Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


Historias para no dormir

“Vacunaciones, regalos y otras catástrofes”

La seriedad y rigor que exige la ciencia va de la mano con la tómbola que sustenta la democratización de la vacuna. Cuando el capitalismo quiere algo que le cuesta conseguir, va a por ello con cualquier medio, aunque el ridículo sea mayor que los beneficios. Pero como es un ridículo que le viene bien, lo hace sin desmelenarse, porque le ayuda a cumplir con sus objetivos.

Veamos hasta dónde llegan las ofertas. De Blasio, alcalde de New York, ofrece entradas gratis para acudir al zoo del Bronx. Cuomo, gobernador del mismo estado, da acceso al a los partidos de béisbol de los Yankees y los Mets. En lugares como Buffalo o New Jersey lograron bastante éxito con el reclamo “cerveza por inyección”. El estado de Maine atrajo a su vacunódromo a gente con licencias de caza gratuitas. En Transilvania podían recibir la dosis incluso en el castillo de Drácula (con diploma de inmortalidad incluído). La ciudad de Nueva Orleans quiso echar el resto y ofrecer una libra de langostinos por cada dosis (y seguro hubo algún intento de que le pusieran dos la misma tarde para celebrar algún aniversario de boda). Pero el que se lleva todos los honores es Mike DeWine, gobernador de Ohio, ofreciendo la posibilidad de ganar un millón de dólares. El plan consistía en cinco sorteos en semanas consecutivos con dicho premio, comenzando el 26 de mayo (a la espera de que algún juez tire la idea por la borda). Todo muy sencillo, sin necesidad de comprar billete alguno; basta con ser residente en dicho estado, tener 18 años y haber recibido alguna dosis.

Como podemos comprobar, una incitación farmacológica de primer orden, no vaya a ser que a la ciudadanía le de por abastecerse de salud paseando o yéndose por peteneras.

La formalidad y solemnidad que nos ofrecen la sabiduría y el conocimiento no terminan aquí. Ahora, a la población española menor de 60 años y vacunada en primera instancia con dosis de Astra Zeneca se le ofrece la envidiable y nada despreciable posibilidad de elección. Para eso vivimos en libertad! Y por ello, con todo el arsenal de conocimiento médico, epidemiológico y biológico que caracteriza a la población de esta franja de edad, se nos abre un debate interno personalizado y se procede a un análisis exhaustivo para tomar la decisión pertinente. Pero eso sí, sin olvidar que un segundo pinchazo de la misma casa querían que conllevara firma autorizada de responsabilidad, no vaya a ser que por ineptitud pudiera ocurrirte algo.

Todo sigue siendo propio de iluminados cegados de oscuridad. Y los interrogantes nos asaltan a las primeras de cambio. Uno. ¿Acaso la primera inoculación con Astra Zeneca era mágica, y por ello no conllevaba ninguna decisión que fuera acompañada de la firma correspondiente? ¿Alguien puede determinar cómo es posible que para el mismo medicamento, la primera vez no se requiera de dicha responsabilidad, y la segunda quisieran someterte a semejante despropósito? Dos. ¿Cómo es posible que intenten mostrar una pseudo-investigación de pacotilla para hacer creer que la combinación de vacunas es un hito de la medicina moderna, y encima decir que aumenta la respuesta inmune? Es sobrecogedor. Ya en el Reino Unido comenzaron hace unos meses un ensayo clínico (Com-COV) para comprobar qué efecto tenía combinar las vacunas. Hasta ahora, lo que sí se ha publicado son los resultados de reactogenicidad; las reacciones adversas leves que ocurren en las primeras 24-48 horas después de la vacunación. Según esta publicación, los casos de febrícula, dolores musculares o articulares y fatiga generalizada llegan a triplicarse entre los que recibieron una combinación de Pfizer y AstraZeneca, frente a los que fueron vacunados con la misma fórmula las dos veces. Los datos definitivos se esperan para junio, no como en la universidad Carlos III, que en un tris te estudian hasta los efectos de la pandemia en el desarrollo cognitivo de los niños madrileños. Y tres. ¿Sería posible que cada vez que se contradicen tuvieran el valor de decirle al público enfervorizado las verdaderas razones de sus decisiones?. En el Vademecum de Astra Zeneca se anotan algunas especificaciones muy interesantes. Por poner un ejemplo, dice no tener datos de eficacia en mayores de 55 años. Muy entrañable todo. Y, claro está, dice también que las personas vacunadas deben hacerlo una segunda vez con la misma (de ahí que muchas comunidades hayan puesto sus puños sobre la mesa).

Pero nada. Los equipos de investigación, el último año, han protagonizado verdaderas olas de transformación y eficacia, y casi todos ellos presentan trabajos brillantes realizados con muy poco margen de tiempo, resolviendo la ingente cantidad de dudas y sospechas que acechan a la industria farmacéutica. En breve sacarán un estudio donde dispondrán de datos increíbles proponiendo la idoneidad de la tercera dosis, sin que importe la combinación, sin que importen las variantes a las que hay que atacar, y casi casi sin que importe el género (porque lo del sexo ya pasó a la historia) de quien vaya a recibir el premio de consolación.

Por lo que estamos viendo nada ha cambiado en el escenario más desafortunado al que podíamos asistir. Cierto es que podría parecer que en EEUU siempre hay algunas actuaciones políticas más esperpénticas, y que podría parecer que aquí estamos ajenos a los premios por vacunación. Pero me gustaría recordar que el pasaporte de vacunación ofrecido es, además de intolerable, el suculento regalo ofrecido para poder callar y viajar, sin que importen un carajo la cantidad de insensateces que debemos escuchar.

Saltándose a la torera sus propios principios guardianes de la pandemia, ahora resulta que la llegada de ingleses no supone riesgo alguno. Es más, se promociona y solo hace falta que les regalemos también un chupa-chups para que entren en España saboreando el dulce sabor de sus costas. Es del todo ofensivo tratar así a la sociedad en su conjunto. Ahora resulta que la variante india que iba a hacer estragos entre la población inglesa ha pasado a la historia, y que los habitantes isleños no solo están con una salud de hierro, sino que el último estudio clínico realizado vete tú a saber donde viene a decir que todos los vacunados y residentes en Gran Bretaña están exentos de contraer y de contagiar virus alguno. Es más, incluso podemos recuperar defensas para nuestro organismo si nos socializamos con dicho sector de la población.

Y todo ello bajo la amenaza del pasaporte, que para el resto de europeos y europeas va a ser necesario porque así lo estima la cultura científica del peloteo. Ahora, al parecer, ni hace falta ni se le espera, porque el turismo de mayo, como bien saben los eruditos más cotizados de Occidente, es un vector que resiste fuertemente al ansia del Covid-19 de penetrar por todos los poros. El turismo es un don venido del cielo y, como tal, hay que tratarlo. Loas a FITUR y saludos a los expertos que campan a sus anchas incluso ante decisiones tan insultantes.

No trato ya, como escribí en alguna ocasión, de saber en qué consiste la pandemia, cómo se propaga y dónde tuvo a bien nacer. Me detengo y observo con sorpresa cómo tantas incongruencias no surten la más mínima reacción, y cómo la ciudadanía casi en su totalidad justifica cualquier decisión porque lo que importa es el bien común.

Creo que hace tiempo que el bien común no había caído tan bajo, mientras millones de pobres alzan sus brazos para que podamos otear más allá del horizonte y seamos conscientes del horror que habita tras las entrañas de este escenario que se derrumba.


Historias para no dormir

La enorme dificultad de luchar contra la televisión

He realizado una especie de prospección sobre cómo se delibera en relación a la vacunación. La he realizado, entre otras formas, dirigiéndome personalmente a un número de personas de las que doy fe que piensan, saben escribir, son juiciosas y, muchas veces, se dirigen al público en general animando a que éste opte por la opción de administrarse la dosis que haga falta.

He escogido este grupo de personas, por un lado, porque deseo mirarme en el espejo, y hacer un poco de autocrítica con mi propia percepción o mis modos de intentar llegar a saber qué está sucediendo en el mundo. Por otro, porque en realidad, deseo saber su opinión y, lo más importante, cómo han llegado a ella.

Por tanto, hay una aproximación deliberada que, ante todo, se ha realizado con respeto. Pero también, con cierta curiosidad que, si bien no es que no me deje dormir, si me “angustia” un poco. Este acercamiento no ha sido extraño para mi, porque todas las personas con las que he contactado forman parte “de un círculo aproximado”. Podríamos decir que, generalmente, tenemos una visión de lo que acontece a nuestro alrededor, bastante similar y, a todas luces, desde una perspectiva clara de izquierdas.

Quizás por ello mi sorpresa ha sido muchas veces relevante y constante. Digamos que me cuesta comprender cómo es posible que una mayoría absoluta de éstas personas que, normalmente, son muy críticas con el poder, con los medios, y con todo lo que se mueve, en relación a la vacunación miran hacia otro lado o, lo que es peor, no utilizan las mismas pautas de recogida de información, análisis, reflexión y crítica, de la que sí hacen gala habitualmente.

Me explico, y dejo sobre la mesa los hechos que pretendo analizar. La mayoría de las personas, y me incluyo, tenemos grandes dificultades para salir de nuestro “caparazón intelectual”. Creemos tener unas ideas bien fundamentadas. Y no solo reflexionamos sobre ellas sino que, además (y así es en todos los casos con quien he contactado), tenemos el valor de proponerlas o compartirlas. Intentando hacer una invitación de puesta en común, me encuentro con unos resultados que son muy descorazonadores. No porque no haya conseguido convencer a nadie (que no era mi intención); sino porque ninguna persona se ha detenido a reflexionar sobre un documento que les he hecho llegar. Sencillamente, porque nadie cree que yo vaya a aportarles ningún tipo de información que pueda hacer mella en su discurso o sus opiniones. O dicho de otra forma, nadie piensa que pueda hacerles llegar algo que no han estudiado anteriormente o que desconozcan. Sé que todas las personas a las que he escrito pasan mucho tiempo de su vida investigando o intentando comprender todo aquello que sucede en nuestro entorno y, muy importante, leo a todas ellas, generalmente, con gusto, porque siempre aportan y considero que atinan mucho con sus obsequios.

Pero creo que hay un elemento fundamental que nos lleva a esta situación. Creen, descaradamente, que lo que les hago llegar no es verdad. O que no es posible que pueda llegar a tener el más mínimo sentido (y si lo tiene, será justificado como otro elemento más dentro del sistema normalizado del funcionamiento de la industria farmacéutica). Por desgracia, les hablo de cifras. Entendiendo perfectamente el cansancio y saturación que puede llegar a significar hablar de cifras. Lo hace todo el mundo. Nos han vendido muchas motos con ellas. Nos han vendido el miedo muy bien con una cantidad intolerable de números. Pero para mí, éstas cifras son especiales. Y necesito hablar de ellas, necesito compartirlas. Y, lo más importante, necesito más que nunca que alguien venga y me lo diga: esos datos no son reales, los reales son éstos. Porque si ello no sucede, mis análisis proseguirán con la misma desconfianza y con el mismo ánimo de siempre, intentando poner sobre la mesa aquello que creo es clave.

Nos engañan. Nos siguen engañando y no comprendo por qué cerramos los ojos ante tanta desinformación. Ahora lo están haciendo con las muertes post-vacuna. Pasado el furor/conmoción por el fallecimiento de una mujer de 43 años en Marbella, decidieron que no sería viable ni tolerable que la población pudiera llegar a pensar que las vacunas estuvieran asociadas a peligro alguno. Desde entonces, la opacidad se instala en el proceso de información. Ya no existe la fatalidad, como gusta de expresar el colectivo médico. Quedan en el olvido todos y cada uno de los fallecimientos que se van produciendo en Europa, y tanto la Agencia Europea del medicamento como todas las subagencias estatales rinden tributo al supuesto beneficio sobre la más mínima duda (es del todo revelador el flagrante olvido que han tenido con el fallecimiento del militar de 35 años en Navarra). Y para aligerar peso, por eclosión instantánea y encantamiento grupal, todos los turoperadores informativos nos llevan de viaje a laboratorios e instituciones sanitarias, donde nos esperarán eminentes especialistas para decirnos, fíjate tú por donde, que los riesgos de una toma de Astra Zeneca son inferiores a los que puede llegar a producir la aspirina, la píldora anticonceptiva, el ibuprofeno o lo primero que se les viene en gana. Todo ello, aderezado, sí, con resplandecientes datos.

Ni que decir tiene que esta manifestación nada espontánea arrastra a miles de seguidores que hacen de altavoz y se dedican a decorar las redes sociales con preciosas infografías para el deleite artístico de nuestra mirada. No nos debemos preocupar. La mayoría de medicamentos tienen sus efectos secundarios, y no nos detenemos a leer sus prospectos porque si lo hiciéramos limitaríamos la toma de cualquier sustancia de forma considerable. Chis pun…!

Apagamos el televisor y nos vamos de vacuna, como quien se va de feria. Pero…, vamos a detenernos un instante. Análisis detallados de los datos hasta el 14 de abril de 2021, tal y como ellos mismos describen en su página, nos dan una serie de resultados dignos de tener en consideración. Resultados que son los que yo hice llegar a una serie de personas y que, por lo visto, no les parecieron lo suficientemente elocuentes como para debatir sobre ellos.

Ellos son el gobierno británico. Es decir, todos y cada uno de los datos que van a ir apareciendo en los diferentes enlaces, son contabilizados y ofrecidos por las propias instituciones políticas y sanitarias del Reino Unido. La página en cuestión es una web de investigación y análisis que va detallando el resumen semanal de los informes que se reportan a través de la Tarjeta Amarilla. Esta tarjeta es utilizada en todos los países de nuestro entorno, y en pocas palabras, es un tipo de formulario que sirve para evaluar posibles relaciones de causalidad entre un medicamento y una medicación adversa. Se podría definir como el depósito donde se van guardando las respuestas nocivas a los fármacos. El caso que nos ocupa nos lleva a estudiar las reacciones adversas a la vacuna contra el coronavirus (Covid-19).

La Agencia Reguladora Británica de Medicamentos y Productos Sanitarios (MHRA) nos dice, a fecha 28 de abril de 2021, lo siguiente. En relación a las dosis inyectadas de Astra Zeneca: Total Fatal Outcome Reports, 627. Dejo a vuestra entera imaginación qué puede llegar a significar esto. En relación a las dosis inyectadas de Pfizer/BioNTech, 334. Estos dos documentos, a falta de los de Moderna y otros medicamentos, reportan todos y cada uno de los casos documentados a través de las tarjetas arriba mencionadas. Los más de mil resultados fatales (muertes) obtenidos entre todas las vacunas, y secuenciados perfectamente con la causa correspondiente, al parecer, son un dato insignificante para los científicos, gobernantes, investigadores, periodistas… y gran parte de la ciudadanía, preocupada como está por escuchar que las probabilidades de tener una trombosis es más baja que la de tener un accidente de coche.

He de decir que cada documento de los aquí analizados tiene alrededor de 80 páginas, pero no hay más que ir a la última para obtener los resultados globales. Los aquí mencionados corresponden solo al Reino Unido. Si hacemos un posible balance de lo que podría estar sucediendo en Europa, es probable que la ciudadanía en masa saldría espantada.

Como siempre, todo tiene sus lecturas. Por un lado están los propios Estados, la Industria Farmacéutica y la OMS, narrando una gran historia en la que cuentan que todas estos efectos adversos no tienen su correspondencia real con el hecho de haber sido vacunado. Es decir, no hay investigación que determine que esos efectos y muertes se deban a las vacunas, más bien son debidos a la vejez y a muchas patologías asociadas a ella, o a otras adversidades que ya habitaban en esos cuerpos sufrientes. Por otro lado están todas aquellas personas que a la mínima observan una clara relación entre la vacuna y todos los males del mundo. En medio, está tú.

En este pequeño artículo está mi invitación, para que quien quiera, tenga acceso a todos los informes elaborados por el grupo de expertos que asesora al gobierno británico en todo lo concerniente al proceso de vacunación.

Te van a decir que no eres científico, y que ni sabes ni puedes llegar a leer los datos como merecen. Y que, por lo tanto, mejor que permanezcas en silencio. Pero, al menos, ahí los tienes. Una inmensa mayoría de la población tampoco sabe lo que es una circunscripción, cómo se contabilizan los votos, en qué consiste una papeleta en blanco, cómo se consigue un escaño o cuál es el programa real de un partido, pero no por ello te dicen que no vayas a votar o que no creas en la democracia.

Cuidaros! Un abrazo

Colaboración para Iniciativa Debate y Ojos Para la Paz


De vacunas, transparencias y otras cuestiones

Con la que está cayendo, y considerando que estamos próximos a dividir la sociedad en dos (del mismo modo que se hacía en los tiempos gloriosos del “Todo es ETA”), creo que nos vendría bien detenernos un poco y saber leer al prójimo, sin incendiarnos, y con un poco de capacidad de reflexión y crítica serena. Eso de ir señalando por ahí a todo aquél que escribe u opina, por el mero hecho de que deja un rastro diferente al que supuestamente debería dejar según los criterios afianzados, es una especie de posicionamiento parapolicial que no deja títere con cabeza. Y, lo que es peor, no deja paso al diálogo ni a la discusión. La fe está colapsando el camino. Y miles de creyentes están identificándose con una u otra ideología con supuestas toneladas de información que terminan siendo, la mayor de las veces, una mera opinión.

Para comenzar, me gustaría poner sobre la mesa un hecho que está pasando desapercibido. Lógicamente, porque hay intereses muy fuertes en ello. Y, lógicamente, porque como ocurre siempre en éstos casos donde se quiere imponer una verdad absoluta, los medios de comunicación se dirigen, todos, al mismo lado; al que se nos quiere forzar a ir de cualquier modo.

Al igual que nos hicieron creer que solo existían dos tipos de personas, los demócratas y los que no lo éramos, ahora han de existir también otros dos, los que están a favor de la vacunación y el discurso oficial, y los otros, esos negacionistas impresentables a los que hay que arrojar a los leones. Como si no hubiera nada en medio, como si la tierra se tragara de repente a millones de personas cansadas ya de estas absurdas peleas construidas con el ánimo de envilecer a la sociedad y suscitar más miedo aún en cada casa y en cada recuerdo.

¿Cómo enmarcamos la situación en el contexto en el que ya ha empezado la vacunación colectiva?Cabe decir que estamos ante una “autorización de comercialización condicional” de dicha vacuna y, por tanto, en terreno, cuando menos, resbaladizo. O lo que viene a ser lo mismo, no estamos ante una vacuna que haya pasado por todas las fases y nos de la seguridad necesaria para tomar las decisiones más acertadas.

¿Dónde reside uno de los grandes sesgos que permite negar a la población un discurso más coherente y completo? Como ocurre normalmente y por imperativo legal, en los documentos oficiales ocultados que han de respaldar las acciones que llevan adelante los gobernantes. Por ello, haremos acopio de dichos documentos y procuraremos mostrar la incidencia que pudieran tener en el ánimo o la conciencia colectiva.

Al grano. El medicamento en cuestión, Cominarty, posee una licencia para poder venderse siempre y cuando se den una serie de condiciones.

Y somos muchos, sin ser negacionistas ni trotskistas, quienes pensamos que para que una información pueda ser transparente ha de ofrecer todos y cada uno de los detalles, y no guardar aquellos flecos que si se mostraran (sabemos), crearían muchas suspicacias. 

Ahora mismo se podría decir que la vacuna está en fase de prueba.

Entonces, ¿qué es lo que realmente está sucediendo y no nos cuentan? Lo define perfectamente la propia Agencia Europea de Medicación, tal y como podemos leer en el propio documento que acaba de publicar: “para confirmar la eficacia y seguridad de Comirnaty, el TAC deberá enviar el informe del estudio clínico final para el estudio aleatorizado, controlado con placebo y con enmascaramiento para el observador C4591001. Fecha límite, diciembre de 2023”.

El proceso de inoculación que ya ha comenzado forma parte del estudio que se ha de realizar. Es importante recordar que nos encontramos ante una vacuna a la que la Comisión Europea le ofrece este tipo de autorización para que sea de uso público. Y así, será la población que se vacune la que terminará por ofrecer los datos concluyentes.

Su dictamen final sería que la relación beneficio-riesgo merece la pena, y que por ello, dan este paso. Pero no decir toda la verdad es también, desinformar. ¿Por qué? Porque a la hora de tomar la decisión de inyectarnos, nos hacen firmar un consentimiento con el cual admitimos estar informados. Cuando realmente, no es así.

Se les escapa este pequeño detalle. Por ello, creo que no es de recibo ese intento de querer tirar por la borda a todas aquellas personas que deciden no vacunarse. No es de recibo tachar de insolidarios a quienes mantienen serias dudas sobre todo este proceso que, respaldado por un marketing inusual, está saturando nuestra agónica mente con los primeros héroes de la industria farmacéutica.

“Héroes” son, por ejemplo, quienes atraviesan medio África y se embarcan a un destino incierto para terminar ahogándose en los mares que golpean nuestras conciencias. Héroes son los miles de libios, sirios o palestinos que han de hacer frente a las garras del imperialismo y a la soberbia racista israelí.

Pero la información, en su propia era, si por algo se caracteriza es por su aparente opulencia y su absoluta ineficacia, porque más que nunca, la búsqueda que circunvala a la verdad se hace tediosa y extremadamente laboriosa. Entre otras cosas porque nos ocultan, una y otra vez, todos aquellos sucesos y explicaciones de interés general. Que se lo pregunten si no a Julian Assange.

Concretando. El propio Parlamento Europeo creó a través de la Comisión una norma que facilita que se den estas situaciones. Tal y como podemos observar en el reglamento 507/2006, leemos: “2) No obstante, con determinadas categorías de medicamentos, para satisfacer necesidades no cubiertas de los pacientes y en interés de la salud pública, puede ser necesario conceder autorizaciones de comercialización basadas en datos menos completos de lo habitual y sometidas a obligaciones específicas, denominadas en lo sucesivo «autorizaciones condicionales de comercialización”.

Pero miren como incluye un regalo sorpresa dicho reglamento: 6)… “Antes bien, una vez se hayan suministrado los datos que faltan, debe poder sustituirse por una autorización de comercialización no condicional, es decir, no sujeta a obligaciones específicas. En cambio, lo habitual es que nunca sea posible constituir el expediente completo de una autorización de comercialización concedida en circunstancias excepcionales.”

Como ya hemos explicado anteriormente, para obtener la eficacia y seguridad que se precisa, han de seguir obteniendo una serie de datos que, en última instancia, han de verificar que su utilización es la adecuada. Y es en ese momento cuando estaríamos ante una autorización no condicionada porque ya se habrían cumplido todos los requisitos.

Quienes hacen las leyes, siempre, se guardan las espaldas, y procuran con un tino extraordinario poder irse de rositas ante eventuales circunstancias que podrían surgir. Y leer, nuevamente, esa última frase, dice mucho sobre lo que estamos intentando exponer.

Creo que es habitual que no sea posible constituir esos expedientes completos porque la industria farmacéutica forma parte del equipo que toma dichas decisiones.

El marketing, si se caracteriza por algo es por su insistencia en querer alterar o crear una opinión con un interés concreto. En este caso, es necesario para vender algo que la mayoría no desea, porque en caso contrario, no nos someterían al imperio de su publicidad.

Están jugando con resultados preliminares pendientes de aprobación. De una aprobación en sus justas medidas, digámoslo así. Porque una cosa es aprobar algo excepcional, y otra determinar la eficacia necesaria después de los exhaustivos estudios que siempre se requieren.

Una rápida respuesta que nos brindará mucha gente será decir que ven lógica esta situación, porque ante situaciones excepcionales, no queda más remedio que dar paso a las respuestas excepcionales. Hasta aquí todo puede parecer correcto, pero seguimos huérfanos de diferentes puntos de vista, huérfanos de información plural, fundamental para poder determinar que nuestra elección se basa en principios sólidos. Y cuando dicha información se pierde una y otra vez porque no se nos quiere ofrecer, la confianza sale trasquilada.

La carrera por liderar el lucrativo y revolucionario mercado de la edición genética en humanos ya ha comenzado, y quizás por ello también sería interesante que nos educaran para saber en qué consiste dicha tecnología. La aplicación de una nueva técnica en humanos quizás debería tener una aplicación más pausada, una vez terminados todos los ensayos clínicos. Y las sensaciones que se están depositando en nuestras mentes no ayudan a que la mayoría de la población se alinee con la propaganda unidireccional.

Los caudales de dinero que han ido redistribuyéndose en función de los casos “detectados”, la ausencia de autopsias, la obligatoriedad de invertir el dinero de la pandemia en proyectos determinados, el psicótico juego a la que nos somete la política, la privatización de la distribución de la vacuna, unos datos que parecen sacados de una feria, la ausencia de luz al final del túnel, las continuas contradicciones de la OMS, o la fábula orquestada a través de los protocolos testados con PCRs son solo una pequeña muestra del escenario que estamos presenciando. Y si de transparencia debemos hablar, o bien comienza de nuevo el juego, o nos muestran cada una de las piezas que conforman este inmenso puzle.

El 18 de marzo de 2020 el gobierno español generó nueva legislación para permitir trabajar al centro nacional de Biotecnología con cualquier organismo modificado genéticamente. El Real Decreto 8/2020 autoriza el desarrollo de actividades de uso confinado con nivel de bioseguridad III. Se podría decir que en este caso la rapidez del gobierno ante la declaración de la pandemia es espectacular, pero me temo que, como en muchas otras cosas, hay gato encerrado. Hay toda una serie de decretos y legislación al respecto que permite una urgente permisividad con los privilegios de la industria farmacéutica y otros sectores del poder, pero por el contrario, hay una nula asignación de derechos y beneficios para la población en general, a la que se la ha estampado contra la pared. Y los datos, asustan. Solo algunos detalles…

El dinero de “estímulo” que se está utilizando de aquella manera ha permitido un enriquecimiento mayor de las grandes corporaciones y el cierre de miles de pequeñas empresas. Las estadísticas se tambalean ante el aumento imparable de la pobreza y de personas que se encuentran al borde de la indigencia. La solicitud del desempleo, el aumento del paro, el número de personas sin hogar, los bancos de alimentos o el índice de pobreza indican un aumento imparable del sufrimiento. La administración desangra en todos los espacios; acudir al INEM, a la Seguridad Social, al Centro de Salud, a los Ayuntamientos y un sinfín de trámites para la ciudadanía se han visto diseccionados, con la consiguiente fractura del Estado (cuestión ésta que merece un capítulo especial). Todas estas “incidencias” deberían también de hacernos detener. A mí, desde luego, me llaman en exceso la atención, precavido como soy con el constructo social y económico de la modernidad.

Y me gustaría concluir con esta mirada esquiva, que no con una posición distante o de oposición. Con esta mirada inquisitiva por el deseo de querer llegar a buen puerto desde la reflexión, no por el deseo de expandir odio o rabia en ciertos sectores de la población. Llegar a algún punto que todavía está en proceso de análisis; todo lo que está ocurriendo no es un error forzado, más bien es una recopilación de sucesos que casan a la perfección con una agenda económica impecable.

El colapso que estamos viviendo y la absoluta precariedad en la que se están convirtiendo nuestras relaciones sociales son una violenta constatación de los resultados del capitalismo más ruin. Desconozco cuando fue la última vez en que hubo un trasvase de negocio tan descarado y brutal como el que está aconteciendo ahora. Un trasvase donde la riqueza ha ido concentrándose en pocas manos y está lanzando al vacío a un número desproporcionado de individuos. Bajo el pretexto de la salud pública y universal, un reducido número de personas está llevando a cabo su particular revolución, y todo ello implementará un nuevo ciclo donde las condiciones de vida de millones de personas van a ser deplorables.

¿Por qué un virus con una bajísima tasa de mortalidad (sobre todo en personas menores de 65 años) y que lleva parejo un 95% de muertes con morbilidad asociada está causando un desastre sin precedentes? ¿Por qué la existencia de unas medidas de bloqueo draconianas que cada vez más estudios señalan como ineficaces? ¿Cómo es posible que con todo lo que está sucediendo mientan a la hora de mostranos cómo es el funcionamiento de la infraestructura sanitaria, y sepamos perfectamente que la ausencia de inversiones significativas están a la orden del día en casi todos los países de nuestro ámbito? (Claro ejemplo lo tenemos en la emblemática comunidad de Madrid).

Estados Unidos, ese país vergonzoso al que muchos todavía llaman democracia es un claro ejemplo donde está implementándose toda esta secuencia sin duda alguna, con absoluta nitidez. Un robo de enormes dimensiones se está produciendo mientras con el dedo nos señalan la existencia de un virus, y al mismo tiempo observamos un cielo oscurecido gracias a la política mundial establecida.

Llevamos tiempo diseccionando el hedor que está dejando tras de si el neoliberalismo más visceral, después de los arranques de cólera que dejó el binomio Reagan/Tatcher. Tiempo considerando la imposibilidad de que dicho sistema pudiera avanzar en las condiciones actuales. Tiempo reclamando la atención para señalar cómo una serie de países están creando guerra y destrucción cómo única fórmula para sanear sus deudas y su estancamiento. Tiempo suscitando dudas sobre cómo saldrán de ésta…, y me temo que ya han movido la primera pieza.

Saludos y feliz año!

(colaboración para Iniciativa Debate)


¿Quién dirige la Organización Mundial de Nuestra Salud?

La ignorancia sigue creando. Y ya ha publicado un nuevo volumen (lleno de bulos)…

Revista La Ignorancia

Ésta es mi colaboración: Juegos biopolíticos

Hoy ha habido 0 muertos en España. 0 killers. OK. Por covid-19, se entiende. Mañana, dios dirá…, que los que cerraron los ojos fueron muchos más, y que avecina tormenta en el mundo de la confusión. Las matemáticas no engañan, nos lo dijeron para no rechistar. Yo aprendí que dos y dos son cuatro, pero perfectamente pueden ser cinco. Que se lo pregunten a Radiohead, en los cuales creo más que en el evangelio según san Mateo. Nos están vacunando desde hace mucho, pero ahora, además de inyectados nos quieren ecologistas sin acción.

Todas las respuestas, al final serán las mismas. Porque todos, pasarán por el aro, y no precisamente el olímpico. Hay planes para todos los gustos, parece ser, pero solo uno se incorporará a nuestra vida cotidiana. En el reverso de todas las monedas está la cruz de nuestro destino. Y por mucho que queramos ver, el miedo y la rutina serán nuestra prisión, al menos los barrotes de nuestros pensamientos.

¿No se nutren de huéspedes los parásitos de la economía neoliberal? Pregúntate cómo te tratan, y adivina si eres uno de ellos. Blindado como estás de pensamiento único, y surtido de las mejores galletas del mercado, quizás olvides que ya te amputaron las alas. Y, en el fondo, te preguntarás…, ¿para qué quieres volar, si Ryanair ya te puede llevar hasta la saciedad?

La saciedad es un habitáculo creado por los economistas mejor pagados, y difundido por los periodistas más aclamados. Eso sí, siempre, hasta que llega la tormenta. Y estamos en medio de ella. Mentira. La saciedad es una tormenta continua, la conozco desde el día que hice la primera comunión.

Saciedad, sociedad y suciedad. Quién lo iba a decir. Van de la mano tan bien que hasta sorprende. Toneladas de residuos se deslizan por nuestros poros hasta acabar en tierra de todos. El mundo es un lodazal, fértil para unos pocos y como arsenal lleno de municiones a controlar para el resto. La última vez que supe de vosotros anidaban en los tejados las primeras escarchas del invierno. Harry “el sucio” sabe muy bien de lo que no hablo.

La familia Rockefeller, experta en todo tipo de ayuda deshumanitaria, nos lleva años de ventaja. Y como quien no quiere la cosa, nos acecha hasta ponernos de rodillas ante ella. Pero lo hace como solo lo pueden hacer los grandes. A golpe de talonario y organización no gubernamental. Porque para ello tiene a sus científicos, sus gobernantes y sus informadores.

Estaría bien que nos preguntáramos quién dicta sentencia en, al parecer, este enorme desaguisado. Nos confunden no solo con datos estadísticos, también con la Estadística de los datos. Esta es extraordinaria, fiel inquisidora del poder. Pero, ¿qué pinta el poder en todo esto? Ya estamos con las conspiraciones. Qué tedio. Menos mal que estamos acostumbrados a la letra pequeña de los contratos. Y leemos, no solo atendemos la televisión.

Durante la pandemia, como todas y todos sabéis perfectamente, cada país ha seguido su propia evolución, hasta tal punto que la ciudadanía se ha hecho experta en la materia, y nos habla con total fluidez de que ahora mismo, Brasil está en el pico de la curva. También nos puede hablar sin miramientos de qué es lo que se debe hacer en cada fase, y más pronto que tarde, nos dirá cuan importante fue la militarización de la vida. “Es que necesitamos este exhaustivo control, porque en general somos unos descerebrados”. Y ahí te las den, porque lo dice la ciencia.

Mi ciencia es observar, a cada rato, hasta el imperceptible movimiento de los intelectuales de la retaguardia. Qué banda de uniformados! Desde politólogos hasta epidemiólogos al alza. Nunca es tarde para la publicidad de la bonanza. Porque nos hacen creer que buenos son todos aquellos que quieren hacer el bien. Pero buenos de verdad, son los que hacen el bien. Y de ellos apenas sabemos nada.

Sabíamos perfectamente que Italia lideraba el grupo de cabecera. Que luego vinieron España, y luego Francia, y luego Bélgica, y así hasta 180 países, cada cual con su progresión, y cada progresión con su hacinamiento particular. Y se llenaron los balcones, para aplaudir la estupidez y no sacar el hacha de guerra a las calles. La bonanza engañosa y la emoción. Vaya dos. Te descerebran de un plumazo.

La lógica. Ese inestimable método que nos ayuda a dar cohesión a los hechos, o a la sucesión de manifestaciones que se van dando por doquier, va a darse de bruces con alguien. Y ese alguien no soy yo. Desde cualquier punto de vista, tal y como han ido sucediendo los acontecimientos, la lógica venía a decir que cada país tendría que recorrer su propio camino, claro está, y que cada frontera tendría su propio cerrajero para abrir la puerta que quedó trancada. Pero he aquí que todo, de la noche a la mañana, y sin sentido común que lo avale, ha de volver a su cauce y, a ser posible, el mismo día. Punto y final.

La Comisión Europea recomendaba hace unos días “encarecidamente a los Estados miembros que todavía no lo han hecho que finalicen el proceso de eliminar las restricciones al libre movimiento y los controles fronterizos dentro de la UE”. Hay quien manifiesta su estupor ante la noticia (lógicamente), pero en breve, será así (escribo esto el 18 d ejunio). Y aquellas pequeñas historias que nos contaron ya no nos sirven para vendernos su final. Y tendremos otra historia, que otra vez por arte de magia, será la triunfadora en cada pantalla plana, y como anfibios sedientos de agua, acudiremos a beber hasta indigestar tanta mente extraviada.

Encarecidamente. La UE apremia a todos sus miembros. No importa. Nunca importa. Porque la política trata del arte de mentir con convicción, y del desastre de empañar la verdad con los bolsillos llenos de injurias. La gripe española, por ejemplo, no se originó en España, sino que se propagó en la primera guerra mundial a través de las trincheras y de las lamentables condiciones en las que se encontraban (y había “orden”; los militares de aquél entonces impusieron restricciones de lo que la prensa podía publicar y que pudiera tener impacto en la guerra).

(La lógica también me lleva a escuchar a Snowden, perseguido por EEUU por desnudar sus secretos o, lo que viene a ser lo mismo, por rasgar las vestiduras al imperio. Como él dice: “en lugar de tener una política basada en la ciencia y en hechos reales, la revelación de información empieza a convertirse en decisiones políticas”).

Tenéis el resumen del plan de acción de la fundación Rockefeller en su propia página, así no tenemos que andar con simulaciones, ni creencias ni proyecciones inverosímiles. Dice así, desde hace un tiempo: 1- Lanzar un plan para expandir drásticamente las pruebas Covid-19. 2- Lanzar un cuerpo de atención médica comunitaria de Covid para pruebas y rastreo de contactos (¿os suenan los rastreadores de los que ya nos hemos olvidado?. 3- Crear una plataforma digital y de datos comunes de Covid-19. Y, por último, recomiendan el camino a seguir, donde podemos leer…”La coordinación de un programa tan masivo debe tratarse como un esfuerzo de guerra” (ya lo repitió Pedro Sánchez casualmente).

Apenas hay distancias políticas y de re-acción, porque todas beben de la misma fuente. Nuestra salud mundial está dirigida por multimillonarios de pacotilla que por un lado venden armas y se inventan guerras y, por otro, nos hacen creer que con sus donaciones millonarias nos libran de los males de la humanidad. Es una parodia que nos digan que todas las propuestas gubernamentales vienen por el asesoramiento de expertos, y no nos digan que esos expertos están respaldados por auténticos déspotas insaciables.

Como bien sabe todo el mundo a estas alturas del cuento, la OMS es la que dicta el camino a seguir, y quien determina cómo se ha de proceder ante estas catástrofes epidemiológicas. Pero desde el sofá de nuestras casas, sobre todo en tiempo de confinamiento, recibiríamos de buen grado otro tipo de informaciones, y ya decidiríamos nosotros si son o no…, MENTIRAS.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Biopolítica global y la salud de todos los habitantes.

La filosofía de la mentira congrega en cada noticiario a periodistas a los que no les importa trabajar para los delincuentes. Cierto es que quizás casi todos trabajemos en algún momento para algún delincuente, pero lejos queda la posibilidad de corroborarlo con nuestra franqueza, y admitir los deterioros de nuestros actos. Aunque lo más importante sería admitir el daño causado por nuestros actos. El daño…

El papel geopolítico y estratégico que juega la fundación Rockefeller es, quizás, uno de los grandes debates que deberían ponerse sobre la mesa en este convulso periodo que estamos viviendo. ¿Por qué? Porque descaradamente dicha entidad participa de los intereses globales de EEUU. Debemos recordar que el espacio biopolítico de la “salud mundial”, más que una construcción fruto del acuerdo entre estados, es la resultante de una estrecha canalización de intereses donde los Rockefeller toman la iniciativa, amparándose en su profusa y discutible “ayuda humanitaria”. Esta familia, implicada en muchos asuntos alejados completamente de la filantropía, llegó a hacerse cargo de un tercio del presupuesto de la Organización de Salud de la Sociedad de Naciones (de la que EEUU no formaba parte), y a día de hoy sigue siendo el referente mundial. ¿A qué responde ésta truculenta donación bondadosa? ¿Qué intereses aglutina?

Sus prácticas monopolistas, sus alianzas para promover guerras y vender armas y un largo etcétera, no hablan muy bien de los defensores de nuestra salud. Yo, desde luego, me lo pensaría. Su poderío y capacidad de financiación deslumbra, pero oscurece la legitimidad con la que se pavonea por el mundo. El 11 de diciembre de 1946, John D. Rockefeller Jr. “donó” a la ONU la inmensa cantidad de 8 millones y medio de dólares para comprar los terrenos de Turtle Bay, donde actualmente se encuentra su sede. ¿Cómo no nos va a extrañar su capacidad para guiarnos por el mundo? Es descorazonador pensar que estamos en manos de estos generosos benefactores. El responsable de la división de salud de la FR, Wickliffe Rose ya marcó una estrategia deliberada en el periodo de entreguerras, y dejó constancia de ello con sus palabras: “Existen determinadas funciones sanitarias que tienen un carácter internacional, los gobiernos nacionales no pueden llevarlas a cabo; dichas funciones resultan esenciales para la salud de las personas de todos los lugares”. En la diana.

Quizás deberían informarnos de que la configuración de los sistemas de salud de muchos países vino alabada y determinada por esta portentosa fundación. Y tampoco sería nada desdeñable que nos contaran cómo crearon un “cordón sanitario” para preservar Occidente de los diversos “contagios soviéticos”.  La influencia política, social y económica de EEUU a través de engranajes de este tipo es y ha sido una constante. La FR, especialmente por su estrecha relación con la aclamada Escuela de Salud Pública de Hopkins, y gracias a sus programas de reforma sanitaria, se ganaría la simpatía de las élites izquierdistas, apartándolas de la influencia soviética. Y así hasta nuestros días, subrayando el incuestionable respaldo que ofrecieron a las políticas de sexualidad y reproducción que han extendido por medio planeta, e incorporando la ya conocida “planificación familiar”, cuyas dolorosas consecuencias fueron tristemente conocidas.

Mucho daño por el mundo, como para dejar en manos de estos tiburones nuestra salud. Otros planteamientos son posibles y, al menos, permitir escuchar otras voces sería un pequeño detalle de nuestros gobernantes. Pero como siempre, la noria gira en el mismo sentido, y su conductor es un piloto que esconde sus maniobras. Me trae sin cuidado cómo ha llegado el Covid-19, pero exigiría de inmediato estudios, investigaciones y otras colaboraciones de científicos, sociólogos y todo tipo de colaboraciones alejadas completamente de la órbita de la Organización Mundial de la Salud. Por nuestro bien, y por un intento de limar asperezas con la verdad o con tanta mentira, que viene a ser lo mismo.

La historia nos dice que con cada crisis, las emergencias que se implantan nunca terminan, sino que se normalizan. Y ahora mismo se ha normalizado contabilizar de tal modo que quien escucha, nada sabe sobre lo que se le informa. O tal vez sea que lo que se ha normalizado es informar de tal modo que quien escucha, nada sabe sobre lo que se le cuenta. Parece mentira… Pero así es…

Cuidaros!!!

P.D.: podéis ver el artículo también en Iniciativa Debate