Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Ya no quedan periodistas

Quiero creer que quienes desarrollan cualquier tipo de trabajo en los medios, defienden, por principio, la libertad de expresión. También quiero creer que la mayoría se desenvuelven en su espacio con la certeza de que todo aquello que escriben forma parte de su amplio espectro de análisis, y de que tienen la inmensa posibilidad de opinar de todo aquello que deseen con absoluta autonomía. Quiero creerlo, pero no puedo. Y hay muchas razones para ello.

La primera razón y fácilmente identificable se observa cuando uno lee todos los periódicos, atiende todos los informativos y regresa a sus interrogantes con la clara convicción de que la pluralidad no existe. La evidencia nos lleva por un único camino en el que se especifica que solo podemos observar el mundo desde un único prisma. Esa opción es, desde luego, contraria a los valores que deberían prevalecer al realizar dicho trabajo.

¿Cómo es posible que todas las portadas dirijan nuestra atención al mismo escenario? ¿Cómo es posible que en dicho escenario haya el mismo número de actores, y cómo es posible que para todo el mundo, uno solo sea declarado enemigo común como responsable de todas las tragedias? Dicha posibilidad, en un entorno democrático y vivencial, sería imposible en nuestros círculos personales. No habría ninguna posibilidad de que todos coincidiéramos. Ello, en situaciones libres y respetuosas. Quienes se dedican a escribir, del mismo modo que quienes se dedican a vivir, deberían abarcar todos los espectros de pensamiento, y deberían ser reflejo de una sociedad heterogénea y diversificada. Deberían, pero cuando vamos interpretando sus mensajes resulta que se posicionan casi sin excepción en una estrecha franja un tanto sospechosa. Estrecha y, lo que es peor, malévola.

La segunda razón que nos lleva a no creer sus palabras viene determinada por la absoluta falta de criterio en sus análisis. Es cierto que un buen número de trabajadores del gremio se dedica a opinar en los espacios que les ceden para ello. Para hablar de las lluvias torrenciales, de la violencia de género, del cambio climático o de aquello que les venga en gana. Pero cuando les da por hablar de política hay una especie de comunión, y una tendencia excesiva a mostrar las mismas credenciales haciendo un flaco favor a la humanidad. Se desentienden de todo análisis, y se sumergen en la fortaleza del discurso dominante como quien no quiere la cosa. Eso sí, pueden hasta llegar a escribir bien, pueden ofrecernos poesía, pueden hasta convencernos de que tienen educación y son buenas personas. Pero irrumpen en nuestra tranquilidad desmontando la existencia de la supuesta libertad de prensa. Una mayoría aplastante siguen el curso del río. Y el torrente nos arrastra con fuerza.

Hay una tercera razón. Esta es la más invasiva para su ego. Tienen la certeza de que sus directores de orquesta, es decir, quienes les pagan, les ofrecen absoluta libertad para que escriban sin ningún tipo de trabas. Es decir, viven su trabajo pensando y sintiendo que escriben sus reflexiones incorporando todo su potencial (en ocasiones piensan hasta en su arsenal crítico). Pero claro, olvidan por completo que adolecen de absoluta capacidad para poner, no ya a sus jefes, sino también a sus lectores, contra las cuerdas. De todo ello se deduce algo primordial; el común de los colaboradores de los medios están ahí para entretener, para aliviar nuestras penas y nuestros sueños, no desde luego para alimentar nuestra capacidad crítica y de acción.

Y yo me pregunto. ¿No deberíamos todos escribir para denunciar, escribir para promocionar la verdadera libertad, escribir para dar voz a quienes no pueden, escribir para contrarrestar la desigualdad, escribir para buscar un poco más de justicia, escribir como verdadero acto político? Comprendo que haya otros componentes, incluso puedo llegar a comprender que se escriba para aliviar el dolor interno; yo lo hago a menudo. Pero escribir reflexionando sobre el contexto que nos rodea y ser incapaz de dar un golpe sobre la mesa dice mucho de cierto posicionamiento ante la vida, dice mucho del acatamiento.

¿Tan ardua es esa labor? Parece ser que sí. Ardua, y un tanto ciega. De todas las columnas que he leído este último mes es casi impensable encontrarnos con alguien capaz de detenerse a reflexionar, no vaya a ser que le despidan ipso facto por su osadía. ¿Tan complicado es disentir? ¿Tan laborioso es procurar aproximarse a otras realidades? Dado que estamos criticando el trabajo o las formas de quienes deberían representar la libertad de expresión y, claro está, un mínimo de capacidad de análisis, vamos a exponer con un ejemplo muy sencillo lo que está sucediendo en el submundo del periodismo.

Como ya todo el mundo sabe, Putin es un sujeto que deja mucho que desear. Ha efectuado un ataque sin precedentes, y como reacción del todo comprensible, corren ríos de tinta sobre él y sobre Ucrania. Es decir, escribir sobre ello hasta se convierte en un acto involuntario. La cruda realidad te lleva… Así las cosas, infinidad de “periodistas” se ponen manos a la obra. Pero mira tú por dónde, irrumpen en la sala sin realizar bien su trabajo. Son tan brillantes en sus exposiciones que a nadie se le ocurre poner en jaque, primeramente, a su propio periódico, porque ni se les pasa por la cabeza pensar que quizás, el medio para el que trabajan está mintiendo sin cesar.

Ya expusimos el cuento del bombardeo de las centrales nucleares. Al parecer, no es suficiente para poder llegar a poner en duda el trabajo que realizan sus compañeras o compañeros. Las cosas así, vamos a intentar ponerlo más fácil. Vamos a recordar el episodio de una mujer embarazada que sale de un hospital toda compungida y ensangrentada, y las televisiones de todo el mundo reponen sin cesar esas imágenes, con el único objetivo de constatar la maldad del gobierno ruso. Esa secuencia aparece posteriormente en todos los periódicos, y se hace viral el terrible dolor que se instala en Ucrania por la despiadada acción llevada a cabo por el ejército ruso. Si añadimos a ello infinidad de noticias del mismo pelo que van apareciendo cada nueva jornada, nos encontramos con un panorama un tanto desolador.

Bien. Ese escenario es propicio para que tertulianos, columnistas y articulistas de toda clase se pongan manos a la obra. Pero eso sí, sin dedicarle un minuto a uno de los principios básicos que debe cimentar su reflexión. Un minuto, por dios. Un minuto. ¿No debería ser de obligado cumplimiento poner en duda información que puede ser relevante para movilizar a las masas y con esa movilización crear políticas que pueden alterar el ritmo de los acontecimientos? ¿No debería de ser de obligado cumplimiento no tener la desfachatez de ser altavoz de los perversos usos de la información? Parece ser que no.

Has de saberlo. El periódico para el que trabajas miente, y tú, ni te inmutas. Es más. Sigues el juego, y nos deleitas con tus apreciaciones tan sentidas. Miente, y las consecuencias de esas mentiras construyen guerras, invasiones, e infinidad de muertes y atrocidades. ¿No es todo ello suficiente para que interrumpas tus pasos? ¿No es todo ello suficiente para que, por una vez, acometas el trabajo de investigar un poco antes de escribir? Deberías pensarlo. Y deberías de hacerlo. Porque saber que hay gente detrás que te lee y espera como el agua de mayo tus impresiones, ya solo eso, debería ser motivo suficiente para contrarrestar el asedio del imperio.

El periódico o la revista o la televisión para la que trabajas difundió una y otra vez falsas noticias con el único fin de acorralar a Putin, sancionar a Rusia, y establecer nuevos juegos estratégicos y de poder en base a la mentira. Una y mil mentiras, hasta el punto de que uno ya no sabe por dónde debería empezar.

¿Qué sucedería si supieras que lo que estoy transmitiendo aquí se corresponde con la realidad? ¿Qué sucedería si me leyeras y comprobaras y constataras que trabajas para un medio que no repara en seguir el rastro de la construcción del odio en beneficio de los mismos de siempre? ¿Qué harías? Me temo que nada. O si. Me temo que, sencillamente, me ignorarías, por el bien de no se qué orgullo.

Las imágenes de las consecuencias del bombardeo del hospital, la construcción narrativa de la mujer embarazada, el asedio del ejército ruso y la matanza de civiles en ese edificio (mujeres y niños), fue un complot. Igual que lo es el alarde informativo creado en torno a Mariúpol. ¿Te has preguntado qué narices ocurre en esa planta de Azovstal? ¿Por qué tanta insistencia en comunicarnos sobre la enorme desgracia que supone asestar un duro golpe a un buen número de nazis? Como siempre, es mucho más sencillo de lo que parece. En la acería en donde resisten sin piedad los soldados ucranianos hay muchas cosas preciosas, y diamantes en bruto, que Occidente quiere ocultar y, sobre todo, hacer desaparecer, como quien no quiere la cosa.

Vamos allá periodistas. ¿Vuestro olfato no os dice nada? Hay que ver, que fácil os llenáis los bolsillos para callar nuestras bocas. Tras las operaciones de última hora realizadas por el ejército ruso va apareciendo aquello que ya suponíamos. Entrenadores de guerras internacionales escondidos en los refugios subterráneos. Kilómetros y kilómetros de agujeros negros. ¿Qué hacen allí? Todo apunta a infraestructuras de la OTAN, operando de manera secreta contra Rusia. Ya fue detenido el general canadiense Trevor Cadieu hace un par de semanas. Ahora, parece que un general estadounidense, Eric Olson, el teniente coronel británico John Bailey y cuatro instructores militares de la OTAN le siguen los pasos. Es difícil confirmar este tipo de noticias. Todos a una lidian para que sea imposible poder mostrar nada que interrumpa esta oratoria belicista atlántica.

Pero al final, la lógica entra por la puerta y EEUU sale por la ventana. No olvidemos lo ocurrido en Bucha, la famosa masacre recreada para que odiemos a Rusia y podamos optar así a una parcela celestial. La delegación rusa insistió una y otra vez en la falsedad de las noticias, y repitió por activa y por pasiva que deseaba más que nadie una investigación, y pidió también la reunión del Consejo de Seguridad. Pero la ONU, bajo presión de EEUU y la Gran Bretaña (que preside en estos momentos dicho Consejo) no lo permitió. Ah, lo siento! Y como bien escribieron en France 24… “A pesar de no tener pruebas contundentes, los indicios de la autoría rusa de los crímenes en Bucha han puesto en marcha otra ronda de sanciones”, que es de lo que se trata, sancionar y sancionar, hasta ahogar al enemigo, hasta saciar esa sed llena de maldad y prepotencia.

Ayer todas y cada una de las portadas amanecían con el mismo titular. La evacuación de militares en Mariúpol. Es increíble. A una rendición en toda regla, porque ya no les queda otro remedio, le llaman evacuación. Encima una evacuación realizada por Ucrania. Y así amanecemos todas las mañanas, frente a las trincheras informativas, linchados y apedreados por los mismos que nos quieren hacer creer que tenemos libertad de información.

El delirio se instaló en Occidente y la barbarie está servida. Qué más da que EEUU fuera quien declarara la guerra a la Corte Penal Internacional (rechazan la legitimidad de toda organización que pretenda investigar crímenes de guerra perpetrados por ciudadanos estadounidenses), qué más da que sus bases militares puedan instalarse en todos los rincones del planeta, qué más da que un tórrido calor flambeado por sus armas nos rodee por todas partes. Todo responde a una realidad inalterable. Nada ha cambiado en 50 años, y nada va a cambiar. El periodismo de verdad podría hacerlo, pero si tú también te vendes a cualquier postor, ¿qué nos queda?.

Nos quedan personas, muy pocas personas, que están haciendo una ingente labor para alzar la voz en medio del desierto. Y a esas personas van dedicadas cada una de mis palabras. A esas personas que sin ganar absolutamente nada por ello, nos educan y nos impulsan.

OTAN No, Bases Fuera


Decálogo ucraniano

Scholz visita EE. UU. en medio de las tensiones entre Rusia y Ucrania. Estados Unidos avisa de que Rusia planea una potencial invasión de Ucrania en 2022. Biden avisa a Rusia de sanciones “rápidas y severas” si ataca Ucrania. Washington evacua al personal no esencial de su Embajada en Kiev. Macron dice al presidente ruso que el diálogo “sincero” no es compatible con la escalada. El Pentágono avisa de que Rusia sigue reforzando sus tropas a las puertas de Ucrania. La OTAN dice que hay señales que sugieren que Rusia planea un «ataque a gran escala» contra Ucrania. La UE y la OTAN defienden la integridad territorial de Ucrania y anuncian sanciones contra Rusia…

Y así, hasta el infinito. Todo el mundo se asigna la benevolencia occidental y desata una oleada de indignación frente a Rusia. Ese “país imperialista” que no hace más que invadir y anexionarse territorios ajenos e incitar a la violencia. Hay que ver, qué actitud más hostil y diabólica la de Putin, el hombre más violento de los últimos cien años. Hay que ver… afirmacionista, qué de cosas más increíbles pasan en el mundo…

01- El movimiento de protesta Maidan se desarrolló en Kiev en noviembre de 2013 cuando el presidente ucraniano Yanukovich rechazó un plan económico de la Unión Europea que imponía un régimen de dura austeridad en Ucrania como precio para la admisión en un ámbito económico dominado por los bancos alemanes. Las protestas callejeras, respaldadas por EE.UU. y la UE y con el apoyo decidido de elementos neoconservadores dentro y fuera de la administración Obama, comenzaron cuando Yanukovich aceptó un préstamo de 15 millones de dólares de Rusia y un plan económico que no requería medidas de austeridad y que además incluía la reducción del precio del gas natural ruso.

02- Ante la negativa de arrodillarse ante el dólar, el Departamento de Estado de EE.UU., como viene haciéndolo desde tiempos inmemoriales, financia una red internacional de organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación para fabricar una oposición política y llevar a cabo un cambio de régimen. Se hace con la colaboración de neonazis y grupos paramilitares para caldear el ambiente y vender una revolución de colores. Perfecto. Todo preparado.

03- El nuevo gobierno golpista es seleccionado por una sesión parlamentaria paralela, cuando muchos miembros electos no pudieron presentarse a votar por temor real a un ataque físico. El Parlamento estaba lleno de fuerzas fascistas y semi-fascistas, así como poderosos oligarcas multimillonarios. Las fuerzas fascistas promueven el odio hacia rusos, judíos, polacos y otras minorías. A lo largo de esos años, los mismos personajes ejercen el vandalismo contra monumentos antifascistas que honran a los veteranos militares soviéticos de Ucrania y otras partes de la URSS que sacrificaron sus vidas para derrotar al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. El nuevo gobierno golpista inmediatamente inicia las leyes para prohibir el Partido Comunista de Ucrania, entre otras muchas lindezas.

04- Así las cosas, ya tenemos un nuevo gobierno títere implantado por los mismos de siempre. Y Rusia, nuevamente, queda atrapado entre las sanciones y la pared, porque tal y como podemos apreciar, lo acontecido obliga a nuestras democracias a tener que sancionar la actitud tan descabellada de Putin, que no tiene más remedio que abrazar la causa rusa en un territorio donde se está produciendo un nuevo ataque contra sus intereses. Y por tanto, se envían fuerzas militares a Crimea como consecuencia del golpe semi-fascista que amenaza a millones de personas de etnia rusa que viven en Ucrania. Terrible. Porque nosotros, cuando nos atacan y juegan con nuestra ciudadanía, no oponemos resistencia alguna, y hasta regalamos territorios porque somos así de bondadosos.

05- Desde el entrañable Maidan, Ucrania es utilizada una y otra vez para debilitar a su vecino, y EEUU y la OTAN no hacen más que menospreciar sus propias palabras. Recordar que en 1991 prometieron no expandirse hacia el este, y no solo lo incumplen, sino que expanden como una plaga los tanques en sus bases. Es decir, llevan más de 30 años rodeando a Rusia con armamento y amenazando sus fronteras, y resulta que es Rusia la que está poniendo en jaque al mundo.

06- Ya en 2007, Vladímir Putin denunció en su famoso discurso durante la Conferencia de Seguridad de Múnich que la expansión de la OTAN representaba una amenaza para el país e iba en contra de las promesas de la propia alianza. Pero, lógicamente, noticias de ese calado no tienen cabida en nuestros informativos.

07- La tralla que nos han impuesto éstos dos últimos meses para demonizar al presidente ruso y ensalzar la labor humanitaria no tiene desperdicio. Es tan impresentable, que da hasta vergüenza pensar y saber que los afirmacionistas son un grupo cada vez más grande. Mientras nos atosigan con la idea de la invasión rusa, unos 15 pueblos del Donbass fueron bombardeados.

08- Situación actual de Ucrania después de la jugarreta del Maidan. Lo que sucede siempre. Un país destrozado, en quiebra, y lo que es peor, un verdadero polvorín, del que ya han dado cuenta muchos periodistas. «La proliferación de la ideología nacionalista blanca en las fuerzas militares y de seguridad de Ucrania, entrenadas y apoyadas por Occidente, es un tema poco estudiado», afirmaba a mediados de enero desde Washington el periodista de investigación Oleksiy Kuzmenko. Ya lo alertó hasta la BBC en 2014 durante las protestas, cuando el periodista británico Gabriel Gatehouse entrevistó a varios neonazis orgullosos de estar al frente combatiendo a las fuerzas de seguridad ucranianas, antes de que se consumara el golpe. El nuevo gobierno apoyado por Occidente, tiene estrechísimos lazos con grupos de extrema derecha. Grupos que, además, han tenido el respaldo de la UE y de la OTAN en su formación. Y al igual que ha pasado en Iraq o Siria con los yihadistas, está pasando en Ucrania con estos personajes. ¿Cómo no vamos a defender a estos paramilitares?Líderes neonazis se hacen cargo de las fuerzas militares ucranianas y los gobernantes europeos, una familia afín a la apisonadora estadounidense, les ofrece ayuda. Es patético. Pero así funciona el mundo, y así se desintegra el hombre postmoderno capitalista.

09- ¿Quieres hacerme creer que ponen una bomba en la ventana de tu habitación, otra, en la del salón, otra en la del cuarto de baño, otra en el balcón, y tú no vas a salir a la puerta de tu casa a defenderla? Eso es lo que está sucediendo con Rusia, que está rodeada, y no de palomas mensajeras precisamente.

10- A partir de ahora, a verlas venir. Acoso y hostigamiento, sanciones económicas, estrangulamiento financiero, presión política, y pronto perseguirán comunistas como enemigos declarados de la paz y seres impresentables. Me sonrojo. Vivo en un mundo desmedidamente infantil. ¿Nadie va a imponer sanciones a los Estados Unidos de América por destrozar Vietnan, Siria, Libia, Irak, o tan solo por estar en guerra 229 años con 246 de existencia?. Vergüenza ajena.

OTAN No, Bases fuera


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En la boca del lobo

El enemigo entró a casa y no va a salir por la ventana

Podríamos deducir de todo aquello que está sucediendo en nuestro mundo, porque la mayoría de indicativos así lo confirman, que el peligro nos acecha desde hace tiempo. Y que en vez de procurar reinventarnos para salvar los trastos, estamos activando todos los interruptores que bloquean las alarmas.

Son muchos los acontecimientos que podríamos tener en cuenta y, tristemente, una sola la conclusión final: han asestado un duro golpe a Europa. Pero claro, lo que con gran esmero y una preparación exquisita ha ido sucediendo, ha contado con la colaboración de ilustres ciudadanos europeos y, como pasa siempre en estos casos, con nuestros mal llamados líderes y una enorme cantera de desinformadores que no para de crecer. Mario Draghi ha sido, por poner un ejemplo, uno de los grandes artífices del robo. Lo saben muy bien en Grecia y en Italia, y España también ha temblado gracias a la orquestada crisis financiera. El dato de la deuda pública hispana dice bastante de lo acontecido (en apenas diez años la deuda ha pasado de 383.798 millones en 2008, a 1,174 billones de euros en 2018).

Tal y como escribe el economista Fernando G Jaén, “…la crisis generada por los deudores, la tienen que pagar los ahorradores, mayor contrasentido imposible… salvo que aceptemos que la economía es manejo de los asuntos por los poderosos, como viene siendo a lo largo de la historia de la Humanidad; eso sí mediante discursitos convincentes y técnica que enmascare la realidad a ojos no avisados…”. Pero es mucho más importante entretenernos con  banalidades y con nevadas e inundaciones. Europa va a necesitar mucho tiempo para reincorporarse de nuevo, y probablemente eternidades para regresar a la paz social y política que estuvo a punto de extenderse en el continente. Tal y como lo testifica Jaime Richart, la estafa es desoladora.

Pensándolo fríamente, resulta desalentador llegar a la conclusión de que los medios de comunicación tienen tanto poder que nada podemos hacer contra ellos. Y esto no es algo nuevo. Lo escribió Jhon Swinton en 1880… “No existe en América prensa libre ni independiente. Ustedes lo saben tanto como yo. Ninguno de ustedes se atreve a escribir su opinión honestamente y saben también que si lo hacen no serán publicadas. Me pagan un salario para que no publique mis opiniones y todos sabemos que si nos aventuramos a hacerlo nos encontraremos en la calle inmediatamente. El trabajo del periodista es la destrucción de la verdad, la mentira patente, la perversión de los hechos y la manipulación de la opinión al servicio de las Potencias del Dinero. Somos los instrumentos obedientes de los Poderosos y de los Ricos que mueven las cuerdas tras bastidores. Nuestros talentos, nuestras facultades y nuestras vidas les pertenecen. Somos prostitutas del intelecto. Todo esto lo saben ustedes igual que yo”.

Si no, ¿puede alguien explicarme cómo es posible que nuestro continente se haya dejado arrastrar por la deriva de las políticas estadounidenses, favoreciendo plenamente a entidades financieras y corporativas dirigidas por unos pocos para ir amordazando a la población a un capitalismo de lucha y fricción continua, donde millones de habitantes quedan abandonados a la suerte? ¿Puede alguien, por favor, hacernos ver cómo es posible que años y años de barbarie política y bélica han ido imponiéndonos sin que nadie, absolutamente nadie renegara de ello?

La desmantelación de entidades políticas soberanas y el secuestro de la libertad llevan tanto tiempo instalados en nuestras mentes que ya es tarde. Todo un complejo entramado de poder, que instauró vías institucionales a través de un sistema de partidos envenenado, y una perfecta articulación con las élites perforaron hasta el tuétano el esqueleto de las democracias. Pero la labor de la prensa y la televisión y, ahora de las redes sociales, ha sido tan sofisticada que resultaba arduo poder llegar a concluir en debates de sobremesa que no existía tal democracia. Recuerdo muchas situaciones vividas con desconcierto. Casi nadie se hacía eco de esa llamada de socorro, y enarbolados por una sociedad de consumo que podía dispensarnos logros de vida perfectamente materializables, no eran pocos los que respondían que me fuera a vivir a Irán, o a Somalia, a ver si entonces alteraba yo mi discurso sobre el capitalismo. También era común defender que a lo largo de la Historia íbamos en un continuado logro de bienestar en términos generales.

Photo by joséluis vázquez domènech

Me temo que el castillo construido, casi siempre sobre ilusorias conquistas, está cayéndose a pedazos, como caen los andamios levantados sin armazón ni sentido. Aquellas lamentables hazañas constitutivas de compra son ahora deuda, o enorme sacrificio de vida. Y bolsas enormes de población son ya pasto de la pobreza, de la desigualdad y del abandono. Ya no hay vuelta atrás. El estado no va a sufragar los efectos colaterales del neoliberalismo. La privatización ya es germen infeccioso, y serán pocos quienes puedan vivir silbando la jubilación. Todo un éxito para los impulsores del sueño americano, ya cimentado en todos los rincones del planeta. Todo un fracaso para la civilización.

Se acabó lo que se daba. Los continuados ataques a Iraq, Libia o Siria, no son sino una parte del juego. Europa sigue en la diana. Había que colapsarla como fuera, aligerar su bienestar y endeudarla, instalarla en un conflicto permanente y no permitir, bajo ningún concepto, su alianza con Rusia. Ello derivaría en una situación catastrófica para los Estados Unidos, y como son éstos quienes nos guían, hemos ido directos al precipicio. Seguimos jugando a las redes, seguimos a Hollywood, seguimos enfrascados en series que nos alivian de la vida cotidiana, seguimos al “me too”, seguimos la supuesta línea de flotación de ongs y movimientos poco anti-imperialistas, seguimos los grandes eventos deportivos, seguimos a partidos que hacen de colchón de la protesta y no de detonadores de la explosión, seguimos las consignas… y para cuando nos damos cuenta, el delirio. Vaya, llegó el fascismo a Europa.

No tiene gracia, pero tiene guasa. ¿Qué queríamos? Duros a cuatro pesetas. Creer en su democracia y volar sin alas. La caída va a ser demoledora. La OTAN no se anda con tonterías, y nosotros no solo no nos hemos protegido, sino que proseguimos en la inopia. El gobierno español acaba de aprobar un presupuesto de 7.331 millones de euros para proseguir la guerra. Solo esto ya debería causar una repulsa social sin precedentes, que no debería dejar títere con cabeza. Pero nuestras movilizaciones vienen marcadas, como las cartas que usan los tramposos. Y no hay feminismo mayoritario consciente de desmilitarización, ni Podemos que nos salve de la quema, ni juventud emancipada del capital, ni actores dignos de tener en cuenta, ni protestas por las guerras ni transiciones hacia un nuevo hogar. Tan solo hay adscripción unidireccional, y ésta nos lleva a la continuación del dolor. Curiosamente se rechaza y boicotea a quienes no nos invaden y hay un seguimiento masivo de la incongruencia. La jugada es de tal envergadura que asusta. Millones de personas creen reforzar sus ideas progresistas porque muestran su rechazo a Trump (por poner un ejemplo) y, al mismo tiempo,  eso les envalentona para pasar el tiempo en sus perfiles, creyéndose impulsores de alguna extraña revolución. Es un excelente método para desgastar fuerzas, para redirigir el problema a otro lado.

Nadie se acordó de Libia, ni de Siria. De Yemen lo harán dos después de haber dejado al país en la hambruna y la desesperación. Pero ello no importa, porque con 7.331 millones van a dar carga de trabajo a la planta que tiene Navantia en Ferrol, y los trabajadores quedarán contentos, porque lo que importa es el pan y no las armas. Es deplorable constatar que ellos se pueden convertir en “grupo de presión” para que su gobierno les de trabajo a través de la industria armamentística. Raya el delito, y en vez de manifestarse por repudiar las bases militares lo hacen para conseguir un jornal a cualquier precio. Si, a cualquier precio. Nunca la clase política que pretende ser de izquierdas llegó tan bajo. Y ello tampoco es casual. El contexto en el que estamos no solo lo facilita sino que hasta lo fagocita.

Aunque no lo parezca, así es. Estamos en un ataque continuado a Europa, somos el cebo perfecto, y de rodillas nos sometemos y blindamos todas las fronteras con tanques y soldados, porque el “enemigo nos acecha” (Putin). Cuando en realidad el enemigo vive entre Israel y la Casa Blanca, y sus encargos son recibidos sin rechistar y bombardeamos lo que haga falta, hasta en nuestro propio suelo. Y si hay que eliminar Yugoslavia, se elimina, y si hay que activar la política expansionista con el fascismo, se incentiva. Ucrania es un claro ejemplo de ello. Bueno, en realidad Ucrania es el ejemplo más claro y que mejor constata la existencia de todas y cada una de las impresiones que estamos barajando: nos hicieron creer que había una revolución (Euromaidan), y nos la metieron doblada.  Se ejecutó un golpe de Estado contra el gobierno electo del 2014, y se puso en el poder a un gobierno fascista, seleccionado personalmente por la subsecretaria de Estado de EEUU, Victoria Nuland, como representante de Obama para la operación de cambio de régimen. Hablamos de un país al que se ha obligado a doblegarse a los intereses de la Unión Europea y de EEUU, recurriendo sin tapujos a grupos violentos nazis e instaurando un clima de tensión que ahora (vaya por dios), nos muestra sus dentelladas. Y, lógicamente, ese clima apuntará a encontronazos con Rusia.

En Estados Unidos los  planes de expansión tienen un único objetivo; trasladar las guerras a otros territorios, minar las fuerzas de quienes pueden hacerle oposición, y decapitar a quienes tengan el valor de prometerles desobediencia. Nosotros somos sus vasallos, y  terminaremos llenando las calles, como ellos, de huérfanos e indigentes, de desplazados e inmigrantes, de recolectores de sueños y de excombatientes. Los datos asombrarán, pero llegarán aquí con tal rapidez que para entonces ya no habrá tratamiento. Para entonces, tendremos una deuda pública desorbitada, una tasa de paro estructural muy peligrosa, unos salarios aún más constreñidos, una educación y sanidad más privatizada, una oferta cultural elitista (a la que solo podrán acceder las rentas media-altas) y una perversa clase política enmarañada en la más reaccionaria de las etapas hasta ahora conocidas en la modernidad. Pero eso sí, tendremos el honor de respaldar la mejor liga del mundo.

Los peores tentáculos del capitalismo ya nos han abordado. El neoliberalismo y el fascismo van de la mano y les queda un largo recorrido. El uno no se puede entender sin el otro. Y no, no es el nacionalismo el mal que acecha Europa. Son esas políticas degradantes incorporadas en Europa con fuerza desde años antes de que nos inocularan la supuesta crisis. Son los servicios a la banca y los pagos de la deuda. Son la austeridad y la violencia. Son las guerras y un poder centralizado alejado de la ciudadanía. Son los presupuestos insolidarios. Son la oligarquía y la desigualdad. Son la privatización y la prepotencia. Son las miserables condiciones a la que nos someten. Y todo ello, ha venido para quedarse un tiempo.

Estamos en la boca del lobo, y salir de ella va a tener un alto precio. O la revolución, o la más decadente de las fases históricas vividas en Occidente desde la segunda guerra mundial.

P.D. ¡No querías taza, pues toma taza y media!. Y recuérdalo, cuando se vaya Trump, entonces comenzará a llegar la verdadera demolición, porque él está ahí para despistar, para acoger en su seno todas las iras, mientras entre bambalinas, se extiende la peste.

OTAN NO, BASES FUERA

Colaboración para Ojos para la Paz e Iniciativa Debate


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Occidente

MiCita con las palabras

No asumimos las consecuencias de las guerras que provocamos y, lo que es más grave, hasta somos capaces de pensar (y creer) que somos suministradores de la conciliación y de la paz.

(Nos queda mucha luz que vislumbrar, para cerciorarnos de todos los túneles que tenemos que atravesar)

Photo by joséluis vázquez domènech


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Saludo

Conferencia Paz y Solidaridad parea Siria

Hoy al mediodía me corresponde, en nombre de Ojos Para la Paz, hacer el saludo protocolario de nuestra organización, en el acto de clausura que tendrá lugar en el Centro Cultural Moncloa. Estáis todas y todos invitados.

Diré así…, después de un momento de silencio…

«En Siria y en muchas otras partes del mundo, miles de personas esperan pacientes a que el silencio sea el abrigo de sus sueños. Ese silencio que aquí se hace tenso, es el eco de su esperanza; es la ausencia de todas las explosiones y el comienzo de una nueva vida.

Me llamo joséluis vázquez domènech y pertenezco al colectivo internacional Ojos Para la Paz, que desde el primer momento entendió la necesidad de poner en marcha el Movimiento de Apoyo a Siria. Ojos Para la Paz nació tras el asalto de la OTAN a Libia en 2011, y fueron dos mujeres como Leonor y Purificación quienes abrieron las puertas a cientos de personas para que hoy seamos un gran grupo exigiendo la no injerencia, el cumplimiento del derecho internacional, la justicia, la paz, y el silencio…

Son muchas más de las que creemos, las personas que trabajan desde sus pequeños cobijos para poder transformar esta triste realidad.

El 28 de enero, en un local de Vallecas, 16 personas nos reunimos con el objetivo de apoyar a un pueblo que está siendo ultrajado desde hace seis años. Tal y como venían sucediendo los acontecimientos, y ante el clamoroso desembarco de cientos de periodistas retenidos ante la verdad oficial y presenciando la deriva en la que se han habían situado infinidad de personas a título individual y muchos partidos de izquierda, vimos necesario abrir las puertas a una masiva convocatoria. El primer documento que surgió de allí se bautizó como «Acta de Constitución del Movimiento de Apoyo a Siria». Las primeras intervenciones y decisiones fueron resolver cuál sería el nombre que deberíamos dar a dicha movilización. A partir de ahí, un largo e intenso recorrido. Viendo aquella imagen y reteniendo hoy todo lo acontecido estas dos jornadas, creo que puedo llegar a expresar que la magia existe, y que hay personas dispuestas a dar pasos hacia adelante aun a costa de mitigar el tiempo en sus vidas, de dormir poco, de viajar mucho, y de mostrar una preocupación latente por la consecución de la paz en el mundo.

Ésta misma preocupación, que se convierte en angustia en más de una ocasión, creo que también la sufren millones de personas en el mundo. Y de ello quiero hablar un momento.

Pocas horas después de que Estados Unidos bombardeara la base aérea de Shayrat lanzando 59 misiles desde dos buques de guerra (el USS Ross y el USS Porter) que tienen a bien pernoctar al norte de la bahía de Cádiz, los avances informativos de medio mundo coreaban al unísono la misma consigna: «gran parte de la comunidad internacional avala dicha acción».

Pero quienes estamos aquí no somos parte de su comunidad internacional. Quienes estamos aquí tampoco somos nadie para los medios de comunicación que asumen sin rubor su papel colonizador. Pero estamos aquí…, para recordar entre otras cosas que la comunidad es un ente plural formada por una ciudadanía que, en su mayoría, aborrece las guerras y no quiere saber nada de los incesantes juegos armamentísticos con los que someten a medio mundo. La comunidad está harta de que en su nombre se proyecten y ejecuten las más insolentes acciones bélicas y, lo más importante, la comunidad no duerme solo en las parcelas de Occidente. Hay comunidad, más allá de Europa y más allá de los Estados Unidos de América. Hay una inmensa mayoría al otro lado de nuestro escudo protector que también tiene voz y, aún más, tiene derecho a la vida.

Photo by joséluis vázquez domènech

Ni la OTAN ni la Unión Europea representan a la mayoría pacífica de un mundo que someten a sus caprichos y sus malvadas pretensiones.

Un gran número de periodistas deberían hacer valer estas pequeñas matizaciones y acostumbrarse a inyectar un poco de profesionalidad a sus subversivas desinformaciones.  Y deberían de saber que no existe comunidad alguna en el mundo que respalde la guerra (a excepción de aquella que ha sido empujada a ella). Solo hay un grupúsculo de francotiradores apostados en los balcones de los Estados que apuestan por las bombas, bien pagados por quienes financian los genocidios y las invasiones, por quienes domestican hasta las tierras de cultivo y explotan las nubes de algodón.

No existe ese consenso de la comunidad para avalar el terror, no vinimos al mundo para apadrinar el hostigamiento continuo, no formamos parte de ninguna red de bandoleros que claman ni tan siquiera venganza, no nos acostamos pensando qué país queremos invadir mañana, no nos gusta dar la mano a quien siembra terror bajo las montañas, no incentivamos el desprecio hacia las otras personas y, qué duda cabe, tampoco participamos de ninguna cruzada contra nadie.

Todo ello no es sino parte del juego de quienes buscan una y otra vez la guerra para apoderarse del control y de todas las riquezas. Todo ello solo representa a la voz del amo y quiere callar la boca al pobre y al inocente pueblo agraviado. Somos mayoría quienes clamamos por un mundo justo y en paz, quienes luchamos y lo seguiremos haciendo, contra los misiles y la mayoría de medios de comunicación.

Han invadido Siria, la han bloqueado y han expandido el caos. Y al igual que ocurrió en Libia, la historia se repite. Hay que recordarlo, y debemos seguir haciendo frente a esa banda de malhechores que insisten en divulgar sus bárbaras pedagogías llenas de capitalismo y de mala fe.

De aquél 28 de enero en Vallecas, queda hoy registrado este grito de paz y solidaridad con el pueblo sirio.

En nombre de todas las personas que formamos parte (desde muchos de los rincones del mundo) del colectivo Ojos Para la Paz, no a las Guerras, no a la OTAN, no a las Bases Militares, y un abrazo inmenso a quienes desean terminar con el estruendo de las bombas y el ruido de las falsas palabras.»

 


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La Guerra Mediática (I)

Las dianas del imperialismo

No sé por qué Estados Unidos piensa que tiene que recorrer el mundo 
obligando a la gente a tomar nuestra forma de gobierno a punta de pistola. 
Cuando se tiene algo realmente bueno, 
no necesitas imponerlo a la gente porque ¡Te lo roban!
         (Dick Gregory)

 

Como ya hemos ido analizando y reconstruyendo los últimos acontecimientos protagonizados por los ejércitos de la falsa globalización, siempre acompañados por sus misiles de largo alcance, y no parece que aún así se haya podido lograr el más mínimo consenso en esta parcela de Occidente en cuanto a poder discernir dónde está situado unos de los mayores ejes del terror y artífice de las más cruentas invasiones, he tomado la decisión de rentabilizar mis palabras y mis reflexiones, y  trataré de dotarlas de una mayor dosis pedagógica. De éste modo intentaré en todo momento establecer comparaciones y/o mostrar documentos o grabaciones en las que los mismos protagonistas de los capítulos más vergonzosos de nuestra Historia Contemporánea desnudarán sus maliciosas intenciones.

No nos hemos cansado de repetir la ardua tarea que supone avanzar contra corriente, esto es, contra el fragor de unos medios de comunicación y unas redes sociales que están poniendo innumerables barreras al buen uso de la información y su distribución. Por ello, somos conscientes de la enorme dificultad que supone exponer planteamientos que trastocan por completo las ideas que la mayoría de la población tiene con respecto a todo lo que acontece en el inframundo del espectáculo publicitado.

Es tal el colapso al que nos vemos sometido que la sensación de estar desbordados y, la mayor de las veces contrariados, llega a producir en quien observa el deseo de abandono, esgrimiendo también para ello que los acontecimientos son enormemente complejos para su comprensión.

Todo ello no es casual, y es ahí donde vamos a incidir desde este primer momento. El objetivo del capitalismo es proseguir con su afán de expansión y consumo. Bebe de las fuentes energéticas y de los recursos naturales para que sus motores no se apaguen, y así, los busca hasta en el último rincón del planeta para abastecerse de toda la intendencia necesaria. Allí donde encuentra oposición somete al valiente infractor a todos los chantajes posibles hasta conseguir su alienación, y si por cualquier circunstancia este hecho no se da, se prepara una nueva guerra. Las bases militares son el primer frente de expansión de ésta ideología, y comandadas por el gran mercado de las finanzas, abren el camino para la futura entrada de las multinacionales y su banca. Pero como el proceso es del todo irresponsable y criminal observado desde este enfoque tan cabal y nada surrealista, se procede por un lado a impedir traspasar sus líneas para que así no podamos investigar (no vaya a ser que descubras algo que no encaja) y, por otro, a enmascarar la tragedia para convencer al mundo de que a veces, el uso de las armas es necesaria.

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Pues bien, precisamente para que ese uso se justifique se «persuadió» a los medios para que participaran, y quien no lo hiciera, quedara como los anteriores valientes infractores, en las cunetas de la carretera. Esto viene sucediendo desde tiempos inmemoriales, pero todo indica que vivimos el momento más infranqueable, éste en el que más dificultades hay para poder diseccionar la realidad. Y si no participas de su verdad, quedas expuesto a la misma maniobra: te compran y has de proceder a ser el eco de su voz, la corbeta de sus propósitos. De lo contrario, tu suerte ya no será parte del destino, sino de ciertas cruzadas poco amigas de la bondad. Como la guerra es necesaria para sus fines, más lo será esa capacidad que ha de tener el sistema para convencernos de ella, y es ahí donde entra en juego sin mesura alguna, la intransigente guerra mediática que nos aprisiona.

No estamos dentro de ningún laberinto. El esquema es mucho más sencillo de lo que nos quieren hacer creer, y los periodistas se han convertido en los implacables soldados necesarios para que la catástrofe pueda vestirse de fe.

Siria es la última diana del imperialismo, y como bien anuncia José Antonio Egido en su último libro, Siria es por ello el centro del mundo. Hasta aquí no parece haber grandes dificultades para comprender cómo veo yo el proceso, por lo que no será difícil abrir las puertas a ésta nueva sección donde propondré un nuevo modelo de observación, alejado de la maniquea idea de que todo es muy complicado de entender, y más próximo a establecer los parámetros donde residen las causas de los conflictos, y no a entender los conflictos en si, ya que éstos, si devienen en acontecimientos muy complejos debido a su intrincada relación con la estrategia del caos.

Releyendo una vez más lo expuesto, resultará lógico comprender que los centros de interés estarán por tanto en la dirección marcada por los pasos que desea dar el capitalismo en su versión estadounidense, y si Siria, Rusia, Irán, Venezuela, Corea del Norte, Libia, Cuba, etc. son parte de su oposición, detengámonos a pensar que, lógicamente, la guerra mediática se situará en engañarte en relación al pasado y futuro de esos países y sus gobernantes.

Mi preocupación ante la poca acogida de ésta hipótesis es constante desde hace tiempo. Por un lado, no es sencillo de entender que las mismas personas que en los años ochenta tenían clara cómo era la política externa de los yanquis, hoy se hayan pasado al bloque donde se sitúa con argumentos inverosímiles esa supuesta equidad del mal, donde tanto Rusia como Estados Unidos actúan por igual. Digo difícil de entender porque las pruebas a las que tenemos acceso deberían situarnos en otros parámetros muy alejados de esa «forma de ver». Y, por otro, me desalienta por completo esa nueva percepción que está completamente dominada por la invasión de una única fuente de información.

Antes de que se proceda a la crítica teórica de éste punto de partida, comenzaré en breves días a identificar con ejemplos que considero relevantes al imperturbable aniquilador de la esperanza universal. Invito a que me acompañen en este itinerario a todas las personas que así lo deseen, pero sobre todo a quienes aún son capaces de sostener las  extrañas peripecias de las primaveras árabes y las revoluciones de colores y son capaces de justificar las injerencias constantes. Así, tendréis aquí un espacio para rebatir mis argumentos y proceder a debatir sin miedo a interferir.

Son muchos los países que están en la diana, pero son muchos más los cerebros a adiestrar, que están en el centro de sus maniobras.

Hasta más ver, un abrazo!

No a la Guerra, no a la OTAN, no a las Bases Militares


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La construcción social y política del «otro» como amenaza

Tu enemigo está en el poder

(leer con cuidado y sin prisas)

Silvio Berlusconi afirmaba que la civilización occidental es superior a todas las demás y que su destino, por tanto, sería conquistar a las civilizaciones inferiores.

Esta declaración es un ejemplo significativo de esas pequeñas “dosis” que nos van inyectando quienes ostentan el poder, con el único fin de ir construyendo entre la población ideas preconcebidas. De ese modo lo que se consigue es ir configurando un constructo social donde el otro ya empieza a formar parte del grupo de nuestros adversarios.

Esas pequeñas dosis van circulando por las venas del tejido social y, sin darnos cuenta,  se reafirman en el marco de un sistema de valores que anticipa nuestra identificación con nuevas normas y costumbres.

Posteriormente, y gracias a los usos (y abusos) de la política cotidiana convertida en ley, se comienza a aceptar y percibir como algo “natural” la existencia de una jerarquización cultural. Desde los partidos, desde los medios y desde los púlpitos se alimenta la idea de una peligrosa amenaza, esa “otroriedad” ante la cual se nos insta a construir un espacio de resistencia.

Con todo ello terminamos por rechazar, odiar y menospreciar al inmigrante, al refugiado y al pobre. Y si es preciso, hasta los eliminamos. El dictamen lo puede arropar Dios con su comprensión y ejecutarlo el Estado con su negligencia.

Se nos instruye para advertirnos de lo que puede llegar a suponer la aceptación de toda diferencia, y se retrata de ese modo al extranjero como elemento extraño y perturbador.

La expansión colonial y la movilidad de los pueblos han traído consigo un escenario de relaciones interétnicas de las que iban surgiendo diferentes corrientes de pensamiento, pero debemos recordar que quien iba tomando partido por la invasión o la confrontación siempre era amigo de mostrarnos que había una serie de actitudes inadmisibles que propiciaban la necesidad de una intervención.

Los otros como bárbaros, incivilizados o incultos hasta propician la desalentadora justificación de la esclavitud, la rapiña y la explotación. Y en medio de tanta ceguera solo triunfa la marginación, y lo que se conquista es el insolente apego a una única forma de entender la vida y la salvación.

El siglo XXI comienza con una manifiesta intención hegemónica  y de prepotencia y tras el atentado de las Torres Gemelas se identifica rápidamente al adversario con el fin de promover la agresión con fines exclusivamente lucrativos. Una planificación exhaustiva que contempla una artificiosa reconstrucción del “otro” como amenaza, y que consigue crear una perfecta representación con un enfrentamiento entre civilizaciones, donde tenemos a un lado el occidente moderno y progresista y al otro el mundo islámico, cuando menos medieval y bárbaro.

Geert Wilders, Parlamentario por el  Partido por la Libertad que él mismo fundó en Holanda, dio un discurso años más tarde en el Hotel Four Seasons de New York en el que, entre otras cosas, nos recordaba unas palabras atribuidas a Winston Churchill cuando hablaba del Islam y se refería a él como “la fuerza más retrógrada en todo el mundo”.

Esta es solo una forma directa de menospreciar a toda una comunidad, pero hay una cantidad ingente de maniobras que se realizan desde el poder  para que dicha creencia quede grabada en nuestra memoria colectiva y, posteriormente, pase al universo privado a través de nuestros propios filtros (ya teñidos con simbologías manchadas de racismo) y se convierta en certidumbre inquebrantable y, paradójicamente, fundamentalista.

Otra es la adulteración ideológica con el claro objetivo de señalar donde está el peligro, y así poder ubicar con precisión a alguna agrupación o entidad que se supone obstruye nuestro camino.

Y una última, mucho más importante, es la de externalizar nuestros modos de rebeldía fuera de los parámetros del propio sistema y de nuestras instituciones, para que éstas permanezcan siempre ocultas y fuera del alcance de la ira colectiva. Todo ello porque los mismos que nos hacen creer que nos enfrentamos a un grave peligro son, en realidad, nuestro gran peligro.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Las cosas así (estamos en un momento histórico que requiere de análisis profundos, compromisos y acciones inteligentes que permitan hacer frente a políticas segregadoras, militaristas, mercantilistas, depredadoras, machistas e insostenibles), y mientras no seamos capaces de percatarnos de ello y sumar esfuerzos, estamos encaminados a seguir sufriendo las gravísimas consecuencias que gracias a sus actos van a persistir en el tiempo.

La historia se repite, y tras los atentados de París del 13 de noviembre la maquinaria más bizarra y que dice ser representante de nuestros intereses vuelca todo su arsenal en precisar no sólo donde se ubica el gran desafío al que nos enfrentamos (Siria), sino que además lo identifica con una población inmensa (la musulmana) y le confiere la condición que no desea aceptar en su territorio (la refugiada).

No importa que todo el discurso, de principio a fin, sea el banderín de enganche con una población secuestrada a través del miedo, y tampoco que la narración sea falsa en casi toda su totalidad. Ninguno de los terroristas de París era un refugiado sirio: todos eran europeos.

Conscientes de que es más que probable que tengamos que poner en duda todas las versiones ofrecidas en relación a lo acontecido esa aciaga jornada y en los días posteriores, resulta cuando menos injustificado que no existan apenas medios de comunicación que se planteen con rigor y con seriedad que estamos ante un momento crucial en la oscura historia del viejo continente.

Si proseguimos incapacitados e inermes para luchar contra nuestros propios políticos nos encaminamos a un futuro incierto, injusto, desequilibrado y confrontado, y a todas luces…, excesivamente peligroso.

La gran estrategia de quienes nos gobiernan es tener constantemente un chivo expiatorio, porque la desaparición de éste supondría quedar expuestos a nuevos y contundentes análisis que, a buen seguro, se centrarían en ellos. Ese proceder siempre ha existido, y es como si estuviéramos imposibilitados para deshacernos de un modelo de sociedad arcaico y primario, donde la criminalización del que ”no piensa como yo” es una constante a lo largo de todos los periodos históricos.

Lo más grave aflora cuando ya sabemos que el factor económico juega un papel fundamental en este macabro juego, a través del cual toda una comunidad será  proclamada a viva voz portadora de un extraño gen violento que estamos obligados a extirpar.

El distanciamiento que se construye de ese modo es cada vez mayor y la verdad unilateral se convierte en dogma. No habría otra forma de poder justificar tanta barbarie y tanta indisposición humanitaria. Y es en estas condiciones donde mejor se elaboran y gestan los modelos de identificación de los supuestos enemigos.

Y así, cuanto más déspotas e intimidatorias sean sus operaciones con la sociedad civil (reformas laborales, eliminación de servicios públicos, estados de excepción, etc.) ello nos vendrá a decir que más beligerantes serán con nuestros señalados adversarios.

Los modos son siempre los mismos. La violencia y el miedo penetran en nuestras vidas, y silenciados por una eficaz mordaza nos sometemos al sofisticado acto de la estricta obediencia.

Nos quieren hacer creer que frente a nosotros tenemos una religión que en su esencia busca nuestra peor pesadilla, pero con lo que nos encontramos es con el peor rival instalado en casa propia, nuevamente recreándose con el mundo y subvencionando el arte de la guerra.

A nuestro alrededor hay miles de predicadores que nos están guiando a prueba de bomba y, conscientes del futuro que ellos mismos inventan, nos adoctrinan haciéndonos ver que el mal menor es la mejor opción que se nos presenta.

Lógicamente estamos obligados  a evaluar éstas y todas sus palabras. Si venimos de tiempo atrás analizando y constatando no solo lo que ya acontece, sino que además nos aventuramos en aquello que pensamos va a suceder, es muy difícil que podamos detenernos ante tanto atropello y no lo recordemos una y otra vez. “Una nueva guerra planificada: Siria”.  (Por imperiosa necesidad). Lo escribí el cinco de diciembre de dos mil once.

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

El maniquí de un individuo (fervoroso de su religión) atacando Occidente ya ha llegado, cargado de cinco años de preparación y buen tino. Siria va a ser arrasada, partida en diferentes territorios para la mayor gloria de Israel, y probablemente solo quede bajo su nombre la capital y un entorno no muy grande.

Lo demás será pasto de las llamas y de los negocios y las estrategias repartidas. El impecable profesor de pedagogía también habrá hecho un trabajo encomiable, y el furioso enemigo capaz de tanta barbarie acabará succionado por la propia espiral que le dio su nombre.

Antes, mucho antes de que existiera tu máximo oponente…, existía el poder. Y él y solo él se encarga de programarlo y de moldearlo, y es él quien se responsabiliza de darle vida para que su rostro te contamine.

La fuerza más retrógrada del mundo, señor Churchill, no reside en convención religiosa alguna, sino en los modos con los que cada cual aplica su credo en vida. Ya dejó usted constancia de ello en la Batalla de Galípoli o de los Dardanelos, famosa a la par que terrible por ser una de las más sangrientas, y porque una decisión también suya consintió la nada despreciable cifra de  110.000 muertos y 250.000 heridos.

Qué fácil es orar y fumar un gran puro mientras son otros quienes se disparan creyéndose enemigos.

Lamentablemente la sociología se pasó al marketing y la ciencia de las políticas a ser usufructo del Estado más ruin. Si dispusiera de una varita mágica convertiría el periodismo en oficio innegociable y no lucrativo, donde sus artesanos recogieran, analizaran, contrastaran y difundieran información independiente.  Pero todo está vuelta al aire y nuevamente toca elegir. Entre el bien y el mal, entre ellos o nosotros, entre la hipocresía y la insensatez.

Yo no tengo ningún enemigo, como no lo tiene mi vecino, ni lo tiene mi hermano que vive en Riad. Los tienen ellos, que llevan años decidiendo, que se intercambian misiles, que se reúnen en sus cuevas y persisten en su inquebrantable maldad.

Normalmente hombres que dirigen, hombres que se abalanzan sobre otros hombres, hombres que ametrallan y violan, hombres que dibujan con su sudor las huellas oxidadas de la evolución, hombres con enfermedades congénitas, hombres que se hacen políticos, se disfrazan  y mandan, hombres que cogen y se empecinan, hombres que con sus ejércitos todo lo inundan, hombres bala y hombres de armas tomar.

Normalmente hombres sin música, hombres sin educación alguna, hombres sin poesía, hombres sin estrellas ni utopías… Hombres sedientos…

(Yo también tengo grandes problemas con Europa, y no soy cristiano ni tampoco soy musulmán. Y ya no sé dónde mirar, porque en todos lados me encuentro con hombres, y como tal me da vergüenza continuar).

Colaboración para Iniciativa Debate

 

 

 


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Breve Historia del siglo XXI

Este es un breve resumen de la historia de la vida cotidiana en occidente.

“Ayer transferí mi sonrisa a la casa de empeños que está en la avenida. Me dieron 20 dólares por ella, y con ese dinero me inscribí en un seminario de autoayuda”

Photo by Joséluis V. Doménech

Photo by Joséluis V. Doménech


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Nos aproximamos hacia el amor

Desatando nudos. Nos aproximamos hacia el amor

La sociedad occidental idealiza el enamoramiento y lo presenta como un objetivo a perseguir, convirtiéndolo en la clave para alcanzar la felicidad y huir de la vida cotidiana. Y miles de creyentes, fieles a dichos principios, orientan sus acciones en dicho sentido, con enormes expectativas para ser célebres protagonistas de su propia biografía.

Con el enamoramiento comienza el “renacimiento”, hay una nueva forma de observar el mundo, un margen de esperanza en el intrincado laberinto de las pasiones y de los deseos. Sigue leyendo