia sino el derecho a la rebelión como único destino.

Nos violentarán con nuevos consumos, y degradarán cada posibilidad de observar con atención el cielo, pero observaremos todas y cada una de las calamidades para comprometernos con celo.

Las soluciones no vendrán de aquí, de éste Estado fatigado. Pero no esperes milagro alguno, porque probablemente te encontrarás contigo mismo, pero esta vez como  individuo crítico dispuesto a interrogarte de nuevo.

¿Dónde está el norte? Sigo dudando…, pero sigo.


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La violencia como estrategia: 07

¿Debemos detenernos a seguir pensando qué está sucediendo, o directamente estamos obligados a pasar a la acción?

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Yo mismo me pregunto sobre el papel que desarrolla quien es capaz de estar horas sentado sobre la mesa indagando sobre el futuro incierto que nos llega. Y resuelvo, cada vez con más urgencia,  ir desprestigiando los modelos de pensamiento, acotar tanto experimento de inspiración intelectual y ceder paso a la convergencia de todos quienes sintamos la necesidad de derribar los muros y popularizar la felicidad.

Conducir una idea universal, por muy buena que nos parezca, ha de ser rechazable de antemano. Sería como inspirar una globalización del pensamiento opositor. Ni estamos todos en el mismo puerto de salida, ni querremos ir a idéntico jardín a descansar.

Mi propuesta emerge de la absoluta discordia con el mundo actual y del firme deseo de construir un poco de posibilidad. Sabiendo que para ello ha de haber una etapa de ruptura, de colapso, y de involución, entendiendo ésta como desapego con el proceso actual de desarrollo.

Una retirada a tiempo será menos maléfica que continuar constantemente en el intervalo de las crisis económicas, que a cada embestida arrinconan a millones de personas de la vida. Hemos de replegarnos, de ajustarnos el cinturón, y hemos de alejarnos por completo del horizonte de la globalización.

Si ante la invasión hay que estar descalzos frente a los tanques, reniego de dicha declaración. ¿Cuántos muertos han de haber cada día en el mundo para que comprendamos que no podemos esperar más? ¿Cuántas experiencias han de fracasar para que abramos los ojos a la realidad?

Una cosa es incitar a la violencia y otra manifestar el derecho a la defensa. Son dos cosas bien diferenciadas, y quien acredite ilegítimo protegerse, que vaya a Siria a pasear por sus calles pidiendo la paz, o que atraviese México de norte a sur y de este a oeste visitando los cárteles y sus cárceles, o vaya de vacaciones a bosques y selvas esperando que una excavadora le aplaste. Del mismo modo que todos tenemos derecho a comer una estúpida hamburguesa, también lo tenemos para vigilar nuestra casa, o lo que debería ser nuestro hogar.

Esto último ya es hasta un privilegio, porque ¿quién tiene una casa en propiedad? Mayormente quien apenas ha de defenderse de nada, porque ya está embarcado en la mediocridad.

No se asusten. Debemos. Nos debemos. Y con ello hay que aprender a mirar. Y no es lo mismo hacerlo desde la oficina que desde la selva de Lacandona, no es igual escribir una tesis sobre Colombia que vivir en Colombia refugiado en la clandestinidad. Nada es comparable a estar en la miseria, a morir de hambre, o a esperar la muerte por una bala indiscriminada. Nada puede ser solvente si no partimos desde esa base, desde la capacidad de reacción a esa cruda realidad que supera cualquier hecho anecdótico de nuestras vidas.

Hay que activar todos los protocolos porque nuestro mundo es un continuo estado de emergencia, en el que cada segundo parte una ambulancia medicalizada, a intentar reponer de un ataque a un pedacito de tierra que ha infartado.


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La violencia como estrategia: 06

Urge salir de tanta intimidación

Seguir especulando sobre dónde radica la fragilidad del Sistema y, peor aún, sobre quiénes son los causantes de tanta violencia exaspera. Si sabemos que el capitalismo no puede subsistir sin apropiarse también de los medios de producción de conciencia, no nos queda otra que cultivar la paciencia y dejar de consentir a éstos intermediarios como generadores de tanta guerra.

Si sabemos que un número reducido de grupos mediáticos controlan casi la totalidad de la información que circula por el mundo, estamos en la obligación de cuestionar estos medios masivos que sostienen y reproducen los intereses de empresarios y banqueros. Y si sabemos que su objetivo es seguir impulsando su tiranía, hemos de constatar el hecho, sin ambigüedades, sin declinar en cuestiones morales ni otras matizaciones.

La amenaza no trata sólo de un sometimiento al criterio unificado de la barbarie. Es ya un hecho real de muerte y generalización de la pobreza, es ya un compendio de vidas humanas amordazadas, esclavizadas, hambrientas y manipuladas.

Ya entendemos este mundo, no tienen que venir a monopolizar el relato acerca del mismo. Y en su intento, han de tenernos en frente.

Esta democracia no nos sirve, la violencia gratuita nunca ayuda, y el Estado es un peregrino que va de mano en mano. El único logro posible nos obliga a desentendernos de todo el proceso, ese que llamaron progreso. Y solo hemos de preguntarnos si tenemos la capacidad suficiente para darle la vuelta al mundo, y ponerlo patas arriba.

Lógicamente, somos nosotros quienes deberíamos ser protagonistas del cambio, y quienes habríamos de procurar que todo se redujese a cenizas para construir una nueva sociedad. Hacerlo desde lo establecido no parece tener mucho futuro. Es del todo aventurado pensar que lo que no hemos conseguido en dos mil años de historia lo podamos conseguir ahora que estamos maniatados por una serie de resortes perfectamente construidos.

Si apelase a la unión de la clase obrera, a la concienciación de la lucha, a la necesidad de adueñarnos de los recursos productivos, y a esa planificación desde el seno de los partidos políticos, creo que estaríamos repitiendo procesos de los cuales no podríamos salir airosos, dado que éstos mismos nos demuestran que no hay posibilidad alguna de alterar el rumbo desde dentro del sistema. Toda transformación se dio en los sindicatos, en las barricadas, en las calles, en las pieles dibujadas de heridas y sudor. No en las oficinas, donde se firman los trapicheos y los canjes, donde se da la espalda a la verdadera causa de los males.

Es reiterativa e ineludible, y nos golpea constantemente la necesidad del cambio, pero probablemente estamos alejados del objetivo porque no partimos con precisión rumbo a ese gran sueño. La razón es más sencilla de lo que pudiera parecer: no es posible el cambio dentro de éste sistema, porque en su génesis y en su puesta en escena lleva consigo el dolor y la desigualdad. No puede alterarse la órbita porque el núcleo sobre el que gravita es realmente pernicioso. Solo cabe destrozar el capitalismo y fundar una nueva táctica.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

¿Alguien se imagina que en el centro de operaciones de este ambulante mercado de la degradación, hablo de Estados Unidos, pueda surgir un partido que cumpla con los requisitos necesarios para solidarizarse con el oprimido y llevar su causa a la Casa Blanca? En condiciones normales, es decir, siguiendo las pautas que marca su ordenamiento jurídico, su sistema de partidos, y su operatividad institucional, no solo es imposible, es hasta inimaginable.

Claro que ante este planteamiento cabe decir que no todos los países siguen el mismo proceso, ni parten de una situación similar. Pero no hemos de llevarnos a engaño, creer que una Uruguay (sobrevalorada) puede ser el espejo de una futura transformación es rendirse a la ingenuidad más absoluta. Cabría tal probabilidad si México la dividiéramos en cien pedazos, y lo mismo hiciéramos con Brasil, Argentina y todas las demás naciones.

La gobernabilidad está cada vez más alejada de la ciudadanía, y ésta necesita como primera condición sentirse y estar cerca del poder de decisión, y tener las herramientas adecuadas para involucrarse en el proceso y asistir en comunidad siendo protagonistas de todo acontecimiento.

La globalización no es  en ninguno de los sentidos catalizadora de desarrollo alguno para la mayoría de la población. Es una cadena enorme que tiene como principal objetivo crear sujetos consumidores desde Buenos Aires hasta Singapur. Es parte de la lógica capitalista, regida por unas leyes que sólo buscan el aumento de beneficio y que conlleva una serie de transformaciones con graves repercusiones para quienes quedan fuera del proceso de enriquecimiento. Lidiar contra ella es más necesario aún que expulsar a los ejércitos de nuestras fronteras.

Quienes nos dirigen nos cuentan que la capacidad de consumo es lo que nos hace modernos, la que alimenta nuestra felicidad, el objetivo de los países en vías de desarrollo. Pero esa premisa encierra las fisuras del pensamiento liberal, y tal y como manifiesta Eduardo Galeano, trae consigo el derecho al derroche, privilegio de unos pocos en nombre de la libertad de todos.

La que parece invisible violencia del mercado es la causa del hostigamiento continuo al que estamos sometidos. Es la dictadura que nos hace iguales en el ansia de compra, uniformizando hasta la última neurona pensante, y llevándonos sin remedio a ese laberinto cuya única puerta de salida corresponde con el inicio de la revuelta.

Desde altas instancias del Estado se llega a acuerdos con altas instancias del Fondo Monetario y el Banco Mundial, y entre ellos y otros más siembran las bases de las violencias más extendidas. América del Sur ya fue asfixiada con esa praxis delictiva, y en su lucha por salir airosa de la contienda sigue presionada, arrinconada, y vejada sin escrúpulos para no permitir que tome tan siquiera un poquito de aire. La actual situación no la resuelve democracia ninguna, entendida ésta como los regímenes que se han extendido de la mano de la globalización. Solo cabe la ruptura, el desapego, la huida a territorios alejados de la injusticia.

El mundo que habitamos es un mercado dirigido por la globalización, y la posibilidad de asentar la democracia o alejar la violencia es del todo improbable. La razón sigue viva cada día; las riendas las lleva un universo financiero resuelto a modificar aún más las reglas y dispuesto a hacer posible que una minoría prepotente se haga dueña de todo lo que nos rodea.

Las consecuencias de todo ello priorizan entre los sectores populares el ejercicio de cierta “violencia” dada la necesidad de luchar abrazando las causa justas, o empujados por el ánimo de transformar el statu quo. Y muchas veces incluso parece ser que desde el propio Estado se ajustan ciertos dispositivos para alentar a la práctica de dicha violencia, y así responder con motivos suficientes. Lo acontecido los últimos meses en Estados Unidos con esa indiscriminada ola de asesinatos de hombres negros por parte de la policía llama enormemente la atención, por la frivolidad con que se hace gala de ese “ejercicio de poder”, y también por las situaciones tan inverosímiles en las que se han dado.

La salida se presenta inevitable. El Estado, el Sistema de Partidos o la Democracia, son títeres del capitalismo que, en mayor medida, están perfectamente programados para repeler toda lucha de los movimientos sociales. Y si cada cierto tiempo necesitan ajustar sus parámetros para mantener la expansión del mercado, se acuerdan nuevos procesos y prosigue su solemne marcha.

Nos han destruido las economías de subsistencia y paralelamente han provocado una dependencia progresiva de los ingresos monetarios. Nos están expulsando del estado de bienestar, reconvirtiendo a cada trabajador en un sufrido individuo lleno de necesidades. Han privatizado los bosques, los mares y hasta las especies animales, estableciendo la agroindustria, la extracción de minerales o lo que podría resumirse como total apropiación.

Un nuevo colonialismo para un nuevo orden mundial. Y todo ello ha seguido una pauta, no ha surgido como repunte de ninguna improvisación. Hay una reorganización constante, donde se deja de invertir en mejora de vida para construir como ya algunos afirman, el planeta de las ciudades miseria.

Y lo peor de todo, han arrebatado las tierras a quienes más las necesitaban, para que se conviertan en focos de extracción, y no de consumo humano. Este es el golpe definitivo para impulsar la migración, y si hace falta una guerra se llama a sus puertas para que vengan los ángeles negros. Y si hace falta una incursión se crea cualquier condición para que se vea como necesaria.

Todo ello, repito, viene sucediéndose desde los inicios remotos del capitalismo, y su internacionalización más completa está repercutiendo aún más en un mundo desmantelado que, ésta vez además, viene a morder a destajo. Antes este proceso traía consigo catástrofes humanas lejos de las fronteras donde se vivía el desarrollo, pero ahora la desestructuración es global, de norte a sur y de este a oeste. Y todo indica que el empobrecimiento y el hambre se extenderán también en ese norte que se creía ajeno y a salvo de tanta cruzada. Estados Unidos ya es un claro ejemplo de ello, aunque Estados Unidos ya es un claro ejemplo de todo.

Por si las razones expuestas no suponen ya un duro golpe a nuestra conciencia, queda esa milagrosa financiación de la sumisión y el vasallaje a través de la deuda, y su efectivo golpe contra toda esperanza.

Se cierra mi evaluación porque tampoco necesito ensanchar la galería. No hacen falta más evidencias para sancionar tanto al Estado como a su Democracia.


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La violencia como estrategia: 05

¿Quién está detrás de la violencia estratégica de los Estados?

Nos dicen que el poder del Estado existe y se ejerce independientemente de quien lo haga en cada momento, y que destaca de la sociedad porque asume el monopolio de los intereses públicos con el fin de hacer prevalecer el bien común. Para darle una condición más noble nos hacen ver que se construye bajo el prisma de la soberanía, y si se añade que hay un derecho y una jurisdicción para evitar toda arbitrariedad, que entonces estamos ya ante la forma de administración política por excelencia.

Pero ya he hecho mención especial a uno de los principios que debo de acatar, y que viene a decir que es nuestra obligación distanciarnos de toda teoría que no termina de concretarse en vida.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

En el interior del propio Estado siempre ha habido gente con capacidad, sobre todo con contrastadas habilidades para garantizar su impunidad, algo que necesariamente se consigue con una férrea alianza con los dirigentes políticos y con los grupos de presión. Dicho control es el fundamento de las políticas modernas, y el camino para dirigirse hacia él, el objetivo claro de los nuevos actores.

Dado que en la sociedad actual lo que se valora es la libertad individual y el respeto a la propiedad privada, nos será muy fácil adivinar a quién se debe tanto apoyo y quién ofrece tan amplia cobertura.

Las reglas del juego político (porque siempre fue un juego que no debemos olvidar) se transformaron hace mucho tiempo, tanto, que probablemente deberíamos retrasarnos a los orígenes de las primeras corporaciones de prestamistas.

El temible juego de dejar en manos ajenas la circulación del dinero es probablemente la mayor de las calamidades protagonizadas por nuestros estados. Claro que con ello estamos obligados a afirmar que las violentas consecuencias que de ello se derivan representan el caso más delictivo hasta ahora conocido.

Discurriendo por este sendero no me queda más remedio que matizar que no se ha de coger una pistola y asesinar a alguien para así poder hablar de violencia. Basta con permitir que en la bolsa de Chicago se compren cantidades ingentes de productos de primera necesidad para que podamos percibir los nuevos ingenios con que se manejan.

El imperio de la ley, esa epidemia que se ha extendido con el aprecio de los grandes funcionarios públicos y de los insignes dirigentes de las organizaciones internacionales, está guardando bajo buen recaudo las más sofisticadas armas de destrucción masiva. Bajo un envoltorio democrático “incuestionable” infunde alas al crimen organizado y abraza la causa de las clases dominantes. En su regazo descansan mil y una clases de violencia y, peor aún, las fomenta.

La violencia del sistema cogió hace ya tiempo la mala costumbre de estar en todas partes. Diríase que se parece a Dios por ello, pero también porque desde sus entrañas emana toda maldición (y poca bendición) humana.

Su arrogancia es cuando menos curiosa. ¿Qué podría esperarse de quien se asienta sobre las estructuras legales para difundir su fanatismo con tanta solvencia? Nuestra actual cultura bebe, come y sueña con ella. Violencia a través de la televisión, de la estructura económica, de las guerras infinitas, de la liberalización de los servicios, de los terrorismos resucitados, de la publicidad descarnada, de las propagandas descubiertas, de las telenovelas románticas, de los trabajadores vigilados, o de los estudiantes privatizados. Violencia estratégica.

Su representación es un hecho. Una expresión descarnada que no vacila, entre otras cosas porque es escrupulosa con la ley, aunque del todo farisea con el pueblo.

Este tipo de violencia arrastra toda justicia por los matorrales, y obstaculiza a los sectores populares airearse o reflotar lejos de las garras punzantes. Es más, los obligan a convivir con ella, y a mirarse de frente arrojándose a las ciudades pensando que allí estarán presentes sus instrumentos de salvación. O los conminan a cruzar fronteras creyendo que más allá se librarán de la miseria. Una suerte de movilizaciones que están muy lejos de poder atender cualquier derecho humano.

Llega así la enemistad, a poblar de gentes las grandes urbes, los grandes estadios y las grandes migraciones. Y unos y otros luchando en espacios diferentes para delimitar la presencia del yo desarraigado y expulsado. Para defender la única parcela que queda, el aliento.

Luchando entre nosotros, mientras lo que parecía ya no es, y surcando hacia el letargo de la apatía.

La violencia como herramienta de control se ha sofisticado sobremanera. Y parece tarde para usurpar ese control a quien lo tiene. De poquito a poco los hombres de Estado fueron ofreciendo sus llaves a los vigilantes del dinero y se hicieron con todo, y lo que era una sociedad ahora es un mercado, y lo que era una huerta ahora es un autoservicio, y lo que era un rio es ahora una piscifactoría, y lo que era una nube es ahora un paquete de humo.

Ese trasvase en la toma de decisiones la hicieron y la siguen haciendo los representantes, que viven en los Estados pensando que son sus casas de veraneo. Y cada fin de semana  reciben en sus oficinas a los futuros liquidadores, y cuando éstos se van reciben a los medios de información, para así diseñar y fabricar mejor el consentimiento de tanta explotación.

Y entre todos construyen los relatos más inverosímiles, las mentiras más obscenas, y las manipulaciones mejor construidas.

No existe mejor disciplina que la que viene ejecutándose desde hace tiempo. Los políticos, los gobiernos y los Estados ya no se deben a ningún ciudadano. Ahora son sólo despojos de una maquinaria repleta de francotiradores.

Hay que insistir hasta recuperarnos de un progreso contaminado. La violencia que con mayor rigor se está ejecutando en el mundo es ésta, la decisión del Estado de pasar a manos del dinero. El mayor caso de terrorismo de Estado, capaz de aniquilar miles de personas por segundo, y de dejar en la cuneta a la República, a la Democracia, y a la gran Utopía.


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La violencia como estrategia: 04

Desestabilización programada y violencia

¿Os imagináis que dadas las circunstancias el pueblo acuerda lanzar una ofensiva contra el Estado, y éste decide acudir al combate con derecho a su legítima defensa? A modo más que simbólico ésta metáfora tiene su presencia en nuestro entorno, y viene a darse cada vez con más frecuencia y con un talante más sofisticado en aquellos territorios donde se dice que la modernidad ha llegado. La abstención es el arma popular que se extiende como la lava cada vez que una nueva erupción estalla en el seno de los gobiernos. Y ante esa decisión no se resquebraja institución alguna, bien al contrario, todo se mantiene en su sitio y nadie notifica el más mínimo arrepentimiento. Porque esa es su “legítima defensa”, mostrar que el pueblo ha decidido y que todo ha de proseguir igual, sin que medie consideración alguna. En esta breve reseña ha de quedar constancia de que alguien, con muy buenos modales pero con una acritud endiablada, nos ha tendido una trampa.

El conflicto deja de lado a los dos contendientes y deja de ser real por inadmisible, y lo que parecía una necesaria emergencia, librarnos de todo Estado opresor y coercitivo, se vuelve en contra nuestra. Gracias a inigualables reglas del juego un intermediario se yergue como máximo protagonista, y en su seno es donde se librará la batalla. Los dos polos quedan imantados por lo que llamamos democracia, y quien debía ser afluente de aguas cristalinas, es sin darnos cuenta el colector de todos los residuos.

El alcantarillado público, con las administraciones al frente y con los ministerios a buen recaudo, se conecta a través de infinidad de ramales con todos y cada uno de los habitantes, del centro y de las periferias. Esto se produce de tal modo que a cada una de nuestras casas (incluso a las chabolas), conexión mediante, llegan normas universales que emanan de la popular soberanía. Pero casualmente no resultan del agrado de las mayorías.

¿Será posible? Lo que parecía un ajuste de cuentas entre dos, pasa por arte de magia a ser una riña continuada entre todos. Entre todos nosotros que, enmarcados tras el bello retrato político, no podemos dar crédito a tanta debacle. Y cuando hasta la ilusión se despeña, nos miramos, nos diferenciamos, y nos restregamos. Y es entonces cuando observamos el mapa y terminamos por creer que somos muchos, que la tierra no da para todos, que la riqueza no llega, y que por el trabajo se deja uno la vida.

El conflicto está a ras de suelo, bajo nuestras pisadas. Nos han otorgado el falso poder de elección y cuando comenzamos a ser conscientes del juego, estalla la violencia.

Pero para entonces la estrategia imperial ya está servida. La visión policial del mundo retiene en sus mazmorras de vigilancia activa no sólo aquello que viene sucediendo desde tiempos inmemoriales, sino también aquello que va a acontecer. Y si no va cumpliéndose como “se esperaba”, se articularán todos los instrumentos para que así sea.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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La campaña violenta trazada ofrece normalmente dos alternativas:

  1. Se puede dejar en manos interesadas la capacidad de maniobra necesaria para que cunda el pánico, bien en un barrio periférico, en un territorio por conquistar, o en un país entero. Esta forma de obrar está presente y latiendo en el mundo con una fuerza sobrecogedora, y resulta imposible desenmascarar el centro neurálgico del embate, sencillamente porque diferentes grupos de presión son capaces de cotizar al alza un maniquí disuasorio que luego se tornará en enemigo visceral.

La mano que te da de comer puede pasar a ser la que apriete el gatillo en el momento menos inesperado. Cuestión de logística y de turbación complementaria.

Sería un arduo trabajo recopilar la infinidad de casos donde una desestabilización programada incide en futuras intervenciones políticas para seguir con el control exhaustivo de la población civil y, sobre todo, de sus riquezas naturales. Son muchas ya las investigaciones realizadas para determinar con claridad cómo unos pocos intervienen en nuestras vidas para llevarse nuestras propiedades y, una vez colapsada la opción de continuidad, dejadnos con los excrementos de una tierra ya baldía.

  1. América Latina sabe mucho de eso, demasiado. Y sin que todo ese proceso culmine, porque siempre ronda el imperialismo ciego para dinamitar allá donde encuentra cualquier grieta, hay que añadirle la violencia añadida, ese experimento cotidiano que protagonizan los ejes del poder sin compasión, y cada vez con menor sutileza.

Como si no fuera poco interferir del modo que lo hacen, desde altas instancias y de forma  casi generalizada parece instalarse entre nosotros la nueva fase de agresividad, propagando el dolor y la muerte sin que medie razón alguna. Y la estandarización del miedo es ya la segunda alternativa de la campaña, como si de un elaborado plan de marketing se tratara.

Y en este punto surge el gran interrogante sobre la presencia de la violencia infiltrada con vehemencia desde las cloacas del Estado, perforando el desarrollo de cualquier democracia y aniquilando las escasas posibilidades que quedaban para que ésta emergiera.

Nos situamos. El abstracto monopolio de una lucha sin cuartel contra el pueblo es delirante. Y ha llegado hasta tal punto que considerar ese menosprecio como un proceso anecdótico ha dejado de ser admisible.

La incorporación de la violencia  a las normas sociales ha sido el primer eslabón para convivir con ella, y para dotar al sistema de una razón de fuerza mayor a la que se pliega, consolidando su necesidad rampante.

No es difícil observar cómo se extiende el ánimo arrebatado y enfurecido a través de todos los canales, hasta instalar en nuestros cerebros el chip del enfrentamiento como elemento natural de nuestra especie. Y todo porque la violencia… se estimula.

La propia globalización y sus enormes repercusiones en lo que podemos denominar nuevos focos de pobreza es solo parte de todo un entramado difícil de digerir sin sentir los ánimos angustiados. Pero donde más hierve la inquina es a través de los medios de comunicación, auténticos promotores de un trauma colectivo que nos sumerge en un escenario nada improvisado.

Un informativo cualquiera en casi todos los rincones del mundo pretende generar audiencia, y como si se tratara de un show más nos somete a la vulgarización de los hechos más terribles y difíciles de asimilar. Sin que importe mucho la localización del suceso, podemos pasar de un tren descarrilado en Corea a una inundación en Perú en dos segundos, o de una avalancha en una discoteca de India a un incendio en una fábrica pirotécnica en China. No nos dejan observar los acontecimientos, solo mirar, sin detenernos, y presenciar miles de secuencias de sangre derramada y polvorienta anquilosados en la costumbre.

Si, la globalización. No existe mejor obra para que de manera subliminal nos mande mensajes favorables al capitalismo más ruin e incómodo. Y tras ella la ofrenda al mercado de valores, al dinero inexistente que atropella los silencios de nuestros sueños.


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La violencia como estrategia: 03

¿Podemos hablar de equidad en el conflicto cuando toda posibilidad de triunfo subsiste siempre de una parte?

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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Abiertas quedan de este modo todas las heridas. El régimen actual de nuestra relación con quienes nos dirigen está o mal encauzada, o no deja espacio a la solución de la democracia, que no es otra que el respeto a la mayoría.

Somos conscientes del “empuje” del discurso dejando en evidencia los argumentos de los Estados, siempre acompañados de balas y expropiaciones, pero ¿acaso hay modo alguno de contrarrestar tanta perturbación en nuestra existencia sin la necesaria condena, y sin menospreciar tanta ofensa?

Orientar nuestras palabras por los latifundios de nuestra defensa es la primera obligación, y fumigar con nuestras reflexiones todos los marcos teóricos que sostienen la vigencia de este sistema uno de los objetivos ineludibles.

Resolvemos sin demora que entre el Estado y la ciudadanía hay un conflicto, un grave y pernicioso conflicto. Pero dadas las líneas a seguir según lo acordado en constituciones, decretos ley, preámbulos y otros códigos al uso, no ha lugar para  una lucha entre estos dos grupos que se miran de frente legislatura va, y legislatura viene.

Políticos, intelectuales e instituciones concluyen que la solución está en la democracia, esa forma de gobierno que contacta con nosotros cada ciertos años y que por no tener, no tiene ni margen de maniobra. Mas no precisamos de complejas investigaciones ni repasos históricos para concluir que dicho dispositivo, ni es suficiente ni ayuda a solucionar el más mínimo de los problemas.

Aunque los criterios y las artes políticas no hayan cambiado tanto, a día de hoy es un sarcasmo poder hablar de soberanía. Otros actores no elegidos comenzaron ya a proyectar las más importantes de nuestras decisiones.

Que tengamos que rendir cuentas a los grandes consorcios financieros de inversión y asumir que los Estados se encuentran a merced de esta movilidad, no nos proporciona certidumbre alguna, más bien… nos prepara para una nueva fórmula que entender en política.

El odio hacia quienes nos gobiernan se va haciendo insoportable, entre otras cosas porque ya ni siquiera puede haber relación entre el dominante y el dominado, y sin percibir ese poder que antaño se temía, ahora se les desprecia.

Es como si no hubiera nadie para mediar en esta nueva confluencia y los actores que más necesitamos se fueran a platicar con los medios para desacreditar nuestra legítima y apremiante defensa.

Y sin equidad, sin posibilidad de diálogo y sin consenso, el respeto deja paso a la imposición, el acuerdo a la confrontación, y el engaño al riesgo de violencia.

La decadencia más absoluta es el lastre que nos queda. Y decididos a no cometer “fechoría” alguna…, ¿qué nos queda?


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La violencia como estrategia: 02

¿Cuándo es ley y cuándo es crimen el uso de la violencia?

La expansión fuera de lugar protagonizada por la violencia durante este siglo invita a pensar que no hay posibilidad alguna de revelar su existencia sin poder hablar del enorme conflicto que acarrea, visible sin lugar a dudas en las grandes migraciones que causa. Son innumerables las señales de horror y zozobra que están vivas en nuestras sociedades, pero lo son también las intransigentes medidas para afrontarlas que desde la política se plantean.

En tales circunstancias se resquebrajan los fundamentos que sostienen al Estado como garante de una convivencia pacífica, y las democracias se vuelven permeables a toda una serie de extraños acontecimientos respaldados por una legalidad encorsetada propia de situaciones de urgencia.

En dicho contexto podríamos rastrear, por ejemplo, el mapa socio-político tras los asesinatos de Ayotzinapa, ¿muestran las trágicas consecuencias de dicha violencia, o lo que vienen a reflejar es la expresión de fuerza de un Estado que recurre a ella para no ceder ante la vigilancia de la democracia?

Casos así hacen posible que poco a poco se vayan sucediendo (y lo que es peor, permitiendo) un mayor número de situaciones violentas y represivas por parte de los Estados, con actuaciones que pretenden ser normalizadas e incluso necesarias, pero que lo único que consiguen es pervertir las libertades e impulsar las tiranías.

Las consecuencias de todo amanecer invernal van exigiendo refugio, calor y la protección necesaria frente a tanta barbarie. Pero he aquí que estamos ante un dilema que poco ayuda para resolver la opulencia de tanta mezquindad. ¿Cómo vamos a buscar abrigo en casa de nuestro propio verdugo?

Revolcándonos en la legitimidad de la violencia no alcanzamos a subsanar tanto delito. Pero hemos de hacerlo para gravitar a su alrededor y después posibilitar un nuevo argumento.

La pregunta inicial, por tanto, se mantiene y ha de ser pragmática. ¿Cuándo es ley y cuándo es crimen el uso de la violencia?

En toda forma de Estado se define a éste como única entidad autorizada para ejercer la violencia en el territorio que lo conforma. Esta teoría ha de contemplar la legitimidad necesaria, otorgada lógicamente por los habitantes que en dicho territorio se integran.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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Dicha legitimidad es concedida bajo unas premisas determinadas, pero éstas se encubren y tergiversan hasta el punto de traspasar todo límite de legalidad y, además, querer ocultarlo.

El monopolio de la violencia recae en manos del Estado y, por tanto, nadie más podrá apropiarse de él sin que sea penado o criminalizado. La excepción vendría de la promulgación de leyes autorizadas para tal fin, es decir, de la posibilidad de utilizar la violencia para defenderse uno mismo o para defender sus propios bienes (entendiendo siempre que dicha autoridad es ofrecida, claro está, por el propio Estado).

Esta arquitectura administrativa se extiende a todos los países de nuestro entorno, y si bien el Estado concentró los medios de violencia para pacificar la sociedad, todo parece indicar que en su desarrollo abrazó la causa de la disciplina como eficaz medida de control y seguridad.

Hasta tal punto ha sido así, que abandonando su función principal ha terminado por ensalzar un Estado penal donde las doctrinas autoritarias son la máxima en su actividad.

Así, el interrogante se bifurca. Por un lado habría que determinar dónde están los límites de su ordenamiento y, por otro, constatar cómo se procede para despojarnos de tanta justicia.

Si algo hay que revelar sobre el modo de pronunciarse de nuestras democracias es, sin duda alguna, el excesivo uso de reglamentaciones ad hoc para minimizar la respuesta ciudadana. Queda claro que los respectivos gobiernos se apropian de todas las licencias  para consagrar sus arbitrarias formas de articular el poder. Y subsiste así una estrategia que inmediatamente conduce a  una ruptura importante entre las estructuras estatales y el conjunto de la sociedad.

Considerando las múltiples maniobras empleadas por las diferentes jefaturas nos daremos cuenta de que estamos enfrentados a manipulaciones sociales de alta intensidad. Dichas estrategias están dirigidas con precisión, con el único fin de limitar la defensa de nuestros derechos y profanar los valores de nuestras libertades. Generalmente arropados bajo argumentos exóticos y subvencionados por el capital y los beneficios de las élites.

El funcionamiento de los sistemas de partidos, la regulación de las representatividades políticas, las licencias de comunicación y libertad de radio y prensa, las construcciones de mayorías irrelevantes con las cuales poder gobernar, el fraude de la separación de poderes o la implantación del miedo como elemento propulsor que nos coacciona, son solo una pequeña parte de las perturbaciones a las que nos someten “en nombre del bien común”. Éstas medidas excepcionales tienen un respaldo que contribuye a poder evitar su deterioro, y a este respaldo lo llaman La Ley…

Uno de los mayores males de nuestras democracias es que se ha ido extendiendo la creencia de que las leyes son el fundamento de las causas justas. Razón de más para no olvidar dos de las ideas fundamentales que expongo: los Estados perviven a través de mecanismos insuficientes de legitimación y la ley que les ampara no responde a los parámetros de la justicia sino a los intereses manifiestos del poder. Viene bien recordar a Montesquieu, “Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa”.

Este análisis da buena cuenta, a través de la Ciencia Política, de la necesidad de transformar los principios por los que se regulan nuestros Estados. Pero es la Historia, con su espléndida biblioteca, la ciencia que narra todo lo que acontece y quien mejores y más respuestas nos brinda. Todas las libertades, sociales y políticas, todas las mejoras económicas y todas las transformaciones que han dado lugar al derrocamiento de poderes, élites, imperios, o gobiernos absolutistas, se han producido siempre bien a través de revoluciones sociales o bien con la inestimable ayuda de innumerables revueltas.

Recordatorio. Quien nos domina no nos va a conceder el privilegio de escaparnos de sus lindes. Aunque busquemos otras formas, casi todas las salidas de la opresión han sido y seguirán siendo violentas.

Esta pequeña alusión puede sonar contundente, y para muchos, insolente. Sobre todo en estos tiempos de indignación de manos blancas y de silencios cómplices. Pero el cambio, si se desea, ha de corroborarse a través de la postura que se defiende. Es imposible la transformación sin la exigencia del cambio radical de los acontecimientos. O lo que es lo mismo, no es posible indignarse para pedir dicho cambio si no contribuimos a la ruptura de parte del sistema. Siempre, claro está, que el propio Estado no retroceda o deje de alimentar la violencia (claros ejemplos son los mal llamados procesos de paz, como puede ser el de Colombia).

El sistema, el Estado, los gobiernos y nuestras democracias, están muy bien diseñados para asustarnos, para disuadirnos, para hacernos ver aquello que no existe, para aprender a distinguir entre el mal y su justicia. Todas las herramientas están a su alcance. De ese modo, que alguien pueda mirarse y declararse antisistema es no solo extraño, sino hasta delictivo. Tememos hasta el significado desnudo de las palabras, reconstruidas para protegernos de nuestros pensamientos y nuestra actitud.

Electores, pobladores, habitantes y vecinos, saben que ha de haber responsables, saben que la política no funciona, que nuestro país se tambalea, que las finanzas nos ahorcan, que las multinacionales nos violan. Millones de personas saben que este sistema no solo no nos ayuda, sino que nos estrangula, y están en contra de su mecanismo, de su puesta en escena. Saben que es necesario ir contra él y que hay que derribarlo, para construir uno nuevo. Y casi nadie se atreve a creerse antisistema…

Mantener la pasividad o la negación (también intelectual) es como intentar ganar la batalla refugiándonos en casa del enemigo.

La violencia no es siempre la misma. En la confrontación y lucha por la dignidad y por los derechos, su conciencia revuelve la diplomacia. Cuando los nuevos pobladores persiguieron a los indios, éstos necesitaron hacer uso de ella para sobrevivir en sus montañas. Cuando los europeos colonizaron África, los esclavos enfundaron las armas para impedir su exterminio. Cuando los turcos decidieron batallar contra el pueblo armenio desarmado, los aniquilaron, y un millón y medio de habitantes fueron forzados a marchas kilométricas, atravesando zonas desérticas para morir de hambre, de sed, de robos y violaciones.

Cuando la maldad te mira de frente y quiere borrar tus pisadas, puedes rebelarte o no, pero no hay ética que respalde tu caída ni razón que ampare o defienda tus heridas. No hay cobijo para la barbarie, y a veces, hay que hacerle frente.

¿Tiene el amenazado que legitimar su derecho a la defensa? Estamos bajo las órdenes de terceros que degradan nuestra moral y nuestras conductas. Las leyes de nuestros gobiernos socavan el orgullo de los ciudadanos, y nos someten a penurias que anulan hasta nuestra voluntad. La inmoralidad, el engaño y la perversión son los colaboradores represivos a los que ya nos han acostumbrado.

Lo acontecido a lo largo de la Historia no ha de cubrirnos los ojos, sino abrirnos la mirada. Lo dejó escrito un alemán, Max Stirner, hace muchos años; “El estado llama a su propia violencia ley, pero a la del individuo crimen.”


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La violencia como estrategia: 01

Introducción

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

En un primer momento me parecía juicioso observar e incluso delimitar las diversas opciones de la violencia, pero dada la urgente necesidad de toparme con el terreno que pisamos he resuelto concretar con la más dura de las circunstancias, esto es, con las diversas expresiones de los Estados en su relación con la violencia. Y todo porque a día de hoy hay una excesiva participación de sus agentes en la transmisión de conflictos liderados por ellos mismos.

Comúnmente se reconoce desde la Sociología la solvencia del ejercicio del poder considerando que quien lo ejerce tiene el derecho de uso de la intimidación y la amenaza. Un uso no regulado explícitamente en toda su extensión, pero que casi siempre se realiza desde las diferentes jurisdicciones estatales. Los cuerpos militares o policiales no son solo presencia para promover el orden, también lo son para defender las tropelías de quienes los dirigen, y ese es el comienzo de todo capítulo para explicar la debacle, la sinrazón asentada en el ejercicio del terror.

  • Hablaré así del corto trayecto que hay que recorrer, dada su propia negación y su estrepitoso fracaso, para sacar a la luz ese ejercicio de violencia legitimada, pero injusta, cruel y despótica.
  • Y expondré del mismo modo la necesidad de desestimar las conjeturas insidiosas o aquellas que defienden las injusticias, puesto que estamos en la obligación de alejarnos de las teorías sociales y políticas que no terminan de concretarse en nuestras vidas. Es decir, hay que dar paso a la realidad, y no seguir dando cobertura al principio de ningún mandato que no proceda del pueblo si estamos hablando de democracia, o no alabar la existencia de Constituciones si son inoperantes en gran medida.
  • La controversia mayor con la que nos enfrentamos es saber cómo destapar al propio Estado, mostrar que su poder de coacción es casi siempre ilegítima, y poner en evidencia que más allá del reino de la razón lo que impera es el gobierno de la fuerza.

Ni que decir tiene que quien sale enormemente debilitada de esta conjetura es, además del propio Estado, la Democracia. Pero ello a estas alturas de la vida no nos convierte en pesimistas ilustradores de la historia, sino en reconocedores de una nueva desventura. El Estado moderno está concebido como una verdadera maquinaria, cuyo objetivo único es tener la capacidad para reparar cada cierto tiempo las fisuras de su aparato represor e ideológico. Y dado que es imposible su efectividad sin alguien que lo dirija, queda expuesto abiertamente que quien lo hace no solo es enemigo del pueblo, sino también aniquilador de su esperanza.

En la ecuación Estado, Violencia y Democracia, todo apunta a pensar que despejada la segunda incógnita se resuelve mejor el problema, pero me dispongo a dibujar otra parábola, porque sin el modelo actual del Estado habría mucha menos violencia, y ello determina que es hacia éste donde hay que redirigir la mirada.

  • Los tres poderes supuestamente independientes son anhelo de una libertad enclaustrada. Sus ilusiones no duran más allá de toda puesta en escena, y si no les acompaña una igual repercusión en toda la ciudadanía, se desintegran…

Se puede ser libre, pero no en el mercado sino en la vida, y se debe ser igual en las verdaderas condiciones de partida. Para eso está el Estado y ese debería ser el papel de la Democracia, pero se inventaron sin complejos nuevos tipos de violencia…

  • Y frente a ellos, de cara al futuro, solo cabe la salida, y reformular nuestras condiciones de vida. ¿Puede, más allá del Estado, darse un nuevo paradigma?


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La violencia como estrategia

Coleccionable

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Septiembre viene siempre cargado de fascículos, de filósofos que nunca mueren, de aventuras filemonas, de coseres y cantares, de idiomas imperialistas, de minerales de pego, y de soldaditos con sus armas. Muchas armas, que son muy importantes.  

Para contrarrestar tamaño acontecimiento he decidido subirme al tren y ofreceros, desde el primer recortable hasta el último, y de forma gratuita, un maravilloso coleccionable sobre Papá Estado y su excesiva querencia hacia la violencia. Ya sabéis, para leer con tiento y sin prisas. Todos los viernes, hasta agotar mi existencia!

“La literatura, la ciencia y el arte deben ser servidos por voluntarios. Solo con esa condición conseguirán liberarse del yugo del Estado, del capital y de la mediocridad burguesa que los ahoga.”

Piotr Kropotkin


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Sociodialogando

El Libro rojo de las calamidades

Cuando nos hicimos eco de la noticia de la publicación del libro “Sociodialogando a propósito de las calamidades” en el que participo con un capítulo-dossier dedicado a la relación existente entre los Estados, la Violencia y las actuales Democracias, algunas personas a las que agradezco su interés mostraron el deseo de poder adquirirlo. 

Dejo aquí los dos pasos a seguir para poder comprarlo directamente a la Editorial El Aleph. Una primera inscripción en la página, y un enlace posterior para realizar la compra. Si hay algún problema os ponéis en contacto con la editorial directamente contacto@elaleph.com 

http://www.elaleph.com/registracion_usuario.cfm

http://www.elaleph.com/libro/Sociodialogando-a-proposito-de-las-calamidades-de-Robinson-Salazar/612714/

Photo by Joséluis Vázquez Doménech

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La construcción social y política del “otro” como amenaza

Tu enemigo está en el poder

(leer con cuidado y sin prisas)

Silvio Berlusconi afirmaba que la civilización occidental es superior a todas las demás y que su destino, por tanto, sería conquistar a las civilizaciones inferiores.

Esta declaración es un ejemplo significativo de esas pequeñas “dosis” que nos van inyectando quienes ostentan el poder, con el único fin de ir construyendo entre la población ideas preconcebidas. De ese modo lo que se consigue es ir configurando un constructo social donde el otro ya empieza a formar parte del grupo de nuestros adversarios.

Esas pequeñas dosis van circulando por las venas del tejido social y, sin darnos cuenta,  se reafirman en el marco de un sistema de valores que anticipa nuestra identificación con nuevas normas y costumbres.

Posteriormente, y gracias a los usos (y abusos) de la política cotidiana convertida en ley, se comienza a aceptar y percibir como algo “natural” la existencia de una jerarquización cultural. Desde los partidos, desde los medios y desde los púlpitos se alimenta la idea de una peligrosa amenaza, esa “otroriedad” ante la cual se nos insta a construir un espacio de resistencia.

Con todo ello terminamos por rechazar, odiar y menospreciar al inmigrante, al refugiado y al pobre. Y si es preciso, hasta los eliminamos. El dictamen lo puede arropar Dios con su comprensión y ejecutarlo el Estado con su negligencia.

Se nos instruye para advertirnos de lo que puede llegar a suponer la aceptación de toda diferencia, y se retrata de ese modo al extranjero como elemento extraño y perturbador.

La expansión colonial y la movilidad de los pueblos han traído consigo un escenario de relaciones interétnicas de las que iban surgiendo diferentes corrientes de pensamiento, pero debemos recordar que quien iba tomando partido por la invasión o la confrontación siempre era amigo de mostrarnos que había una serie de actitudes inadmisibles que propiciaban la necesidad de una intervención.

Los otros como bárbaros, incivilizados o incultos hasta propician la desalentadora justificación de la esclavitud, la rapiña y la explotación. Y en medio de tanta ceguera solo triunfa la marginación, y lo que se conquista es el insolente apego a una única forma de entender la vida y la salvación.

El siglo XXI comienza con una manifiesta intención hegemónica  y de prepotencia y tras el atentado de las Torres Gemelas se identifica rápidamente al adversario con el fin de promover la agresión con fines exclusivamente lucrativos. Una planificación exhaustiva que contempla una artificiosa reconstrucción del “otro” como amenaza, y que consigue crear una perfecta representación con un enfrentamiento entre civilizaciones, donde tenemos a un lado el occidente moderno y progresista y al otro el mundo islámico, cuando menos medieval y bárbaro.

Geert Wilders, Parlamentario por el  Partido por la Libertad que él mismo fundó en Holanda, dio un discurso años más tarde en el Hotel Four Seasons de New York en el que, entre otras cosas, nos recordaba unas palabras atribuidas a Winston Churchill cuando hablaba del Islam y se refería a él como “la fuerza más retrógrada en todo el mundo”.

Esta es solo una forma directa de menospreciar a toda una comunidad, pero hay una cantidad ingente de maniobras que se realizan desde el poder  para que dicha creencia quede grabada en nuestra memoria colectiva y, posteriormente, pase al universo privado a través de nuestros propios filtros (ya teñidos con simbologías manchadas de racismo) y se convierta en certidumbre inquebrantable y, paradójicamente, fundamentalista.

Otra es la adulteración ideológica con el claro objetivo de señalar donde está el peligro, y así poder ubicar con precisión a alguna agrupación o entidad que se supone obstruye nuestro camino.

Y una última, mucho más importante, es la de externalizar nuestros modos de rebeldía fuera de los parámetros del propio sistema y de nuestras instituciones, para que éstas permanezcan siempre ocultas y fuera del alcance de la ira colectiva. Todo ello porque los mismos que nos hacen creer que nos enfrentamos a un grave peligro son, en realidad, nuestro gran peligro.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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Las cosas así (estamos en un momento histórico que requiere de análisis profundos, compromisos y acciones inteligentes que permitan hacer frente a políticas segregadoras, militaristas, mercantilistas, depredadoras, machistas e insostenibles), y mientras no seamos capaces de percatarnos de ello y sumar esfuerzos, estamos encaminados a seguir sufriendo las gravísimas consecuencias que gracias a sus actos van a persistir en el tiempo.

La historia se repite, y tras los atentados de París del 13 de noviembre la maquinaria más bizarra y que dice ser representante de nuestros intereses vuelca todo su arsenal en precisar no sólo donde se ubica el gran desafío al que nos enfrentamos (Siria), sino que además lo identifica con una población inmensa (la musulmana) y le confiere la condición que no desea aceptar en su territorio (la refugiada).

No importa que todo el discurso, de principio a fin, sea el banderín de enganche con una población secuestrada a través del miedo, y tampoco que la narración sea falsa en casi toda su totalidad. Ninguno de los terroristas de París era un refugiado sirio: todos eran europeos.

Conscientes de que es más que probable que tengamos que poner en duda todas las versiones ofrecidas en relación a lo acontecido esa aciaga jornada y en los días posteriores, resulta cuando menos injustificado que no existan apenas medios de comunicación que se planteen con rigor y con seriedad que estamos ante un momento crucial en la oscura historia del viejo continente.

Si proseguimos incapacitados e inermes para luchar contra nuestros propios políticos nos encaminamos a un futuro incierto, injusto, desequilibrado y confrontado, y a todas luces…, excesivamente peligroso.

La gran estrategia de quienes nos gobiernan es tener constantemente un chivo expiatorio, porque la desaparición de éste supondría quedar expuestos a nuevos y contundentes análisis que, a buen seguro, se centrarían en ellos. Ese proceder siempre ha existido, y es como si estuviéramos imposibilitados para deshacernos de un modelo de sociedad arcaico y primario, donde la criminalización del que ”no piensa como yo” es una constante a lo largo de todos los periodos históricos.

Lo más grave aflora cuando ya sabemos que el factor económico juega un papel fundamental en este macabro juego, a través del cual toda una comunidad será  proclamada a viva voz portadora de un extraño gen violento que estamos obligados a extirpar.

El distanciamiento que se construye de ese modo es cada vez mayor y la verdad unilateral se convierte en dogma. No habría otra forma de poder justificar tanta barbarie y tanta indisposición humanitaria. Y es en estas condiciones donde mejor se elaboran y gestan los modelos de identificación de los supuestos enemigos.

Y así, cuanto más déspotas e intimidatorias sean sus operaciones con la sociedad civil (reformas laborales, eliminación de servicios públicos, estados de excepción, etc.) ello nos vendrá a decir que más beligerantes serán con nuestros señalados adversarios.

Los modos son siempre los mismos. La violencia y el miedo penetran en nuestras vidas, y silenciados por una eficaz mordaza nos sometemos al sofisticado acto de la estricta obediencia.

Nos quieren hacer creer que frente a nosotros tenemos una religión que en su esencia busca nuestra peor pesadilla, pero con lo que nos encontramos es con el peor rival instalado en casa propia, nuevamente recreándose con el mundo y subvencionando el arte de la guerra.

A nuestro alrededor hay miles de predicadores que nos están guiando a prueba de bomba y, conscientes del futuro que ellos mismos inventan, nos adoctrinan haciéndonos ver que el mal menor es la mejor opción que se nos presenta.

Lógicamente estamos obligados  a evaluar éstas y todas sus palabras. Si venimos de tiempo atrás analizando y constatando no solo lo que ya acontece, sino que además nos aventuramos en aquello que pensamos va a suceder, es muy difícil que podamos detenernos ante tanto atropello y no lo recordemos una y otra vez. “Una nueva guerra planificada: Siria”.  (Por imperiosa necesidad). Lo escribí el cinco de diciembre de dos mil once.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

El maniquí de un individuo (fervoroso de su religión) atacando Occidente ya ha llegado, cargado de cinco años de preparación y buen tino. Siria va a ser arrasada, partida en diferentes territorios para la mayor gloria de Israel, y probablemente solo quede bajo su nombre la capital y un entorno no muy grande.

Lo demás será pasto de las llamas y de los negocios y las estrategias repartidas. El impecable profesor de pedagogía también habrá hecho un trabajo encomiable, y el furioso enemigo capaz de tanta barbarie acabará succionado por la propia espiral que le dio su nombre.

Antes, mucho antes de que existiera tu máximo oponente…, existía el poder. Y él y solo él se encarga de programarlo y de moldearlo, y es él quien se responsabiliza de darle vida para que su rostro te contamine.

La fuerza más retrógrada del mundo, señor Churchill, no reside en convención religiosa alguna, sino en los modos con los que cada cual aplica su credo en vida. Ya dejó usted constancia de ello en la Batalla de Galípoli o de los Dardanelos, famosa a la par que terrible por ser una de las más sangrientas, y porque una decisión también suya consintió la nada despreciable cifra de  110.000 muertos y 250.000 heridos.

Qué fácil es orar y fumar un gran puro mientras son otros quienes se disparan creyéndose enemigos.

Lamentablemente la sociología se pasó al marketing y la ciencia de las políticas a ser usufructo del Estado más ruin. Si dispusiera de una varita mágica convertiría el periodismo en oficio innegociable y no lucrativo, donde sus artesanos recogieran, analizaran, contrastaran y difundieran información independiente.  Pero todo está vuelta al aire y nuevamente toca elegir. Entre el bien y el mal, entre ellos o nosotros, entre la hipocresía y la insensatez.

Yo no tengo ningún enemigo, como no lo tiene mi vecino, ni lo tiene mi hermano que vive en Riad. Los tienen ellos, que llevan años decidiendo, que se intercambian misiles, que se reúnen en sus cuevas y persisten en su inquebrantable maldad.

Normalmente hombres que dirigen, hombres que se abalanzan sobre otros hombres, hombres que ametrallan y violan, hombres que dibujan con su sudor las huellas oxidadas de la evolución, hombres con enfermedades congénitas, hombres que se hacen políticos, se disfrazan  y mandan, hombres que cogen y se empecinan, hombres que con sus ejércitos todo lo inundan, hombres bala y hombres de armas tomar.

Normalmente hombres sin música, hombres sin educación alguna, hombres sin poesía, hombres sin estrellas ni utopías… Hombres sedientos…

(Yo también tengo grandes problemas con Europa, y no soy cristiano ni tampoco soy musulmán. Y ya no sé dónde mirar, porque en todos lados me encuentro con hombres, y como tal me da vergüenza continuar).

Colaboración para Iniciativa Debate

 

 

 


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Monsieur Hollande: Merci Beaucoup

Breves: Perlas en el camino

(Cosas que pasan)

Las redes sociales pueden inundarnos con las mismas noticias, con iguales mentiras, y hasta pueden colapsar nuestra paciencia y deseo de saber. Pero en otras ocasiones, muy pocas, tenemos la posibilidad de acceder a pequeños cofres que siempre viene bien poder romper.

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El actual mandatario de Francia batió el récord de impopularidad obtenido por presidente alguno a lo largo de su dilatada historia.  A día de hoy, su espectacular subida en un breve lapsus de tiempo nos viene a mostrar para qué sirve el miedo, y qué influencia tienen las guerras. De un 17 a un 45% como quien no quiere la cosa, mientras con su semblante serio y decidido recorre el mundo pregonando las bonanzas de los ataques aliados.

Lo que muchos podemos llegar a pensar sobre los modos de actuación de los Estados y de sus políticas violentas, o lo que podemos llegar a comprender analizando los resultados de sus acciones, son las más de las veces reflexiones o análisis de difícil comprobación, bien porque no tenemos acceso a la información precisa, o bien porque ocultan la verdad y nos invaden con sus falsas programaciones.

Pero siempre quedan perlas por el camino, las han ido dejando todos y cada uno de los tristes protagonistas de este mundo. Y debemos compartir cada noticia que sea un destello, cada archivo que nos aporte un poco más de luz. El año 2008, François Hollande concedió una entrevista en una terraza de París a un periodista francés. Por aquél entonces era Presidente del Consejo General de Corrèze, y quien ocupaba el cargo en el Palacio del Elíseo era Nicolas Sarkozy. 

Una serie de acontecimientos protagonizados por facciones de izquierda, y en la que apenas había actividades delictivas más allá de algún sabotaje a alguna línea del tren llevaron al fiscal, probablemente a instancias de arriba, a decidir que se trataba de actos de terrorismo. El posterior juicio (la instrucción de Tarnac) fue un acto de publicidad masivo, y se creó un ambiente muy enredado en torno a él, al parecer con innumerables excesos tanto en la investigación como en la instrucción.  

La entrevista hay que situarla en ese contexto, y en este corte de cinco minutos François Hollande viene a decir entre otras cosas que… “Al más alto nivel del Estado no es raro que se juegue con las causas terroristas, con la intención política de crear un clima de amenaza y con el objetivo de justificar medidas de seguridad o la imposición de leyes más represivas. De ese modo se consigue dar una imagen impactante y eficaz del poder, y lógicamente favorece al gobierno en funciones”. ¿Quién da más?. Cosillas sin importancia. *** (dejo la traducción de la entrevista al final de este artículo) 

Y por si no fuera un poco esclarecedor, aquí tenemos al Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Laurent Fabious, víctima de un “breve malestar”, años después al enterarse de que se han hecho públicas esas palabras de su presidente. 

http://www.francetvinfo.fr/politique/video-laurent-fabius-victime-d-un-bref-malaise-a-prague_1054645.html

Y para cerrar el círculo y observar cómo se las gastan en Francia, no debemos acudir muy lejos. Thomas Fabious, hijo del Ministro Laurent, debería traer también por la calle de la amargura a ese gran Estado y a ese gran Pueblo. Pero como nada importa, y mucho menos la pobreza en el mundo, dejo noticia de sus andanzas…, entre las cuales tenemos que no hace mucho se dejó 3´2 millones de euros en las ruletas de Las Vegas, en una sola noche!

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/eeuu-emite-orden-detencion-contra-hijo-ministro-frances-asuntos-exteriores-4632284

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*** 2008: Titular, F. Hollande acusaba al gobierno de la época (de Sarkozy) de “inventar” acciones terroristas para justificar medidas de seguridad.
-¿Piensa Vd. François Hollande que hoy en nuestro país, las cosas que tocan a las libertades están en peligro?
Creo que en el nombre de una causa que es justa, necesaria, que es la lucha contra el terrorismo, se está haciendo unos amalgamas y confusiones, es decir que cuando uno ya no está en la norma, cuando uno tiene un comportamiento marginal/desviado, fuera de la ley, entonces se le puede asimilar a un terrorista. Eso, en este caso, se trata de un atentado a las libertades.
-¿Por qué actúan así, por qué el poder político actúa así, en su opinión?
Primero porque creo que hay una especie de movimiento político, que consiste en dar el sentimiento de que hay una amenaza a la cual responde el poder, que hay una intención política…
-¿Significa que estarían inventando la amenaza?
No, no la inventan, pues sucedieron actos, catenarios[1], a los cuales otorgan un sentido, un alcance/impacto, se sirven de lo que sucedió para justificar la intervención securitaria del poder y su eficacia.
Segundo, hay una forma de deriva securitaria que justifica leyes cada vez más represivas en el nombre de una amenaza que a veces es real/verdadera, a veces puede ser virtual y a veces inexistente.
-Ud. ha dicho sin embargo que el poder político podría también favorecer la cualificación de actos reprensibles como actos terroristas para que el pueblo/la gente se sienta más en seguridad con ese gobierno?
Creo que ya tenemos bastante que hacer/tratar (estamos bastante atareados) con el terrorismo real para no andar inventando uno que no existe, que concierne otros procedimientos.
-¿Pues, por qué el poder inventa?
Quizá para mostrar una eficacia que en otros terrenos (cuadros) sociales o económicos, brilla por su ausencia.
-Son graves acusaciones, Sr. Hollande…
Creo que es muy grave, lo de acusar a hombres y mujeres, privarles de libertad y acusarles de terrorismo, eso es muy grave. El error que cometió la Ministra del Interior[2], fue que ella teorizó a partir de no sé qué libro, no sé qué comportamiento de supuestas redes, teorizó la existencia de una izquierda, ultra-izquierda, cuyos supuestos doctrinarios habría que poner fuera de condiciones de perjudicar.
Creo que antes de lanzar tales acusaciones, hay que observar vigilancias y aún ejercer represiones, cuando materiales públicos o que pertenecen al Estado son perjudicados; pero de ahí a imaginar un escenario en que el terrorismo sería presente, en el corazón mismo de nuestras comarcas (pueblos)… Ahora si se demuestra que esos jóvenes no tienen nada que ver, incluso por los actos de que los supusieron culpables, en este caso, se necesitarán disculpas de parte de la ministra del interior.
-Luego, si se lee los libros, si se busca a sus autores, y si se interpreta sus textos, y que se va a buscarlos manu-militari en Corrèze[3], para ponerlos en la cárcel, eso es preocupante.
Tenga cuidado con lo que va a imprimir, a difundir, pues nunca se sabe…[4] Vd también podría pasar por ahí!
Y lo que es inquietante en este caso de Tarnac, es que uno se dice, ¿qué podría pasar?… la literatura está llena de delirios…  y cuando se empieza a leer aquellos textos, se puede imaginar que esa ficción engendre una incitación al consumo del acto, y uno se encuentra de repente atacado, la verdad, es que eso es bastante inquietante…
-Ud. me parece en plena forma, muy sonriente, está muy claro, esta tarde.
[1] El contexto de la época: fueron acusados unos jóvenes anarquistas que presuntamente sabotearon líneas de TGV (AVE).
[2] Michèle Alliot-Marie era Ministra del Interior de la derecha (UMP) hasta el 2009
[3] Región del centro de Francia de donde originarios los activistas.
[4] El tono es irónico.


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Un libro nuevo

ContraCorriente: Publicando sin fisuras

“Sociodialogando a través de las calamidades”

El libro ya está aquí!

Un nuevo libro sale de la imprenta. Algunas de mis reflexiones se han grabado en tinta, y pueden palparse y olerse. Desde Argentina pueden cruzar el Océano y venir a instalarse a los estantes de nuestra memoria colectiva. Unos insumisos empecinados en divulgar aquello que de verdad acontece en este depravado mundo insisten con su trabajo y su vehemencia para hacer realidad acontecimientos de este tipo. A su invitación no pude más que prestar mi colaboración, y heme aquí rodeado de otros autores que siguen luchando por la misma causa. Os invito a su lectura.

Se trata de una compilación de textos, escritos por un grupo de académicos de la gran América del Sur, y en el que yo también participo con un trabajo realizado sobre la Violencia, la Democracia y el Estado.

Entre todos quienes hemos escrito el libro hemos tratado de mirar de frente la ingente cantidad de infortunios que está asolando esta tierra tan damnificada, y hemos procurado denunciar en lo posible muchas de las situaciones, intentado a su vez mostrar algunas respuestas o soluciones para poder superar el conjunto de calamidades.

Nuevamente muestro mi agradecimiento por la confianza que han depositado en mi, y extiendo un inmenso abrazo para todas las personas que directa o indirectamente han formado parte de este trabajo.

En la introducción del libro pueden leerse estas palabras: “De nueva cuenta el sello Insumisos Latinoamericanos pone sobre la mesa de diálogos y discusiones un nuevo producto, elaborado por 16 profesionales de la letra, construido con esmero y ante todo para incentivar a los lectores a dialogar sobre las desventuras y acechanzas, los conflictos y las aniquilaciones que están ennegreciendo el rostro de nuestros pueblos”.

Quien esté interesado en hacerse con él que se ponga en contacto conmigo, o entre en esta dirección:

http://www.elaleph.com/libro/Sociodialogando-a-proposito-de-las-calamidades-de-Robinson-Salazar/612714/

Os dejo aquí unas instantáneas del capítulo que he escrito:

VI. La Violencia como estrategia: reflexiones y dilemas sobre las calamidades

Introducción – ¿Cuándo es ley y cuándo es crimen el uso de la violencia? – Desestabilización programada y violencia – ¿Quién está detrás de la violencia estratégica de los Estados? – Urge salir de tanta intimidación – ¿Es posible distanciarnos del Estado?

“… Uno de los mayores males de nuestras democracias es que se ha ido extendiendo la creencia de que las leyes son el fundamento de las causas justas. Razón de más para no olvidar dos de las ideas fundamentales que expongo: los Estados perviven a través de mecanismos insuficientes de legitimación y la ley que les ampara no responde a los parámetros de la justicia sino a los intereses manifiestos del poder. Viene bien recordar a Montesquieu, ¨Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa¨.”

Gracias por vuestra atención! Un fuerte abrazo, joséluis

(Dejo aquí constancia del original ejemplar)

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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El Origen del Mal

MiCita con las palabras:

La barbarie se mimetizó junto al modelo machista y patriarcal de colonización grupal. Pero creo que es la psicopatía del poder la que forma parte de las reglas ocultas de la civilización, que se me antoja violentamente repetitiva.

Sadik Kwaish Alfraji

Sadik Kwaish Alfraji


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La Violencia de los Estados

Breves:

(migraciones)

El problema de las migraciones es probablemente la consecuencia más terrible de la violencia ejercida por los propios Estados, el culmen a sus insidiosas políticas beligerantes e imperialistas. Es imposible proceder a respetar ningún mandato que nos obligue a aceptar tamaño chantaje, ni en nombre de ninguna democracia ni en favor de ninguna lucha. Y es irresponsable hacernos ver que existe el éxodo irregular, o el asilo político indebido. Todos los seres humanos tenemos derecho a vivir. Cuando el lugar de nacimiento es quien dicta sentencia, deberíamos de viajar allí donde se acabaron los sueños y comenzó la tragedia. Para comprender antes de hablar. Para ver con nuestros propios ojos de lo que trata, y sentir en nuestras carnes las consecuencias de tanta infamia. 

Hemos hecho de la pobreza una actividad turística que viaja de noticiario en noticiario por todos los informativos del mundo, mientras seguimos respaldando en las urnas la legitimidad del Estado violento.

(Hay que abrir una puerta en todos los muros)

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

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Mandariinid

¿No sabes qué hacer este fin de semana? Te invito al cine

Tangerines

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Nos vamos hasta Estonia a por una nueva película, que si bien estuvo nominada a la mejor producción extranjera, no ha tenido mucho eco en esta nuestra imperturbable parcela pseudo-cultural. Siempre hay que recibir con agrado el trabajo de cineastas de otras latitudes, sobre todo si nos traen  relatos bien tratados.

EL conflicto entre Chechenia y Georgia sirve de campo base para alimentar una historia modesta, poética y llena de humanidad. Probablemente pueda resumirse en una especie de parábola sobre la contraposición entre la bondad y la naturaleza violenta que tantas veces irrumpe entre nosotros. Puede pecar de previsible, pero no tiende al artificio ni al juego de la sobredosis emotiva. 

Es interesante observar los conflictos sin que por detrás haya análisis políticos o sin que se conceda el trono a los argumentos causales de ellos. Puede que sea el camino más corto para poder realizar una declaración pacifista.

http://pelistv.es/mandariinid-2013-vose/

http://gnula.nu/drama/ver-mandariinid-2013-online/

Título original, Mandariinid (Tangerines)
Año, 2013
Duración, 83 min.
País,  Estonia
Director, Zaza Urushadze
Guión, Zaza Urushadze
Música, Niaz Diasamidze
Fotografía, Rein Kotov
Reparto, Lembit Ulfsak, Giorgi Nakashidze, Misha Meskhi, Elmo Nüganen, Raivo Trass
Productora, Coproducción Estonia-Georgia; Allfilm / Georgian Film
Género, Drama. Bélico | Años 90
Sinopsis
En 1990, estalla la guerra en una provincia georgiana que busca la independencia. Ivo, un estonio, decide quedarse, a diferencia del resto de sus compatriotas, para ayudar a su amigo Margus con la cosecha de mandarinas. Al comenzar el conflicto, dos soldados resultan heridos delante de su casa, e Ivo se ve obligado a cuidar de ellos. 
Premios

2014: Premios Oscar: Nominada a Mejor película de habla no inglesa

2014: Globos de Oro: Nominada a Mejor película de habla no inglesa

2014: Satellite Awards: Mejor película de habla no inglesa

2013: Mejor película Festival de Mannheim-Heidelberg

2013: Premio del Público y Mejor Película Festival de Varsovia

2013: Premio del Público y del Jurado Festival de Berlín


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Por Fin, Viernes (35)

Debate en Televisión: La violencia y los abusos policiales – Uxue Barkos

Prosiguen mis reflexiones en el programa de ETB2, Por fin, viernes.

Aunque en el marco constitucional y socialmente quede reflejado que las instituciones policiales, militares o jurídicas están para defender y respaldar a la ciudadanía, en realidad éstas tienen línea directa con el epicentro del Estado, que es a quien se deben y por quien pueden franquear toda línea roja. Y cuando surge el conflicto entre los derechos del individuo y los deberes del Estado, véase por torturas o abuso de poder, el primero se encontrará con enormes dificultades para poder hacer valer sus derechos.

 

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http://www.eitb.tv/es/video/por-fin-viernes/3657795332001/4098259470001/la-violencia-y-los-abusos-policiales-+-entrevista-a-uxue-barkos/

(a partir del minuto 44’00, 1’08’30, 1’50’00 y 2’13,00)


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La noche azul

MiCita con las palabras:

Dicen quienes están instalados en el poder (y muchos neopacifistas) que lo que no se puede hacer es pedir justicia haciendo uso de la violencia. Bien, muy bien. Hasta aquí hemos llegado… Habrá una noche, en que todo se teñirá de azul!

Photo by Joséluis Vázquez Doménech ———————- Sandefjord 2014

 


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Regina José Galindo

ContraCorriente (buscando nuevas miradas).

Arte como comprensión – y reacción-  ante el mundo. Estamos vivos si somos capaces de dar respuesta incluso a la violencia. “O nos dejamos llevar o tenemos resistencia y salimos adelante”. Parte del trabajo de una artista guatemalteca, peleando por la vida desde el fango de una realidad vertebrada por el dolor. Metáfora del sufrimiento y la injusticia social.

 


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Fanatismo

MiCita con las palabras.

La violencia más difícil de erradicar es aquella que se propaga a través de la educación, y deposita en el fanatismo el vínculo afectivo a heredar.

(No importa que sea a través del fútbol o de los toros, de la política o la semana santa. España es un fervor constante, una parodia de su propia razón de ser)

 

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Heli

¿No sabes que hacer éste fin de semana? Te invito al cine

Heli

“Una mirada visceral y descarnada a un México de contrastes brutales, un país agrietado por la violencia, por la bipolaridad extrema entre los dos lados de la ley, y ese limbo intermedio en el que se mueven los desheredados, en una lucha atroz por la supervivencia en la que los errores de cálculo se traducen en consecuencias trágicas.”

Procuramos seguir insistiendo en películas que no dejan indiferente a nadie. La violencia agitando conciencias, haciéndose hueco dentro del cine maldito, y despreciando la empatía con el espectador. La crudeza e intensidad generan por sí solos un debate necesario, enmarcadas en una propuesta donde se muestra la realidad pura, sin filtros ni adornos. Hay una lectura desnuda que va más allá de la propia violencia, como es la forma en que ésta es percibida en el entorno: podemos observar como en una secuencia donde la tortura se hace visible, dos niños que juegan en el mismo espacio, la hacen invisible, no solo mostrándose ajenos a ella, sino pasando uno de ellos a entregarse a los azotes, como si esa acción formara parte de su naturaleza humana.

La cotidianeidad también puede llegar desde la extrema violencia, y esa sencación puede resultar excesivamente incómoda para el espectador que anida en su sofá replegado en el mundo burgués de la contemplación.

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Título original, Heli

Año, 2013

Duración, 105 min.

País,  México

Director, Amat Escalante

Guión, Amat Escalante

Fotografía, Lorenzo Hagerman

Reparto, Armando Espitia, Linda González Hernández, Andrea Jazmín Vergara, Reina Julieta Torres, Ramón Álvarez

Productora, Coproducción México-Francia-Alemania-Holanda; Mantarraya Producciones / FOPROCINE / EFICINE 226 / Le Pacte / Lemming Film / No Dream Cinema / Sundance/NHK International Filmmakers Award, Ticoman, Tres Tunas, Unafilm

Género, Drama |

Sinopsis, En un remoto pueblo de México, la población sólo tiene dos medios para ganarse la vida: un empleo mal pagado en una ensambladora de automóviles o trabajar para el cártel de drogas de la región. Estela, una niña de doce años, se ha enamorado perdidamente de un joven que le propone escapar para poder casarse.

Premios

2013: Festival de Cannes: Mejor director

2013: Festival de La Habana: Mejor película

http://gnula.biz/heli.html


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Contra tu soberbia (I)

01- Buscando a nuestro adversario

El Estado español es el primer enemigo de sus habitantes. Ir contra él no es ya un derecho, sino un deber de todos los ciudadanos. La ilegalización del PP debería ser el primer paso. El segundo, la ilegalización del PSOE… Han manifestado sin complejos su animadversión con la soberanía popular, y han decretado la injusticia como su forma de gobierno.

Respetar todas las decisiones judiciales procedentes de las escombreras es como admitir el hedor que irradian y propagar su validez y, lo que es peor, las dramáticas consecuencias que de ellas se derivan.

Cuando unos pocos incautos establecen unos parámetros sociales y políticos que constriñen la vida de las mayorías y sólo benefician a quienes suplantan la democracia por la autoridad encallada en el absolutismo, sus afluentes han de ser taponados, en defensa de los principios básicos de todos nuestros derechos.

Quizás debamos de ir olvidándonos de las estrategias que se hayan de utilizar para conseguir tales objetivos. Imposibilitados como estamos de alterar el curso de los acontecimientos, esto es, sin recursos jurídicos ni participativos que apoyen la causa justa de nuestras vidas, estamos obligados a validar las revueltas y las protestas como ejercicios legitimadores de la defensa de nuestros intereses.

No existen herramientas para que la voluntad popular pueda ver reflejada su mirada en ningún espacio de decisión. El desmembramiento de cualquier proceso democrático quedó colapsado desde que el capitalismo y los hilos conductores de sus objetivos se enemistaran voluntariamente con la capacidad de elección de la ciudadanía. Son nulas las posibilidades de atravesar las tierras enfangadas sin pavimentar los caminos; no podemos alcanzar ningún sueño porque nos arrebataron las llaves de la puerta de entrada al escenario político. La polis no nos pertenece.

Conscientes de toda posibilidad de intervención, reinventaremos la política fuera de esta democracia, la justicia al margen de este poder judicial, y el gobierno al margen de este Estado. Dicho trabajo ha de ser el punto de partida de una verdadera transición y el germen del nacimiento de una nueva estrategia: la aniquilación del sistema que nos colapsa.

Rodeados de mentiras como estamos, la mayoría de términos políticos instaurados en nuestra memoria colectiva se borrarán por ineficientes, y se invalidará con ello la Historia manipulada. Reescribir desde la experiencia, desde el daño y desde el sufrimiento de los amordazados es una posibilidad de construir un nuevo modelo de sociedad. Probablemente, la única posibilidad de exterminar del trono la arrogancia y el desafío de los poderosos miserables que interceden por nosotros sin contar con nosotros.

Dirigir y diseñar el futuro hablando de mayorías absolutas, de acatamientos constitucionales o del cumplimiento de las leyes ha de ser una mínima secuela del pasado. Porque sabemos que tales mayorías ni existen ni nos representan, que sus constituciones solo propagan la chispa de la desesperanza, y las leyes nunca son reflejo de nuestros intereses, más bien barreras infranqueables para alcanzar ningún logro. (las espinas que vigilan sus frutos)

Photo by Joséluis V. Doménech

Superados todos los límites, cada cual ha de suplir su transigencia por la rebelión llegado el momento oportuno, y cada cual actuará en consecuencia consciente de la opresión sufrida, sabiendo que sus actos son la respuesta a la negligencia, al despropósito, y al más vil de los secuestros.

El ciclo de la reflexión termina cuando no hay más que reflexionar, y se saben ya los mecanismos que han procurado los ricos para defenestrar a sus contrincantes, los herederos del infortunio.

Quien insiste en hacernos creer que va a solucionar los problemas miente, porque solo el pueblo puede resolver sus propios dilemas. Dejar en la conciencia de otros el camino que has de trazar con tus pasos es contravenir tus ideas y volatilizar tus sueños.

Las cartas están marcadas desde antes de  que nacieras. Un entramado pedagógico seductor de pacifistas desea mostrarte el camino, para que sientas nauseas de ti mismo ante la sola idea de dejar libre el camino de la desobediencia. Cada institución, gobierno o corporación que te rodea viste trajes de armadura, diseñadas para que no puedas ofrecer la mínima resistencia. Y el discurso de la no violencia, prolifera desde sus cloacas para mantener impolutos sus cofres llenos de hurtos y raterías.

Todo está diseñado para que reviente tu estómago antes que la justicia valide su existencia. Solo puedes avanzar insignificante a la desgracia ajena. Avanzar por los senderos ya marcados, donde tu mirada se vuelve niebla, y comienzas a olvidar la razón humana. Un día despertarás y te verás rodeado, en medio de una sociedad claudicada, amortajada y sin rumbo. Millones de ciudadanos oprimidos y desvalidos ejecutando la siniestra marcha de la resignación. El dinero en tus bolsillos o la ilusión infame de tu inocencia o bondad fortalecen tu concordia,  del mismo modo que fortalece  el deseo de negar la lucha.

Pero escucha. No existe ninguna posibilidad de alterar el orden sin ella. Solo existe el sistema opresor para defender sus intereses, que está a mil leguas de tu mínima esperanza.

Puedes proseguir tu camino en paz, pero cuando todo se derrumbe,  no vuelvas la cabeza para observar los restos del saqueo. Tu propio Estado, te habrá devorado.

P.D.: Yo también sugiero Mover Ficha

Publicado en Iniciativa Debate

http://iniciativadebate.org/2014/01/15/contra-tu-soberbia-i/


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Puedes detener su tiempo. Carta (imaginaria) de un habitante de Icaria a un ciudadano europeo

7 Sin manecillas

Puedes detener su tiempo.

Cada vez que el tibio amanecer se aproxima, despierto a la vida impregnado de sueño y decadencia.

En pocos años, en nombre de la unión, del futuro y de la estabilidad, han invadido nuestras vidas, y estamos disgregados, rotos sin esperanza, y al borde de la locura. Mirar atrás no fomenta mi ánimo. Hacerlo más allá de Grecia, me reencuentra contigo, vecino embadurnado de miedo.

Sin tiempo para procesar los acontecimientos, pasamos de la vida cotidiana al furor de la impotencia. Absortos en la incredulidad y en las noticias, no solo han roto nuestras alas, sino también nuestras fuerzas. Sigue leyendo


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El miedo

MiCita con las Palabras.

Nos hacen creer que el cambio es posible, abrazando a Ghandi, con las manos blancas, o sentados con una flor manifestándonos sonrientes frente a la policía. Mientras tanto, sabedores de que solo la violencia puede destronarles del poder, nos siguen haciendo creer… Y permanecen impasibles, aumentando sus bases militares, buscando más enemigos, e inyectando el miedo como su gran vacuna para el siglo que comienza enfermo.

(No te dejes vacunar)

 

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@socioamores

 


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Carta abierta

Carta abierta

21 de octubre de 2011. Llevaba tiempo esperando esta fecha. El día después; para poder dirigirme a quienes deseen construir este futuro incierto, con la certeza de que atrás quedó el incandescente estallido de la violencia.

Pero quiero dirigirme especialmente a las víctimas, a todas aquellas personas que han sufrido por una u otra causa, los azotes y las consecuencias de estos inacabables años, donde tantas y tantas personas han sentido en su interior el embate de la bárbara acción de los hombres. Sigue leyendo