Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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La propaganda bélica de la OTAN

Probablemente, estamos asistiendo a la internacionalización de la mentira en su mayor grado de intensidad. Nunca hasta ahora los medios habían llegado tan lejos y con tanta precisión. El éxito que arrastra la campaña de difamación de Rusia es exponencial. A cada misil publicitario, se redobla el porcentaje de población que tiene claro que Putin es su mayor enemigo. A cada folletín informativo en los telediarios le sucede la lástima, como parche decorativo de la inercia que arrastra consigo toda la propaganda del régimen imperialista. Lástima por los efectos perversos de toda guerra. Lástima ante las canallas imágenes subtituladas. Y, la mayoría de las veces, falsas.

El problema, el primer gran problema al que nos enfrentamos, es la ignorancia. El segundo, el desconocimiento de dicha ignorancia. Estamos, en cierta medida, ante una debacle humanitaria. Y del mismo modo que ha sucedido con la pandemia, Occidente se ha vestido de autarquía para ofrecernos, en exclusiva, la única interpretación posible. La suya.

En los muchos años que llevamos interpretando el oficialismo del discurso globalizador, sabemos ya unas cuantas cosas. Pero basta una para saber por dónde van los tiros (y nunca mejor dicho) y para sacar la única conclusión viable. Los gobiernos que se van sucediendo en EEUU no solo representan la mayor amenaza para la humanidad. Son, sin lugar a dudas, el mayor enemigo de la humanidad. Quien no tenga claro esto, debería ir retirándose a sus aposentos. Y una de dos, o tomar la determinación de informarse, o no inmiscuirse, bajo ningún concepto, en ninguna propagación de la mentira. La razón es obvia, y fundamental. No posicionarse en contra de dichos gobiernos, de la OTAN, y de la UE en éstos momentos, es dejar vía libre al nazismo. Es permitir el saqueo. Es dotar al poderoso de todas las herramientas para que siga torturando y aniquilando toda esperanza de cambio.

Podríamos resumir todo ello en una frase, bien clara, y bien definitoria. Si todo el mundo supiese lo que es capaz de hacer el brazo armado del capitalismo, saldría corriendo. Procuraría escapar del asedio y del terror. O lo que viene a ser lo mismo. Si todo el mundo supiera lo que ha sucedido en Ucrania desde finales de 2013, se echaría a temblar, y no precisamente por los bombardeos rusos.

La cuestión, la duda…, sobrevuela en muchos de nosotros. ¿Deberíamos poner las imágenes? ¿Deberíamos destrozar corazones con toda esa documentación de la que disponemos y que, ahora mismo, está surcando por tantos sitios? ¿Deberíamos concienciar a través del dolor y las emociones? Una amplia mayoría no acepta esta posibilidad. Pero ello nos expulsa, otra vez, al ostracismo. No poder arremeter contra el conformismo y la polarización mostrando la crudeza de la realidad no nos favorece, sencillamente porque nos tienen atrapados. En su círculo vicioso. En su laberinto sentimental que tanto les ha costado construir.

Del mismo modo que cualquiera ya debería saber dónde posicionarse con absoluta facilidad, también debería haber aprendido a menospreciar al manipulador. Debería haber aprendido las tretas, los juegos sucios, las herramientas utilizadas por los señores de las guerras para guiarnos por sus senderos de gloria. Debería…, pero sigue el impulso del detonador de la televisión. Sigue arrastrándose por el fango dejado por los periodistas. Muchos son claro ejemplo de ello, y la alarma roja se encendería si los nombrara. Han vuelto a cometer la atrocidad de no contar la verdad, de no imprimir a sus relatos la voz de los desheredados, y estrechar la mano de quien les da de comer. Sobran ejemplos. Quienes seguimos sus pasos, lo sabemos. Quienes seguimos sus pasos, hasta hemos visto como eliminan tweets que les hubieran dejado en evidencia. Y observamos hasta cómo son capaces de ofrecer el micrófono a nazis que están ensangrentando las grietas abiertas de Europa. Estamos ante la evidencia, han dejado de lado la deontología para formar parte del ejército. Es no solo descorazonador, sino terrible. Si todo el mundo supiera lo que ha sucedido en Ucrania este siglo. Si todo el mundo pudiera ver cómo miles de soldados están cometiendo los crímenes más atroces…

Ayer me costó dormir. Me llegaron muchas imágenes. Muchos vídeos. Pero esta vez eran muy perjudiciales. Me retrotraen a los tiempos en los que los rebanacuellos atormentaron a Siria. Esta vez, incluso acostumbrado al horror de las guerras, resultaba más hiriente. Y había dos razones para ello. Por un lado el terror en sí, y el inmenso dolor de las víctimas. Y, por otro, la imposibilidad de darle la vuelta a la historia. La imposibilidad de hacer ver lo increíble, lo innombrable, lo escondido. Solo voy a escribir lo que sucedió en uno de ellos. “Un soldado ucraniano detiene a un hombre. Le interroga pidiéndole que le diga dónde están las posiciones rusas. No consigue respuesta. Coge un cuchillo y lo apuñala varias veces en sitios no letales. Al no hablar, decide clavárselo en el ojo. Sus chillidos son el espanto de nuestra era. Al final, muere sin remedio. Y el soldado que lo ejecuta decide gritar -Gloria a Ucrania-. El prisionero, era civil”.

Si. Pensaréis que en todos lados ocurre lo mismo. Pero olvidáis muchas cosas. Y una de ellas, importantísima, es saber cómo hemos llegado hasta aquí. Y os lo voy a recordar, hasta que os sangren los ojos. Si supierais lo que ha ocurrido en Ucrania, romperíais todas las televisiones y, probablemente, os enojaríais, muy mucho, con vuestros periodistas de referencia. Sencillamente, porque esa referencia es la base del desfalco. Porque la masacre no contada del Donbáss es una de las razones de la guerra. El Donbáss. El terror sobre un pueblo…

Seguir las narraciones ayuda mucho a comprender. Hasta tal punto, que cuando has hecho callo, necesitas dos telediarios para saber qué está sucediendo. Luego, vienen la reflexión, la recopilación y el contraste de información. Me excedo. Actualmente, con el callo ya tienes suficiente. No necesitamos ni dos días para intuir que lo que están contando, no es cierto. Dejamos evidencia de ello tantas veces que ya ni nos ruborizamos. Al comienzo de todo el operativo creado por los medios yo, personalmente, os lo escribí. Con claridad. Putin, nunca bombardeó ninguna central nuclear. ¿Os han llegado las radiaciones? ¿habéis sentido el impacto del uranio empobrecido en vuestras mejillas?. Lo único a lo que habéis llegado es a creer a pies juntillas todas las miserias que nos arrojan, como deshechos de sus digestiones monetarizadas. Ese ejemplo, es solo uno entre mil. Y tampoco voy a enumerar el parte plagado de imperdonables engaños con el que nos han sometido todas estas jornadas.

Solo me gustaría plasmar la importancia que tiene detenerse un minuto. La temible maquinaria con la que operan para tergiversar todo lo que acontece, avanza sin fisuras hasta cumplir su objetivo. La asombrosa facilidad con la que lanzan historias prefabricadas es tan prodigiosa que pueden hacerlo cada 24 horas, con la complicidad de la ingenuidad del televidente, y con el perfil domesticado del bochornoso ciudadano europeo, que se ha plegado a la barbarie con una facilidad inusitada. Es igual hablar de la central nuclear, del teatro, de la mujer embarazada, de Navalny o de los corredores humanitarios. Todo, es un absoluto circo del que formas parte. Y estás en la obligación de salir de él. Insisto. Solo tienes dos opciones. O te informas, o no tienes ningún derecho a promocionar el nazismo. Y en este preciso instante, dejarse llevar por la propaganda proucraniana es permitir el afianzamiento de una dictadura global sin precedentes. A no ser, claro está, que esa tristeza que recorre todo tu cuerpo también perviva cuando Palestina, Libia, Siria o Yemen son atacadas sin contemplaciones por los mismos que ahora abogan por la causa antirusa.

Lo siento. Hay que ser duros. Ya no son horas para contemplar el atardecer cuando el fuego ha invadido nuestro hogar. Europa no es un refugio para sus habitantes, y hay que hacer constar, sin dilación, que formamos parte de un coalición que está al borde del suicidio. Si no quieres formar parte de esta broma de muy mal gusto, hay que levantarse. Levantarse y alzar la voz. Porque dentro de unos años es posible que lo vayamos a recordar. Tienes la posibilidad de informarte. Si no lo haces, apresúrate a sentir el latido de la culpabilidad en tu nuca, como la sintieron muchos millones de alemanes después… Después de que ya fuera demasiado tarde.

Si. Estoy enojado. Y, a veces, triste. Procuro despertar cada mañana y trabajar sin que todo ello me afecte. Casi siempre lo consigo. Pero ayer, ayer vi cosas terribles. Y hoy, hoy no podía detenerme ante mis sensaciones. La obligación apremia. Esa labor que no hacen desde el periodismo hay que cubrirla, antes de que estallen la rabia, la impotencia y el dolor.

La prensa libre debería ser aquella que defiende al pueblo de las arbitrariedades de la política. De no ser así, ¿qué queda? Una férrea disciplina hacia el poder que acalla las voces de la sociedad. Es fácil constatar que la prensa está mediatizada, alquilada al mejor postor. Y como rehén que es de la banca, se desvive por ella. Recordemos la jornada posterior a la muerte de Emilio Botín. Todas las portadas se vistieron de rojo, de gala para arrodillarse ante su mesías.

Con el tiempo, sofisticados mecanismos han empeorado la situación, hasta tal punto que nuestros cerebros son ya el blanco de la OTAN. Y ahí vuelve a empezar todo, a desdoblarse la Historia. En recientes filtraciones hemos descubierto una nueva modalidad de guerra, y esta organización expone con pelos y señales en qué consiste. En resumidas cuentas, la Guerra Cognitiva formará parte del nuevo arsenal ideológico militar, con el único y claro objetivo de debilitar y eliminar al enemigo potencial, estabilizando su causa en su propia casa. Claro que la guerra psicológica es tan antigua como la humanidad, pero ahora está encapsulada en parámetros de vigilancia masiva, espionaje electrónico, análisis en tiempo real y operaciones militares encubiertas: en 2016, la OTAN incluye el ciberespacio como Dominio Militar, y en marzo de 2020 expone las tendencias militares de desarrollo para los próximos 30 años.

¿Pero, qué es la Guerra Cognitiva? Es muy sencillo. Es todo el conjunto de técnicas de las que se van a servir para hacer que las voluntades de los receptores coincidan con aquellas que se quieren “implantar”, a través de la alteración de los mecanismos cognitivos. Esta alteración, para que siga su curso con naturalidad y no sea invasiva, se realiza con métodos o fórmulas aparentemente no coercitivas, y de ese modo la manipulación, los análisis y los razonamientos influyen de tal modo que las víctimas terminan por pensar igual que sus verdugos. ¿No me digáis que no es genial? Todo el proceso termina por crear una confusión que incapacita a la ciudadanía para dirigir su ira hacia ese poder que nos está maltratando.

Y la munición que utiliza ese poder no será sino esa información elaborada hasta en su último detalle. El trabajo sucio se practica en todos los lugares y a cada instante, penetrando en todos los rincones y todos los órganos sociales, de la mano de unas políticas y de unas instituciones de las que se sirven para que la sociedad en su conjunto termine completamente “militarizada”.

Todo está perfectamente diseñado para que la posterior guerra narrativa asuma una única interpretación, con unos hechos (sin que importe lo más mínimo que sean verdaderos o falsos) que irán consolidando el guión completo, con su inicio, su nudo y su desenlace. E ir contra esta percepción global será ya una auténtica odisea. El estado de confusión atraviesa todo el entramado y hay una dificultad tremenda para recuperar la autoidentificación y luchar por las propias ideas. Las nuevas batallas se sirven de las nuevas tecnologías, con escenarios cambiantes que terminan por hacer de cada acontecimiento una compleja construcción que requeriría de análisis más distanciados. Pero esa distancia ya no existe, porque nuestros cerebros ya están en medio de su guerra.

Espero haber sido certero en este análisis, y se haya comprendido. Porque ahora, viene el broche final.

La OTAN ha subcontratado propaganda de guerra a un conjunto de empresas. Y así, cada segundo, todas las cadenas del mundo y al mismo tiempo divulgan las mismas imágenes con los mismos contenidos. La consigna, muy clara. El cuento, muy vendible; David contra Goliat y el mito de la resistencia ucraniana. La campaña, demoledora, con mensajes clave que van surcando por nuestras neuronas hasta que nos revelan el deseo de acabar con el enemigo.

Un ejército de estrategas y una inmensa red de medios vinculados a la inteligencia militar han hecho un trabajo extraordinario. Sin verificar en ningún momento toda la información que llega de Kiev, se va difundiendo la propaganda a través de empresas que trabajan directamente para el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania.

Todo con precisión y puntualidad. Parece ser que los directores de orquesta son Nicky Regazzoni y Francis Ingham, que con la inestimable ayuda de un sinfín de empresas difunden el acto propagandístico más vil acontecido útltimamente. En un proceso largo que resultaría tedioso de contar hay un eje vertebrador desde el cual se surte de información falsa a todo el mundo: desde el propio Ministerio ucraniano se distribuyen documentos y “noticias” que nos llegarán a través de los mil y un informativos.

Y he aquí el complot. Entre las construcciones de propaganda diseñadas a tal efecto tenemos el “bombardeo” de la maternidad o el bombardeo del teatro de Mariupol y, claro está, la tan manoseada información que se emitió sin parar durante varias jornadas ofreciendo la siguiente noticia: “Europa entera está al borde de un desastre nuclear. Las tropas rusas han comenzado a bombardear la planta de Zaporizhzhya, la más grande del continente”. Todo ello retransmitido incesantemente con el fin de construir y divulgar como “crímenes de guerra” los actos cometidos por los ejércitos rusos, incluidos, como no podía ser de otra forma, los continuos ataques a la población civil. No importa que todo sea mentira. Lo único que importa es que nuestros cerebros colapsen de comunismo, y encumbremos la causa ucraniana.

El apoyo público de los países occidentales es el reclamo. La casi completa adhesión de sus habitantes el triste resultado. Dan Cohen ha descrito muy bien cómo se ha realizado esta propaganda. Es necesaria la labor de mucha gente, pero como todos los medios son de los mismos acreedores, no ha resultado nada complicado. Hay otra figura muy importante en todo este entramado. Se llama Yaroslav Turbil, una especie de jefe de las comunicaciones estratégicas para globalizar toda la propaganda. Como siempre, un sujeto que ha trabajado en múltiples organizaciones de la “sociedad civil”, tan de moda en todos aquellos países donde el brazo armado americano pone a a su disposición todo lo necesario para desestabilizar hasta nuestros sueños.

Los servicios de inteligencia, a través de este entramado tan bien elaborado son capaces de hacer creer que hay refugiados de primera y de segunda, y lo hacen tan bien que hasta se te puede encoger el corazón cada vez que ves brillar el azul celestial de su bandera.

Hay que concentrarse. No sólo están destrozando nuestras vidas. Quieren hacernos partícipes de una jugada que hasta puede resultar delictiva, y en la que todos estamos siendo protagonistas. Y lo voy a decir por última vez. No quiero creer que colaborar con el nazismo sea ningún objetivo acertado. Resultados de una encuesta ofrecidos ayer muestran que siete de cada diez españoles ven con buenos ojos no solo formar parte de la alianza atlántica, sino que además apoyan el envío de armas. Y más de un ochenta por ciento temen a Rusia.

Espero, con el corazón en la mano, que no seas ninguno de ellos.

Paciencia joséluis, paciencia…

OTAN No, Bases Fuera


Pacifismo sin escrúpulos

Siendo el objetivo de la OTAN derribar su muro del este y el de Estados Unidos la adquisición de poder a cualquier precio, no son de extrañar sus incesantes movimientos para instaurar un nuevo proceso de control social y de sometimiento, cada vez más cerca del autoritarismo y de la supresión de derechos fundamentales.

Otra cosa es llegar a comprender la catarsis popular, que en nombre de un pacifismo televisado, adquiere tintes hegemónicos y de propaganda universal. Si no fuera por las tristes consecuencias que todo ello va a tener en un futuro muy cercano, los acontecimientos devienen inverosímiles y hasta cómicos.

Del mismo modo que millones de personas “padecieron” sufrimientos ostensibles durante el abandono de Afganistán por parte del imperio, y empatizaron como nunca con sus mujeres hasta el punto de querer traerlas a todas a nuestro occidente tan amigable, ahora las mismas personas vuelven a pasar por ese proceso de humanismo incontrolable, y quieren traer a todos los niños ucranianos para adoptarlos y ayudarles alejándoles del ruido de las bombas.

Del mismo modo que millones de mujeres siguieron la estela del me too, abanderadas por Hollywood y Femen, y decidieron salir a las calles y hacer la revolución sin exigir una verdadera transformación, ahora las mismas personas gritan a los cielos para que todas las palomas blancas aleteen con sus consignas antibélicas.

Del mismo modo que media población de repente se sintió ecologista y admiró el enorme trabajo de la juventud liderada por Greta Thunberg, y tomó la decisión de tomar las calles para cambiar el planeta (mientras las verdaderas líderes eran asesinadas sin contemplación alguna en Latinoamérica), ahora las mismas personas contraatacan señalando a Rusia sin miramientos.

Del mismo modo que la población europea se encandiló con un tal Obama, y aplaudió hasta con las orejas su triunfo electoral, a la búsqueda como estaba de líderes justos y poco agitadores (olvidándose milagrosamente de todas las guerras que provocó), ahora las mismas personas exigen con los corazones rotos la paz perpetua como si les fuera la vida en ello.

Del mismo modo que los medios señalan con el dedo, y la gente avanza a paso firme al lugar señalado, llegará un día en que perseguirán comunistas y algún que otro periodista despistado. Y llegará un día en que impondrán sus designios a la luz de la censura institucionalizada, y arropados por la mágica autocracia global saldrán a las calles a celebrar el triunfo de una nueva forma de tiranía, encubierta de mayorías de temerosa ignorancia.

En una de mis últimas intervenciones advertí con claridad que podíamos caer más bajo aún y, en el breve plazo de un mes, hemos caído al precipicio. Habitantes de todas las urbes piden la paz hasta en la cola de los supermercados, los estadios se llenan con las banderas ucranianas, las calles estallan con el estruendo de millones de voces contra las batallas, los gobiernos se apresuran a lanzar sus ayudas humanitarias, y los informativos…, los informativos arruinan nuestras vidas. “Acaba de comenzar una guerra”, y todas las campanas repican en las conciencias de las personas.

Esas personas… ¿Dónde habitaban hasta ayer? ¿Dónde escondían su rabia y su dolor? ¿Dónde depositaron sus palabras y sus miedos? ¿Dónde protestaron ante las tropelías? ¿Dónde escribieron de impotencia y doloridas? ¿Dónde olvidaron sus vergüenzas?

De la noche a la mañana, las mismas personas, todas y cada una de esas personas descubrieron que había una guerra, y que semejante despropósito no se podía tolerar. Emocionadas e impulsadas por un destello interior, y armonizando con un nuevo mundo, se despojaron de todas sus vestiduras y se encaminaron con paso firme hacia una nueva regeneración de sus vidas y el planeta. Y por todo ello, les estamos sumamente agradecidos. Y si no fuera porque no nos lo permiten, estamos a nada de exigir que el próximo premio nobel de la paz sea para todas ellas, como sorprendente labor humanitaria nunca vista hasta ahora.

Arremeter contra Putin se ha convertido en un deporte olímpico, pero no es más que una automatización de la mirada enquistada. Es tan sencillo lanzar dardos contra su diana como alabar, por ejemplo, la resistencia de un pueblo luchando por su vida. Las dos caras de la misma moneda. Las dos caras del desconocimiento.

Estados Unidos sale de nuevo indemne y, lo que es peor, reforzado en su inquebrantable carrera para que Europa se mutile, y Rusia se descomponga. Es una jugada tan malvada como planeada, pero la ciudadanía de este continente está maltrecha, herida por una afección informativa espartana. Incomprensible, pero real. La cultura del monopolio globalizador ha hecho estragos, y sus redes han atrapado hasta al austero lector de novelas de evasión. Lo vamos a pagar caro, muy caro.

De nada sirve que cien guerrilleros de las redes lleven años interceptando los mensajes que lanzan los políticos y sus amigos los periodistas desde sus guaridas, y los divulguen avisando de la catástrofe. De nada sirve que llevemos años mostrando, con toneladas de información y documentación los planes del imperio. De nada sirve gritar en medio del narcotizado aforo del capitalismo; el público se entretiene con todo aquello que se divulga, como pez hambriento en medio de un mar extenso y sin vida.

Se sale a los balcones con la misma facilidad con que uno se puede ir de compras. Y hoy, se habla de la guerra como si ayer no la hubiera. Siria, Sudán del Sur, República Centroafricana, Nigeria, República Democrática del Congo, Afganistán, Irak, Yemen… No. No hay guerras en el mundo. La primera desde 1945 es ésta de Putin. La más tenebrosa, la más escandalosa, la más impune.

Todo lo demás es un simple juego, una invención comunista para distraer a los conspiranoicos. No hay maldad en el mundo. Solo Rusia encierra una crueldad necesitada de cirugía. Pero estamos acostumbrados. Las cerillas alumbran más cuando toda la cajetilla se enciende al mismo tiempo. Y todo occidente está ahora mismo ebrio de luz, iluminada por la OTAN y los Estados Unidos de América. Siento cada vez más vergüenza del mundo que me rodea.

El 02 de mayo de 2014 fueron quemados vivos en Odesa, por los neonazis ucranianos, 36 miembros de organizaciones comunistas y de izquierda. Asesinados por los mismos grupos neofascistas que respalda Ucrania y, por tanto, la UE y EEUU. Quienes sobrevivieron en la Casa del Sindicato donde se produjeron los tristes sucesos, fueron enviados a prisión, acusados de terrorismo. Pero los pacifistas que ahora brotan como setas no olieron esos cuerpos calcinados, dado que sus informantes nada les dijeron.

En la charla que dimos en el Club de Amigos de la Unesco, Javier Parra, José Couso, Evgeny Evdokimov, Purificación G. De la Blanca y yo, el 28 de enero de 2017, denunciamos el acoso y derribo a Rusia. Hablamos de la estrategia del caos, del nuevo orden mundial, del papel de la OTAN y de otras muchas historias muy tristes. Lógicamente, no os contaron nada de esa charla en televisión. Pero quienes fueron, saben muy bien lo que allí aconteció. Saben muy bien que todo lo que hoy está sucediendo, es algo tan sencillo como un plan. Que viene de atrás, del lejano occidente. Y, lógicamente, no es que no nos pille desprevenidos, es que todo nos termina por hacer mucha gracia. Oliver Stone piensa lo mismo. Desde que produjo el documental sobre Ucrania del que ya dimos cuenta, está desterrado, por intentar ser un periodista. Julian Assange también sabe mucho de eso. Está encerrado, por intentar ser un periodista. Hace pocos días detuvieron en Polonia, en un pueblo fronterizo con Ucrania, al reportero vasco Pablo González, por intentar ser un periodista. De las millones de personas que éstos días están compungidas y clamando por el arresto de Putin no van a detener a nadie. Sencillamente, porque el bando de los buenos y de los demócratas está de parte de Ucrania.

Desde 2014 a 2022 se calcula que el gobierno de Kiev ha matado a unas diez mil personas en el Donbass, con continuas incursiones y bombardeos, sin que un solo medio de comunicación de masas nos informara de ello, sin que un tierno pacifista europeo clamara al cielo ante la barbarie. Una persecución contra una población olvidada por un dios nada poderoso.

El departamento de propaganda sabe de sobra cómo engañar a la población, cómo domesticar y cómo afianzar los valores adecuados para su causa. El goteo continuado de información antirrusa ha hecho de Europa, durante todo este siglo, un enjambre de ciudadanas y ciudadanos ejemplares, convirtiéndolos sutilmente en belicistas pro OTAN. Si, en auténticos belicistas, apadrinados por la histeria colectiva y el miedo, incendiando su lado amable y quebrado de información delictiva.

Para quienes llevan mucho tiempo luchando, de verdad, contra las guerras, el actual capítulo ucraniano es una especie de consolidación del final de una era. El telón ha caído, y un nuevo capítulo de nuestra historia comienza a abrirse paso. Sobre el escenario, las arenas movedizas europeas.

Como escribe Heden Delnz, Ucrania no es más que un caballo de troya introducido por los EEUU en la frontera, y éstos vuelven a abrirse paso colocando los cimientos para nuevas guerras en Europa (entre europeos), para que puedan salvar así su agonizante modelo capitalista. Pero eso sí, sin que caiga una sola bomba en su país, mientras nosotros nos destrozamos sumisos a sus consignas.

El primero de marzo Joe Biden ofreció su primer discurso del estado de la Unión: “Pasaremos esta prueba. Para proteger la libertad y la autonomía, para expandir la equidad y las oportunidades. Salvaremos la democracia”. Muy interesante. Los mismos que provocaron el cambio de gobierno en Ucrania y financiaron a grupos nazis y se sirvieron de ellos para sus propios propósitos nos dicen que van a salvar la democracia. Los mismos que la pasada semana trasladaron a unidades de combatientes de Al-Qaeda al frente ucraniano nos dicen que van a proteger la libertad. Y mientras, el mundo lo celebra. El mundo aplaude las restricciones, las amenazas, los embargos y las sanciones económicas, deportivas y culturales a Rusia. Estamos jugando con fuego, y Europa, sobre todo, está dando alas a un nuevo tipo de fascismo, que deambula de un lado para otro, a través de “grupos rebeldes” que son capaces de instalarse en las cúpulas del poder. Jugando con fuego.

OTAN No, Bases fuera

posdata con un poco de humor: La Federación Internacional Felina (FIFe, por sus siglas en francés) también se ha sumado a las sanciones contra Rusia y ha decidido imponer restricciones a los gatos criados en el país euroasiático.

En un comunicado, la entidad afirmó estar «conmocionada y horrorizada» por la operación militar rusa en Ucrania y que no podía quedarse de brazos cruzados. Por esa razón, decidió que a partir de este 1 de marzo «ningún gato criado en Rusia puede ser importado y registrado en los libros de pedigrí FIFe fuera» del territorio ruso.

Además, «ningún gato que pertenezca a expositores que vivan en Rusia podrán participar en ninguna feria organizada por la FIFe fuera».

Como han sugerido algunos internautas, estaría bien que Occidente imponga sanciones al viento del norte, que sopla a través de Rusia.


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Rusia

Hoy, 27 de enero, se cumple el 77 aniversario de la liberación por parte de las tropas soviéticas del campo de exterminio de Auschwitz. Pero todavía hay quienes alaban la labor de los Estados Unidos y de Gran Bretaña en la segunda guerra mundial, dejando de lado a los verdaderos protagonistas. Cuando menos, es un insulto, un desprecio absoluto por las 25 millones de personas que se dejó la Unión Soviética en el camino. Pero, ¿a quién le importan los muertos en los conflictos (sobre todo los muertos comunistas)? ¿A quién le importan las tragedias que consumen a los pueblos? Es descorazonador llegar siempre a las mismas conclusiones, pero más lo es saber que siempre hay ciertas conductas que se repiten, y por más que lo hagan, observar que todo el mundo sigue mirando para otro lado o…, hacia el mismo…

¿Eres de esas personas que cada vez que escucha hablar de Vladimir Putin le brota un sarpullido y cuando oyes a cualquier presidente estadounidense apenas tienes una contractura en el cuello? ¿Perteneces a ese grupo de televidentes «bien informados» que abrazan a Alexéi Navalni y despotricas contra todo lo que se mueve por Moscú? ¿O, más bien, todo te resulta ajeno porque pasas de la política, pero en el fondo desconfías de Venezuela, Siria, Cuba o China?. Permíteme, en cualquier caso, hacerte saber que eres afirmacionista sin escrúpulos, y que dicha definición, dice mucho de ti.

Lo primero que dice es que tiendes en exceso a no discriminar las noticias y que, por tanto, haces caso omiso de la heterogeneidad y complejidad informativa. Lo segundo, que te sostienes en un criterio personal un tanto precario, y que como le ocurre a una inmensa mayoría de la población, te dejas llevar por las torrenciales corrientes llenas de emoción. Porque muy emocionante tiene que ser todo en la vida si no te quedan ganas de asestar un duro golpe a la conciencia occidental, esa que de la mano de la OTAN lleva aniquilando desde tiempos inmemoriales a media humanidad.

Ya hicimos algunos sacrificios en el pasado para dejar constancia de ello, pero es imposible luchar contra los medios, contra todos, porque los mismos de siempre nos tienen amordazados, arrinconados y señalados, al igual que le está ocurriendo a toda aquella persona capaz de poner en entredicho cualquier discurso oficial. Esa impotencia es la que nos doblega, la que amputa las esperanzas de transformación. Pero hay algo mucho peor, algo que termina por apartar a quienes desean mirar de frente a cada individuo para interpelarle por muchos interrogantes, como los arriba mencionados. Ese algo es el afirmacionista sin complejos.

Después de que la Unión Soviética se dejara el alma en su lucha contra el nazismo, Estados Unidos aprovechó la ocasión para crear una alianza militar capaz de asestar un duro golpe a la soberanía de muchos países. Y fue imponiendo sus criterios y sus caprichos sin que Europa, en su línea servil y vergonzosa, hiciera nada para detener esa ofensiva.

En ese largo y triste proceso, que no ha terminado, las violaciones de la Carta de la ONU han sido constantes, pero también han ido ocurriendo muchas otras cosas importantes que estaría bien que tú, pro Obama, o pro yanqui, o pro Kamala o todos los pros que se nos puedan ocurrir en relación con los perfiles “suaves” de la política internacional se nos ocurran, deberías saber.

Deberías saber que Helmut Khol, o François Mitterand, o James Baker (secretario de estado de Bush padre) conformaron acuerdos con declaraciones muy importantes en las cuales se manifestaba la no expansión beligerante de la OTAN hacia territorio ruso. Había un acuerdo tácito para no alterar el mapa geopolítico, pero el incumplimiento continuado ha sido una constante. Es decir, la amenaza persistente a la que se ha ido sometiendo a Rusia desde entonces no solo no se ha detenido, sino que con la incorporación de los países bálticos a la Unión Europea y la re-construcción de una Ucrania fascista (con un fondo de 5.000 millones de dólares que tuvo a bien llevar Victoria Nuland, una mujer de la que es preferible mejor no sepas nada), se ha incrementado hasta el punto de dejar a Putin contra las cuerdas.

También deberías saber que el 18 de noviembre la ONU aprobó una resolución para combatir la glorificación del nazismo, el neonazismo y otras prácticas que ayudan a alimentar las formas contemporáneas de racismo, entre otras cosas. 2 países votaron en contra: Ucrania y Estados Unidos. 53 se abstuvieron; todos los miembros de la UE y socios de la OTAN. (Solo esta noticia es suficiente para resumir cómo funciona el mundo).

Y también deberías saber que lo acontecido en Kazajistán no es una revolución de colores (otra más), contra su presidente, porque su población esté al borde del colapso, sino una ofensiva más para debilitar a Rusia y atacarla desde todos los frentes. ¿O acaso crees que grupos coordinados y francotiradores armados en las manifestaciones son capaces de asaltar cuarteles como por arte de magia?. Parece muy importante recordar que también fue atacada la cárcel de Taldikorgan, que fruto de la casualidad estaba llena de presos islamistas. Informes de seguridad kazajos estimaron que más o menos 20.000 amotinados se dieron cita con el nuevo festín del imperio. Y entre ellos, claro está, unos personajes a los que denominamos yihadistas.

Esta embestida va, además, acompañada de la desestabilización de Transnistria, otro territorio pro-ruso que hay que desmantelar, que hay que impregnar de odio y guerra hasta diezmar al enemigo. ¿Nunca oíste hablar de Transnistria? Eso también dice mucho del afirmacionista consagrado a los medios. Estados Unidos va a por todas, y movilizó a la Unión Europea para formalizar aquello que mejor sabe hacer: un bloqueo económico contra este pequeño estado, que tuvo la idea de decidir en referéndum separarse de Moldavia. Estados Unidos es una apisonadora, y está intentando debilitar a Rusia obligándola a movilizarse en muchos puntos diferentes.

Yo, ya estoy cansado de tener que exponer argumentos, de tener que mostrar documentos, de tener que traer a colación vídeos o instantáneas que respalden todas y cada una de mis reflexiones. Sencillamente, porque ya estoy herido de apoplejía social contaminante.

Así que paro por hoy y te dejo una foto, la foto que acompaña este texto. Y si esa foto no te dice nada, no es que seas afirmacionista, es que además, necesitas, con urgencia, cambiar de hábitos de vida, porque tu vida en su conjunto, ha colapsado bajo el fuego y los medios imperialistas.

P.D.: Hace bien poco, el 24 de enero, pudimos saber por boca de nuestra querida representante Ursula Von der Leyen (otra mujer de la que también es preferible huir), que la Unión Europea a través de su Comisión ha propuesto “un macropaquete” de 1.200 millones de euros para ayudar a Ucrania a afrontar sus necesidades. Tiene mucha gracia. Unas necesidades impuestas por nosotros. Y así todo… Desde 2014 la Unión Europea y sus instituciones han otorgado a este país unos 17.000 millones de euros en préstamos y ayudas. Ya sabéis, para comprar magdalenas y, de paso, hacer una revolución de todos los colores. Que nuestra propia estupidez nos pille confesados!

A cuidarse

OTAN no, bases fuera


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La Guerra Mediática (VI)

La parcialidad informativa

Si de algo adolece nuestro «sistema democrático» es de uno de sus principales pilares, es decir, de la efectividad de ese cuarto poder que debería servir de control y lo único que hace es respaldarle en sus impertinencias.

Junto a los principios del derecho y los designios de la moral los periodistas se deben a la deontología profesional, resultando de todo ello una serie de normas o principios con los que regular su actividad que no es otra que la de informar con objetividad y neutralidad.

Al no haber jueces que impongan el buen hacer de esa actividad, con el tiempo no solo se ha devaluado, sino que se ha erigido en el verdugo perfecto de quien desea ejercer su dominio en nuestra sociedad. Los medios de comunicación en general no solo no cumplen con los requisitos a los que supuestamente se deben, sino que además imponen barreras para que su profesión no la pueda vestir de gala quien pretenda con otros procedimientos trabajar.

La insolencia es abrumadoramente ejemplar. Y son tantos y tan bien respaldada está la profesionalización de la estafa, que el engranaje funciona de un modo certero y difícil de desmembrar. 

Últimamente andan sobrados de un jocoso anti comunismo de lo más vulgar,  y Putin es el centro de sus dianas. Todo lo que procede de Rusia o habita dentro de sus fronteras lo convierten en un golpe de efecto ejemplar, y ay! de quien procure defenderlos o simplemente querer matizar. Que la homofobia está presente en su sociedad, el lobby gay respaldado por las finanzas le asesta un golpe en el año de su olimpiada. Que se crea una nueva ley sobre la violencia doméstica, se le impone un castigo difamando hasta lo que no está escrito en su constitución. No importa que la gran Alemania hasta el año 1994 haya impuesto una férrea y vergonzosa «disciplina» hacia los homosexuales, condenándolos con el infausto artículo 175 de su Código Penal, lo importante y noticioso es que ahora les van a indemnizar. Es intrascendente que Arabia Saudí incumpla una y otra vez toda la carta de los Derechos Humanos, y trate a las mujeres y la homosexualidad como solo un jeque absoluto lo puede hacer, lo importante es que se respalden las políticas económicas y bélicas con un socio de armas tomar. Y tampoco resulta significativo que nos vayamos de excursión a Qatar con las pruebas de automovilismo o con cualquier otro torneo deportivo de millonarias audiencias, aunque dentro de sus fronteras ocurran los actos más detestables que cualquier sociedad pudiera tolerar. 

Por una suculenta cantidad de dinero para el grupo privilegiado y por un poco de calderilla para el trabajador de a pie, se le ha olvidado a medio mundo (de quienes trabajan en los medios de información) que medir con el mismo rasero es una regla esencial que no deberíamos olvidar. Pero la balanza está tan escorada hacia un lado que hasta algunos parlamentos y congresos están dictando leyes para frenar la «propaganda rusa» , que al parecer está inoculando veneno allá por donde va.

En cuatro de cada diez países del mundo ser homosexual es un delito castigado con la cárcel e incluso con la muerte, pero el ser más impresentable de la tierra ha de  ser ruso, porque así lo demanda la geoestrategia, y allá que van, acorazados con sus acreditaciones periodísticas regaladas en su primera comunión a la caza de la noticia que hay que difundir. Y lo más tragicómico lo vi hace poco en un festival de cine y artes escénicas LGTB, que tuvo a bien difundir un spot de Amnistía Internacional (casualidad) y seguramente respaldado por el grupo de presión de turno poniendo cara a Putin y siguiendo con el hostigamiento al enemigo declarado. No se les ocurrió hacer un anuncio que luche contra la homofobia en todo el mundo, o proponer algún guión transversal que fuera válido para su causa criticando la misma actitud en un estado de Norteamérica o en Sudáfrica. No, el anuncio iba dirigido directamente hacia la persona de Putin, porque lo que ahora importa es difamar y contribuir a su «única verdad». No he podido conseguir el anuncio y es una lástima, porque resultaba al menos una buena sombra en la que nos podríamos cobijar.

Photo by joséluis vázquez domènech

Pero sí tengo una gran novedad que la mayoría han dejado pasar, porque no tiene ninguna importancia para las mismas personas que se encargaron de hacer viral aquella ley hecha noticia (que se vendió como «pegar a la mujer una vez al año será legal») con la que nos atropellaron sin cesar. Y allá que vamos a contribuir difundiendo algunos de los logros legales aprobados hace poco en Alaska. Nimiedades en relación al tétrico espacio inhabitable que gobierna el implacable Vladimir.

Hace poco el periódico «The Independent» sacó a luz la noticia: en Alaska, tras la aprobación de un proyecto de ley, los violadores podrán denunciar a sus víctimas si abortan, incluso en los casos de violencia conyugal. Una orden judicial permitirá que el médico no pueda seguir con el procedimiento, y el marido podrá plantear la denuncia contra él con el fin de bloquear la posibilidad de que se realice un aborto. Otros seis estados han aprobado leyes casi idénticas, pero la noticia no corre como la pólvora, porque ésta solo ha de explotar en una parte de nuestro mundo sin igual.

Hay más. Escribes en el buscador de Google: «Alaska violencia conyugal aborto el país internacional»…, ¿y qué aparece?. La noticia de Rusia!, de la que se hicieron eco todos los internautas porque así debía de pasar. Cuando menos, surrealista.

Pero la guinda del pastel, como no cabría esperar, está sobre la cabeza de Putin…, y de Donald Trump. No creo que haya nadie a estas alturas que no haya leido o escuchado esa «primicia» cuya insistencia no ha hecho sino constatar lo que venimos aquí señalando. En cambio, sin prueba alguna y sin documento que otorgue la más mínima credibilidad, medio mundo está convencido de que los rusos han tirado por la borda las esperanzas de Hilary, y que sus hackers han contribuido de muy malas maneras a la victoria del vellocino de oro. Nada más lejos de la realidad. Tenemos datos que, por un lado, niegan tales hechos: Julian Assange  lo ha desmentido una y otra vez, pero es un forajido. También lo ha desmentido el exembajador británico en Uzbekistán Craig Murray (2002-2004), revelando en una entrevista exclusiva al diario británico Daily Mail la verdadera fuente que proporcionó al portal de filtraciones los correos electrónicos de la excandidata a la presidencia estadounidense.

Las cosas no se ponen muy bien para la mayoría de los periodistas, cuya única fuente de información es que la CIA y el FBI dicen y constatan que el objetivo de Rusia era favorecer a un candidato sobre el otro, sin hacer nunca público informe alguno. Así es, dicen y constatan, pero nadie nunca jamás ha ofrecido prueba ninguna. 

No termina aquí el desbarajuste. Tenemos datos nuevos, casi hasta reveladores. Resulta que puede ser la propia CIA la que se hizo pasar por hackers rusos para así poder culpar a éstos del desaguisado. No se lo pierdan. Nada es concluyente, la guerra del ciberespacio no ha hecho más que comenzar, pero tenemos más datos que muestran lo contrario de lo que nos quieren hacer creer y, por tanto, quienes van perdiendo por goleada son los demócratas, con Barack Obama y Hilary Clinton como foco de la rebelión.

Recordatorio. Todo comienza cuando salen a la luz los correos que muestran cómo el propio Comité del Partido Demócrata (DNC) se ríe de la campaña del senador Bernie Sanders favoreciendo descaradamente la victoria de la dama de las guerras. Y eso sí que fue un complot en el seno del propio partido, que recuerda un poco a lo que en España también acaba de pasar.

 

 

 


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Mi intervención en el Club de Amigos de la Unesco de Madrid I (tercera entrega)

CAUM, Madrid, 28-01-2017

 “La Unión europea contra Rusia – desinformación como arma de destrucción masiva-”

Photo by joséluis vázquez domènech

Photo by joséluis vázquez domènech

03- Guerra Contra La Información Alternativa

El gobierno de Estados Unidos ha aprobado una nueva ley, aportando para ello la nada despreciable cifra de 160 millones de dólares, con el fin de poner trabas u ocultar la información que no se ajuste a sus narrativas de propaganda.

La nueva ley obliga al Secretario de Estado a colaborar con el Secretario de Defensa, el Director de Inteligencia Nacional y otras agencias federales para crear un “Centro de Compromiso Global”, que tendrá como objetivo dirigir, sincronizar y coordinar los esfuerzos del Gobierno Federal para reconocer, comprender, exponer y contrarrestar todos los intentos de propaganda y desinformación de otros estados o agentes que persigan socavar los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos. Este centro se coordinará con las naciones aliadas.

Tal y como señaló Hilary Clinton: “Es imperativo que los líderes del sector privado y público intensifiquen la protección de nuestra democracia”. Y nada mejor para ello que atizar al presidente ruso acusándole de un continuo hacking para justificar la existencia y operatividad de este Centro planeado perfectamente con anterioridad.

El modus operandi ha quedado bastante en evidencia estos últimos meses, con una alocada y endemoniada maniobra de todos los medios occidentales.  La estrategia era (y sigue siéndolo) bien clara; mostrar en portada cada jornada alguna noticia denunciando a Rusia de saboteadora o de ser capaz, incluso,  de legislar permitiendo que se pueda pegar a las mujeres sin que ello conlleve castigo alguno. Una difusión de la propaganda más esperpéntica y entusiasta ejercida por miles de periodistas sin escrúpulos.

Pero hay más, dicha ley introduce la necesidad de derrotar todas las narraciones no deseadas, autorizando a los diferentes departamentos a utilizar todo tipo de tecnologías con diferentes prácticas, entre ellas, la de proponer que Google, Facebook y otras compañías tecnológicas encuentren maneras de bloquear o señalar ciertos sitios de internet como proveedores de noticias falsas o de propaganda rusa.

Los promotores de la ley mantienen que la amenaza informativa que están sufriendo es tan descomunal que requieren para ello del esfuerzo conjunto y continuado de todos los agentes y de todas las diplomacias. Precisamente ellos, quienes extienden la propaganda y la desinformación son quienes dicen sentirse indefensos, mostrando una y otra vez como ejemplo la filtración de los correos electrónicos de los demócratas, que para más inri, fueron la razón de la debacle de Hilary Clinton en su deseo de llegar a la presidencia. (Y recordémoslo, a pesar de que Julian Assange y el exembajador británico Craig Murray hayan admitido que los rusos no eran la fuente).

Estados Unidos es experta en hacer ley las más macabras ideas para asestar el golpe definitivo a su particular crisis de poder. Así, puede defender que se entrene y pague a activistas, a periodistas y diferentes grupos de la sociedad civil con tal de crear y difundir historias falsas que sirvan para su causa. Y los medios sociales son una vía estupenda para con la ayuda de los medios de comunicación hacer creer, por ejemplo, que Putin en realidad es vasco y militó en ETA en sus años mozos.

El trampolín de salida está siempre en un objetivo previamente diseñado, al que le sigue una posterior demonización del enemigo y la consiguiente “necesidad” de crear unas leyes que respalden cualquier tipo de intervención.

Entendemos mejor de este modo los movimientos que se están haciendo paralelamente en nuestra maltrecha Europa, como la propuesta de resolución  “sobre la comunicación estratégica de la unión para contrarrestar la propaganda de terceros en su contra», aprobada en el Parlamento en base a un documento presentado por la exministra polaca Anna Elzbieta Fotyga, y que no representa sino la implantación de la censura contra los medios rusos.

Si nos detenemos y prestamos atención a los discursos occidentales, podemos observar cómo se van sucediendo las tramas e historias falsas en relación a aquellos personajes que desde la órbita del poder tienen a bien aniquilar. Es igual que hablemos de Bashar Al-Assad, Putin o el mismo Trump. La propaganda mediática es una apisonadora constante, y ahora Rusia está sometida a su continua intimidación. 

Es igual que sea hablar de descuartizamiento de niños, de ataques con armas químicas, de bombardeos sobre hospitales, o de operaciones que tenían por objeto asesinar a los civiles de Alepo. Todo vale en esta farsa contemporánea donde es difícil poder contrarrestar la información desatada desde todos los ángulos y todos los frentes contra el más mínimo principio de neutralidad.

Y siendo precisamente algunos medios rusos los que ofrecen una alternativa a esta denodada política absolutista, se quiere a toda costa, acabar con ellos.

No se trata de que estemos en la obligación de denunciar estos modos contra todo aquello que afecte a Rusia, si no que estamos en la necesidad imperiosa de exigir una total libertad para que toda la ciudadanía tenga libre acceso a todos los diferentes cauces de información, actualmente monopolizados por las garras del pensamiento único y globalizador. Y todo porque resulta bochornoso observar cómo todos los canales de televisión y toda la prensa española están, por ejemplo, aliados en una única dirección, que imposibilita reconocer tan siquiera una pequeña parte de lo que realmente está aconteciendo.

Es inadmisible poder conformarnos con la supuesta mala suerte que tenemos cada mañana, amaneciendo con titulares que casi en su totalidad coinciden estrepitosamente en las mismas cosas y hasta con los mismos pareceres. Y así es, nuestros eminentes periodistas independientes hacen gala de su profesionalidad apuntando todos en la misma dirección: Rusia.

El cuento es tan repetitivo, tan absurdo y tan viciado, que llegan a proponer las más hilarantes noticias. Es decir, profesionalizados ya en el arte de menoscabar la figura de Putin se les va la mano de tanto insistir en dicho objetivo. Solo falta ya que nos digan que los 20.000 rusos que viven en la comunidad valenciana son, en su mayoría, asesores de Compromís y de Podemos.

No debemos olvidar que todas las narraciones que disientan o pongan en cuestión la verdad oficial son descartadas por principio, sin que importe quién las elabore y ni tan siquiera cómo. Y de esta manera quedamos a merced de un luto perpetuo, por la muerte sobrevenida de un periodismo que se ha vendido.

Periodistas como Rania Khalek, Max Blumenthal o Eva Bartlett sufren duras críticas y ataques, por la sencilla razón de que huyen de ese control establecido por la narrativa occidental sobre Siria, y aportan otros focos de atención para reflexionar sobre los acontecimientos.

Estamos dentro de un túnel, y la promulgación de la ley HR 5181, para combatir lo que el gabinete estadounidense llama “propaganda y desinformación extranjeras”, viene con hambre atrasada.

Es el último regalo de Barack Obama. La noche del viernes 23 de diciembre, el saliente presidente aprobó la “Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA, por sus siglas en inglés)” del 2017, la cual pone sobre la mesa 611,000 millones de dólares para el Ejército durante este año. Esta ley deja las puertas abiertas a los programas de seguridad nacional y facilita las operaciones militares en curso en todo el mundo.

Pero lo que esconde dicha ley no es sino el proyecto que se presentó a principios de junio, “Ley de Propaganda y Desinformación Extranjera del 2016”, defendida por los congresistas Adam Kinzinger y Ted Lieu. Si, la misma que hace mención la HR 5181, que busca que “todo el gobierno, sin restricciones burocráticas, contrarreste la desinformación y manipulación extranjeras, que amenazan la seguridad y estabilidad del mundo”.

Nuevamente, los Estados Unidos, velando por nuestra seguridad.


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Alepo

Así funciona el mundo

Siria está siendo el centro de desatención del mundo. Y es probable que estemos viviendo el proceso de manipulación informativa más flagrante acaecido en este nuevo siglo.

Deteneros a pensar por qué durante cinco años casi nadie se ha preocupado de Alepo y sus gentes como lo están haciendo ahora, precisamente en el momento en que las tropas gubernamentales sirias consiguen expulsar y hacer rendir a los «rebeldes» y terroristas llegados de todas partes del mundo. 

Los medios claman con sus imágenes y sus micrófonos occidentales por la ayuda humanitaria y la necesidad de detener la guerra. Parece mentira que aún no se hayan dado cuenta de que Rusia y Siria han avanzado enormemente en su marginal empeño por terminar con las innumerables bandas de mercenarios que allí instalan quienes dicen buscar la paz.

La mal llamada guerra sería muy fácil de detener con el abandono de las maniobras de la OTAN y de todos sus colegas, y más aún con el des-reclutamiento masivo de todos los terroristas. Pero no va a suceder así, y se han intensificado las reuniones y los nuevos planes para bloquear y arrinconar a Putin. Y seguirán…, hasta que el presidente sirio sea expulsado o ejecutado.

Y nosotros no tendremos información alguna sobre la alegría de los habitantes de Alepo por esta nueva etapa, porque nuestros medios no van a mostrar en sus pantallas la sonrisa de ningún sirio celebrando nada que no sea el caos y la destrucción.

No a las injerencias, no a las guerras, no a la OTAN


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Europa, la censura y la maquinaria más cruel

 Atrapados por el exceso de desinformación

(Para leer despacio, muy despacio, y con atención, mucha atención)

Somos cautivos de un inefable aparato mediático, que es capaz de convertir al agredido en agresor y al agresor en alma caritativa que va por la vida ofreciendo ayuda humanitaria.

Son tiempos difíciles, pero tremendamente difíciles para la libertad de información y, sobre todo, para la difusión de dicha información.

La tarea es tan ardua y tan complicada que quienes se dedican a investigar e intentar exponer sus análisis en profundidad, con otras miradas, desinteresados, impulsados por la honda motivación de querer entender cómo funciona el mundo en que vivimos, y dispuestos a establecer un diálogo para poner de relevancia las inmundicias de este sistema que nos devora, terminan normalmente siendo cuestionados o, lo que es peor, censurados como meros transmisores de teorías estúpidas o sin ningún sentido.

Ya no importa el tema que vayas a tratar; hables de ecología, agricultura, alimentación, investigación, farmacias, organizaciones no gubernamentales, política, cambio climático, religión, filosofía, deportes o redes sociales, todo está hasta tal punto contaminado que no tenemos casi nada que hacer. Tan solo esperar la comprensión de quien te lee, creer en su templanza y en su buen hacer, en esa predisposición a construir y argumentar nuevas ideas. Pero ese margen de confianza está también deteriorado, sencillamente porque los cauces de información general están absolutamente esquilmados.

Photo by joséluis vázquez domènech

Photo by joséluis vázquez domènech

Europa está a la vanguardia de la censura y la ocultación. Mientras vivimos una época en la que la ciudadanía europea hace valer su «supremacía democrática» sobre el resto del mundo (y sobre el mundo árabe en particular), la propia ciudadanía desconoce los acuerdos y pactos que firman sus dirigentes.

Dicha supremacía respalda, como no podía ser de otra forma, el ímpetu del capitalismo. Un sistema en continua expansión y que, precisamente por ello, está en la necesidad de proveerse de poderosos aparatos de propaganda para construir amplios consensos que justifiquen sus guerras (o lo que es lo mismo, sus nichos de recaudación y reestructuración).

Queda resuelto de este modo el control absoluto de la información. Por un lado a través de la censura y, por si esto no fuera poco, con el añadido de esa maquinaria capaz de alterar la percepción selectiva de la población.

Que los medios de comunicación están en manos de cuatro grandes grupos lo saben ya muchas personas, pero aun así no percibo una conciencia mayoritaria sobre las consecuencias de dicha intimidación. Si hiciéramos una encuesta en relación, por ejemplo, a las “revoluciones de colores” o a las “primaveras árabes”, una mayoría absoluta se decantaría precisamente por lo que dichos medios les han contado en todos estos años de embustes y ficción. Por tanto, superar la asimilación de la supuesta convicción del engaño que vuelve a engañar, es misión bastante improbable.

Desgraciadamente, un claro ejemplo de ello lo tenemos en los informes posteriores a la invasión de Libia. Periodistas, filósofos, politólogos y analistas de la «vanguardia intelectual de la izquierda» hicieron un flaco favor a los deseos de paz y movilización popular apoyando la injerencia en dicho estado, y clamando por el derrocamiento de Gadhafi. Y ahora que sabemos lo que ocurrió realmente, ¿qué nos queda? ¿Van a donar sus bienes para regalárselos al pueblo libio, que ha quedado desmantelado? Es desolador y realmente atroz tener que convivir una y otra vez con el mismo drama.  He de callar mi boca y mirar a otro lado, para no lanzar misiles con mis palabras para quienes alientan tanta violencia. ¿Qué necesidad tienen? ¿Qué consiguen con ello? ¿Son posicionamientos conscientes o tan solo producto de la torpeza u “otros infortunios”?

El Parlamento español también apoyó la invasión (intervención militar para ellos), a petición de José Luis Rodríguez Zapatero. De un total de 340 diputados presentes,  336 votaron a favor, 3 en contra y una sola abstención. Cinco años después comienzan a llegar las primeras conclusiones. Siempre es igual. Siempre tarde. Y la Corte Penal Internacional de La Haya cubriéndose de medallas con sus deliberaciones nada imparciales, con África en el punto de mira mientras nuestros dirigentes salen ilesos de sus graves decisiones; «la estrategia estuvo basada en conjeturas erróneas». A la estrategia también se le puso nombre: Odisea del amanecer. Se me humedecen los ojos una y otra vez, en cada ocasión que un nuevo informe demuestra la barbarie que nos rodea. Libia ya está aniquilada.

No quiero entrar en un debate en el cual se me interpelaría por mis propias observaciones. Procuro dejar constancia de mis preocupaciones, a ser posible con noticias y argumentos contrastados. Ahí están diseminadas por la red miles de palabras, pensadas, ordenadas y analizadas, queriendo gritar una realidad que se nos oculta, queriendo dar luz a las oscuras causas que matan y menosprecian. Palabras que siempre necesitan ser justificadas. Pero también palabras que a veces pueden ser recordadas.

Como hoy, recordadas para desbrozar la maleza, para celebrar el acontecimiento de una noticia, y para tomar aliento y seguir con tiento cada referencia.

En varias ocasiones escribí sobre Ucrania. No recuerdo debate ni ningún tipo de acogida. Sí en cambio que me tiraba al monte sin brújula alguna. La cuestión es que, sabedor de tamaña peripecia, has de buscar información hasta en las ocultas estancias de la memoria, para que quien pueda llegar a leerte tenga elementos suficientes para proseguir tu estela. Pero es tan engorroso y es tan agotador que muchas veces piensas en dejarlo todo y quedarte solo en la esquina de tu propio balcón.

Es muy cansado verte en la obligación de estar justificando cada frase, cada consideración, y la respuesta que otorgas a cada interrogación.

Es más, estoy convencido de que es una trampa. Mientras ellos nos devoran con sus continuas falacias, y nos ocultan hasta el código informático del recuento de votos, nos obligan a tener que demostrar la existencia de documentos robados, de disquetes devorados, de entrevistas preparadas, de incendios provocados, de datos escondidos, de violaciones enmascaradas, y hasta de matanzas amañadas.

Mientras ellos juegan nosotros tenemos que averiguar cuál va a ser la próxima tentación de su desmesura, y cuál fue el crimen que cometieron mientras se reunían en la última cena.

Es un delirio estar continuamente a expensas de que nazca un Snowden o de que un tipo insistente descubra el dato que demuestre que el engaño era evidente. Es un delirio obligarte a tener que buscar allí donde han arrojado toneladas de residuos para que luego tú tengas que limpiar hasta el inodoro del presidente de la comunidad. Y todo para conseguir un dato, un miserable dato que proteja tu percepción. Hastía, devora, fulmina…

Durante el Festival de Cine de San Sebastián una mañana me encontré con el programa de mano de todas las proyecciones. Estaba con dos amigas. En una de las secciones anunciaban un documental sobre Ucrania. En cuanto lo vi me enojé y se lo hice saber a ellas. ¿Éste documental? Pero si es una parodia de lo que aconteció en realidad. ¿Quién se encarga de decidir qué películas se van a proyectar? No hay derecho! Allí se quedaron mis palabras… Netflix ganó fácilmente la batalla. Es muy fácil que te la den hasta sin queso. Este documental (Sub HD, hay que insistir después de las ventanas publicitarias y ya está), estuvo en la Selección Oficial del Festival de Cine de Venecia en el 2015, en la Selección Oficial del Festival de Cine de Telluride del mismo año, en la Selección Oficial del Festival de Cine de Toronto y, claro está, ¿cómo no iba a llegar a la Bella Easo? Nos lo ponen muy caro. El tráiler ya avanza un subproducto de Hollywood fácil de masticar.

Y así hasta que a veces llega el salvador, y todos tus esfuerzos parecen ser recompensados. En esta ocasión llega vestido de documental con una nueva producción de Oliver Stone, y dirigida por Igor Lopatonok. La prensa parece estar ausente, como no podía ser de otra forma. Lo que trasciende es una bofetada contra los mass-media y contra la verdad oficial, y nos descubre, oh sorpresa, una nueva visión de lo que ha acontecido en Ucrania, una nueva visión de lo que representan las “revoluciones de colores”, y una nueva visión del papel que representan la CIA y los Estados Unidos en el mundo.

Digo parecen porque uno no se siente muy cómodo por el hecho de que su trabajo tenga validez o no en función de lo que un director reconocido o un infiltrado hagan o dejen de hacer. Pero he de reconocer que a veces, reconforta.

Lo que verdaderamente nos interesa es mostrar la implacable censura de los medios, y denunciar a esta Europa infatigable en su desmantelamiento de la democracia. Dos días antes del estreno, en la red, apareció una petición del ucraniano Andréi Nezvani para que se prohibiera el filme, ya que en él “se tergiversan los hechos” y puede “provocar desórdenes en masa en Ucrania”.

El desorden ya está instalado en este continente corrompido por su avaricia y su modelo de desarrollo. Somos ahora nosotros quienes debemos ser conscientes de ello, y denunciar además de la censura y a sus confidentes de la manipulación el fraude al que estamos asistiendo.

¿Por qué cuesta llegar tanto al fondo de los hechos, que siempre cuentan con un mismo patrón? ¿Por qué quienes escriben y quienes pretenden informar son, en su mayoría, alentadores de un modelo de gestión donde se permite que el expolio de otras partes del mundo forme parte de nuestra tradición?

Estamos atrapados por el exceso de desinformación, y “forzados magistralmente” a asumir un comportamiento lastrado por las consecuencias del despotismo y el neocolonialismo más cruel.

Colaboración para Ojos para la Paz e Iniciativa Debate