Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.

Liquidadores en Serie

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Si, señor ministro

¿Estás a favor de la intervención aliada en Siria? Si es así, déjame decirte que no voy a tener palabras condescendientes contigo.  A día de hoy me resulta incluso obsceno dar cobijo a planteamientos que integran en su discurso la injerencia imperialista. Y acostumbrados como estamos al noticiario de guerra unilateral, no habrá de resultarte impertinente ser protagonista por un día de la ofensiva de mis palabras.

Tengo un nudo en el estómago. Llevaba mucho tiempo esperando esta jornada, la comparecencia del presidente de los Estados Unidos confirmando el ataque. Un año y nueve meses.  Parece un intervalo suficiente para haber podido amortiguar el dolor, o esa sensación de vacío y honda tristeza que genera una guerra. Pero no es posible. Nunca es posible ausentarse de esa tragedia, y mucho menos, cuando es consentida.

Quizás tú también pienses que se trata de una “intervención”, en respuesta al uso de armas químicas. Créeme entonces, que en mi legislación ética, yo solo voy a hacer uso de mi intervención en respuesta a tu barbarie.

No puedo hacer nada para pararle los pies a Obama, a Netanyahu o a tu presidente, pero necesito interpelarte, y necesito adivinar tu rostro y tus intenciones. ¿Eres consciente de que cualquier misil va a arrebatar la vida a una persona, así, como por arte de magia? Una persona como tú, que ahora mismo estará temblando en su humilde casa porque millones de personas al igual que tú, participáis del indecoroso poder de juzgar los límites existentes entre el bien… y vuestro mal.

Photo by Joséluis V. Doménech

Photo by Joséluis V. Doménech

¿Sigues pensando que es necesario? Yo sigo pensando que esa persona a la que le van a arrebatar la vida, para ti, no es una persona, es cualquier persona, algo lejano e intrascendente, algo de lo que eres capaz de distanciarte, sencillamente, porque eres incapaz de sentir su dolor.

Yo podría aliarme con mis amigos para bombardear tu casa, porque nuestra “legislación” no permite el uso y propagación de pensamientos indecorosos, capaces de hacer de este mundo, un mundo trágico. Pero no has de preocuparte, no tengo bombas, no sé donde está tu casa, y sería incapaz de dar un paso al frente para cometer un acto de ese tipo.

Pero tengo palabras. Y hoy, lucharé contigo, a través de ellas.

Solo te dejaré tres interrogantes. Bien podrían ser mil, porque miles son   las incoherencias que alumbran decisiones de este tipo. Pero creo que me entenderás con sólo esos tres referentes.

Quieres hacerme creer que eres persona de bien, porque es tu deseo consciente, cumplir siempre con la legislación vigente. Deberías empezar a pensar que las leyes, por el mero hecho de ser leyes, no son justas. Y claro está, en caso, de adherirte a ellas, hacerlo siempre, y en las mismas condiciones. Por lo tanto, haz un pequeño esfuerzo, y responde a tu conciencia:

Dado que estás en contra del uso de armas químicas, ¿Por qué no promueves un ataque a Israel por haber hecho uso de fósforo blanco contra el almacén central de las Naciones Unidas en la Franja de Gaza?.

E imaginando que defiendes los Tratados Internacionales, ¿Por qué no abanderas una agresión hacia los Estados Unidos de América, espías, invasores e interventores allá donde sus reservas federales les emplazan sin importarles acuerdo alguno?

Y, para terminar, si eres equitativo en la exigencia del cumplimiento de esos derechos que crees fundamentales, ¿Por qué no exiges de inmediato bombardear el Parlamento Europeo, que no solo ha eliminado muchos de nuestros derechos, si no que además quiere eliminar nuestras sonrisas?

Tal vez pienses que me exceda en mis comentarios, pero me gustaría que recordaras una cosa. No sé si eres la farmacéutica de la esquina, el director del banco, el vecino del quinto, o el entrenador del equipo de tu barrio. Tú no eres quién para apoyar la muerte de nadie, y mucho menos, para intervenir en vidas ajenas con pretextos injustificables. Todo lo que vaya a suceder en Siria, en Palestina y en Líbano, no es una respuesta a ninguna acción. Es, una vez más, el irrefrenable afán de unos cuantos para poner las cosas en su sitio. El impulso delictivo de unos liquidadores en serie, que ni se amedrentan, ni se ocultan. Y tú, su valedor.

España, como no podía ser de otra manera, se unirá a la marea negra, pidiendo una respuesta firme.

Yo, hace un año y nueve meses, cuando ni siquiera se hablaba de la existencia de los rebeldes en Siria, escribí un artículo, intentando razonar qué estaba sucediendo en esa parte del mundo. No soy futurólogo, tan sólo, procuro estudiar, analizar, y comprender la marcha de los acontecimientos sociales y políticos. Y, en la medida de lo posible, denunciar aquello que considero forma parte de esas malditas estrategias que están haciendo de nuestra existencia, un esperpento sin precedentes.

Detente un poco, y léelo. Y comprenderás mejor mis palabras. Y mi “delito” de enfrentarme a tus posiciones.

Publicado en Iniciativa Debate, e invitando para que no callen las palabras

http://iniciativadebate.org/2013/08/31/liquidadores-en-serie/

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