Un dominio propio

Una de las más lúgubres maniobras de nuestras democracias es convertir la búsqueda de la verdad en delito y, de paso, hacer creer que las reflexiones que emanan de esa búsqueda sean consideradas subversivas o radicales.


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Homenaje a las víctimas

Otra Alternativa

Se supone que el mejor homenaje que se podría hacer a las víctimas es aquél que propiciara que no volviera a haber un atentado nunca más. Éste y, lógicamente, el que consiste en acompañarles en su dolor.

Hasta aquí es probable que abraces estas líneas porque los humanos, a veces, muy pocas veces, nos dejamos llevar por el sentido común.

Pero cuando nuestros actos están filtrados para que sean nuestras emociones las que tomen buena nota de lo que va sucediendo, lo que en realidad acontece es que nos convertimos en esclavos de una maquinaria mediática que golpea incesantemente sobre nuestra capacidad de reacción frente al miedo y la tragedia.

Desgraciadamente, el mismo modus operandi es utilizado por los políticos para que ahora sí, abraces su causa y no por ejemplo, la mía. Recuérdalo, todos los políticos. Su fuerza reside en su capacidad de persuasión, en su maestría a la hora de lidiar con el engaño, y en sus magníficos equipos de marketing y sociología de la comunicación.

Es probable que aún permanezcas atento a éstas líneas porque sigas considerando que encierra un discurso con parte de razón. Pero el discurso ya ha terminado…

Sulafa Hijazi‎‏ – Syrian ilustrator

Solo me queda anunciar cual es la mejor acción que podemos realizar para espantar el terror de nuestras vidas. Es tan sencilla que a mi me da pánico pensar (yo también caigo en las redes de las emociones) que para tanta gente resulte tan extraña. Lucha y exige la retirada de todas las bases militares y, sobre todo, lucha y exige la desmantelación y la desaparición de la OTAN, padre del terrorismo internacional y avanzadilla del imperialismo y de todas las guerras.

Hay un partido en España que ha conseguido amansar la indignación y retirar del sentido común una de las claves para poder alterar, de una vez por todas, el funcionamiento del sistema. En dicho partido, sus simpatizantes han sacado notas altas en perfiles educativos y culturales (en relación siempre, claro está, con los perfiles de los simpatizantes de los otros partidos), y hasta me atrevería a decir que tienen una apreciación muy buena respecto de su sentido crítico y de su capacidad de análisis de la realidad.

Pues bien, y ahora ya te puedes desmarcar de mi sentido común y de mi planteamiento;  este partido también ha trabajado a destajo la capacidad de convertir en emoción (la esperanza del cambio) un ideario político que ha sufrido más recortes que los salarios en España los últimos 10 años. Y nos encontramos con la deleznable noticia de que miles de españoles cultos, con carrera, conocedores de mundo e infatigables luchadores del cambio acepten sin que se avergüencen por ello el psicodélico arte de la transformación de la OTAN desde dentro.

No tengo tiempo ya para hacer ni tan siquiera un resumen de lo que representa esta organización en el devenir del mundo y, lo que es más importante, en las vidas de millones de personas.

¿Quieres de verdad hacer un homenaje a las víctimas y evitar que el terror se propague por doquier? Es muy fácil, no votes jamás a ningún partido que respalde ninguna organización militarizada  presta a abanderar su intromisión en el mundo. Jamás.

Es probable que pienses que algunos lo que quieren es entrar en el atlantismo y lanzar churros desde los aviones, para dar de desayunar a los países “en conflicto”. En este caso, te recomiendo la lectura más detenida del tercer y cuarto párrafo.

OTAN no, bases fuera

colaboración para Ojos Para la Paz e Iniciativa Debate

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Breves

No nos llevemos a engaño

Los resultados de ayer dicen mucho de la atrofia política que habita en la cúpula del PSOE (mayor vergüenza es difícil de poder sobrellevar por parte de los protagonistas del golpe). Pero ello no significa que en sus bases haya aire fresco y vientos de cambio. Por mi parte, no me cabe la menor duda de que su desaparición sería la única medida digna de tener en consideración.

En primera instancia parece que su defensa del capitalismo y esa política beligerante y creadora de desigualdad que ha estado respaldando desde 1974 ha de ser el mayor problema al que nos debemos enfrentar, pero no…

Hay un elemento mucho peor que nos está amordazando y arrinconando sin que, al parecer, nada podamos hacer. Más allá de los daños evidentes que nuestra sociedad está sufriendo por culpa de regímenes políticos corruptos, capaces de vestirse de legitimidad gracias al apoyo desmedido de unos medios de comunicación despreciables, hay un hecho sustancial que si no somos capaces de descifrar en breve nos hundirá en la miseria más absoluta: el verdadero trauma reside en seguir creyendo que vivimos en una verdadera democracia.

Tal y como señala Alain Badiou es esa “ilusión democrática”, nuestra lastimosa aceptación de los propios mecanismos democráticos como objetivo final del cambio los que, en realidad, están impidiendo que seamos capaces de avanzar a ningún sitio.

Sin llevar a la fundición este sistema político, todo lo que vaya aconteciendo en él es sólo pan para hoy y hambre para mañana. Mucha hambre. Y Pedro Sánchez es otro ilustre representante de la miseria que nos rodea.

Photo by joséluis vázquez domènech

 

 

 


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Europa, la censura y la maquinaria más cruel

 Atrapados por el exceso de desinformación

(Para leer despacio, muy despacio, y con atención, mucha atención)

Somos cautivos de un inefable aparato mediático, que es capaz de convertir al agredido en agresor y al agresor en alma caritativa que va por la vida ofreciendo ayuda humanitaria.

Son tiempos difíciles, pero tremendamente difíciles para la libertad de información y, sobre todo, para la difusión de dicha información.

La tarea es tan ardua y tan complicada que quienes se dedican a investigar e intentar exponer sus análisis en profundidad, con otras miradas, desinteresados, impulsados por la honda motivación de querer entender cómo funciona el mundo en que vivimos, y dispuestos a establecer un diálogo para poner de relevancia las inmundicias de este sistema que nos devora, terminan normalmente siendo cuestionados o, lo que es peor, censurados como meros transmisores de teorías estúpidas o sin ningún sentido.

Ya no importa el tema que vayas a tratar; hables de ecología, agricultura, alimentación, investigación, farmacias, organizaciones no gubernamentales, política, cambio climático, religión, filosofía, deportes o redes sociales, todo está hasta tal punto contaminado que no tenemos casi nada que hacer. Tan solo esperar la comprensión de quien te lee, creer en su templanza y en su buen hacer, en esa predisposición a construir y argumentar nuevas ideas. Pero ese margen de confianza está también deteriorado, sencillamente porque los cauces de información general están absolutamente esquilmados.

Photo by joséluis vázquez domènech

Photo by joséluis vázquez domènech

Europa está a la vanguardia de la censura y la ocultación. Mientras vivimos una época en la que la ciudadanía europea hace valer su “supremacía democrática” sobre el resto del mundo (y sobre el mundo árabe en particular), la propia ciudadanía desconoce los acuerdos y pactos que firman sus dirigentes.

Dicha supremacía respalda, como no podía ser de otra forma, el ímpetu del capitalismo. Un sistema en continua expansión y que, precisamente por ello, está en la necesidad de proveerse de poderosos aparatos de propaganda para construir amplios consensos que justifiquen sus guerras (o lo que es lo mismo, sus nichos de recaudación y reestructuración).

Queda resuelto de este modo el control absoluto de la información. Por un lado a través de la censura y, por si esto no fuera poco, con el añadido de esa maquinaria capaz de alterar la percepción selectiva de la población.

Que los medios de comunicación están en manos de cuatro grandes grupos lo saben ya muchas personas, pero aun así no percibo una conciencia mayoritaria sobre las consecuencias de dicha intimidación. Si hiciéramos una encuesta en relación, por ejemplo, a las “revoluciones de colores” o a las “primaveras árabes”, una mayoría absoluta se decantaría precisamente por lo que dichos medios les han contado en todos estos años de embustes y ficción. Por tanto, superar la asimilación de la supuesta convicción del engaño que vuelve a engañar, es misión bastante improbable.

Desgraciadamente, un claro ejemplo de ello lo tenemos en los informes posteriores a la invasión de Libia. Periodistas, filósofos, politólogos y analistas de la “vanguardia intelectual de la izquierda” hicieron un flaco favor a los deseos de paz y movilización popular apoyando la injerencia en dicho estado, y clamando por el derrocamiento de Gadhafi. Y ahora que sabemos lo que ocurrió realmente, ¿qué nos queda? ¿Van a donar sus bienes para regalárselos al pueblo libio, que ha quedado desmantelado? Es desolador y realmente atroz tener que convivir una y otra vez con el mismo drama.  He de callar mi boca y mirar a otro lado, para no lanzar misiles con mis palabras para quienes alientan tanta violencia. ¿Qué necesidad tienen? ¿Qué consiguen con ello? ¿Son posicionamientos conscientes o tan solo producto de la torpeza u “otros infortunios”?

El Parlamento español también apoyó la invasión (intervención militar para ellos), a petición de José Luis Rodríguez Zapatero. De un total de 340 diputados presentes,  336 votaron a favor, 3 en contra y una sola abstención. Cinco años después comienzan a llegar las primeras conclusiones. Siempre es igual. Siempre tarde. Y la Corte Penal Internacional de La Haya cubriéndose de medallas con sus deliberaciones nada imparciales, con África en el punto de mira mientras nuestros dirigentes salen ilesos de sus graves decisiones; “la estrategia estuvo basada en conjeturas erróneas”. A la estrategia también se le puso nombre: Odisea del amanecer. Se me humedecen los ojos una y otra vez, en cada ocasión que un nuevo informe demuestra la barbarie que nos rodea. Libia ya está aniquilada.

No quiero entrar en un debate en el cual se me interpelaría por mis propias observaciones. Procuro dejar constancia de mis preocupaciones, a ser posible con noticias y argumentos contrastados. Ahí están diseminadas por la red miles de palabras, pensadas, ordenadas y analizadas, queriendo gritar una realidad que se nos oculta, queriendo dar luz a las oscuras causas que matan y menosprecian. Palabras que siempre necesitan ser justificadas. Pero también palabras que a veces pueden ser recordadas.

Como hoy, recordadas para desbrozar la maleza, para celebrar el acontecimiento de una noticia, y para tomar aliento y seguir con tiento cada referencia.

En varias ocasiones escribí sobre Ucrania. No recuerdo debate ni ningún tipo de acogida. Sí en cambio que me tiraba al monte sin brújula alguna. La cuestión es que, sabedor de tamaña peripecia, has de buscar información hasta en las ocultas estancias de la memoria, para que quien pueda llegar a leerte tenga elementos suficientes para proseguir tu estela. Pero es tan engorroso y es tan agotador que muchas veces piensas en dejarlo todo y quedarte solo en la esquina de tu propio balcón.

Es muy cansado verte en la obligación de estar justificando cada frase, cada consideración, y la respuesta que otorgas a cada interrogación.

Es más, estoy convencido de que es una trampa. Mientras ellos nos devoran con sus continuas falacias, y nos ocultan hasta el código informático del recuento de votos, nos obligan a tener que demostrar la existencia de documentos robados, de disquetes devorados, de entrevistas preparadas, de incendios provocados, de datos escondidos, de violaciones enmascaradas, y hasta de matanzas amañadas.

Mientras ellos juegan nosotros tenemos que averiguar cuál va a ser la próxima tentación de su desmesura, y cuál fue el crimen que cometieron mientras se reunían en la última cena.

Es un delirio estar continuamente a expensas de que nazca un Snowden o de que un tipo insistente descubra el dato que demuestre que el engaño era evidente. Es un delirio obligarte a tener que buscar allí donde han arrojado toneladas de residuos para que luego tú tengas que limpiar hasta el inodoro del presidente de la comunidad. Y todo para conseguir un dato, un miserable dato que proteja tu percepción. Hastía, devora, fulmina…

Durante el Festival de Cine de San Sebastián una mañana me encontré con el programa de mano de todas las proyecciones. Estaba con dos amigas. En una de las secciones anunciaban un documental sobre Ucrania. En cuanto lo vi me enojé y se lo hice saber a ellas. ¿Éste documental? Pero si es una parodia de lo que aconteció en realidad. ¿Quién se encarga de decidir qué películas se van a proyectar? No hay derecho! Allí se quedaron mis palabras… Netflix ganó fácilmente la batalla. Es muy fácil que te la den hasta sin queso. Este documental (Sub HD, hay que insistir después de las ventanas publicitarias y ya está), estuvo en la Selección Oficial del Festival de Cine de Venecia en el 2015, en la Selección Oficial del Festival de Cine de Telluride del mismo año, en la Selección Oficial del Festival de Cine de Toronto y, claro está, ¿cómo no iba a llegar a la Bella Easo? Nos lo ponen muy caro. El tráiler ya avanza un subproducto de Hollywood fácil de masticar.

Y así hasta que a veces llega el salvador, y todos tus esfuerzos parecen ser recompensados. En esta ocasión llega vestido de documental con una nueva producción de Oliver Stone, y dirigida por Igor Lopatonok. La prensa parece estar ausente, como no podía ser de otra forma. Lo que trasciende es una bofetada contra los mass-media y contra la verdad oficial, y nos descubre, oh sorpresa, una nueva visión de lo que ha acontecido en Ucrania, una nueva visión de lo que representan las “revoluciones de colores”, y una nueva visión del papel que representan la CIA y los Estados Unidos en el mundo.

Digo parecen porque uno no se siente muy cómodo por el hecho de que su trabajo tenga validez o no en función de lo que un director reconocido o un infiltrado hagan o dejen de hacer. Pero he de reconocer que a veces, reconforta.

Lo que verdaderamente nos interesa es mostrar la implacable censura de los medios, y denunciar a esta Europa infatigable en su desmantelamiento de la democracia. Dos días antes del estreno, en la red, apareció una petición del ucraniano Andréi Nezvani para que se prohibiera el filme, ya que en él “se tergiversan los hechos” y puede “provocar desórdenes en masa en Ucrania”.

El desorden ya está instalado en este continente corrompido por su avaricia y su modelo de desarrollo. Somos ahora nosotros quienes debemos ser conscientes de ello, y denunciar además de la censura y a sus confidentes de la manipulación el fraude al que estamos asistiendo.

¿Por qué cuesta llegar tanto al fondo de los hechos, que siempre cuentan con un mismo patrón? ¿Por qué quienes escriben y quienes pretenden informar son, en su mayoría, alentadores de un modelo de gestión donde se permite que el expolio de otras partes del mundo forme parte de nuestra tradición?

Estamos atrapados por el exceso de desinformación, y “forzados magistralmente” a asumir un comportamiento lastrado por las consecuencias del despotismo y el neocolonialismo más cruel.

Colaboración para Ojos para la Paz e Iniciativa Debate

 


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Contra el engaño

Breves:

(Aclarando conceptos)

Cuando los ríos andan revueltos y el sistema parece tambalearse, bien porque alguien mina la fortaleza del Estado, bien porque un grupo social exige reformas constitucionales, o bien porque otros colectivos deseen instaurar una República allí donde hay una Monarquía, la respuesta ante estos movimientos viene a ser siempre la misma: “Estamos aquí para defender la Ley y la Democracia”.

En el mismo enunciado de ésta pequeña frase está la gran trampa. Se nos quiere hacer creer que por algún rocambolesco truco de magia, aquél día en que alguien inventó la Democracia, se hizo al mismo tiempo con las riendas de la Ley, como si ésta no tuviera otra opción que caminar junto a la primera como un matrimonio indisoluble.

Pero ahí está la temperamental realidad para hacernos ver precisamente lo contrario. Defender la Democracia no es defender la Ley, entre otras muchas cosas porque ya sabemos que desde aquellos primeros años en que Grecia dio a luz al gran hijo varón del Sistema Político, comenzaron a hacerse infinidad de leyes que ni eran justas, ni estaban pensadas para beneficio de las mayorías.

Es bastante sencilla de adivinar dónde se esconde esa mentira que parece nadie quiere rescatar. Si la Democracia es un régimen político que defiende la soberanía del pueblo, que le da el control sobre sus gobernantes, y la regla de las mayorías permite que éstas tengan unos representantes que gobiernen por ellas… ¿Cómo es posible que en el contexto de nuestro entorno político, ningún Gobierno responde a las ansias comunes de justicia, trabajo, igualdad, libertad y dignidad de los habitantes por los que dice trabajar?

La respuesta no requiere grandes tesis ni el beneplácito de politólogos o estadistas sesudos. El propio sistema encierra dentro de sí una serie de mecanismos perfectamente controlados y dirigidos para que aquello que parece, no pueda ser. Y en definitiva poder expulsar de las parcelas de decisión a aquéllos que más lo necesitan, y mantener en las cotas de poder a quienes saben como proseguir con la farsa.

Y así, año tras otro, durante siglos. Y ¿para qué?, para que la mayoría de la gente siga yendo a las urnas a manifestar su adhesión a la trama más embustera y maquillada de la modernidad y esta Democracia siga adelante, pasando por encima de todos los derechos y de todas las mujeres.

(Todavía nos queda un inmenso mar que cruzar)

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

Photo by Joséluis Vázquez Domènech

 


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Cerrajeros del poder

La necesaria autocrítica de los economistas mediáticos

Tenemos dos variables que nos pueden mostrar cuan precaria puede ser la actividad del economista, y cuantas limitaciones puede tener para hacernos llegar unos diagnósticos fiables o, cuando menos, objetivos.

Siendo la teoría económica una de las fuerzas que más se imponen a la hora de promover o no la aplicación de determinadas políticas, se hace del todo necesario ver la relación existente entre la actividad política y dicha ciencia.

Y conociendo cómo se estructuran los partidos, y cómo definen sus estrategias para alcanzar los votos y, después, el poder, no queda sino confirmar que la mayoría de las veces (1) la economía está al servicio de sus discursos para persuadir, seducir, o cuando haga falta, engañar o crear alarma social.

Del mismo modo que la Sociología, es utilizada comúnmente para alumbrar el camino que ha de tomar un lider, un grupo de presión, o una corporación. Y de igual manera también, vuelca todo su arsenal estadístico (prefijado) para inundarnos de datos que han de confirmar o desmentir aquello que se persigue.

La Economía selecciona cada temporada un modisto que diseña el modelo social a implantar, pero eso sí, reafirmándose siempre a través de una ideología. Pero a diferencia del mundo de las pasarelas, la próxima primavera seguirá con los mismos “patrones”, y el color que se seguirá llevando será el azul ultramar.

Lamentablemente interactuamos en medio de un sistema que con absoluto rigor y sin que le tiemble el pulso prosigue en el afianzamiento de sus propósitos, y muy al contrario de lo que vienen aseverando muchos no está en crisis, sino en un nuevo desbloqueo de su mecanismo interno, purgando aquellos elementos que considera inadecuados.

Y dado el gran déficit de confianza en el que está sumido dicho rigor, necesita ser constantemente explicado. (Se recomienda observar y analizar las constantes alusiones que hacen para que tengan que explicar lo que supuestamente los ciudadanos no supimos entender).

Las cosas así, observamos que la absoluta dependencia financiera y econónica de nuestra sociedad ha creado un modelo político cuya preocupación máxima es cómo engañar sin ser vistos, o lo que viene a ser lo mismo, cómo imponer políticas económicas para favorecer solo a unos pocos.

Y éste rostro de la Economía nos mostrará (día si y día también) su lado más permeable, aquél que le servirá una y otra vez para respaldar proyectos determinados, y no para promover teorías sociales que nos beneficien en general.

Los economistas que atesoran sus impresiones en los debates y las rubrican en las imprentas, al igual que los periodistas, son dos de los gremios que más necesitados están de reinventarse y de interrogarse sobre su profesión, su ética, y su singular presencia en nuestra sociedad.

El mundo de la economía está caracterizado por frecuentes fallas, y la lista de errores es tan alta que cabría preguntarse por qué se sigue permitiendo su presencia con resultados tan pobres y de consecuencias tan graves.

Picture, Elly Strik - Photo by Joséluis Vázquez Doménech

Picture, Elly Strik – Photo by Joséluis Vázquez Doménech

La Economía sería una ciencia meramente descriptiva e histórica, si no fuera por su posibilidad de influir sobre la actividad económica (con el supuesto objetivo de cambiar sucesos que consideramos desfavorables). Pero su perfil televisivo se ha empeñado en ser (2) una ciencia predictiva que muestra una y otra vez el desfalco y el suspense al que nos somete.

¿Es lógico que los mismos economistas nos muestren la incapacidad de poder acertar con sus designios y sus análisis, y reincidan una y otra vez en hacérnoslos llegar?

¿No sería mejor que dedicaran su saber y sus esfuerzos en buscar las verdaderas herramientas para lograr la paz social y la justicia, y no encaminarse una y otra vez al precipicio de un nuevo error?

¿Qué esconde detrás una actividad que reproduce el error, es consciente de ello, y no altera su discurso ni su quehacer? ¿Qué se oculta tras esa “necesidad” de envolvernos en cifras, sabiendo que las valoraciones a futuro no tienen ningún certificado de garantía?

Es como seguir insistiendo en realizar un crucero sabiendo que va a haber un naufragio.

Tiene que haber un fundamento, no ya técnico, que explique que su labor y su puesta en escena se vean como absolutamente apremiantes.

No sería muy aventurado pensar que siendo el capitalismo un sistema necesitado de un discurso capaz de respaldarlo (una y otra vez), una buena parte de los miembros de dicha ciencia juegue ese papel, tiñendo de bruma constante todo aquello que considera es mejor no ver…

La hermética relación que mantiene con los políticos (y no tan políticos) responde muchos de esos interrogantes, y una desvinculación de ellos nos resulta urgente y necesaria. El éxito de una ciencia no está en su capacidad de abrirnos los ojos a nuevas teorías o nuevos milagros, sino en su capacidad para resolver los problemas que nos acompañan.

Para convivir con los pronósticos ya tenemos bastante con la meteorología.

Creo que éste tipo de economistas necesita una autocrítica severa y abrir un nuevo espacio de discusión para así propiciar el verdadero objetivo, que no ha de ser otro sino el bien común.

Colaboración para Iniciativa Debate