Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


2 comentarios

La propaganda bélica de la OTAN

Probablemente, estamos asistiendo a la internacionalización de la mentira en su mayor grado de intensidad. Nunca hasta ahora los medios habían llegado tan lejos y con tanta precisión. El éxito que arrastra la campaña de difamación de Rusia es exponencial. A cada misil publicitario, se redobla el porcentaje de población que tiene claro que Putin es su mayor enemigo. A cada folletín informativo en los telediarios le sucede la lástima, como parche decorativo de la inercia que arrastra consigo toda la propaganda del régimen imperialista. Lástima por los efectos perversos de toda guerra. Lástima ante las canallas imágenes subtituladas. Y, la mayoría de las veces, falsas.

El problema, el primer gran problema al que nos enfrentamos, es la ignorancia. El segundo, el desconocimiento de dicha ignorancia. Estamos, en cierta medida, ante una debacle humanitaria. Y del mismo modo que ha sucedido con la pandemia, Occidente se ha vestido de autarquía para ofrecernos, en exclusiva, la única interpretación posible. La suya.

En los muchos años que llevamos interpretando el oficialismo del discurso globalizador, sabemos ya unas cuantas cosas. Pero basta una para saber por dónde van los tiros (y nunca mejor dicho) y para sacar la única conclusión viable. Los gobiernos que se van sucediendo en EEUU no solo representan la mayor amenaza para la humanidad. Son, sin lugar a dudas, el mayor enemigo de la humanidad. Quien no tenga claro esto, debería ir retirándose a sus aposentos. Y una de dos, o tomar la determinación de informarse, o no inmiscuirse, bajo ningún concepto, en ninguna propagación de la mentira. La razón es obvia, y fundamental. No posicionarse en contra de dichos gobiernos, de la OTAN, y de la UE en éstos momentos, es dejar vía libre al nazismo. Es permitir el saqueo. Es dotar al poderoso de todas las herramientas para que siga torturando y aniquilando toda esperanza de cambio.

Podríamos resumir todo ello en una frase, bien clara, y bien definitoria. Si todo el mundo supiese lo que es capaz de hacer el brazo armado del capitalismo, saldría corriendo. Procuraría escapar del asedio y del terror. O lo que viene a ser lo mismo. Si todo el mundo supiera lo que ha sucedido en Ucrania desde finales de 2013, se echaría a temblar, y no precisamente por los bombardeos rusos.

La cuestión, la duda…, sobrevuela en muchos de nosotros. ¿Deberíamos poner las imágenes? ¿Deberíamos destrozar corazones con toda esa documentación de la que disponemos y que, ahora mismo, está surcando por tantos sitios? ¿Deberíamos concienciar a través del dolor y las emociones? Una amplia mayoría no acepta esta posibilidad. Pero ello nos expulsa, otra vez, al ostracismo. No poder arremeter contra el conformismo y la polarización mostrando la crudeza de la realidad no nos favorece, sencillamente porque nos tienen atrapados. En su círculo vicioso. En su laberinto sentimental que tanto les ha costado construir.

Del mismo modo que cualquiera ya debería saber dónde posicionarse con absoluta facilidad, también debería haber aprendido a menospreciar al manipulador. Debería haber aprendido las tretas, los juegos sucios, las herramientas utilizadas por los señores de las guerras para guiarnos por sus senderos de gloria. Debería…, pero sigue el impulso del detonador de la televisión. Sigue arrastrándose por el fango dejado por los periodistas. Muchos son claro ejemplo de ello, y la alarma roja se encendería si los nombrara. Han vuelto a cometer la atrocidad de no contar la verdad, de no imprimir a sus relatos la voz de los desheredados, y estrechar la mano de quien les da de comer. Sobran ejemplos. Quienes seguimos sus pasos, lo sabemos. Quienes seguimos sus pasos, hasta hemos visto como eliminan tweets que les hubieran dejado en evidencia. Y observamos hasta cómo son capaces de ofrecer el micrófono a nazis que están ensangrentando las grietas abiertas de Europa. Estamos ante la evidencia, han dejado de lado la deontología para formar parte del ejército. Es no solo descorazonador, sino terrible. Si todo el mundo supiera lo que ha sucedido en Ucrania este siglo. Si todo el mundo pudiera ver cómo miles de soldados están cometiendo los crímenes más atroces…

Ayer me costó dormir. Me llegaron muchas imágenes. Muchos vídeos. Pero esta vez eran muy perjudiciales. Me retrotraen a los tiempos en los que los rebanacuellos atormentaron a Siria. Esta vez, incluso acostumbrado al horror de las guerras, resultaba más hiriente. Y había dos razones para ello. Por un lado el terror en sí, y el inmenso dolor de las víctimas. Y, por otro, la imposibilidad de darle la vuelta a la historia. La imposibilidad de hacer ver lo increíble, lo innombrable, lo escondido. Solo voy a escribir lo que sucedió en uno de ellos. “Un soldado ucraniano detiene a un hombre. Le interroga pidiéndole que le diga dónde están las posiciones rusas. No consigue respuesta. Coge un cuchillo y lo apuñala varias veces en sitios no letales. Al no hablar, decide clavárselo en el ojo. Sus chillidos son el espanto de nuestra era. Al final, muere sin remedio. Y el soldado que lo ejecuta decide gritar -Gloria a Ucrania-. El prisionero, era civil”.

Si. Pensaréis que en todos lados ocurre lo mismo. Pero olvidáis muchas cosas. Y una de ellas, importantísima, es saber cómo hemos llegado hasta aquí. Y os lo voy a recordar, hasta que os sangren los ojos. Si supierais lo que ha ocurrido en Ucrania, romperíais todas las televisiones y, probablemente, os enojaríais, muy mucho, con vuestros periodistas de referencia. Sencillamente, porque esa referencia es la base del desfalco. Porque la masacre no contada del Donbáss es una de las razones de la guerra. El Donbáss. El terror sobre un pueblo…

Seguir las narraciones ayuda mucho a comprender. Hasta tal punto, que cuando has hecho callo, necesitas dos telediarios para saber qué está sucediendo. Luego, vienen la reflexión, la recopilación y el contraste de información. Me excedo. Actualmente, con el callo ya tienes suficiente. No necesitamos ni dos días para intuir que lo que están contando, no es cierto. Dejamos evidencia de ello tantas veces que ya ni nos ruborizamos. Al comienzo de todo el operativo creado por los medios yo, personalmente, os lo escribí. Con claridad. Putin, nunca bombardeó ninguna central nuclear. ¿Os han llegado las radiaciones? ¿habéis sentido el impacto del uranio empobrecido en vuestras mejillas?. Lo único a lo que habéis llegado es a creer a pies juntillas todas las miserias que nos arrojan, como deshechos de sus digestiones monetarizadas. Ese ejemplo, es solo uno entre mil. Y tampoco voy a enumerar el parte plagado de imperdonables engaños con el que nos han sometido todas estas jornadas.

Solo me gustaría plasmar la importancia que tiene detenerse un minuto. La temible maquinaria con la que operan para tergiversar todo lo que acontece, avanza sin fisuras hasta cumplir su objetivo. La asombrosa facilidad con la que lanzan historias prefabricadas es tan prodigiosa que pueden hacerlo cada 24 horas, con la complicidad de la ingenuidad del televidente, y con el perfil domesticado del bochornoso ciudadano europeo, que se ha plegado a la barbarie con una facilidad inusitada. Es igual hablar de la central nuclear, del teatro, de la mujer embarazada, de Navalny o de los corredores humanitarios. Todo, es un absoluto circo del que formas parte. Y estás en la obligación de salir de él. Insisto. Solo tienes dos opciones. O te informas, o no tienes ningún derecho a promocionar el nazismo. Y en este preciso instante, dejarse llevar por la propaganda proucraniana es permitir el afianzamiento de una dictadura global sin precedentes. A no ser, claro está, que esa tristeza que recorre todo tu cuerpo también perviva cuando Palestina, Libia, Siria o Yemen son atacadas sin contemplaciones por los mismos que ahora abogan por la causa antirusa.

Lo siento. Hay que ser duros. Ya no son horas para contemplar el atardecer cuando el fuego ha invadido nuestro hogar. Europa no es un refugio para sus habitantes, y hay que hacer constar, sin dilación, que formamos parte de un coalición que está al borde del suicidio. Si no quieres formar parte de esta broma de muy mal gusto, hay que levantarse. Levantarse y alzar la voz. Porque dentro de unos años es posible que lo vayamos a recordar. Tienes la posibilidad de informarte. Si no lo haces, apresúrate a sentir el latido de la culpabilidad en tu nuca, como la sintieron muchos millones de alemanes después… Después de que ya fuera demasiado tarde.

Si. Estoy enojado. Y, a veces, triste. Procuro despertar cada mañana y trabajar sin que todo ello me afecte. Casi siempre lo consigo. Pero ayer, ayer vi cosas terribles. Y hoy, hoy no podía detenerme ante mis sensaciones. La obligación apremia. Esa labor que no hacen desde el periodismo hay que cubrirla, antes de que estallen la rabia, la impotencia y el dolor.

La prensa libre debería ser aquella que defiende al pueblo de las arbitrariedades de la política. De no ser así, ¿qué queda? Una férrea disciplina hacia el poder que acalla las voces de la sociedad. Es fácil constatar que la prensa está mediatizada, alquilada al mejor postor. Y como rehén que es de la banca, se desvive por ella. Recordemos la jornada posterior a la muerte de Emilio Botín. Todas las portadas se vistieron de rojo, de gala para arrodillarse ante su mesías.

Con el tiempo, sofisticados mecanismos han empeorado la situación, hasta tal punto que nuestros cerebros son ya el blanco de la OTAN. Y ahí vuelve a empezar todo, a desdoblarse la Historia. En recientes filtraciones hemos descubierto una nueva modalidad de guerra, y esta organización expone con pelos y señales en qué consiste. En resumidas cuentas, la Guerra Cognitiva formará parte del nuevo arsenal ideológico militar, con el único y claro objetivo de debilitar y eliminar al enemigo potencial, estabilizando su causa en su propia casa. Claro que la guerra psicológica es tan antigua como la humanidad, pero ahora está encapsulada en parámetros de vigilancia masiva, espionaje electrónico, análisis en tiempo real y operaciones militares encubiertas: en 2016, la OTAN incluye el ciberespacio como Dominio Militar, y en marzo de 2020 expone las tendencias militares de desarrollo para los próximos 30 años.

¿Pero, qué es la Guerra Cognitiva? Es muy sencillo. Es todo el conjunto de técnicas de las que se van a servir para hacer que las voluntades de los receptores coincidan con aquellas que se quieren “implantar”, a través de la alteración de los mecanismos cognitivos. Esta alteración, para que siga su curso con naturalidad y no sea invasiva, se realiza con métodos o fórmulas aparentemente no coercitivas, y de ese modo la manipulación, los análisis y los razonamientos influyen de tal modo que las víctimas terminan por pensar igual que sus verdugos. ¿No me digáis que no es genial? Todo el proceso termina por crear una confusión que incapacita a la ciudadanía para dirigir su ira hacia ese poder que nos está maltratando.

Y la munición que utiliza ese poder no será sino esa información elaborada hasta en su último detalle. El trabajo sucio se practica en todos los lugares y a cada instante, penetrando en todos los rincones y todos los órganos sociales, de la mano de unas políticas y de unas instituciones de las que se sirven para que la sociedad en su conjunto termine completamente “militarizada”.

Todo está perfectamente diseñado para que la posterior guerra narrativa asuma una única interpretación, con unos hechos (sin que importe lo más mínimo que sean verdaderos o falsos) que irán consolidando el guión completo, con su inicio, su nudo y su desenlace. E ir contra esta percepción global será ya una auténtica odisea. El estado de confusión atraviesa todo el entramado y hay una dificultad tremenda para recuperar la autoidentificación y luchar por las propias ideas. Las nuevas batallas se sirven de las nuevas tecnologías, con escenarios cambiantes que terminan por hacer de cada acontecimiento una compleja construcción que requeriría de análisis más distanciados. Pero esa distancia ya no existe, porque nuestros cerebros ya están en medio de su guerra.

Espero haber sido certero en este análisis, y se haya comprendido. Porque ahora, viene el broche final.

La OTAN ha subcontratado propaganda de guerra a un conjunto de empresas. Y así, cada segundo, todas las cadenas del mundo y al mismo tiempo divulgan las mismas imágenes con los mismos contenidos. La consigna, muy clara. El cuento, muy vendible; David contra Goliat y el mito de la resistencia ucraniana. La campaña, demoledora, con mensajes clave que van surcando por nuestras neuronas hasta que nos revelan el deseo de acabar con el enemigo.

Un ejército de estrategas y una inmensa red de medios vinculados a la inteligencia militar han hecho un trabajo extraordinario. Sin verificar en ningún momento toda la información que llega de Kiev, se va difundiendo la propaganda a través de empresas que trabajan directamente para el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania.

Todo con precisión y puntualidad. Parece ser que los directores de orquesta son Nicky Regazzoni y Francis Ingham, que con la inestimable ayuda de un sinfín de empresas difunden el acto propagandístico más vil acontecido útltimamente. En un proceso largo que resultaría tedioso de contar hay un eje vertebrador desde el cual se surte de información falsa a todo el mundo: desde el propio Ministerio ucraniano se distribuyen documentos y “noticias” que nos llegarán a través de los mil y un informativos.

Y he aquí el complot. Entre las construcciones de propaganda diseñadas a tal efecto tenemos el “bombardeo” de la maternidad o el bombardeo del teatro de Mariupol y, claro está, la tan manoseada información que se emitió sin parar durante varias jornadas ofreciendo la siguiente noticia: “Europa entera está al borde de un desastre nuclear. Las tropas rusas han comenzado a bombardear la planta de Zaporizhzhya, la más grande del continente”. Todo ello retransmitido incesantemente con el fin de construir y divulgar como “crímenes de guerra” los actos cometidos por los ejércitos rusos, incluidos, como no podía ser de otra forma, los continuos ataques a la población civil. No importa que todo sea mentira. Lo único que importa es que nuestros cerebros colapsen de comunismo, y encumbremos la causa ucraniana.

El apoyo público de los países occidentales es el reclamo. La casi completa adhesión de sus habitantes el triste resultado. Dan Cohen ha descrito muy bien cómo se ha realizado esta propaganda. Es necesaria la labor de mucha gente, pero como todos los medios son de los mismos acreedores, no ha resultado nada complicado. Hay otra figura muy importante en todo este entramado. Se llama Yaroslav Turbil, una especie de jefe de las comunicaciones estratégicas para globalizar toda la propaganda. Como siempre, un sujeto que ha trabajado en múltiples organizaciones de la “sociedad civil”, tan de moda en todos aquellos países donde el brazo armado americano pone a a su disposición todo lo necesario para desestabilizar hasta nuestros sueños.

Los servicios de inteligencia, a través de este entramado tan bien elaborado son capaces de hacer creer que hay refugiados de primera y de segunda, y lo hacen tan bien que hasta se te puede encoger el corazón cada vez que ves brillar el azul celestial de su bandera.

Hay que concentrarse. No sólo están destrozando nuestras vidas. Quieren hacernos partícipes de una jugada que hasta puede resultar delictiva, y en la que todos estamos siendo protagonistas. Y lo voy a decir por última vez. No quiero creer que colaborar con el nazismo sea ningún objetivo acertado. Resultados de una encuesta ofrecidos ayer muestran que siete de cada diez españoles ven con buenos ojos no solo formar parte de la alianza atlántica, sino que además apoyan el envío de armas. Y más de un ochenta por ciento temen a Rusia.

Espero, con el corazón en la mano, que no seas ninguno de ellos.

Paciencia joséluis, paciencia…

OTAN No, Bases Fuera


4 comentarios

La Política y los medios de comunicación

La supuesta libertad de expresión ha llegado muy lejos. Una cosa es difundir información desde el desconocimiento y, otra muy distinta, hacerlo con premeditación y alevosía sabiendo que quien paga ordena, que quien paga interfiere en la vida de los pueblos, y que quien paga, muchas veces, lo hace aun sabiendo que va a haber graves daños con la propagación de una información construida para tal fin.

Estamos corriendo un serio peligro en Europa. Creo que vivimos la etapa más temeraria y comprometida desde la segunda guerra mundial. Y todo, porque el prepotente gobierno de un país decidió que no iba a ceder ni un milímetro ante la manifiesta petición de un cambio geoestratégico claramente inclinado hacia un lado. La neutralidad en la línea divisoria de los países que limitan con Rusia era una clara manifestación de paz y prosperidad. Para todos menos para EEUU. Pero no porque esa opción fuera contra sus intereses, sencillamente porque esa opción es la más lógica y la que más puertas abre a la prolongación del desarrollo social y económico.

Las directrices que nos imponen, los mandatos a los que nos someten, y el absoluto servilismo y vasallaje al que hemos cedido, conforman el seguimiento de las políticas imperialistas marcadas por la Casa Blanca desde hace ya mucho tiempo. Y nuestra clase política prosigue en su afán de denostar y menospreciar nuestros anhelos de paz, siguiendo la estela de una luz que solo ilumina la maldad y la búsqueda imparable de riqueza. El repentino cambio de Pedro Sánchez al decidir mandar armas a Ucrania es solo una de tantas barbaridades, una de tantas abdicaciones ante el guerrero del mundo. Y considerando que los acontecimientos más importantes deberían hacerse con el respaldo de los pueblos deberíamos exigir a los gobernantes una clara muestra de adhesión a nuestra causa, y no a la causa del poder.

Esa posibilidad se perdió hace tanto que probablemente tendríamos que movilizarnos con rigor para exigirla. Esa y otras muchas cosas que afectan directamente a nuestras vidas. A nuestras vidas y a otras que habitan a miles de kilómetros de distancia. Sobre nuestras conciencias recae el deber de no permitir que la clase política pueda enviar tropas y armamento como quien manda naranjas. Sobre nuestras conciencias recae el deber de no permitir que la industria armamentística juegue en bolsa bajo los auspicios de unos dirigentes incapaces de observar los rostros de la pobreza y de la miseria.

Nuestro mundo parece no querer entender los sonidos del sufrimiento y, mucho menos, los de las cloacas. En éstas se están gestando temibles acciones. Si la situación “fácilmente observable” delata ya un futuro incierto, los ángulos muertos nos llevan a un terreno completamente esquivo.

El Estado de Bienestar ya no va a dar más de si, y todo apunta a que el pre-fascismo ya se ha instalado. Esa libertad de expresión que ha hecho posible que los medios propiciaran e impulsaran partidos, lenguajes y gestos absolutamente peligrosos, ya ha ido conformando un espacio social del que difícilmente nos vamos a poder librar. Esos modos de difundir la información, que llegaron de EEUU de la mano de una cultura capitalista expansionista ajena a todo signo de justicia ya han hecho mella en nuestra sociedad. Y ahora, nos va a costar escaparnos del incendio.

Una resolución contra la glorificación del nazismo es aprobada por 130 países, 2 votos en contra y 49 abstenciones. Los dos únicos países que la rechazan, EEUU y Ucrania. Las abstenciones, para la UE, Canadá, Australia, Reino Unido y Japón. Increíble, ¿verdad?

Sobre la foto: 16 de diciembre de 2021, una resolución contra la glorificación del nazismo es aprobada por 130 países, 2 votos en contra y 49 abstenciones. Los dos únicos países que la rechazan, EEUU y Ucrania. Las abstenciones, entre otros, para la UE, Canadá, Australia, Reino Unido y Japón. Increíble, ¿verdad?

Sé que para mucha gente puede resultar desmesurado, pero ya hay muchos signos que muestran la existencia de esa exaltación de los elementos irracionales de la conducta, tan próximos a las formas de gobierno totalitarias. La política ya entregó sus manos a la injusticia, la soberbia y los protocolos ingeniados por los ricos. Y éstos hacen y deshacen a su gusto, ajenos a la población y obstaculizando la buena marcha de los acontecimientos. Han saltado todas las alarmas y hasta nos lo advierten con sus formidables propuestas. El peligro no es efímero, es más bien un monstruo que nos está devorando. Desde la sociología política ya estamos listos para tomar buena nota. Y sin pérdida de tiempo, deberíamos abandonar tanta sumisión y actuar en consecuencia.

Muchos indicadores han de ser considerados como elementos capaces de propiciar procesos devastadores en nuestro futuro. Ya lo están siendo, pero dado que la ciudadanía está absorta en continuas batallas televisivas quizás sea momento de alertar sin miramientos, puesto que al parecer pocos están dispuestos a ello.

El asentamiento del pensamiento único, el control absoluto de los medios, los cambios de legislación en favor de unas causas y no en beneficio de la justicia, la reconstrucción y señalamiento de un enemigo común, la militarización del pensamiento, la asunción completa de la pérdida de libertad en nombre de la seguridad, la recreación de movilizaciones sociales dirigidas, la instauración de la violencia como modelo legitimador de un nuevo orden, el fomento del odio a través de una adscripción a la discriminación racial o cultural, el aumento de la pobreza y de la desigualdad social, la quiebra del modelo económico capitalista, la disrupción y desmantelamiento de los principios básicos de la Política, la expansión y fomento de muchos principios ideológicos que alimentan a las extremas derechas y la imposición del miedo como propuesta y modelo de convivencia, son el andamiaje estructural sobre el que puede instalarse un nuevo fascismo en Europa.

¿Para qué sirve la sociología?. Entre otras cosas, para observar y para constatar los flujos y movimientos que van sucediéndose en nuestras sociedades. Espero estar absolutamente confundido.

Subrayo. Luchar contra los medios y la clase política ha de representar nuestra primera muestra de sedición. De lo contrario, estaremos bajo el yugo de una nueva lucha sin par por el dominio del mundo, en manos de unos seres insensatos.

Dicen los primeros, por ejemplo, que ha habido un ataque a la planta de un reactor nuclear en Zaporiyia. Objetivo, sembrar el terror en la audiencia. Y acto seguido, demonizar al culpable de tamaña osadía. Y así pasarán largas jornadas, hasta que todo el mundo tenga claro que Putin es nuestro mayor enemigo, capaz de saltar por los aires la central y arrasar con Europa. ¿Quién va a poder, así, analizar las políticas y las acciones de personajes tan siniestros y deshumanizados? Nadie. Al menos, nadie en su sano juicio. Y quien lo intente, vivirá al fondo en el infierno.

Estaría bien recordar que el sofisticado armamento con el que cuentan las grandes potencias tiene la capacidad de elegir un objetivo y no distanciarse ni un milímetro del punto señalado. Pero en esta ocasión, mira tú por donde, hubo un fallo estrepitoso. No hubo ningún reactor dañado (todos permanecen intactos). No hubo ningún incremento de radiación (hasta los propios ucranianos salieron inmediatamente a confirmarlo). Y no hubo, claro está, ningún error operativo. ¿Sabéis por qué? Porque no atacaron la central nuclear. Hay combates en los alrededores, sencillamente, porque quieren hacerse con el control. ¿Recordáis cuando informan sobre un atentado y casi siempre hay un colegio cerca? Pues a ver si es verdad y recordamos para toda la vida en qué consiste la manipulación, porque ya llevamos unos cuantos años abonados a este circo y la cosa, en vez de solucionarse, está adquiriendo tintes muy oscuros.

Para terminar, y encomendándonos a la búsqueda incesante de otros relatos, de regalo unas palabras del entonces senador Joe Biden. Estamos en 1997. En el vídeo expone claramente cuál es el “punto flaco” de Rusia o, lo que viene a ser lo mismo, cuál será la política expansiva del gobierno de los estados unidos de américa. ¿O creíamos que Joe Biden dirige ese país por pura casualidad? Recordar que desde ese año jugó un papel decisivo en la formulación de la política exterior del país. Fue una de las voces más influyentes tratándose de leyes relacionadas con el terrorismo, las armas de destrucción masiva, la Europa poscomunista, Oriente Medio y el Sureste Asiático. Y fu quien apoyó en octubre de 2002 la resolución que autorizaba al gobierno a utilizar la fuerza contra Irak. Claro, era decisivo. No era el voto de un senador, era el voto del presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, cargo que representó con todo el cariño de su mundo.

Éstas fueron sus palabras: “Lo único que puede provocar una respuesta hostil y enérgica de Rusia es la expansión de la OTAN a los estados bálticos”. Y como sabemos a estas alturas, no sólo han puesto sus garras sobre estos estados, sino sobre toda la franja fronteriza, por el bien de toda la humanidad. Eso sí es atacar y hacer explotar una central nuclear.

Cuidaros!

OTAN No, bases fuera

colaboración para Ojos Para La Paz


Pablo Hasel, preso

Esta es una de las razones de que le hayan encerrado. La letra de la siguiente canción no hace más que plasmar la realidad, y poner en jaque todas las maniobras de los medios. Pero también arroja piedras contra quienes alaban la labor de EEUU y atacan constantemente a Rusia. Pablo Hasel es una especie de banda sonora necesaria, que pone su música a infinidad de artículos que hemos escrito, intentando analizar este lamentable mundo. Ya se lo han llevado, pero con él también se han llevado tantas y tantas palabras con las que hemos gritado. No basta «solidarizarnos» con él, hay que seguir disparando con nuestras reflexiones. No es solo una vergüenza, es un nuevo golpe sobre la mesa, del poder y de la intransigencia. Ya se lo han llevado, y con él la defensa de Siria, de los refugiados, de los humillados, de los indefensos. Ya se lo han llevado, y el mundo seguirá igual, bombardeando para que florezca el capital, y muera el aroma de la verdad.

Pincha en el enlace de arriba para ver el vídeo (no me lo dejan incrustar en el blog)


2 comentarios

Impotencia y desolación

¿QUÉ PODEMOS HACER CON LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN? SIRIA, DE NUEVO EN LA DIANA

Los vientos se dirigen de nuevo hacia Siria, para agitar las lágrimas de millones de sus habitantes, desnudos ante la intimidación continua a la que les someten los medios de comunicación, inquilinos del terror y de la más mísera de las actuaciones televisadas sin el más mínimo de los escrúpulos.

Cazabombarderos israelíes F15 bombardearon hace unos días el aeropuerto militar de Homs, matando a 15 personas y elevando sin complejos su lista particular de odio y desvergüenza. Paralelamente, un nuevo cuento sobre el uso de armas químicas se difunde sin prueba alguna para volver a asir con una magna soberbia la sartén de su guerra por el mango. Cada vez que el estado sirio avanza en su lucha por liberar a su pueblo de terroristas y mercenarios, los dirigentes occidentales le someten a todo tipo de vejaciones, incluyendo las historias más sobrecogedoras para que asumamos sin fisuras la llegada de nuevos ataques.

Francia y Estados Unidos dibujan en cada esquina del país un nuevo mapa que solo pretende arrebatar los recursos naturales, instalando en suelo que no le pertenece bases militares desde las cuales seguir maltratando a millones de personas que ya no tienen donde habitar ni dejar guardados sus rotos zapatos de invierno.

Su territorio, sin quererlo ni beberlo, es un campo de batalla donde las impotencias occidentales juegan a lo único que saben hacer; saquear nuestra tierra apadrinados por la organización de naciones más lamentable que jamás se ha parido, desangrándose el mundo con rastro de un parto mezquino e irritable.

Ya no queda hueco para la diplomacia periodística, y tenemos que someter a juicio intransigente a quienes manipulan por un puñado de dólares toda información y, por consiguiente, todo rastro de veracidad. Estamos rodeados, y con España liderando la lucha contra las democracias, uno se vuelve no incrédulo sino espoleado para lanzar piedras a los verdugos de nuestra nueva era.

Photo by joséluis vázquez domènech

Wikileaks reveló parte de las tramas que tenían como objetivo la invasión de Siria. Alemania vende tanques a Turquía que se adentran en Siria sin contemplaciones, y luego invierte millones para impedir movimientos migratorios.

La coalición liderada por EE.UU. negoció un pacto secreto con el Estado Islámico para que cientos de yihadistas pudieran abandonar el país con sus posesiones y armamento (para seguir incordiando con sus entrañables matanzas). Y los Cascos Blancos siguen dando testimonio de su farsa, como viene siendo habitual desde su puesta en escena, para que la escalada deliberada de tensiones termine como el rosario de la aurora.

No ya como periodista, sino como curioso observador, cualquiera debería darse cuenta de que las palabras fluyen para que el lodo nos entierre. La desobediencia informativa debería ser primera causa de resistencia, pero albergar dicha esperanza resulta ardua en tiempos de insaciable control social.

Rusia sigue denunciado el incesante acoso al que nos vemos sometidos, pero sus fundadas impresiones se pierden bajo las montañas de occidente, donde se esconden miles de tanques de guerra dibujando en la línea de sus fronteras gruesos trazos de odio y muerte. Y como señuelo, nos informan sin cesar de que espías, hackers y otras delicias procedentes de las estepas siberianas controlan las elecciones catalanas y hasta la receta de la salsa boloñesa.

Si no fuera por las tristes y dolorosas consecuencias que tiene cada noticia que nos llega de Siria, podríamos publicar un comic narrando todas las injerencias promovidas por las balas nunca perdidas del capitalismo. A falta del sometimiento, chantajes, guerras comerciales, asedios, drones y otras calamidades, y viendo inoperantes tantas brabuconadas, sabotean la vida con más atentados y la partición del futuro en infinidad de destellos de oscuro y melancólico brillo.

Siguen rumiando contra el presidente y sus gentes, y no pararán, hasta que pierda el último soldado su mirada, y sea entonces cuando los intrépidos habitantes europeos comiencen a ver que nuevamente se la han metido doblada, y lo que había no eran ni armas químicas ni apóstoles en quienes creer, sino una miserable banda de periodistas haciendo de las suyas en beneficio de un imperio destronado que ya no sabe ni cómo crecer.

¿Alguien me puede abrir los ojos, y hacerme ver cómo es posible que si Ghouta Oriental está siendo recuperada, para qué va a lanzar Bashar Al Assad ataques con armas prohibidas sabiendo que como respuesta le van a fulminar?. ¿Alguien me puede ayudar a comprender cómo es posible que en su infatigable intento de defenderse de los terroristas, y cuando ya había doblegado hasta el espíritu impaciente de los mandatarios de la OTAN, va el presidente a cometer semejante estupidez?.

Los aviones comerciales ya no atraviesan el espacio aéreo de Siria. Una propuesta de investigación para que antes de la condena y el bombardeo podamos ir descubriendo qué ha sucedido, ha sido neutralizada por Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Polonia. La situación es insostenible.

Los tambores suenan en los despachos del gran poder, y en sus oficinas de papel couché, miles y miles de vendidos iluminarán nuestras pupilas con el rastro que dejan los misiles en un nuevo viaje hacia el salvajismo y la barbarie más cruel.

Estamos abonados al fracaso. La percepción social está completamente bloqueada; profesores, intelectuales, lectores, políticos, ciudadanía en general y abanderados de sus causas justas están ciegos. Y en esta coyuntura, donde la realidad siria está siendo destronada por los algoritmos de las redes y las franquicias de las guerras, la posibilidad de hacer frente a tanta fechoría se desmorona. Una impotencia tremenda se adueña de mí cada vez que intento buscar una flor entre tanta mierda.

Te abrazo Siria, en nombre de la paz y escapando del delirio. OTAN no, bases fuera.

Colaboración para «iniciativa debate» y «ojos para la paz»


1 comentario

Ángeles Díez y la necesidad de recuperar la Comunicación

Así funciona el mundo

«Contra los medios de Comunicación»

Hay. Claro que hay gente que pelea y que lucha para informar. Pero lástima que para ello haya que mantener una clara confrontación con quienes, precisamente, deberían dar buena cuenta de ello.

Los periodistas, la inmensa mayoría que conocemos, están ocultos en sus madrigueras comiendo de la mano de unos cuantos impresentables. Y, al parecer, ello no les crea ningún malestar ni cargo de conciencia. Es más, muchos de ellos se enojan porque dicen que en su «oficio» hay mucho intrusismo, y que cualquiera publica ya en cualquier medio y que la profesión se está deteriorando. Es del todo desacertada esta impresión, una suerte de justificación de su claudicación. Y además, una parodia de lo que realmente debería ser su trabajo; de todos los artículos que leo al año, y los podríamos contar por miles, apenas unos cuantos que merezcan ser tenidos en consideración los firman periodistas de los grandes medios. Toda la información digna de ser analizada me la proporcionan desde la sociología, la fontanería, la politología, la jubilación, la antropología, desde la preocupación, desde quienes estudian la historia, activistas, desde el cabreo, profesionales de la educación, desde la abogacía, y un largo etcétera. Y generalmente, desde el anonimato (es decir, por personas cuyos nombres están normalmente castigados, ocultos o invalidados por el poder). Y las cosas así, en un porcentaje elevadísimo difícil de asimilar, apenas recibimos información de quienes trabajan y estudiaron para ello.

Trabajan para los medios, y eso les hace secuestradores, ocultadores, mentirosos y censores. La mayoría por dóciles, otro grupo porque no manejan la información mínima necesaria, algunos más por miedo y los más conocidos por suculentas cantidades de dinero. Entre todos amordazan la posibilidad de que podamos conocer lo que pasa realmente en nuestro entorno. Y todo porque los medios están vendidos, y porque la venta se efectúa para dirigir la opinión y conducirla a buen puerto. Al puerto de la guerra y del dominio.

Si dicha profesión está deteriorada, no es precisamente por quienes están haciendo lo posible para ser escuchados o leídos desde sus pequeñas plazas, sino precisamente por quienes tienen el título y/o la cobertura oportuna ofrecida por los propagandistas del expolio y la globalización.

Hoy es fácil para ellos defenderse de mis conjeturas. En su mayoría están unidos y son más proteccionistas que el sueño de Trump. Y tienen a su alcance una palabra que les reconforta y creen que les salva de su particular viaje por el entretenimiento y el engaño. Quienes llevamos tiempo procurando informar y revelamos las partes ocultas de todo aquello de lo cual están impelidos para contar, somos unos artistas en el uso de las teorías conspiratorias.

Pero somos más de los que creen, y nos deslizamos con paciencia. Y en la mayoría de las ocasiones, con trabajo, mucho trabajo.

Hay una socióloga menos conocida que el periodista más insípido con el que nos podamos encontrar en la televisión. Pero lleva tiempo indagando en esta aventura, y sus palabras y sus reflexiones nos ayudan a permanecer atentos, activos y laboriosos. Su labor se podría decir que es más o menos desconocida para la mayoría, pero eso tampoco importa, más bien confirma todas las sospechas, que hace tiempo dejaron de serlas…


Deja un comentario

Tsipras Dimite

No hay sorpresa en Bruselas

21 de agosto:

«Tsipras presenta su dimisión y llama a celebrar elecciones tras el cisma en Syriza por el rescate». Este titular de El Mundo es fiel reflejo de todo lo que ha sucedido en las relaciones entre el país heleno y el Eurogrupo desde que la coalición de izquierdas llegara al poder.

Ya adelantamos hace más de un mes qué está sucediendo en Europa en relación con este pueblo, maniatado y a la deriva porque las instituciones que nos gobiernan no van a permitir, ni por asomo, que en sus latifundios cunda pánico o revuelta alguna liderada por una insurgente izquierda que pueda propagar su causa a otros territorios.

Las noticias de la mayoría de medios de comunicación que nos asaltan suelen ser totalmente intencionadas, y las de la primera página,  propagandísticas del régimen al que representan. En este caso se deja constancia de lo que, con tanto ahínco, buscaban en Bruselas, y lo llevan a primera plana para regocijarse del éxito alcanzado. La ruptura del partido que se rebeló ya es un hecho, y el holding macro-económico vence de nuevo sin rasgarse las vestiduras.

Ese regocijo lo apoyan sin disimulo alguno los abanderados de la información in-dependiente, en este caso, la gran Meritxell Planella: «Cuando creíamos que lo habíamos visto todo, que nada nos podía sorprender y que el tercer rescate había traído una calma relativa a Grecia, va Alexis Tsipras y convoca elecciones». Este es el inicio de las noticias en el programa matinal de Radio Nacional, una radio «que representa a todo el espectro político español, con periodistas objetivos, y con un rigor en sus análisis inconmensurable.» 

«La convocatoria no pilla por sorpresa a Bruselas. Reveladora es la reacción del jefe de gabinete de la presidencia de la comisión europea, que nada más conocer la noticia anticipaba desde su twitter que  la cita con las urnas (previsiblemente el próximo 20 de septiembre) servirá para respaldar el apoyo al tercer rescate del país… Según las encuestas ganaría Tsipras nuevamente, pero eso si, sin la compañía de los rebeldes del ala más izquierdista, que en Grecia ya dan por hecho que no formará parte de la coalición». Así fueron las noticias de esa mañana. Punto, y final. Los rebeldes del ala más izquierdista, liquidados!

¿Cómo va a haber sorpresa en Bruselas si en las falsas negociaciones lo que se pretendía era despreciar y acabar con Syriza? ¿Cómo se van a sorprender aquéllos que acumulan en sus maletas los equipajes del autoritarismo y la tiranía? 

Google Images

Martin Selmayr         Google Images

Y así fue como dejé constancia el 15 de julio de lo que se cocía y, se sigue cociendo, en esta Europa que declina y se vuelve totalmente oscura; con éstos párrafos significativos…

«Así podemos observar claramente que avanzar desafiando la estrategia europea lleva consigo la más violenta de las reacciones. El problema de deuda griego no es la causa de todo este espectáculo, insisto, sino el enfrentamiento de Syriza a la dantesca obra que está capitalizando en este momento Angela Merkel… 

Ir contra el mercantilismo Europeo tiene un precio, y ese es el castigo. En esa premisa se inscribe la represalia. Syriza no ha sido el causante del declive económico y social de su país (ya venía de hace tiempo), pero sí ha sido el detonador de la fuerza multiplicadora de la protesta y de la lucha por la justicia. Y dentro de los términos de esa hipótesis, se re-formula el más vil de los atropellos contra los pueblos… 

Tsipras perecerá bajo el fuego de su propia plaza en Syntagma doblegado por el furor indiscriminado de unos líderes europeos inyectados de rabia ante el empuje de unos exigentes y bienintencionados políticos griegos. Al margen de procurar un alivio a la causa griega, han optado por colapsar el auge de la democracia y quemar en la hoguera al insurgente líder de la revuelta.»