Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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La pereza del abandono

Colaboración con las inquebrantables amistades de La Ignorancia Crea.

(Ha brotado un nuevo número, y hay que celebrarlo)

 

photo by joséluis vázquez domènech

Las cosas cambian. Pero la vida, la vida la diseñan los pensamientos. Podemos creer haber atravesado todos los matorrales y aquellas pedregosas montañas que no tenían fin, y aun así sentir los pies deslizándose en el barro. Incluso cuando todo parece indicar que el olvido se asienta en el salón de la vida cotidiana, llega un recuerdo, cuando menos te los esperas, y te desangra hasta el último lapso de discernimiento. Los actos, a veces, no son tan importantes, sobre todo cuando quedan a expensas de cualquier estallido, y es de nuevo el pensamiento el que retoma el timón y todo es estridente.

No hay sitio en el quirófano para extirpar todo lo que llevas dentro, ni mecanismo alguno que pueda succionar cada una de tus neuronas y promover una fiesta cada vez que se divisa el desaliento. La fortuna se incrusta contra la pared, la prosperidad se disuelve en aguas contaminadas, y la única conexión que funciona es la que tienes con el pasado. Con los días obtusos, con las ofertas del supermercado y, probablemente, con alguna incontinencia.

Desconozco la razón por la cual uno se desentiende y queda atrapado en el laberinto del ser cautivo. Imagino que es como si se desconcharan todas las paredes del afecto, las propiedades antisépticas ya no pudieran reducir la más mínima posibilidad de infección, y absolutamente todo se desmoronara. Hasta la compatibilidad con la esperanza.

Las clases de motivación personal pueden llegar a ser hasta un insulto, los bonos de subsidio no tonifican ni el color de la piel, los aperos de labranza regresan a los yacimientos arqueológicos, y en las gradas del estadio ni tan siquiera se escucha el murmullo. El decaimiento generalizado está a la orden del día y no hay ninguna cumbre que vaya a tratar sobre la esperanza.

Los domingos han dejado de existir. Corren rumores de que todas las acciones bajan, y la parálisis intensifica su poder de atención. La incomprensión se amontona en todas las estanterías y ya no queda sitio ni para una mota de polvo.

El mundo se rompe, solo quedan los escombros y hay que volver a revisar todo aquello que oprimía. El mapa donde se concentran todos los accidentes, y en el que también debería estar descrito…,  el punto de salida.

El mapa de la memoria.

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